Panamá, ¿qué nos ha pasado?

La opinión de…

 

María del Pilar de Saavedra

Cuando veíamos en la televisión el cuadro dantesco del fuego en el Centro de Custodia de Menores de edad nos parecía mentira. La desesperación que sentimos observando que no se movían para auxiliar a los seres humanos que, quemándose, pedían auxilio, fue unánime. ¿Cómo es posible que custodios, policías y bomberos no llegaran rápido a sacarlos del infierno? Eso, que no ha debido ocurrir en un país civilizado, ocurrió aquí para dolor de todos y me lleva a preguntar ¿qué nos está pasando, por qué nos hemos deshumanizado así?

Vemos a un hombre machetear a su mujer amputándole un brazo e hiriéndola en otras partes, delante de sus hijos, a quienes también hirió; luego, ella murió. Un adolescente mata a una muchacha en una parada de bus para robarle un teléfono Blackberry. Vemos a ladrones que luego de robar en un comercio, sin que medie resistencia del propietario, antes de irse le meten un tiro al dueño; o el crimen de la joven chiricana que, volviendo a su apartamento, en un “buen barrio”, fue violada y asesinada por los mismos custodios que estaban para proteger a los inquilinos de su edificio. Vemos gente asaltada y muerta en todos los barrios de la ciudad, unos por “viejas rencillas”, otros por problemas de drogas y otros por gusto.

¿Qué ha hecho que los ciudadanos y, especialmente, los adolescentes sigan el camino del crimen? ¿Dónde están las familias de ellos: papá, mamá, padrastros, tíos, abuelos, primos que no están atentos de dónde y con quién están sus hijos? ¿Qué hacen, de dónde sacan las armas, el dinero que no tienen, cómo explicar como lo consiguieron?

Muchas menores, en la capital y en algunos sitios del interior, se prostituyen calladamente y sus madres no les preguntan de dónde salieron los zapatos y vestidos de “marca”, cuya compra no tienen cómo explicar.

Las “leyes” que “protegen” a los niños y adolescentes deben ser revisadas para protegerlos a veces de sí mismos, y no dejarlos en esas edades difíciles a su libre albedrío y hasta mal aconsejados por extraños. La vida de ellos no les importa, pero luego tienen que llorar su muerte.

Qué tristeza que estemos cayendo en situaciones que han probado ser pésimas en otros países vecinos. ¿Qué pasó con el Panamá libre que conocimos los mayores de 45 años, en el que se podía transitar tranquilamente y llegar a la residencia, sin el temor de ser asaltado y hasta muerto por un delincuente? Y no hay barrio que se salve, muchos de los crímenes y asaltos a veces ni salen en las noticias.

Padres y madres, si no quieren llorar a hijos muertos, preocúpense por ellos en vida. Autoridades correspondientes, hagan centros barriales en donde entretener y educar a niños y adolescentes y no estar pensando en fantasías de Disney y Hollywood, que no se necesitan. Preocúpense por los que vienen detrás de nosotros, para que tengan la vida que antes teníamos los habitantes de este pequeño y una vez seguro y feliz país.

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Este artículo se publicó el 4  de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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