Carta a los soldados

La opinión de…

Bethzaida Carranza Ch.

Tuve la grata oportunidad de asistir a la presentación del documental El último soldado, del cineasta panameño, Luis Romero, en El Ateneo de la Ciudad del Saber, y como panameña fue imposible ignorar las emociones que estos 52 minutos de película produjeron, al mostrar de una manera tan diáfana la lucha de los nacionales de este pequeño istmo por alcanzar su soberanía en la Zona del Canal.

Puedo decir, con mucho orgullo, que desde pequeña aprendí a conocer y apreciar el valor de nuestra historia de boca de uno de sus tantos protagonistas, mi padre, quien portaba el escudo del Instituto Nacional aquel 9 de enero de 1964 y que, como estudiante, junto a sus compañeros y todo un país, vivió el abuso propinado por todo un ejército, solo por reclamar lo que era justo.

Hoy, al parecer las cosas han cambiado, nuestro país es soberano y, tal como fue comentado en el foro del documental, las nuevas generaciones no incluyen en su agenda la preocupación de tener una quinta frontera en el territorio nacional, sin embargo, me pregunto… ¿Cuál es ahora su preocupación?

Nos sentimos tan bien del desarrollo que ha alcanzado nuestro país, de los avances tecnológicos, de las inversiones, de que el Canal es nuestro y de tantas otras cosas más, que estamos dejando de lado el hecho de que todos esos logros son consecuencia del estudio, el trabajo, el esfuerzo y la sangre de muchos panameños que, con sus aciertos y desaciertos, escribieron la historia que hoy nos permite disfrutar; historia que irónicamente algunos no quieren recordar y, lo que es peor, no quieren que sea contada y conocida a través del tiempo.   Gracias a Dios, no todos olvidamos.

Gracias, señor Romero, por no olvidar y contribuir con su talento no solo a enriquecer la cultura de este país, sino por aportar un medio para evitar que todos esos chicos que, por la “modernización de nuestra educación”, ya no conocerán esta historia, olviden.

Gracias a todos los hombres y mujeres que, sin esperar reconocimiento alguno, han dado a través de la historia todo por este país.

Gracias papá, por enseñarme el valor de ser panameña e inculcarme las ganas de luchar por mi país desde cualquier trinchera.

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<> Este artículo se publicó el 26  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
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