El Torrijismo ante el pozo de la historia

La opinión de…

Gonzálo Delgado Quintero

En agosto de 1981, la publicación francesa de circulación internacional “Le Monde Diplomatique”, en un artículo muy citado posteriormente, expresó que con la muerte del General Omar Torrijos Herrera “se cerraba el ciclo de una generación castrense latinoamericana que predicó y practicó el nacionalismo popular”.

Hacia fines de la década de 1960, el organismo político nacional, tal como lo expresa el propio General Torrijos H. en ese importante documento que se conoce como “la Línea”, experimentaba los síntomas de una descomposición social que venía acumulándose durante muchos años, anteriores al 11 de octubre de 1968.

La clase política dominante de corte oligarca-feudataria, dividida en pequeñas cúpulas políticas controladoras, se alternaba en el poder. El propio general Torrijos explica que se estaba bajo el absoluto convencimiento de que se tenía la capacidad, la voluntad y la determinación de cambiar las circunstancias nacionales y de romper ese mal matrimonio entre la oligarquía y algunos malos predicadores con la Guardia Nacional.

La ironía es que hoy, esos mismos grupos oligarca-feudatarios tratan de imponer su versión de aquellos escenarios nefastos y erróneos en los que incurrieron. Hoy nuevamente distorsionan la política, tergiversan el sentido de la democracia, aprovechándose del olvido natural y a veces inducido de la historia por parte de los pueblos, utilizando el espacio dejado por algunos torrijistas. En todo caso, este olvido parcial de principios y verdades torrijistas, ha llevado a miembros del PRD a verse acorralados e indefensos ante los ataques que con versiones distorsionadas arremeten oficiosos adversarios del concepto torrijista. Hay una nueva generación de torrijistas que necesitan conocer la versión original del torrijismo.

Tiene valor resaltar, eso sí, cómo se logró la desaparición de la llamada “Quinta Frontera” que tenía el país en el centro de su territorio con la Zona del Canal. En lo económico, en lo cultural, en lo político, en lo institucional, se avanzó. En septiembre de 1977 se firman los tratados, pero también se logran muchas aspiraciones del pueblo panameño. En la organización comunitaria y popular, con los asentamientos campesinos, el sistema cooperativo, las Juntas Comunales, las Juntas Agrarias, los Comités de Salud, la participación popular y la construcción del Estado docente, con una profunda Reforma Educativa que permitía una educación pertinente, patriótica, científica, técnica, adaptada a esa realidad transformadora que se estaba dando.

La eliminación de dicha Reforma en 1979, aún mantiene empantanada a la educación en el país. Se olvidó y aún se sigue olvidando que educar es liberar y que educar es crear voluntades. Con el torrijismo se abrió el inicio de esa oportunidad desde 1968; en el camino después de la muerte del General, hasta el propio PRD perdió el rumbo, perdió la línea.

Las pugnas posteriores dieron al traste con el proyecto torrijista de transferir el ejercicio del poder político a los civiles e instaurar una democracia moderna y pluralista; circunstancias éstas que comprometieron la independencia del PRD, subordinándolo a las coyunturas castrenses. El torrijismo, el verdadero, que siempre va a existir, tiene primero que entender todo lo sucedido y él mismo, debe primero limpiar la casa, no son expulsiones superficiales de algunos de sus miembros tránsfugas, sino con orientación y método, ganarse la confianza del pueblo. Por haberse perdido esa ruta, es que otras fuerzas políticas emergentes, representadas principalmente por hijos de emigrantes, se apoderaron del discurso popular que había esgrimido el torrijismo en los 70 y los 80 y por tanto, los resultados, sin sorpresas, en las pasadas elecciones.

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Este artículo se publicó el  31  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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