La televisión y su rol en la violencia

La opinión de…..

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Bolívar Castillo López

El acceso masivo a la información a través de varios medios de comunicación social es un fenómeno incuestionable del siglo XXI.  Con la circunstancia de que en el comportamiento cultural, tanto individual como social, se han asimilado pautas de conducta ajenas en la convivencia armónica de la sociedad.

En este sentido la televisión ha asumido un rol protagónico y decisivo en la orientación ética de niños y jóvenes que son los más vulnerables a tal influencia en su proceso de desarrollo individual.

Se han realizado numerosos estudios en las cuales expertos en esta materia en países como Inglaterra, Estados Unidos e Israel, han sido contundentes en señalar que la televisión ejerce una influencia transcendental sobre la conducta humana.

Todos han formulado conclusiones afines en torno al problema aludido. Por ejemplo, se ha comprobado que en la programación de los diferentes canales televisivos a nivel internacional la actividad delictiva aparece teñida de aberrante violencia, aun en los programas dirigidos a jóvenes y niños: “la violencia en la televisión conduce a una conducta agresiva en los niños y jóvenes quienes ven estos programas”.

Cabe afirmar, pues, que la tónica de violencia prevaleciente en los programas televisivos en Panamá estimula el comportamiento agresivo y violento, particularmente en niños y jóvenes. Incluso se propicia la adopción de la violencia como modalidad normal de convivir en la comunidad.

Conviene reflexionar en torno a la injerencia de la violencia en la convivencia social ya que parece haberse constituido en un factor de riesgo amenazador de niños y jóvenes respecto a su salud y bienestar.

Aunque muchos opinan que los padres son los responsables directos en lo referente a la selección de los programas televisivos aceptables para la orientación moral de los hijos, cabe aclarar que el rol de padre responsable, afectivo, comunicador y modelo se ha deteriorado significativamente en muchísimos hogares por diferentes motivos, con lo cual se han incrementado los riesgos pertinentes a la estabilidad emocional de niños y jóvenes. Con bastante frecuencia, éstos siguen los modelos de conducta de los personajes de la televisión y, en especial, de aquellos que representan agresividad y violencia.

Partiendo de la premisa de que la televisión juega un rol determinante en la formación integral del individuo, hay que centrarse, precisamente, en la de los niños ya que estos constituyen el “futuro de la patria”.

Hay que sumar el hecho que de ello depende la consolidación de los valores éticos que son el aspecto medular en el comportamiento social. Sin duda, el uso masificado del aparato televisivo particularmente en las ciudades (y aun en el campo) pareciera corresponderse con el elevado índice de violencia que se registra en estos densos núcleos de población.

Cabe decir que el papel negativo que desempeña la televisión sobre los niños y jóvenes podría ser revertido si se le aplica una perspectiva orientadora centrada en los valores éticos, sobre todo, porque ya se ha incrementado la conciencia colectiva respecto a la responsabilidad que compete a varios actores sociales para enfrentar solidariamente el fenómeno de la violencia y la criminalidad.

En este sentido, tanto los dueños de los medios, como los patrocinadores de los diferentes programas, y aun los presentadores son factores relevantes en la ingente tarea de apoyar a los niños y jóvenes a canalizar positivamente sus apetencias emocionales.

Debe impulsarse una campaña sistemática para motivar los padres en su condición de tales para que supervisen constantemente lo que los hijos seleccionan en los programas de televisión.

En cuanto a los patrocinadores de los programas, les corresponde adoptar una actitud responsable en este ámbito para que se atenúe significativamente la agresividad y comportamiento violento que induce a la imitación.

En fin, se debe visualizar el asunto de modo solidario por parte de la comunidad para tratar de mitigar los negativos efectos de la violencia en la televisión. En cuanto al gobierno, sería oportuno que diseñara estrategias de campañas televisivas que trasciendan de forma continua en la adquisición los valores morales reclamados en el actual clima de criminalidad desbocada que está resquebrajando las estructuras convencionales de la sociedad.

Ante todo, lo expuesto apunta a la toma urgente de estrategias gubernamentales y de la sociedad civil con un objetivo de retomar el camino de la convivencia armónica, en que cada miembro de la comunidad se considere un ente responsable del rumbo que se desee para lograr la estabilidad; no solo económica, sino ética cultural del país.

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Este artículo se publicó el  29 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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