Entendiendo los tipos de violencia

La opinión de……

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Rina E. Castillo Candanedo
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Entendiendo los tipos de violencia

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La violencia es plural, ya que me referiré a ciertos tipos de violencia que se dan en nuestro país y en el mundo.

La violencia, en general, resulta de un manejo negativo de los diversos conflictos existentes; es decir, no se logra transformar el conflicto a través de métodos pacíficos.   Se constituye así en la “peor cara de la especie humana, porque es contraria al sentido de la vida, es responsable de marginaciones, dolor, sufrimiento e, incluso, la muerte” (Martín Morillas, 2004).

El contenido de la misma o la manera como se describe, interpreta y explica puede variar, dependiendo de la rama del conocimiento o enfoque desde el que se parta. Trataré de describir ciertos tipos de violencia desde el ámbito de los estudios para la paz y siguiendo, en parte, el enfoque de Johan Galtung, uno de los autores renombrados en la investigación para la paz.

Violencia directa: es aquel tipo de violencia que se percibe fácilmente y se da tanto a nivel físico como verbal.   En la actualidad, se observan muestras diarias de diversos hechos que afectan la integridad de los seres humanos y que, en ocasiones, llegan a ser delitos tipificados por la legislación, ya que vulneran un bien jurídico tutelado.

La sociedad se percata de este tipo de violencia, ya sea por vivencias propias, de un familiar de un amigo, a través de los medios de comunicación, entre otras.  Basta con poner un noticiero para ver un sinnúmero de hechos de este tipo: homicidios, secuestros, ajustes de cuentas, robos, agresiones físicas y verbales, guerras y demás.   Este tipo de violencia fomenta la inseguridad humana, ya que genera una serie de miedos que afectan el desarrollo de las diversas capacidades del ser humano.

El tipo de violencia descrito encuentra, en ocasiones, un caldo de cultivo en otro tipo de violencia: la estructural. Esta puede propiciar, incentivar y generar las condiciones ideales para desarrollar más fácilmente cierto tipo de conductas.  La violencia estructural subyace en ciertas manifestaciones de violencia directa.  La misma se da dentro de los mismos sistemas, como ejemplos se tienen: la injusticia social, la miseria, el hambre, la pobreza y la pobreza extrema, la alienación, la dependencia, el comercio injusto, las desigualdades por razón de género, entre otras; quienes vienen a ser hijos e hijas de un mal desarrollo tanto en pensamiento como en acción (Shiva, 1995: 34–35).

Otro tipo de violencia es la cultural, que es aquella por la cual ciertas personas o grupos humanos justifican algunos prejuicios y actos dañinos hacia personas o colectivos humanos. Desconoce así la diversidad cultural, existente en el Estado–Nación, y genera mentalidades de índole xenofóbica y aporofóbica.

La violencia cultural promueve y justifica (en la mente de la persona) acciones de violencia contra un determinado grupo por razones culturales (Jiménez Batista y Muñoz, 2004:1161), y los que ejercen tal tipo de violencia legitiman su comportamiento, acciones y pensamientos en su prejuicio sobre el otro grupo; esto lleva a generalizar a colectivos dentro de los mismos estereotipos. Tal tipo de violencia se ejerce tanto en el plano individual como en el grupal, social, institucional y en el sistema mundial, ya que el mismo se encuentra articulado en centros y periferias y genera consigo visiones etnocéntricas, jerarquizadas, de dominio y hegemonía de unos sobre otros (Jiménez Bautista y Muñoz, 2004: 1162).

Sin embargo, a pesar de que todos esos tipos de violencia se generan cotidianamente, los seres humanos también podemos hacer las cosas de diversas formas, ya que se tienen diversas opciones. Para Kant, “tenemos una ‘oscura metafísica moral’, según la cual somos capaces de comparar cómo nos hacemos las cosas con cómo nos las podríamos o deberíamos hacer” (Martínez Guzmán, 2005:108).

La mayoría de los conflictos que se dan a diario se transforma, generalmente, de forma positiva y pacífica, aunque la violencia hace ruido y, en ocasiones, estruendos que no nos permiten escuchar esas construcciones diarias de paz que se dan desde todos los niveles.   Es decir, todas esas muestras de paz imperfecta, entiéndase “todas aquellas experiencias y estancias en las que los conflictos se han regulado pacíficamente” (Muñoz, 2001).

Lograr una sociedad pacífica se hace poco a poco, como indicaba Mahatma Gandhi: No hay camino para la paz, la paz es el camino. Hay que forjar diariamente ese espacio apto del que hace referencia el Salmo 85, versículo 10, y del que también ha tratado Lederach: ese espacio en donde la misericordia y la verdad se encuentran y en donde la justicia y la paz se besan.

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Publicado el 27 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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