Plan de desarrollo para la ciudad

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La opinión de….

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Óscar E. Combe

El Municipio de Panamá juega un papel estratégico en el desarrollo y crecimiento del país, porque su actividad genera una serie de redes económicas, financieras, políticas, sociales y culturales que impactan al resto del territorio nacional. Sumado al hecho de que su recaudación supera con diferencia los ingresos de cualquier otro municipio y su presupuesto está entre los más elevados, superando a varios ministerios.

Panamá tendría que servir de modelo de crecimiento para los restantes municipios. Y debe contribuir transformando la capital en una plataforma estructural de desarrollo; prestando servicios eficientes y eficaces a los ciudadanos, y al sector privado que la elige como centro de operación, generando riqueza que alcanza a todo el país.

La administración del Municipio, la Alcaldía, debe cumplir el rol de gerencia de la ciudad.  Pero, para cumplir real y efectivamente esa tarea debe contar con un plan de desarrollo que describa, explique y sustente el modelo de ciudad que se quiere conseguir, los programas y acciones que permitan materializar los objetivos que configuren el paradigma. Ese plan es imprescindible y no lo constituye ni sustituye el presupuesto, lo complementa, junto con otro instrumento, el sistema de indicadores, que actúa como barómetro para medir su ejecución, avance, mejora, gobernabilidad, efectividad, resultado, rendimiento, cumplimiento, etcétera y aplicar correcciones y medidas enfocando los objetivos.

Las organizaciones serias, profesionales y responsables, públicas o privadas, no improvisan ni deciden sobre la marcha. Evitan el golpe de efecto, mediático o político, porque aseguran el impacto de sus acciones a largo plazo, es decir, su sostenibilidad, y no toman decisiones sin haber medido incluso las consecuencias. Contrariamente, las que actúan sin un guión profesional, difícilmente pueden alcanzar sus metas ni constituir modelo positivo de nada; cayendo su oferta en el campo de la ilusión. Este planteamiento teórico está absolutamente justificado en la práctica. Entendemos el componente político y cultural en el escenario de cada alcalde y funcionario, pero deseamos insistir, el Municipio y cualquier organización, no puede dejarse sujeto a otras cuerdas distintas a las de la visión y misión estratégica que permita la articulación de un plan riguroso, profesional y sobretodo orientado a la eficiencia y eficacia de la Administración que lo ejecute.

A la ciudad de Panamá le falta un plan de desarrollo. Necesitamos diseñar y construir un modelo de ciudad armónica, segura, limpia, ordenada, respetuosa del medio ambiente, que promueva y garantice la inversión, que genere oportunidades y riqueza productiva, que cuente con áreas verdes, aceras, parques, zonas y espacios para el deporte y el ocio sano, que incentive la cultura y la participación ciudadana, desterrando la imposición, y muy importante: urge que se potencien las fortalezas estratégicas que aseguren la competitividad de la ciudad.

Esto sólo puede lograrlo una Alcaldía que planifique. Teniendo objetivos claros y definidos, que sean desarrollados en un proceso sinérgico de elementos indispensables como la acción profesional proactiva, donde los criterios de decisión se enmarquen en la ley, con rendición formal de cuentas, un sistema de gestión de resultados que garantice el cumplimiento de metas y objetivos, tal y como se ofreció a los ciudadanos, que además estamos esperando y midiendo su actuación.

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Publicado el  16 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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La reforma del Estado que se impone

La opinión de…

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OSCAR R. COMBE B.

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La reforma del Estado que se impone

La evolución de los estados modernos pasa por procesos de cambio, modernización y transformación. Estos términos definen distintos objetivos, mecanismos e instrumentos para lograrlos. En algunos países estas iniciativas se han conseguido con admirable acierto, mientras que en otros no se han alcanzado, ni mucho menos perfeccionado.

En Panamá, mucho hemos escuchado y leído sobre procesos que implican cambio; pasando por los distintos niveles de la administración pública y tocando la institución misma del Estado. Sin embargo esas acciones adolecen de dispersión, han carecido de seguimiento y control efectivo, o quedan en un discurso que no se materializa.

La actual coyuntura política económica y social en la que nos encontramos configura el escenario y el momento oportuno para abordar un proceso real de reforma del Estado; razonado, serio y eficaz, que permita transformar y dirigir esa institución, hacia parámetros de modernidad y eficiencia; y lo sitúen al servicio del país y de sus ciudadanos.

Con un respaldo en las urnas a la actual administración, que se traduce en el indispensable elemento confianza, con variables macroeconómicas controladas, a pesar de la crisis económica global, y con una evidente necesidad de modelar la estructura gubernamental para hacerla eficiente y generadora del espacio idóneo de desarrollo y crecimiento productivo sostenible que el país necesita para que sus ciudadanos mejoren su calidad de vida, se configuran las condiciones favorables para definir el tipo de Estado que queremos lograr, reorientando su papel, consolidando un pacto social, hacia un nuevo paradigma que responda a los intereses y objetivos de una administración pública responsable en términos politológicos: aquella que existe por y para sus ciudadanos.

La reforma del Estado que se impone, supera cualquier intento del pasado reciente. Estamos frente a la oportunidad de construir una nueva forma de entender la relación entre el Estado y sus ciudadanos, a partir de un nuevo esquema conceptual, institucional y organizacional, con el concierto de todos los sectores y sus tejidos, sociales, económicos, políticos, culturales, religiosos, académicos e intelectuales.

Nuestro actual modelo de Estado, ha colapsado. No podemos seguir esperando más de él. Debemos diseñar y alcanzar un modelo moderno que responda a las aspiraciones de todos, de las grandes mayorías, que haga al país competitivo, que se promueva la inversión y se genere riqueza productiva, no especulativa, se cree empleo formal, se eduque en valores, pero incentivando la mentalidad empresarial, que haya reglas claras de juego en lo público y privado y entre ambos sectores, que impere la seguridad jurídica y la independencia judicial, que las instituciones gubernamentales se manejen con seriedad, responsabilidad y que trabajen por el bien común de todos los panameños.

Esto, solo lo podemos conseguir con la ayuda de un gobernante con mentalidad de estadista, que sea consciente que su papel va más allá de aquella condición, y por tanto asuma el gran reto, con generosidad incluida, de darle al país las bases para el verdadero desarrollo: el que no se agota en un período de cinco años. Ricardo Martinelli es el actor del cambio: recibió la confianza de una contundente mayoría de panameños, está alineando su equipo con sus objetivos y está acercando, con mucho acierto, cada vez más posiciones para que emprendamos el proceso de reforma del Estado que necesitamos y merecemos.

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Publicado el 9 de septiembre de  2009 en el diario La Prensa; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.