¡Muéranse!

La opinión de…

Fernando Toledo

No he podido terminar de leer El sueño del celta,   la reciente obra del Premio Nobel Mario Vargas Llosa,   porque pareciera que lo ocurrido el 9 de enero de 2011 en el Centro de Reclusión para Menores de Panamá hubiera sido parte de las atrocidades descritas por R. Casement en sus informes acerca de lo que hicieron los belgas en el Congo y los ingleses en el Putumayo, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Pero en pleno siglo XXI este acontecimiento bárbaro me ha causado mucha indignación, tristeza y repudio, al ver las imágenes que nos pasaban en un noticiero de un medio televisivo y que ponía en evidencia, una vez más, lo injusto, inhumano y degradante del sistema carcelario en este querido país.

¿Cómo es posible que ante semejante tragedia nosotros como sociedad no reaccionemos contundentemente, ante este y otros hechos, exigiendo responsabilidades por lo ocurrido a las autoridades del Gobierno?  ¿Será que por tratarse de menores delincuentes esa horrible sentencia de “¡muéranse!” se lo merecían?

Definitivamente, algo no está funcionando bien en Panamá que hace que la mayoría de los ciudadanos se acorace para no ser vulnerado por lo que le pasa a otro o, en el mejor de los casos, nos manifestamos solidarios, pero en voz baja, nos da rabia, nos quejamos, protestamos, pero no es suficiente.

Quizá ni este ni otros artículos escritos sobre este tema serán suficientes. Compartir mi indignación y romper el silencio que me agobia es una manera de justificar la indiferencia que a veces tenemos ante otras tragedias de tipo cultural, social, educativo, político o de salud, que día a día suceden y quizá por eso mismo nos estamos haciendo insensibles o cómplices del silencio.

No sé, pero creo que mínimamente, lo sucedido este otro 9 de enero nos debe hacer reflexionar sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo, qué tipo de ciudadanos estamos formando, y qué valores estamos fortaleciendo y practicando, sobre todo.

“Que le caiga todo el peso de la ley a los policías y custodios responsables por su provocación e inacción ante semejante suceso por el que ya han muerto cinco jóvenes”, ha dicho el Presidente, sería lo justo, pero aun así no se hace justicia, porque mientras se siga manteniendo un sistema que viola los derechos humanos, que mantiene leyes que privilegian la impunidad, un sistema en el que es más importante el interés personal que el de todos los ciudadanos, lamentablemente la muerte de más panameños nos pondrá en evidencia una vez más ante el espejismo de querer ser “primer mundistas” y no darnos cuenta -¿o sí?- de que la inequidad entre el desarrollo económico y el desarrollo social, educativo, cultural, de salud y justicia, aún es “tercer mundista”.

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Este artículo se publicó el 26  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

 

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Semáforos, ni inteligentes ni culpables

La opinión de……

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Fernando Toledo


Siempre me ha parecido absurdo el que demos calificativos propios del ser humano a las cosas, objetos o máquinas, etc., especialmente en esta época de tecnología en la que llamamos inteligente a la computadora, al celular, al edificio, al carro… ¡al semáforo!

Como ya sabemos, los famosos semáforos no han resuelto los tranques de cada día porque desde luego no son la única solución; sin embargo, al ser presentados como “semáforos inteligentes”, creemos que van a pensar como uno y actuar con sentido común al momento de poner orden al tráfico… pero ¡oh decepción! No son nada inteligentes, son brutos, y han empeorado el tráfico en vez de mejorarlo, este es el comentario de la mayoría de los conductores que manejan por las calles de nuestra caótica ciudad.

Pero como decía al inicio, los objetos no son inteligentes, son eficientes o ineficientes; inteligentes son los creadores, es el ser humano que los diseña y crea un programa para su funcionamiento y es el responsable de los resultados de su producto. Ejemplo de esto es la ubicación de semáforos en lugares que según los criterios de los técnicos o expertos son los más adecuados; sin embargo, en la práctica es mejor usar el sentido común.

Todos deseamos que el tráfico por las calles y avenidas de nuestra calurosa ciudad sea fluido y rápido. Una de las vías que debería cumplir con este propósito es la Tumba Muerto, Ricardo J. Alfaro, especialmente en el tramo que va desde el cruce de San Miguelito hasta El Dorado, pero los semáforos colocados a la altura de la entrada a la urbanización El Bosque (estación ESSO y McDonals), en la entrada a Linda Vista, (antiguo Triángulo, Epasa) el colocado a la entrada a Condado del Rey y el que está frente a la Hyundai en la Tumba Muerto, han hecho que las inversiones en obras públicas en esa vía sean subutilizadas, por no decir derrochadas.

Si usted viene hacia la ciudad desde San Miguelito por la Tumba Muerto se habrá fijado que hay un puente de tres carriles (frente a la ESSO, después de pasar el antiguo Club de Montaña) tanto de ida como de vuelta, igualmente hay un tercer carril a cada lado que no ha sidohabilitado…¿? Esta es una vía muy transitada y no entiendo por qué se mantiene inútil este tercer carril que podría justamente servir para habilitar los retornos y eliminar los semáforos y los giros a la izquierda que detienen la fluidez del tráfico.

Por ejemplo, quienes deben ingresar a Condado del Rey viniendo desde la ciudad, deberían ir hasta el paso elevado de la Usma; quienes desean ingresar o salir de Linda Vista o El Bosque deberían hacer un giro en “U” por el tercer carril habilitado y luego seguir por la Tumba Muerto hasta su respectivoingreso; el paso elevado que va hacia Patacón en Villa Cáceres debe ser utilizado a su capacidad: costó muchos millones al igual que el puente de seis carriles y la vía de seis carriles que no han sido aprovechadas. Igual el puente de la Usma, que a propósito ahí se necesita con urgencia un paso elevado peatonal para el uso de todos los estudiantes de la Usma y la Latina.

Creo, sinceramente, que con estas sencillas soluciones se conseguiría mejorar notablemente el tránsito por esta vía y en este sector en específico, y demostrar que aquí los semáforos no son culpables de los tranques que se siguen dando innecesariamente casi a todas horas, desde que usted llega al Hospital San Miguel Arcángel, hacia la ciudad, o desde que llega a Villa Cáceres hacia San Miguelito.

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Publicado el 1 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.