El alcance y las profundidades de la corrupción en Panamá

La opinión de:

 

JOSÉ  DÍDIMO ESCOBAR SAMANIEGO

El clientelismo político fue el instrumento eficaz para inocular durante años y ante la mirada complaciente de toda la clase política, el virus de la vileza que permitió el desmantelamiento de valores morales y éticos que hubieran frenado en nuestra sociedad, la retoma del poder por sectores poderosos económicos que además, en un sistema democrático corrompido pudieron agenciarse el poder político a través de sus representantes que juegan a su favor y cumplen la tarea de administrar el Estado por encargo de esos poderes fácticos.

Una larga lista de empresas, otrora con algún prestigio en la sociedad, ahora han devenido en partícipes del festín de la corrupción, so pena de quedar aisladas de contratos jugosos, desde un Estado que paga obras por un valor; tres veces lo que cuesta al sector privado.

La excusa para semejante dislate, la presentan las empresas argumentando que sus gastos financieros son muy altos, para encubrir las mordidas, las coimas y la participación de intermediarios que ayudaron a facilitar el negocio o funcionarios del Estado directamente involucrados en el proceso de asignación, inspección y recibimiento de las deficientes obras por lo general.

La ley de contrataciones públicas fue arrumada y echada a un lado y se privilegió la contratación directa para facilitar la decisión política caprichosa en contraposición a aspectos técnicos y financieros, y abrir así un portillo inmenso de arbitrariedad que le cuesta a la sociedad miles de millones de balboas que se los terminan repartiendo las empresas, bancos, funcionarios y padrinos electorales que patrocinaron campañas a cambio de esas jugosas recompensas.

Empresas Internacionales, como ODEBRECHT, MECO, FCC, CONALVIAS, y las nacionales TCT, CUSA y 12 empresas más, recibieron contratos por un valor cercano a los 18 mil millones de balboas en los últimos años, lo cual puede estimarse un sobreprecio cercano a los cinco mil millones de balboas, que representan más del presupuesto nacional anual de Nicaragua con una población de más de siete millones de personas.

Una lista de 23 Bancos con licencia internacional e interna asentados en la República de Panamá, se han encargado de la operación de limpieza de capitales oscuros surgidos de estos negocios al amparo y permisibilidad de la Unidad de Análisis Financieros (UAF), adscrita a la Presidencia de la República y prácticamente el patrocinio de la Superintendencia de Bancos y el silencio cómplice de la Asociación Bancaria Nacional que no termina por creer en la autorregulación.

Al día de hoy y después de semejantes escándalos, no hay ninguna medida de sujeción, multa o suspensión de licencia o cancelación de la misma a pesar de haber violado flagrantemente la normativa de la banca nacional y del centro financiero internacional que ha sido cuestionado desde hace rato por fuerzas internacionales que lo quieren liquidar como competencia, pero que ante esta situación ofrecen en bandeja de plata la justificación expedita a esos ataques, ahora fundados.

La figura de las Adendas a contratos se ha convertido en un mecanismo perverso de incrementar criminalmente los costos ya de por sí sumamente altos o la figura o maniobra de presentar un bajo precio para obtener el contrato y luego modificar el precio por este mecanismo de las adendas y consolidar así el atraco con la diligente anuencia de las autoridades nacionales.

Las autoridades encargadas de investigar y sancionar todas las conductas delictivas y llevar al banquillo de los acusados a los corruptos, han terminado siendo rebasados en su deber, porque estas autoridades también están sujetas al control político de los mismos que deben ser procesados y condenados por sus acciones contra los panameños. Solo muy pocos están siendo investigados, y las investigaciones adolecen de la contundencia y firmeza que se requiere.   La Contraloría General de la República, por su parte, ha terminado haciendo informes que lejos de auditorías forenses trasparentes, terminan por concluir que aquí no ha pasado nada, se ha evitado investigar siquiera las partidas circuitales y fondos de juntas comunales y municipios donde es evidente que hubo toda clase de chanchullos, mientras que la deuda pública para cancelar esas obligaciones oscuras nos ha llevado a un límite peligroso que pudiera comprometer la libertad financiera del Estado panameño en un corto plazo. Ha quedado además en evidencia; la renuencia del Ministerio Público panameño, en colaborar con organismos similares de otros países, cuando se le ha pedido colaboración.

Pero el andamiaje de la corrupción no se limitó a las contrataciones públicas, sino que está diseminado en toda la actividad social y económica en general que ha devenido en casi un Estado fallido que ha perdido el rumbo decoroso y digno al que debemos aspirar los que soñamos con un Panamá decente, donde puedan crecer y desarrollar sus sueños de realización libre nuestros hijos y nietos.

¡Así de sencilla es la cosa!

José Dídimo Escobar Samaniego.
Cédula: 7-84-41
20 de mayo de 2017

<> Este artículo fue publicado el sábado 20 de mayo de 2017 en la Estrella de Panamá y compartido públicamente por el autor en su página de Facebook.

Acerca de la Universidad secuestrada

 

La opinión de:

Francisco Herrera

Un efecto grave del clientelismo interno en la Universidad de Panamá (UP) ha sido la merma de la academia, entendida esta no como su estamento de docentes, sino como su hacer intelectual, investigativo y crítico de la realidad. Su función se ha reducido en la mayor parte a la de docencia, importantísima si no fuera porque no está apoyada por la investigación y el debate crítico de la realidad.

La politización negativa de los docentes, educandos y administrativos se ha convertido en el mecanismo de control y desarrollo de la institución, hasta crear un desbalance de poder, anómalo e incongruente con el deber ser de la UP. Se desplaza al profesorado por segmentos administrativos y estudiantiles, afiliados mediante planilla a la estructura de las decisiones.

Se ha dicho hasta la saciedad que la UP es un microcosmos del país. Si la intención es que la realidad de la nación proyecta sobre la vida universitaria sus virtudes y defectos, podríamos estar de acuerdo, pues se trata de una institución formada por seres humanos y miembros de la misma sociedad. Pero hasta ahí el símil. Si lo repetimos como una aceptación de una verdad que es imposible cambiar, entonces la UP estaría de más, como institución pública formadora de agentes sociales de calidad para una continua renovación. Aunque, de hecho y como institución pública dependiente del poder del Estado, a pesar de su autonomía relativa, ha sufrido los avatares de la dinámica política.

Uno de estos elementos es el presupuesto asignado por el Estado para su funcionamiento. El otro es la incidencia estatal en la selección de los poderes administrativos, a través de fuerzas políticas externas que operan en el campus, los partidos políticos.

Como institución pública de educación superior, la UP ha jugado momentos estelares en la construcción de la conciencia ciudadana. Algo de ese sedimento se mantiene en el país y en algunos estamentos dispersos, en conjunto con la academia y, probablemente, entre los estudiantes y administrativos.

Los años de funcionamiento durante el periodo militar tuvieron efectos contradictorios. Por un lado, se creó una subcultura clientelar (no dudo que también la hubiera en el periodo anterior, como se comentaba cuando fuimos estudiantes), que se intensificó en la medida en que el sistema fue regido desde afuera por el poder. Cuando desaparece ese poder, el sistema de democracia formal le agrega su propio modelo de control, orientado a regular la conducta política de los estudiantes, manteniendo los mecanismos de clientelismo institucional previamente creados.

Lo peor que ha pasado es que el sistema se ha enraizado al punto de que la mala hierba –como la paja canalera– apenas si puede desarraigarse, pues sus raíces son tan intrincadas y extendidas que al cortar una sección horizontal aparece más adelante, reproduciéndose, como la hidra. Tal vez, desconociendo los antecedentes, presumiría que la práctica actual, que emplanilla a dirigentes estudiantiles, es relativamente nueva. Es decir, nueva desde la época militar, pero ha provocado que cada dirigente o cada estudiante que quiere sobrevivir se haga un espacio en la planilla universitaria, sin más formación ideológica y política que los clichés ya desgastados de las protestas armadas, cuando son necesarias.

De forma que, acompañando a un estamento universitario geróntico, se extiende sobre el horizonte una actitud de desfallecimiento institucional que apenas si levanta cabeza en algunas que otras instancias académicas. ¿Contra qué se lucha? ¿Hay lucha? ¿Hay agonía? Agonía significa lucha, pero no parece existir en la UP cuando aun los mejores mantienen callada su inteligencia, proyectándola hacia afuera, como esperando que por rebote tales pronunciamientos reflejen la queja de todo el mundo universitario. No ocurrirá hasta cuando ese grito se haga desde adentro. Y el silencio hasta ahora parece ser el refugio del temor extendido, del autocontrol que reafirma que en boca cerrada no entran moscas.

No se puede decir que la actitud es responsabilidad de los que callan, sino de los que mandan a callar, con múltiples técnicas de amenazas y control social interno.

La academia ha muerto por la muerte segura de una generación que, si alguna vez fue actora en las reivindicaciones nacionales, hoy parece que su agotamiento la induce a la comodidad del silencio.

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Publicado hoy 30 de mayo  de 2016  en el diario La Prensa,  a quien damos, lo mismo que damos al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Ay mi Panamá!

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

Geraldine Emiliani

 ¡Ay mi Panamá! ¡Ay mi Panamá! Es mi grito de dolor y angustia, porque igual que tú, soy madre, mujer y pertenezco a ésta…tú casa. Una casa con problemas que tienen solución, pero que algunos de tus hijos solo piensan en hacerse millonarios a costa de la corrupción y de la maldad, y creen tener la razón en todo, creen tener la verdad en sus manos pero, con una conciencia sucia.

Nuestras lágrimas de dolor de nada valen. ¡Ay mi Panamá querida! ¿Qué vas hacer con esos hijos enfermos del alma? ¿Cómo aguantas a que te golpeen y te abofeteen con el puño cerrado? ¿Cómo aguantas a que violen tu derecho de cumplir con tus obligaciones de proteger a esos, tus buenos hijos.

Me imagino que muchas veces querrás huir de tanta mediocridad, maltrato y de la estupidez de algunos de ellos. Pero, ¿adónde ir? Hay otros hijos de países hermanos que te visitan y quedan encantados con tu belleza y, se quedan, y tú los acoges con esos tus brazos abiertos, pero los hay también no tan santos y vienen a hacer de las suyas, ten cuidado.

Te felicito, la economía en tu casa, está más que bien. Pero, ¿de qué vale? Si el costo de la vida va en aumento. ¿Qué se puede hacer para que esa riqueza se use al menos para aliviar los tantos problemas que tenemos?  Algunos de tus hijos tratan de ayudar para que esa caudal nos llegue a todos, pero lo hacen a través de paliativos y, ¿para qué? Vivir de paliativos ayuda en el momento y, ¿después? ¿migajas?

 ¡Ay mi Panamá! Eres bella por dentro y por fuera. Pero, ¿de qué vale tanta belleza si no eres feliz? A ver respóndeme: ¿Qué se puede hacer con esos tus hijos pervertidos? Los que se dan a la tarea de vender sexo a través de los medios y de mujeres que por falta de una buena educación moral no les importa mercadear la religiosidad de su cuerpo.   Se exponen a que los insaciables sexuales se masturben mentalmente y haciendo que niños y adolescentes crezcan sin respetar el cuerpo de esas tus hijas. Te pongo de ejemplo, el último video del cantante Aldo Ranks, con una publicidad que los medios han sobresaturado hasta en sus portadas principales. Glúteos y bustos femeninos, eso es lo que vende. ¡Vaya manera de hacerse dinero!   Me pregunto si ese cantante tiene hijas y no las vende a igual precio como hace con las mujeres que salen en el video.

¡Ay mi Panamá! ¿Qué vas hacer con esos hijos dedicados a la política? Las zancadillas están al sol del día. Políticos que no aprecian lo bueno de la política: el Bien Común. El bien es para sus bolsillos y para hacerse sentir “el todopoderoso”. Viven entre acusaciones, injurias, calumnias y criticas; sin importarles si pertenecen al mismo partido.   Son los papacitos de las redes sociales y muchos de tus hijos les hacen la seguidilla. ¡Tontos útiles! ¡Ay mi Panamá!   ¿Qué hacemos con tus hijos los corruptos? Los hay en cada rincón de tu casa, y te dan la espalda a carcajadas haciendo gala de sus mejores destrezas maquiavélicas ante los tribunales de justicia.

Son los que te tiran en tu cara las sobras que dejan después de hartarse en banquetes cuyo símbolo es el desprecio y la arrogancia. ¡Desgraciados! Se merecen que los guidemos del palo más alto allá en el Cerro Ancón. Y, los ves tú retratados en las sociales de los diarios dizque haciendo obras sociales. Sí, como no. Se sienten dueños de este pedacito de tierra. Sus nombres aparecen en todas partes, en juntas directivas de todos los negocios habidos y por haber.  Los grandes señorones que te miran como si tú fueras lo peor.

  ¡Ay mi Panamá hermosa! ¿Qué hacemos con la desigualdad en la educación escolar? La buena educación es para algunos. Cuando pienso en esto, se me desgarra el alma. Esto no lo perdona Dios.   Y, si esos alcanzan una educación superior, entonces se encuentran con una gran falta de oportunidades. Y, si logran un empleo, vaya ver si logran satisfacer sus anhelos. Los embarazos precoces, el alcohol, drogas y deserciones escolares los ahogan y el sexo a su máxima degradación, los vuelven insensibles.

 Tu casa está llena de padres ausentes. Padres poco importa y, a los que les importa, viven preocupados por el alto costo de la vida; no hay tiempo para más. ¿Sabías tú, que vivimos en una sociedad en la que se está perdiendo una gran cantidad de valores humanos muy importantes?   Hay un temor a decir la verdad, pues se está expuesto a ser clasificado como detractores y traidores. Vivimos en una sociedad de opiniones, opiniones que pueden dañar mucho, en exceso, a las personas y llegar a no tener confianza en nadie.   Lo más preocupante es que de esta manera estamos llegando a una sociedad individualista, en la que nadie quiere saber de nadie, pues como se suele decir “cada uno con sus propios problemas”.

¡Basta Panamá! no te dejes maltratar. Posees identidad y dignidad única que ha de ser valorada siempre por los tuyos y por los hijos de otros. Tienes un gran potencial. Estás hecha para conservar la vida, recogerla, hacerla germinar, florecerla y perfeccionarla. Conserva tu instinto maternal y el cuidado directo hacia tus buenos hijos. ¡No te dejes!

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Publicado hoy 28 de marzo  de 2012 gracias a la gentileza de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana Dra. Geraldine Emiliani,  que lo envió a nuestra redacción para su reproducción.

Un pueblo idiotizado

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

¿ Qué hace un hombre en el poder por 30 años? Mubarak jugó con las frustraciones del pueblo egipcio por 30 años, con el propósito de un dominio perpetuo, que además de producir traumáticas y perdurables divisiones sociales, desató la ira colectiva que acabó con la traumática y perdurable dictadura. Solo un pueblo idiotizado por el miedo, que conduce a la complicidad con el gobernante de turno, puede caer en tal desperdicio mental.

Hay quienes consideran que las dictaduras surgen por la pobreza, la corrupción y otros males sociales en los países democráticos. Es el hombre y no el sistema quien afecta a la sociedad. Y, aunque un gobierno autoritario y totalitario agrava los problemas sociales, hay otros factores de fondo, menos visibles y más psicológicos, que impulsan a la gente a preferir un gobierno autoritario, en lugar de mejorar y proteger la democracia.

Con el desarrollo de los sistemas democráticos, el hombre obtuvo la libertad para decidir su destino como nunca antes en la historia. Sin embargo, a medida que el hombre se liberó de las cadenas feudales que lo ataban a su ‘amo o señor’, también comenzó a sentir la angustia de tener que tomar sus propias decisiones y asumir todo el riesgo que ello implicaba. Esto es lo que algunos filósofos e intelectuales han denominado acertadamente como el ‘miedo a la libertad’.   Fromm lo explica en pocas palabras: ‘Cuanto más el hombre se transforma en individuo, se presenta el dilema de unirse al mundo a través de las condiciones que le impone la sociedad, en la búsqueda de seguridad. Al acudir a estas formas es cuando el hombre cae en los mecanismos de evasión y apatía, los cuales destruirán la anhelada libertad y su integridad junto con su yo individual’.

Según Fromm, el autoritarismo es un mecanismo de evasión de la libertad que consiste en la tendencia a abandonar la independencia del yo individual para fundirse con algo o alguien exterior, a fin de adquirir la fuerza de la que el ‘yo’ carece. Es decir, busca nuevos vínculos secundarios como sustituto de los primarios que se han perdido; por ejemplo: los impulsos de sumisión y dominación.

Fromm también nos habla de la conformidad automática: este mecanismo se da por ejemplo cuando hay retraimiento del mundo exterior y el individuo deja de ser él y asume una personalidad que la sociedad le asigna.

El conflicto de libertad comienza por el lazo materno. Inicialmente, el humano posee un instinto que le une con su madre. En las sociedades primitivas el individuo estaba muy ligado a su clan.   En las primeras etapas de la vida siempre hay una necesidad de seguridad y orientación que implica una falta de individualidad. Posteriormente, la persona va desarraigándose de sus vínculos primarios. Cuando lo consigue, debe encontrar la orientación y la seguridad que necesita y al no volver a unirse a los vínculos primarios tiene una sensación de soledad y necesidad de cuidado. Entonces necesita aferrarse a algo o a alguien para sentirse seguro.

He aquí cuando aparece el conformismo. Las personas conformistas buscan ‘seguridad’ y no libertad.   Por eso prefieren un gobierno fuerte que les garantice beneficios, aunque ello implique la pérdida de sus libertades. Y, esto es una situación de peligro, porque se abre el espacio para que surjan seres sanguinarios, dictadores, amos y señores disfrazados de salvadores o resguardos de aquellos que no se atreven a hacer las cosas por sí mismos, como el de sacrificarse e invertir horas y energías extras para levantar un negocio propio. Tampoco las escuelas han ayudado mucho, pues enseñan más a estudiar para conseguir trabajo que para ser emprendedores.

Es necesario que los dirigentes de cada país comprendan que los sectores más frágiles de la sociedad deben ser protegidos mediante la oportuna generación de leyes, instituciones, y otros mecanismos sociales correspondientes. Pero sobre todo, es urgente educar a las nuevas generaciones con los valores de la libertad y el emprendimiento, para que desarrollen un espíritu independiente, y puedan entender y perfeccionar la democracia, en vez de destruirla apoyando proyectos populistas y totalitarios. Los líderes autoritarios, son los más propensos a convertirse en dictadores, pues, bajo el pretexto de buscar la ‘justicia social’, tienden a reprimir los derechos humanos fundamentales y terminan sacrificando el desarrollo y agravando los problemas de la sociedad.

Solo la ignorancia puede hacer que un pueblo entero confunda a los demagogos con líderes o estadistas. La educación es la base para el desarrollo integral de los marginados por la pobreza y la ignorancia. Las naciones que posean una amplia cultura democrática estarán preparadas para entender y perfeccionar la democracia, y también para neutralizar con éxito las pretensiones autoritarias de un líder, un partido o una ideología.

Este artículo se publicó el  16  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

No permitas que te llamen viejo

La opinión de la Medico y miembro del Club Rotario…

MARISÍN  VILLALAZ  DE  ARIAS
marisin@cableonda.net

Se preguntarán por qué este tema en los valores cívicos y morales;    considero que llegar a esa edad avanzada es en sí un valor y lograr que niños y jóvenes nos respeten es también un valor que en todo hogar debe enseñarse como parte de la formación de los hijos. No desestimemos a los viejos como los llaman, ya que la experiencia acumulada por ellos, es invaluable. Les transmito esto.

En la juventud, la belleza es un accidente de la naturaleza. En la vejez es una obra de arte. (Lin Yutan). El arte de envejecer consiste en conservar alguna esperanza (André Maurois). La madurez es el arte de actuar en paz con lo que es imposible cambiar. Cuando envejecemos, la belleza se convierte en calidad interior; pero para el profano la tercera edad es invierno, en cambio, para el sabio es la estación de la cosecha ya que pone en práctica lo aprendido y recoge el fruto del mismo. Cuando habla un viejo, es agradable escucharlo, salvo raras excepciones, porque solo cuenta lo vivido, lo aprendido, lo que debieran recolectar los jóvenes para subir su cuesta con menos dificultad.

En los ojos de los jóvenes vemos llamas; pero es en los ojos de los mayores que vemos la luz. No es viejo aquel que pierde su cabello sino el que pierde su última esperanza. No es viejo el que lleva en su corazón el amor siempre ardiente; no es viejo el que mantiene su fe en sí mismo, no lo es el que vive sanamente alegre, convencido de que para el corazón no hay edad. Viéndolo bien, no somos tan viejos, lo que sucede es que tenemos muchas juventudes acumuladas (Francisco Aramburu). Amamos las catedrales y muebles antiguos, pinturas y libros viejos, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y espiritual de los ancianos.

Hay que estar agradecidos de nuestra edad pues la vejez es el precio de estar vivos. Cuando ya se han cumplido 80 años o cerca, todo contemporáneo es un amigo. Goethe concluyó Fausto a los 82 años. Tiziano pintó obras maestras a los 98 y Toscanini dirigió orquestas a los 87. Edison trabajaba en su laboratorio a los 83; Benjamín Franklin contribuyó a redactar la Constitución de los Estados Unidos a los 81… Yo moriré dentro de muchos años, un lunes cualquiera de un verano cualquiera.   Entonces ¡adelante!.   No habrá fuerza capaz de detener a quien sueña, a quien construye aún sobre las cenizas, a quien ama, a quien espera de la vida el momento mágico de una ilusión, a quien no olvida que el tiempo pasó, sí… pero no se llevó consigo su corazón, por lo tanto le queda todavía el placer de soñar.

 

Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.

Derecho y valores

La opinión de…

 

Ruling Barragán Yáñez

El derecho y los valores constituyen dos ámbitos cuyas características y relaciones no siempre suelen ser bien comprendidas. Esta incomprensión desemboca a menudo en problemas prácticos que pueden reflejarse en la administración de la justicia. En sentido estricto, los valores pertenecen al ámbito de la moral; los derechos, al legal.

Sin embargo, esto no significa que no exista –o, peor aún, que no deba existir– ninguna relación entre valores morales y el derecho. De hecho, el derecho nunca está –ni debe estar– desprovisto de valores. Pero, no todos los valores que integran la moral participan (o deben participar) de lo legal en cuanto tal. De otra manera, la incidencia o interferencia de lo moral en el derecho afecta negativamente sus funciones.

Explicaremos esto en lo que sigue. Entre los valores propios del derecho se suele mencionar una tríada clásica: la seguridad, el orden y la justicia.

La seguridad puede considerarse como el valor más básico, si nos atenemos a un orden de realización, no de relevancia. Sin seguridad es imposible erigir –mucho menos mantener– cualquier orden, sea éste social, político o económico. Es por esto que es el valor más elemental. Luego de la seguridad sigue el orden. El orden jurídico –al menos idealmente– permite que la sociedad en su conjunto funcione en armonía. En tercer lugar, se da la justicia, siendo el valor por excelencia del derecho. La justicia no existe ni subsiste en abstracto, sino que se construye sobre las bases de la seguridad y el orden.

Por supuesto, los valores propios del derecho no son los únicos valores. Ellos constituyen apenas una ínfima parte del amplio inventario de valores morales. Podemos citar la amistad, el amor o la compasión, entre muchos otros. Ahora bien, ¿qué relación guardan estos valores con el derecho? Prácticamente ninguna.

El derecho puede subsistir sin ellos; aún más, la incidencia de estos valores en el derecho perturbaría su naturaleza y funciones. Así pues, es bien sabido que la amistad, el amor o la compasión no deben incidir o influir en decisiones judiciales. El espacio y funciones propias del derecho no permiten la intromisión de este tipo de valores. De acuerdo a lo anterior, el derecho puede y debe abstraerse de ciertos valores. Por supuesto, no de aquellos que le son propios y sin lo cuales no podría constituirse y funcionar.

Sin embargo, como bien dijo un jurista, no debemos olvidar que “los valores del derecho no son fines en sí mismos; su sentido proviene de otros valores, que son superiores y que también el derecho trata de alcanzar”. Así pues, existen valores superiores a los del derecho (ya mencionamos algunos) sin los cuales sería imposible un desarrollo humano integral. Si nos limitáramos únicamente a los valores propios del derecho, la vida en sociedad se deshumanizaría. Los valores propios al derecho son necesarios, mas no suficientes.

Por todo lo anterior, se concluye que el derecho exige de por sí determinados valores, a la vez que excluye a otros. Todo buen profesional del derecho tiene el reto de encontrar el balance adecuado entre lo moral y lo legal; el justo medio en que la moral pueda incidir en el derecho, sin que pierda su carácter y autonomía.

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Este artículo se publicó el 1 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Muéranse!

La opinión de…

Fernando Toledo

No he podido terminar de leer El sueño del celta,   la reciente obra del Premio Nobel Mario Vargas Llosa,   porque pareciera que lo ocurrido el 9 de enero de 2011 en el Centro de Reclusión para Menores de Panamá hubiera sido parte de las atrocidades descritas por R. Casement en sus informes acerca de lo que hicieron los belgas en el Congo y los ingleses en el Putumayo, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Pero en pleno siglo XXI este acontecimiento bárbaro me ha causado mucha indignación, tristeza y repudio, al ver las imágenes que nos pasaban en un noticiero de un medio televisivo y que ponía en evidencia, una vez más, lo injusto, inhumano y degradante del sistema carcelario en este querido país.

¿Cómo es posible que ante semejante tragedia nosotros como sociedad no reaccionemos contundentemente, ante este y otros hechos, exigiendo responsabilidades por lo ocurrido a las autoridades del Gobierno?  ¿Será que por tratarse de menores delincuentes esa horrible sentencia de “¡muéranse!” se lo merecían?

Definitivamente, algo no está funcionando bien en Panamá que hace que la mayoría de los ciudadanos se acorace para no ser vulnerado por lo que le pasa a otro o, en el mejor de los casos, nos manifestamos solidarios, pero en voz baja, nos da rabia, nos quejamos, protestamos, pero no es suficiente.

Quizá ni este ni otros artículos escritos sobre este tema serán suficientes. Compartir mi indignación y romper el silencio que me agobia es una manera de justificar la indiferencia que a veces tenemos ante otras tragedias de tipo cultural, social, educativo, político o de salud, que día a día suceden y quizá por eso mismo nos estamos haciendo insensibles o cómplices del silencio.

No sé, pero creo que mínimamente, lo sucedido este otro 9 de enero nos debe hacer reflexionar sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo, qué tipo de ciudadanos estamos formando, y qué valores estamos fortaleciendo y practicando, sobre todo.

“Que le caiga todo el peso de la ley a los policías y custodios responsables por su provocación e inacción ante semejante suceso por el que ya han muerto cinco jóvenes”, ha dicho el Presidente, sería lo justo, pero aun así no se hace justicia, porque mientras se siga manteniendo un sistema que viola los derechos humanos, que mantiene leyes que privilegian la impunidad, un sistema en el que es más importante el interés personal que el de todos los ciudadanos, lamentablemente la muerte de más panameños nos pondrá en evidencia una vez más ante el espejismo de querer ser “primer mundistas” y no darnos cuenta -¿o sí?- de que la inequidad entre el desarrollo económico y el desarrollo social, educativo, cultural, de salud y justicia, aún es “tercer mundista”.

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Este artículo se publicó el 26  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

 

La verdad

La opinión del Ingeniero y miembro del Club Rotario…

 

FERNANDO MANFREDO JR.

 

La verdad es uno de los valores éticos; sin embargo, se trata de un producto frágil. El verdadero estado de las cosas es frecuentemente desagradable. Por eso no decimos la verdad con más frecuencia – a nosotros mismos y a otros -. Es más conveniente no hacerlo. En su lugar, racionalizamos nuestras propias imperfecciones y las de nuestro entorno. Si trabajamos duro en esas racionalidades, pronto creeremos en ellas… y cuando lo hacemos, nuestro asidero de la verdad es un poco menos seguro que antes.

La verdad es perfección; sus distorsiones son un reflejo de la imperfección de este mundo. Para nosotros no existe una verdad absoluta; existen versiones de parte de esos que observan e informan. En el transcurso de nuestras vidas la verdad será más difícil de aprender que antes. La prensa liberal ha adoptado la doctrina adversa. Ellos no están interesados en la verdad, sólo el cinco por ciento más o menos de las noticias se desvía de la norma, la cual, en un mundo imperfecto, es la única verdad que existe.

Presumiblemente ellos estarían deseosos de remover el pasado alrededor de cada administración pública, sólo para verles caer sin importarles las consecuencias al país o a las instituciones públicas. Por las normas de alguien todos somos menos que perfectos. Si uno desea hacer un tema de imperfecciones, puede hacerlo atacando a cada persona que ha tenido o puede tener un cargo público.

El subsiguiente alboroto sencillamente alimenta el morbo de esos que sostienen que nuestra forma de gobierno, no es viable y no tiene derecho o esperanza para sobrevivir. Ser objetivo es importante; ser escéptico es necesario. Después de todos los hechos, se puede conseguir lo esencial de manera que se pueda hacer juicio razonable de lo que está pasando a nuestro alrededor y qué debemos hacer al respecto.

El precio de la verdad es un deseo de hacer preguntas difíciles, sabiendo en todo momento que si la verdad realmente surge en respuesta, éstas serán igualmente difíciles.

Y ahora, en lo que se refiere a usted que ha tenido la paciencia de leer este escrito, todo lo que he hecho es poner frente a usted una realidad desagradable simplemente para retarlo a que piense realísticamente sobre este duro cuestionamiento que usted enfrenta. Cuando uno piensa seriamente en éste y otros problemas, lo que surge es un deseo de salirse de la sociedad. Pero no puede salirse de esa sociedad y seguir siendo parte de esta. No hay otra opción que hacerle frente. Por esto, decir la verdad debe constituirse en la costumbre y no la excepción.

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Este artículo se publicó el 20 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El parásito de la corrupción

La opinión de…

 

Diógenes A. Robolt C.

Sin temor a equivocarnos podemos decir que un parásito es aquel ser vivo que se nutre a expensas de otro ser vivo de distinta especie sin aportar ningún beneficio a este último. Este otro ser vivo recibe el nombre de huésped u hospedador, a expensas del cual se nutre el parásito, pudiendo producir en algunos casos daño o lesiones. Estos se caracterizan por ser portadores de sustancias que provocan en el hospedador una respuesta inmunitaria, de manera que el parásito debe vencer la acción del sistema inmune del hospedador para tener éxito. En los humanos se manifiestan síntomas de diferentes tipos y, después de una profunda investigación médica, se puede determinar cómo tratar la enfermedad.

La corrupción trabaja de igual manera en la sociedad actual y tiende a resaltar más cuando ocurre en instituciones públicas, precisamente, porque el ciudadano honesto, justo, responsable y que paga sus impuestos no acepta que un funcionario público incurra en delitos contra la administración pública, sin ser sometido a responsabilidad penal.

Cuando este fenómeno se manifiesta es importante iniciar una investigación profunda, a fin de detectar rápidamente dentro de la institución los implicados en el hecho y evaluar hasta dónde pudo ramificarse la figura delictiva. Se debe buscar e identificar su origen fuera de la institución y determinar de qué manera pudo penetrar este flagelo a la institución, o mejor dicho, al personal de la institución. Hay que determinar el nivel de daño causado por esta acción delictiva.

Al igual que los parásitos, los delitos contra la administración pública se ocultan en la institución por un periodo necesario que le permita salir nuevamente. Es por ello que recomendamos a quienes dirigen las instituciones públicas del Estado tomar en cuenta que el problema de la corrupción no termina sancionando a los culpables, sino que se requiere establecer una comisión de trabajo, compuesta por criminólogos, sicólogos, sociólogos, abogados y demás gremios como la Fundación Ética y Civismo, Cruzada por la Paz, la empresa privada, Transparencia Internacional, la iglesia y otros, que tengan la disponibilidad de estudiar a profundidad la forma más efectiva de prevenir los delitos contra la administración pública. La corrupción en los funcionarios siempre ha existido y existirá, mientras no ejecutemos planes de prevención. Como panameño de barrio, pienso que este asunto no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

Por ejemplo, los valores morales y éticos son un aspecto importante que debemos resaltar en las escuelas, para que tengan su efecto en los futuros gobernantes. Los ejemplos dados con los escándalos en instituciones públicas no son buenos mensajes para nuestra juventud, que tiende a imitar a los adultos.

Confío en Dios en que en 2011 los gobernantes, los especialistas en la materia y todos los panameños hagamos un esfuerzo para prevenir que los parásitos de la corrupción se hospeden en nuestras instituciones públicas.

 

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Este artículo se publicó el 3  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué cambian los valores?

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La opinión del Médico y Rotario…

MOISÉS  RIOS

Los valores éticos y morales son el conjunto de reglas por las cuales se rige una sociedad dada. No son valores absolutos sino que cambian con los distintos pueblos y con las diferentes épocas. Esto ha sido así ya que la humanidad ha ido evolucionando, y esta evolución ha sido para mejorar, aunque a veces da la impresión de que vamos retrocediendo. La ley Mosaica es un claro ejemplo del intento del Hombre de reglamentar las relaciones interpersonales, reemplazando a la ley del Talión que imperaba antes de ella. La ética cristiana de “no hacer a otros lo que no quisieras que te hicieran a ti,” resume en una sola frase el ideal de ética de la humanidad. La Revolución Francesa del siglo XVII vino a reivindicar, con su lema de libertad, igualdad y fraternidad, los abusos de un sistema señorial que impedía la participación activa del más necesitado.

Sin embargo, la doble moral siempre ha existido entre los hombres. El hombre primitivo no consideraba a sus congéneres de otra tribu como sus iguales y las reglas de ética de la tribu no se aplicaban para los enemigos. Estos enemigos se podían matar o esclavizar sin que nadie sintiera el menor remordimiento por ello. En distintas sociedades y épocas ha existido un sentimiento similar, utilizando la religión o la raza como justificación para las peores transgresiones a las reglas más elementales de ética y moral. La intolerancia de los pueblos a las costumbres y sentimientos de otros ha generado las guerras y las matanzas más espantosas que ha conocido el género humano.

El cambio de los valores hacia una concepción más universal ha generado, después de la segunda guerra mundial, el desarrollo de los Derechos del Hombre que pretenden, sin haberlo logrado todavía, humanizar a toda la especie y hacer de cada uno de nosotros un bastión de lucha por conseguir una sociedad más justa y participativa, sin discriminaciones ni prejuicios que denigren a nuestros semejantes.

Debemos ser optimistas y luchar para que en un futuro próximo, la lucha del Hombre contra el Hombre, que se inició en las cavernas, llegue finalmente a su término y que disfrutemos de “Paz en la tierra entre los Hombres de buena voluntad”. Nuestro lema Rotario de “dar de sí antes de pensar en sí” resume de una manera simple y concisa el comportamiento que todos debemos procurar para el fortalecimiento de esos valores éticos y morales que nos legaron nuestros antecesores y que nos toca transmitir a las nuevas generaciones.

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Artículo publicado el 6 de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los valores en la educación

La opinión de…

Carlos Alberto Voloj Pereira

Está plasmado en la Constitución Apostólica de Juan Pablo II, sobre las universidades católicas, que es, precisamente, en ellas “donde los estudios examinan a fondo la realidad con los métodos propios de cada disciplina académica” y que sirven para demostrar “la confianza que tiene la Iglesia en el valor intrínseco de la ciencia y de la investigación…” y “una preocupación ética” acerca de la conducta de los hombres cuando ejercen la profesión a la que se dediquen.

Entonces el hombre profesional no puede dejar de ser un educador cuando ejercita su actividad para procurarse sustento. Quien no se eduque a la vez que trabaja, voluntariamente se está limitando en una ignorancia crasa que en nada le ayuda a superarse.

Michael Falise, en su ensayo sobre Los valores en la educación y enseñanza universitarias, deja claramente expuesto que, quien llega a sentir la necesidad en el mundo actual de una educación superior está palpando evidentemente que estamos en el pleno momento de que no avanzará quien no se eduque, porque estamos en la “era del conocimiento, de la tecnología” y que la competencia actual se sitúa en el terreno de los que saben, porque ya el dicho de algunos de “da que vienen dando”, o de “quítate tú pa’ ponerme yo” o, ese que dice “amigo es el ratón del queso ¡y se lo come!, o “amigo es un real en el bolsillo”, ha cedido el paso a la idoneidad, al conocimiento, a la suficiencia de que usted sabe lo que está haciendo, y quien necesita y busca sus servicios ¡también lo sabe! De ahí que podrá haber inmoralidad y falta a la ética de parte de algunos profesionales, pero ¿estará dispuesto a aceptarlo el cliente?

Es cierto aquello de que “Dios los hace y el diablo los junta” y que el profesional inmoral y falto de ética se juntará con el cliente inmoral y falto de ética, también, pero ¡válgame Dios!   ¿Son, acaso, inmorales y faltos de ética todos los profesionales y todos los clientes? ¡No, claro que no! En el pasado evento político de 1989, cuando se produjo una confrontación cruenta con manifestaciones que sacaron a flote la ética y la moral de muchos panameños, también quedó en evidencia que no todos eran inmorales, que no todos faltaron a la ética y que no todos fueron saqueadores y que algunos no fueron totalmente saqueados.   Lo que sí apunta como experiencia aleccionadora es que sí fue saqueada la moral y la ética de la patria y la convicción de muchos justos de que los hombres deben amar a su prójimo como a ellos mismos.

Sin embargo, los comercios en los que reposa el conocimiento, la educación y los libros de ética y moral no fueron saqueados. Parece que nadie saquea librerías en Panamá.

La Iglesia y los hombres de bien tienen muy claro que la ética y la moral, aunque tengan una oferta abundante, exige un alto precio que no todos quieren pagar.   Prefiero decir que no pueden pagar, a decir que no quieren pagar. Es un producto caro, legítimo, auténtico, decoroso y elegante que no pueden lucir en todo su esplendor los inmorales y antiéticos.

¡Desgraciado el hombre que nace sin moral y no desea adquirirla siquiera! ¡Bendito sea el que sabe que no posee moral alguna, y la busca, la desea, la persigue, y tanto la anhela que al fin, de tanto correr detrás de ella, la alcanza y la aprisiona en su corazón.

No hay mejor hombre moral que el converso y, como en la parábola del hijo pródigo, cuán aplaudido y cuán bienvenido es aquel que vuelve al encuentro con su padre y se arrepiente de gozar inescrupulosamente los bienes que ha recibido.

Exhortamos a nuestros alumnos y a los de las universidades amigas que tengan constantemente presente, ante los ojos de sus familias y profesores, la ética y la moral que les habrán inculcado sus progenitores.   Y es que nada dignifica a un hombre y a una mujer más que la honradez, la decencia y el respeto para con su prójimo.

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<> Este artículo se publicó el 28 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Agradecer favores es reconfortante

La opinión de la Doctora en Medicina y Miembro del Club Rotario…

 

Marisín Villalaz de Arias

Hace unos días escuchamos en la radio una anécdota que nos pareció apropiada para la cápsula rotaria porque la gratitud es un valor, tal vez de los más grandes ya que, una persona desagradecida no merece el reconocimiento de nadie y no puede ser digna de formar parte del grupo de gente con valores cívicos y morales.

Contaban que una señora mayor estaba recluida en un Residencial para personas mayores. Su esposo la visitaba a diario y se sentaba a contemplarla, la peinaba, le arreglaba su camisón y permanecía a su lado durante una hora. A veces le conversaba aunque ella no le respondiera. Alguien le preguntó por qué esa situación. “Es que tiene Alzhaimer” ¿Por qué no le recuerda ciertas cosas? ¿Porque no sabe quién soy. Entonces, por qué va todos los días y la acompaña durante una hora si ella ni lo reconoce? Por gratitud. Ella fue mi compañera por 52 años hasta que enfermó y no tuve más remedio que ponerla en este lugar. Pero mientras estuvo sana me acompañó, me sirvió, me apoyó en la vida, me dio tres hijos y me hizo feliz. Esto es más que suficiente para que, aunque no me reconozca y piense que cada día viene una persona diferente, tenga compañía permanentemente.

Agradecer favores, recordar a quienes nos sirvieron o nos ayudaron cuando lo necesitamos, es uno de los valores mayores en la vida. Una persona que no tenga presente a aquellos que la quieren, a aquellos que se sacrificaron en un momento dado, a quienes le han dado lo que necesitaba en el momento preciso, es alguien que no puede ser reconocida por nadie. Ser agradecido con quienes han estado a tu lado es grandioso porque le permite a uno sentir la satisfacción de retribuir lo que hemos recibido aunque los demás lo hayan hecho desinteresadamente.

La madre se sacrifica por nosotros cuando somos niños, nos enseña a caminar, a hablar, a ser grandes hombres y mujeres. Lo menos que podemos hacer por ella cuando es mayor, es quererla, apreciarla, amarla y hacer que viva con dignidad. Así seremos buenos hijos y luego recibiremos lo mismo de los nuestros. Sirvamos a quienes nos han servido y con creces. Hagamos lo que esté a nuestro alcance y lo que no también por los que nos favorecieron con su cariño y su predilección. Entonces entraremos en el mundo de los valores cívicos y morales.

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<>Artículo publicado el  23  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.