Medicamentos, ¿el original o el genérico?

La opinión de…

 

Renato Murillo

Un dilema al comprar un medicamento es: ¿Compro el original o el genérico? La diferencia radica en que el original ha sido evaluado por agencias reguladoras como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en EU o la Agencia Europea de Medicinas (EMA), y confiamos en que el producto es seguro y eficaz. Por asuntos económicos, nos inclinamos en ocasiones a comprar un genérico. Pero ¿estamos comprando una copia igual al original? La FDA y la EMA han resuelto este problema solicitándole a las compañías que demuestren que el genérico permanecerá en el organismo el mismo tiempo que el original y en cantidades similares. Cuando estas pruebas se realizan y se cumplen, se dice que el medicamento es “bioequivalente” (respecto al original). Así, cuando uno llega a la farmacia a comprar un medicamento genérico bioequivalente se puede tener la seguridad de que funcionará igual que el original.

En el desarrollo de los medicamentos se gasta mucho dinero para proporcionar terapias innovadoras. Desde que surge la idea hasta el punto que lo recibe el paciente, se invierten sumas cercanas a los mil millones de dólares. La innovación en la búsqueda de medicamentos nuevos ha llevado a los científicos del mundo a introducirse en la biotecnología, donde el desarrollo más conocido es la insulina humana para el tratamiento de la diabetes. Hasta la década de 1970 los pacientes contaban con insulina de cerdo, la cual no producía el efecto y la seguridad deseada. La insulina humana es fabricada con bacterias que han sido modificadas genéticamente. De esta forma, el uso de la biotecnología ha abierto la puerta a nuevos horizontes, siendo este solo un pequeño ejemplo.

Estas nuevas tecnologías traen nuevos retos. El proceso de manufactura de este tipo de medicamentos es tan complicado que el fabricar un genérico resulta virtualmente imposible y esta situación ha sido reconocida por la FDA y la EMA. Esta última sugiere que para estos medicamentos no hay genéricos, pero sí es posible producir sustancias con efectos terapéuticos similares, denominándolos “biosimilares”, en analogía a la bioequivalencia mencionada. Se ha publicado que al tratar de copiar estos medicamentos sin los cuidados respectivos, el paciente puede enfrentarse a efectos indeseables o una disminución en el efecto esperado.

Muchas compañías en el mundo tratan de copiar estos medicamentos y al no demostrar que son similares (biosimilares) a los originales, introducen sus productos en mercados sin regulación, poniendo en riesgo la salud del paciente. La regulación de estos medicamentos en América Latina no es ideal, pero es deber de las autoridades de salud velar porque las compañías demuestren la calidad y eficacia de sus productos.

Considero que así como muchos de nosotros vamos a países desarrollados para aprender sus tecnologías, debemos hacer uso de los conocimientos adquiridos y adoptar los parámetros de calidad correctos para que, con equidad, nuestros habitantes reciban tratamientos seguros y eficaces.

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<> Este artículo se publicó el 12  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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