Testamento

TESTAMENTO

Por:  Belisario Rodríguez Garibaldo

No podrán sacar nuestras formas de este mundo,
ni ocupar este pequeño espacio que habitamos,
podrán tapar las heridas que entre todos destilamos,
pero no podrán cerrar las cicatrices del destino.

Nunca ha sido suficientemente duro el acero
ni tampoco suficientemente imbatible el acervo
pero siempre ha sido el corazón un abismo profundo
desde el cual el Hombre que somos se ha elevado a los cielos.

A un Hombre no se le destruye en cansancio,
a un Hombre no se le compra con dinero,
a un Hombre no se le bate a un duelo,
a un Hombre no se le puede vencer con desprecio.

El Hombre conoce súbitamente de anhelos,
y vislumbra en cada momento el valor de toda Conciencia,
por que el que es Hombre no conoce más afán y denuedo
que batir la injusticia y la crueldad con ciencia y clemencia.

La Guerra siempre ha sido el instrumento
de caras ambiciones de fuerzas desmedidas,
el Poder ha sido siempre la herramienta y la medida
con la que el Hombre construye Castillos de Dolor sobre la arena.

Mas ha sido alcanzar la infinita sabiduría
y conocerla en su justa medida y certeza,
tal como alcanzar la más perfecta armonía
con la que Dios teje sus redes en el Tiempo.

Nunca hubo más Hombre que el Profeta de la Aurora,
mas sólo Dios sabe lo que sentimos y hemos sido,
pues en la lucha por vencer, hemos todos enloquecidos,
tratando de construirle al mundo el Castillo del Ahora.

¿Mas qué sabe el Hombre del dolor que me conduele?
pues ha hecho de su vida un anatema de la Historia,
pues se ha condenado sin conocer todavía la memoria,
por lo que el Hombre sentirá el azufre que le toca y que le duele.

Pues sólo primero tendremos que navegar por el Infierno
para cuando estemos dispuestos a construir el Paraíso,
por lo que el dolor será la Guerra del Final de los momentos,
hasta que podamos hacer la Paz para los Tiempos de los Tiempos.

Pues no hemos sentido más dolor y más tormento
que al perder al amor que siempre amamos,
que al sentir la sangre y la herida del cimiento,
que hemos tenido visión de Humanidad redimida de lamentos.

No hay ya formas que nos separen de esta Aurora,
pues no hemos nacido sino para este instante,
con la cual podremos captar la imagen del momento
para poderla multiplicar por los hombros de la Historia.

Solamente las Patrias nos recuerdan desde lejos
que la madre tierra solloza los recuerdos,
redimirla ha sido la fuente de inspiración de los aciertos
y amarla de corazón ha sido la razón de los reflejos.

Hemos de creer en la intuición del destino que se siente,
pues la idea no ha de morir jamás, ni aún después de muertos,
como habremos de engendrar este hijo que anuncia la simiente,
pues los pueblos son los hijos del gran dolor de los tormentos.

Perdónanos Señor, mi Dios, si hemos pecado,
no nos condenes, mi Dios, al sufrimiento,
mide nuestra fe y voluntad que te entregamos,
más no nos abandones jamás en la misión de los recuerdos.

La soledad ha sido del Hombre la más profunda y fiel de compañeras,
y la muerte ha sido del Hombre la amante silenciosa de la noche,
que como el beso de una Mujer que se ha internado en las memorias,
de mil Mujeres que han de parir al Náufrago perenne de la Historia.

Más no habremos de ser salvajes sin dirección y sin sentido,
pues de la Sagrada Familia Humana hemos heredado el cometido,
en que el corcel fulgurante de la conciencia ha creado el veredicto,
de que el Amor ha de renacer al Hombre Nuevo hasta esparcirlo.

Somos la voz errante del desierto,
más el amor convertirá toda la gloria,
en la vida que debe renacer de la memoria,
de cada batalla que crea la pirueta de la historia.

Hemos transformado la Palabra en el Arma de Combate,
para que se esparza entre los hermanos del Ahora,
pues la anunciación debe llegar desde la Aurora,
y la oscuridad será absorbida por la luz del Maestro-Comandante.

Este Maestro-Comandante debe venir desde muy lejos,
pues tendrá la vara con la que medirá a cada uno en su medida,
y no se escapará nadie de su gran misión que hemos anhelado,
pues la liberación humana será su única vestimenta y su vereda.

Mas hemos estado todos aquí, en cada justa medida,
pues la vida humana se transforma en la semilla,
que sólo Dios sabe quien espera lo esperado desde siempre,
quiera Dios que no nos abandone en esta lucha de su Fuente.

¡Que corra el agua como un manantial adormecido!
¡que surta también los surcos de las Tierras del Silencio!
¡que se transforme en el comienzo del cimiento y del momento,
de un porvenir que viene cabalgando desde siglos y milenios!.

¿Quién nos protegerá de la Verdad que nos consuela?
Dios nos ayude a seguir en la locura del ahora,
pues no tenemos ya la fuerza de la luz de compañera,
y el recuerdo de la luz como la gran musa inspiradora.

Mas todos los Hombres esperamos el Milagro,
pues la conciencia de patriotas ya no cede,
también forjamos el amor como un Hidalgo,
pues el amor es la fuerza que nos mueve.

La Patria es el Ahora de los Grandes Sueños,
la Patria no se Hereda, la patria no se siente,
la Patria es el sufrir de desvelos y de anhelos,
la Patria es la victoria del hoy sobre la muerte.

Como todos los Hombres, hemos sentido a la Humanidad,
de hermanos y hermanas, de hijos de Dios y de la Patria,
la humanidad ha sido un caro anhelo absorto e insatisfecho,
pero Dios otorga la Fuerza que tiñe el color de las batallas.

El Amor lo hemos engendrado en cada Hora,
en cada mujer y niño que sonríe cual simiente,
pues el hombre ha amado con el delirio del ahora,
para que la sombra no surja en los laberintos de la muerte.

¡Perdónanos, mi Dios, si te comprendemos tanto,
pues tu misión es más fuerte que la nuestra,
nuestra misión era liberar la Patria de mi Pueblo,
y tu misión de Dios es redimir a la Humanidad escarnecida!.

Hemos sido las voces de mensajeros del crepúsculo,
en la oscuridad hemos sido aprendiz, soldado y compañero,
nos hemos convertido en amigo, servidor y en gran vocero,
pues a la hora de la luz seremos arquitectos o guerreros.

No abandones Señor, mi Dios, la empresa acometida,
Amanecéis Señor, mi Dios, como te hemos amado tanto,
transfórmanos a tu luz de Gran Arquitecto del Conocimiento,
desaparece el límite mortal que separa el Umbral del Tiempo.

La Revolución de Amor ha de nacer entre los Hombres,
pues el dolor se ha hecho intolerable en nombres,
y las tinieblas son el amo y el señor de lo insondable,
y redimir a la humanidad es convertirla en intocable.

Si este canto y oración de humanidad no es suficiente,
mil cantos más se elevarán a los cielos infinitos,
pues mi nombre es uno más de los mil nombres ya benditos,
que tu amor han convertido en instrumentos de tu Fuerte.

Las palabras se multiplicarán al mundo desde el momento
y el Poder Humano se convertirá en buena herramienta,
pues el Amanecer se ha convertido en la evidencia,
y nuestro Tiempo se ha fundido con tu Tiempo del Fomento.

La Cosecha de la Verdad se ha de convertir en todo anhelo,
y el afán de libertad será la espera de la Siega del ahora,
la humanidad no volverá jamás el sufrimiento que degrada,
y la salvación vendrá por la Luz de la Razón o por la Espada.

No hay, no habrá, ni existirá jamás nada más fuerte que la Alianza
que existe entre el Amor de los Hombres y sus sueños de esperanza,
y Dios será el Gran Testigo del comienzo que en nuestra Fe Descansa,
del Valor Humano en Búsqueda de librarse de la muerte y de asechanzas.

Este Canto ha sido la inspiración de lo Divino,
de la lucha contra la injusticia de lo Humano,
no me tiñan de rojo, de azul, de verde, ni de blanco,
pues la luz sólo tiene el color de un Faro Iluminado.

Del Poemario “En la Hora del Crepúsculo”, Belisario Rodríguez Garibaldo, Editorial CIEN, Panamá, 2002.