Gracias, monseñor Ulloa

La opinión de…

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Dilmar Rosas García

Quizá mi opinión, en un país donde cada vez ese derecho ciudadano se irrespeta más, pueda no caerle bien a quienes me lean. Parte de mi educación fue en un colegio de salesianos, soy católico, no fanático. Creo en Dios sobre todas las cosas y por creer en ese ser supremo es que cuestiono a mi iglesia. Cuestiono que nuestro antiguo jerarca se alejó de los que menos tienen, se alejó de la humildad que profesó Jesús y logró que yo lo viera como el “divo” intocable de la Iglesia católica.

Sentir eso me hizo suspender mis visitas dominicales a la iglesia, ir solo a despedidas de fallecidos donde me nacía hacerlo, y solo reunirme en espiritual intimidad con el santísimo. Me costaba entender que si Jesús dio todo por nosotros, sus máximos representantes terrenales no dieran todo por los que menos tienen y literalmente se movieran seducidos por los poderes políticos, económicos; y en vez de transmitir humildad, transmitían arrogancia, intransigencia, divismo y poder.

El pasado viernes tuve el placer de asistir a una ceremonia que dirigió monseñor José Domingo Ulloa y al segundo de escucharlo comprobé lo que percibí desde el día que lo anunciaron como nuestro jerarca de la iglesia: él irradia sencillez, firmeza y profundo amor por el prójimo. En esta ceremonia monseñor llegó como un panameño más, ofreció unas duras y crudas palabras, pero reales.

Su mensaje evangelizador fue lo más terrenal y realista que he escuchado en años.  Habló del amor de pareja, del amor a los padres, del amor a la patria, del matrimonio. Entre las frases magistrales que escuché estuvo el recordarnos que las madres no dan a luz porque eso lo hace Unión Fenosa y Edemec–Edechi y lo que sí convierten en un doloroso parto, es la cuenta de energía que de ellos nos llega.   Les pidió a las madres que dejarán de hablar de “dar a luz” y hablaran de parto, que es lo correcto. Les recordó a las madres presentes el dolor de un parto y la importancia de transmitirles ese dolor, convertido en amor a sus hijos para que comprendan lo necesario que para ellos es escuchar las palabras de unos padres responsables.

Habló sin miedo de cómo muchas veces ve parejas y se pregunta, ¿cómo él o ella se pudieron casar? De parejas que nunca debieron ni pensar en casarse. De los padres que visten a sus niños como mujeres y después no saben por qué a los 15 años quieren enseñar todo su cuerpo. De las jóvenes que se visten para que los de Suntracs les griten de todo. De los padres irresponsables que le dan a sus hijos todo a costa de lo que sea, con la excusa de que tengan lo que ellos no tuvieron.

De sacerdotes, monjas, padres, maestros, periodistas y políticos que jamás debieron serlo, porque deshonran. Fue crítico de la iglesia y pidió que lo ayudemos. Eso es ser humilde, es ser nuestra máxima autoridad católica. Esa es la iglesia que yo quiero. Desde ese día siento paz porque nuestro guía sí es de carne y hueso. No se cree una estrella de nuestra inexistente farándula. Monseñor tiene un gran desafío en tiempos donde lo material supera lo espiritual, donde la violencia se inicia en casa, donde algunos quieren coartar el derecho a disentir e informar. Monseñor tiene que ser el gran pastor de los panameños y volver a inyectarnos eso de que la iglesia somos todos.

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<> Este artículo se publicó el 28  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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