El amor: locura y razón

La opinión del estudiante universitario…

Pedro J. Sarasqueta S.

Escribir sobre el amor romántico es caer en redundancias. Todos sabemos cómo se siente, todos conocemos la magia que el amor crea en nuestros corazones, en lo más profundo de nuestro ser. Más irónicamente por ser algo tan familiar, tan conocido no nos atrevemos a estudiar en profundidad su naturaleza. Una naturaleza dualista, que como una moneda, tiene dos lados.

Este humilde intento de describir el amor se inspira en el trabajo de Éric Rohmer, cineasta francés, conocido por su estilo lento, filosófico, ardiente de desmembrar los secretos del amor, su profunda naturaleza. En películas como “Pauline en la Playa” y “Noches de Luna Llena“ Éric Rohmer busca la esencia de este sentimiento humano.

El amor nace de dos fuentes: una irracional, instintiva, que se puede describir como locura. ¿Quién no ha estado locamente enamorado? Otra racional, decidida, hija de la pura razón. ¿Quién no se ha decidido a sólo amar una persona? Por un lado está el deseo carnal, esa indescriptible fuerza que nos hace desear a alguien más que a cualquier otra cosa en el universo, un poder que pareciera ser sobrenatural, más allá de lo explicable, resultado de millones de año de evolución.

Pero por si sólo esto no constituye amor, ya que ese sentimiento no está limitado a una sola persona, ese sentimiento siempre nos puede atacar, en cualquier lugar, en cualquier momento. Por el otro lado para que de esa locura nazca el amor, el verdadero amor, tenemos que tomar una decisión racional. Tenemos que decidirnos por esa persona que nos hace sentir esa locura, esa decisión no la puede tomar el corazón, la tenemos que tomar conscientes de todo el rabo de consecuencias que trae consigo. Sin esa decisión fría, premeditada, el sentimiento irracional lleva por cauces que al final de la jornada llevan muy probablemente al desencanto, incluso al odio o la infidelidad.

El ideal de la mujer, el hombre de la vida pareciera ser entonces algo que es en parte innato y por el otro construido. Innato porque sin la locura no hay base para poder tomar la decisión de amar. Construido porque sin la decisión consciente siempre estaremos a la merced de un sentimiento que no podemos controlar. Cualquiera es potencialmente el amor de nuestra vida, pero sólo al decidirnos hacemos del potencial una realidad.

Amemos con el alma y con la cabeza. La naturaleza intrínseca del amor lo requiere. Tal vez por eso el amor jamás nos dejará de fascinar, conmover, impulsar; su dualidad toca las esferas más importantes del ser humano, su capacidad de sentir, su capacidad de pensar.

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Este artículo se publicó el  6  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Las tres catástrofes

La opinión de….

Pedro J. Sarasqueta S.

Hoy la ciudad de Panamá se encuentra ante una catástrofe sutil, que aunque no es resultado de violencia física influirá de manera negativa sobre el futuro de esta, nuestra ciudad.

Esta ciudad que sufrió en carne viva la avaricia corsaria que barrió sobre el imperio español en 1671, personificada por Henry Morgan, llevando así a la fundación de la nueva ciudad de Panamá en 1673. H  oy conocemos este patrimonio de la humanidad como Casco Antiguo. Semilla de donde germinara la nueva y moderna ciudad de Panamá.

Algunos siglos después, la ineptitud política de Estados Unidos con respecto a Panamá en la década de 1980 culminó en el infame bombardeo de El Chorrillo en 1989, cobrando incontables vidas y poniendo al descubierto que, incluso en momentos de tragedia nacional, nuestra sociedad vive en una separación social imperdonable.

Este bombardeo fue el inicio de la nueva República, una democrática y en búsqueda de un mejor futuro. La nueva, la tercera, la sutil catástrofe tiene nombre y apellido: Bosco Vallarino.

La pérdida del manejo de la recolección de basura, es decir el 40% del presupuesto municipal, es solamente el más obvio desenlace de la situación a la que está expuesta nuestra ciudad de Panamá: el total y absoluto descalabro de su autonomía política.

¿Cómo puede ser que los ciudadanos de una ciudad, con una historia, un orgullo tan propio, ni siquiera puedan expresar su opinión o intentar intervenir en la construcción de algo tan esencial como un sistema de transporte masivo en su seno? ¿Por qué el alcalde de la ciudad de Panamá, el segundo puesto de elección popular de mayor importancia, después del de Presidente de la República, no lucha por los intereses de su ciudad de manera decidida y firme, defendiendo su presupuesto?

El señor Bosco Vallarino, además de llegar con dudosa legitimidad al cargo, es incapaz de proveer una visión política para la urbe capitalina o, por lo menos, ofrecer capacidades administrativas. Él ha logrado hacer definitivamente de la ciudad de Panamá un órgano político equivalente al apéndice; un órgano biológico innecesario.

Todo ciudadano capitalino pensante tiene ante sus ojos el pérfido aumento del poder Ejecutivo a costas de la ciudad de Panamá. Nuestro alcalde le ha dado al Gobierno nacional la excusa perfecta para desmantelar la única posible fuente de oposición política fuera del parlamento.

Es de exigir del Consejo Municipal que inicie el proceso necesario para retirar a Bosco Vallarino de su cargo, ya que este parece estar ciego a su incapacidad y su rol como chivo expiatorio del Gobierno.

Si esta tercera catástrofe no es solucionada rápidamente, será probablemente imposible arrebatarle en un futuro al Gobierno central la autonomía para realizar proyectos que no pueden ser, por su límite geográfico, parte de una política nacional. Además de aumentar aún más el ya abultado poder constitucional y legal del Ejecutivo.

Oremos para que nuestra ciudad y sus honrados ciudadanos tengamos la fuerza de vencer a esta tercera, tan peligrosa catástrofe.

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Este artículo se publico el 30 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Del PRD al PSD

La opinión de…..

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Pedro J. Sarasqueta. S.

Aunque no parece estar de moda en estos días, confieso ser miembro del PRD desde que cumplí la mayoría de edad.   Ahora, a mis 26 años veo con asombro el autodesmontaje de este partido del que mi amada abuela fuera miembro fundadora.

Juan Carlos Tapia, en su renombrado programa semanal identifica como la causa principal de esta absurda situación la traición personal y política entre las más destacadas figuras del partido.

Aunque las traiciones son el hecho más evidente en el suicidio político que está realizando el PRD, no son estas, en mi humilde opinión, la causas profundas de este thriller político. Traiciones políticas y personales en cuestiones de poder son algo común y parecen serlo más aún en partidos socialdemócratas. Invito al lector a hacerse una imagen de la situación de la socialdemocracia en Europa donde sin traición parece no haber diversión.

Un primer intento de explicación al estrepitoso derrumbe del PRD es obviamente aludir al problema que afronta la izquierda política en el mundo entero. Desde el éxito del New Labor en Gran Bretaña, una izquierda más cercana al liberalismo europeo, y éxitos de una izquierda, que aunque diga ser parte del presente siglo estuviera mejor ubicada en el antepasado, todos los partidos socialdemócratas del mundo están en una lucha por definirse. Esa lucha es ruda y dolorosa. Pero este problema es periférico para el PRD. ¿Dónde radica, entonces, el problema?

La historia de apoyo, si no total rendición, al pasado militarismo y sus sanguinarias tácticas políticas es algo que no ha sido expiado por el partido. El partido nació viciado por ser hijo de un proceso, que aunque logró importantes victorias sociales y diplomáticas, nunca fue y sólo aparentó ser democrático. Esto es algo que las matriarcas y los patriarcas del partido no se han atrevido a afrontar satisfactoriamente.

El anacrónico culto personalista a Omar Torrijos no deja que nuevos aires limpien los pasillos de la podredumbre de un pasado político gris oscuro.   Sin lugar a duda, Torrijos será siempre, aunque de manera controvertida, un ejemplo de cómo las visiones políticas pueden ser realizadas, pero no es ejemplo para una nueva generación de ciudadanos libres, emancipados y educados en aires democráticos.

Vítores a Omar Torrijos asustan más al viejo, por malos recuerdos, y al nuevo electorado, por estar fuera de su realidad histórica y social, que hacerlos sentir abrigados por el calor del espíritu de un amado gran líder.

Un primer e importante paso para iniciar una transformación real del PRD es renunciar a la “R” en el nombre. La revolución a la que alude no es lo que requiere el Panamá de hoy. Panamá requiere de justicia social nacida de un entendimiento democrático y basado en el respeto político y el conocimiento profundo de las ciencias sociales.

El PRD debe cambiar la “R”, desprenderse del pasado negro, y solamente dejar la médula del mensaje: debe hacerla una “S”: Social, no socialista. Un PSD.

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Este artículo se publicó el 4 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

República de Panamá, S.A.

República de Panamá, S.A.

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Pedro J. Sarasqueta S. – Estudiante Universitario de Economía – Escritor..

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Para Somoza, Nicaragua era su finca. Buscaba la renta que él, por derecho celestial o imaginado, creía poder obtener de sus tierras. Nicaragua resultó ser una finca muy complicada de manejar.

Así como Nicaragua era imaginada la finca personal de los Somoza, ha existido y dudo que deje de existir la idea de manejar la República de Panamá como los ejecutivos manejan una sociedad anónima. ¿Por qué mentir? Es una bonita analogía. Los accionistas o ciudadanos delegan el poder en las manos de sabios ejecutivos. Éstos, por su potencia intelectual y sabiduría infinita, nos disparan hacia la eficiencia económica y el bienestar general. Una especie de director (o junta directiva) benevolente.

Somoza no entendió que Nicaragua no era una finca y que él no era terrateniente. Panamá no es una sociedad anónima y no hay junta directiva que la pueda dirigir como una empresa.

Lo malo de estos Estados democráticos y de ciudadanos libres es que existen unos que otros factores molestosos: el parlamento, el sistema judicial, la opinión pública, los medios de prensa, los cerradores de calles compulsivos, los sindicatos, la sociedad civil (que es la no militar en un país sin militares), las leyes económicas e, incluso, algo así como una oposición política. En fin, la simple gama de actores es espeluznante. Eso del manejo de un Estado es muy diferente al menester de un hacendado o al de un director ejecutivo.

No quiero decir que algo de eficiencia económica en la burocracia estatal estuviera de más o que una mejor atención al cliente-ciudadano fuese el camino equivocado. Lo que quiero decir es que la finalidad de un Estado no es la de maximizar las ganancias, fin justo y necesario en la empresa privada, sino la de crear ese bien público tan olvidado e importante: la paz social. El fin no justifica realmente los medios, más bien los condiciona.

El manejo del Estado es un arte que muchos creen dominar. Se equivocan. Ejercer poder es algo que hasta medianas mentes como la de Hugo Chávez pueden hacer. Pero del individuo con poder, al hombre o mujer de Estado hay un profundo y difícil paso. Las auto-creadas leyendas heroicas de las propias capacidades y pasados y futuros logros, son algo que siempre, sin excepción histórica alguna, han defraudado.

Un sistema democrático, por más que lo deseen muchos, no se logra interponiendo a toda costa ideas propias al de por sí complicado proceso de buscar mayorías y de lograr consensos.

La democracia es dialogar, negociar, dialogar de nuevo y negociar de nuevo. Es algo largo y arduo. Para algunos espíritus impacientes, tal vez algo demasiado arduo y largo.

En algún lado leí: “En democracia la forma da esencia a las cosas”. Que mala esencia daría a nuestro Estado la forma de una S.A.

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Publicado el 13 de abril de 2009 en el diario La Prensa

Panamá y su rol diplomático

Panamá y su rol diplomático
Pedro J. Sarasqueta S. – Estudiante Universitario de Economía,  Escritor..

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Cualquier violación del derecho internacional se debe criticar contundentemente, sobre todo, por parte de un Estado legitimado democráticamente como lo es Colombia. Sin duda alguna Colombia violó la soberanía de Ecuador, lo que constituye un precedente peligroso que por ninguna circunstancia debe repetirse.

A pesar de este grave error se le debe atestar al presidente Uribe una línea política coherente, basada en principios de estado de derecho, con las limitaciones evidentes que existen en un Estado en el que se libra una guerra fraticida desde hace más de 40 años.

Por el otro lado no hay dudas, sin que hicieran falta laptops “farquistas”, que los actuales gobiernos ecuatoriano y venezolano apoyan, por lo menos de forma pasiva, a las FARC. Sin mencionar la obvia afinidad ideológica entre estos tres actores.

Hacer del dúo trágico colombo–ecuatoriano una fiesta de tres, como lo hizo Chávez es echar gasolina (que de esa mucha tiene) al fuego diplomático de manera irresponsable e innecesaria. Solamente a través de esa intervención la posibilidad de una escalada a lo Medio Oriente sería posible.

A Panamá, como país fronterizo de Colombia, afectado igualmente por las FARC, además siendo histórica hermana de las repúblicas de Colombia, Venezuela y Ecuador, miembro del Consejo de Seguridad y país neutral y conciliador por excelencia, le recaerá un papel negociador que habrá de ser probablemente clave para el éxito de las gestiones diplomáticas.

El gobierno canalero deberá reconocer el derecho colombiano de defenderse, pero exigiendo igualmente al presidente Uribe que no vuelva a cometer tal exabrupto internacional. Un guerrillero muerto no vale ese precio. Además deberá reconocer el derecho de Ecuador de exigir alguna especie de compensación por lo sucedido, pero exigiéndole que, públicamente, repudien a las FARC como lo debe hacer cualquier Estado cuyo contrato social se basa en la libertad y en la paz.

Finalmente deberá exigirle moderación verbal, diplomática y militar al jefe de Estado venezolano, sin temor alguno.

Como señal de buena fe, la República de Panamá deberá anunciar las consecuencias que tendrá esta situación para sus estrategias económicas, de seguridad y diplomáticas de Estado. Además deberá sondear la posibilidad de aportar activamente a una solución pacífica en el conflicto colombiano. Panamá cuenta claramente con mayor credibilidad y neutralidad para ayudar a resolver este problema que Ecuador y Venezuela.

Debido al imperativo moral que debe regir el comportamiento de nuestro Estado para con nuestros hermanos latinoamericanos hay que subrayar la obligación del Gobierno nacional de ofrecerse como mediador en el conflicto. Panamá no perdería su neutralidad si se actuase de manera abierta. Demostraría señales de ser un Estado maduro comprometido claramente con la paz y el bienestar. Señor Presidente, señor Canciller, este es un reto digno y necesario.
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Publicao el 8 de marzo de 2008 en el diario La Prensa

Además en opinión

Obediencia y conciencia debida

Obediencia y conciencia debida


Pedro J. Sarasqueta S.
– Estudiante universitario de Economía – Escritor

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El concepto de obediencia debida es necesario para garantizar el funcionamiento efectivo de agentes castrenses en conflictos bélicos, en una batalla y, en el sentido más extenso, una guerra. En esta situación seguir una orden sin hacer mayores preguntas es virtud del vencedor.

Introducir el concepto de obediencia debida en el SPI resulta extraño y peca de innecesario, porque no es una entidad militar. Es una institución civil como lo es la Policía Municipal o el Sinaproc. Es una entidad que debe velar por la protección de las instituciones y sus personeros, ni más ni menos.

Más si los jefes de esta institución consideran que sus agentes no gozan de inteligencia y raciocinio suficiente para poder acatar una orden plausible sin tener que estar forzosamente obligado a ello, debe este nuevo reglamento igualmente introducir el concepto de la conciencia debida. El agente de protección institucional debe tener la facultad de poder rechazar cualquier orden si su conciencia así se lo exigiese sin tener que afrontar consecuencias posteriores por esta decisión.

De esta manera se impedirían efectivamente las posibilidades de mal uso y abuso que se abren con este nuevo reglamento a aquellos en cargos superiores. Muchas naciones en donde se conocieron exabruptos cometidos por soldados debido a órdenes superiores han introducido este concepto de la conciencia debida con resultados muy positivos para la salud política de sus estados y ejércitos.

El soldado, en nuestro particular caso el agente de protección institucional, debe siempre recordar que antes de miembro de su institución es ciudadano de su república y ante todo un ser humano, con las obligaciones morales y civiles correspondientes. Por más amor y camaradería que sienta el agente por sus compañeros e institución, él siempre será servidor de sus conciudadanos y, por ende, de su conciencia antes que de sus superiores.

Publicado el 11 de diciembre de 2007 en el diario La Prensa

Sócrates y la juventud de hoy

Sócrates y la juventud de hoy


Pedro José Sarasqueta-
Estudiante Universitario

“La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”.

A nadie le sorprenderá escuchar tales comentarios sobre nuestra juventud. Lo posiblemente asombroso de esta cita es que no fue sacada de un artículo de opinión de la semana pasada, o de algún memorando de la asociación de Padres de Familia del 2006. Estas palabras las utilizó Sócrates, el padre del pensamiento occidental.

Aunque no dudo que el lector conozca la biografía de este ilustre filósofo, debo remarcar sus fechas de nacimiento y muerte. Sócrates nació en el 470 a.C. y murió en 399 a.C. ¡Hace 2 mil 500 años! Ergo es falso creer que este fenómeno de una “juventud inmoral” es algo nuevo; este poema de amor intergeneracional por lo menos lleva siendo recitado unos 25 siglos.

La sociedad necesita una juventud difícil; aquella que haga desesperar a los adultos. De esta forma nuestra sociedad puede realiza los cambios necesarios para adaptarse a realidades cambiantes. Esto siempre fue de actualidad, con Sócrates o con el Flower-Power de los 60.

Convenciones sociales, políticas, morales y religiosas se oxidan y pueden llegar a crear más problemas que soluciones. Usualmente es ahí cuando la juventud muchas veces pone el dedo en la llaga y desenmascara la hipocresía generalizada dentro de la sociedad.

En el mundo de hoy los conocimientos son cada vez más independientes de la edad, donde incluso los mayores tienen mucho que aprender de los jóvenes, que por su adaptabilidad pueden integrarse más rápidamente al tsunami informativo que pareciera arrasar con el tranquilo y despacio mundo de antaño.

Estoy seguro de que el único camino que conduce a una convivencia intergeneracional productiva y libre de ásperos roces, se encontrará en el sincero respeto de parte de los mayores por la opinión de la juventud. La experiencia demuestra que así el respeto será mutuo. El respeto no es un sentimiento de una vía, siempre uno de doble vía.

Publicado el 29 de octubre de 2007 en el diario La Prensa

Además en opinión