Sólo el hombre trabaja

La opinión del Médico, Escritor y Académico Numerario de la Academia Panameña de la Lengua…

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Dr. José Guillermo Ros-Zanet

Sólo el hombre trabaja. Y tiene empleo. Y más.   Sólo el hombre sufre desempleo, y mal empleo.

El animal, inmerso (atado) en el entorno natural, no realiza un trabajo. Es utilizado como una herramienta del hombre… Y tampoco vive su vida. Su vida le es vivida por la naturaleza.

Lo que el comprador de fuerza de trabajo compra en el mercado laboral no es trabajo sino capacidad de trabajar.   Y esta acción y esta distinción no parecen ser posibles en el mundo animal.

Sólo el hombre trabaja. Y lo hace para obtener (al actuar negativa o positivamente sobre la naturaleza) los bienes que le permitan satisfacer sus necesidades y deseos… Y sólo el hombre vive su vida, y la conduce hacia el bien o hacia el mal, hacia la construcción o hacia la destrucción, hacia la creación o hacia los acabamientos… Y hacia este último lugar pareciera conducir hoy el hombre su vida, su hacer y su destino.

El animal no vive su vida; pero, tal vez, vive en mayor armonía con la naturaleza, en comparación con el hombre.

El animal especializa su vivir para ADAPTARSE a la naturaleza… El hombre especializa su trabajo para TRANSFORMAR la naturaleza (muchas veces para agredirla, para contaminarla, para expoliarla), para convertirla en duro mundo… En el hombre, la especialización deviene división del trabajo… En el reino animal la evolución lleva a algunas especies a diferenciaciones funcionales, a veces extremas, como ocurre con las hormigas y las abejas: especialización (división) del trabajo”, dentro de la propia especie (obreras, reina, soldados, etc.). Es una división no sólo funcional, sino también estructural (diferenciaciones físicas) dentro de una sola especie…

Sólo el hombre trabaja… “Este pan y este vino, fruto de la vid (de la tierra) y del trabajo del hombre”…

El trabajo, el poder acceder a un puesto de trabajo, a un empleo, se considera como un derecho fundamental… Pero en nuestro tiempo tener acceso a ese puesto de trabajo libremente elegido, bien remunerado y amparado socialmente, se hace cada vez más problemático… Y recordemos que el trabajo dignifica (debe dignificar) al hombre; y el Desempleo disminuye la dignidad humana, la armonía y la salud social. Y personal.

El mundo ha cambiado dramáticamente durante los últimos cuarenta años. Y sufre el Trabajo. El Trabajo se ha transformado en empleo; y el empleo, en el empleo precario, y hasta en empleo esclavo.

En nuestro tiempo (¿modernidad? ¿postmodernidad?) y circunstancia, sufre el empleo (el trabajo) formal y el pleno empleo.   El trabajo pasa hoy, tal vez, más trabajos que en cualquier otra época… Hoy tener trabajo no siempre significa tener empleo.   Y muchas veces, tener un empleo no significa tener un trabajo (el caso, en nuestro medio, de los funcionarios llamados “botellas” y “garrafones”)… El empleo formal disminuye, y da paso a un creciente empleo informal. Y crece el empleo precario; que deja al obrero, al empleado, al margen de importantes prestaciones sociales… (Y recordemos que el ingreso o salario medio per cápita influye sobre el nivel de vida. O está en relación directa con el mismo).

Y, por otra parte, al disminuir el empleo formal, la permanencia segura, la estabilidad en el puesto de trabajo (la intemporalidad), va dejando de ser la buena compañía del empleo, del puesto de trabajo.

Crece el empleo temporal, sobre todo en ciertos espacios (y, es claro que no me olvido de los trabajadores temporales, estacionales –las llamadas “poblaciones golondrinas”–: el caso de los cortadores de caña y de los cosechadores de café, de áreas rurales)… El empleo temporal (“de prueba”), crece sobre todo en las áreas urbanas, y por lo general, se prolonga indefinidamente, a saltos sucesivos, repetidos, pero sin generar permanencia ni protección social.

Hoy amplios sectores de producción disminuyen progresivamente la demanda de factores de producción; entre estos factores está, fundamentalmente, la mano de obra, la fuerza (humana) de trabajo… Hoy podemos decir que el triunfo de la tecnología intensiva y extensiva hace posible la derrota del pleno empleo.

El llamado neoliberalismo y los amplios fenómenos de globalización de la economía y de la producción, que condicionan y hacen posible, a su vez, la flexibilización del marco laboral legal y el debilitamiento de los sindicatos (de las bases sindicales; no, de las dirigencias), ponen hoy serios obstáculos a la buena salud del mundo del trabajo…

El llamado neoliberalismo y la globalización no son, necesariamente, males ni males en sí mismos… Lo que los convierte en males del tiempo y el espacio es la profunda crisis de “Eticidad” (esencia de lo ético) que recorre el mundo actual, y que parece conducir y presidir mucho del vivir, del pensar, del hacer (del trabajo y del ocio) del hombre contemporáneo… El ocio ocioso domina y predomina sobre el ocio creador.

Más “Eticidad” lleva a más productividad del hombre (del individuo), de las sociedades y de los pueblos.

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Artículo enviado el 15 de junio de 2010 para su publicación a Panaletras por el autor, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Medicina y eticidad

La opinión de…

JOSÉ G. ROS-ZANET

En nuestra contemporaneidad parece estar acabándose el tiempo (y el espacio se reduce) para que el hombre pueda recuperar, sin grandes problemas y sin inhumanos obstáculos, la salud perdida.    Enfermar se ha convertido, hoy, en un inmenso problema, debido a que el proceso de recuperar la salud se ha vuelto angustiosamente dificultoso y costoso (en particular para las clases media y baja); tanto que no pocas veces tales dificultades y complicaciones terminan por agravar la misma enfermedad primaria, y hasta llegan a producir más (nueva) enfermedad.   Son sociedades enfermas generadoras de enfermedad. (Parece ser que al mismo tiempo está expandiéndose el espacio para enfermarnos).

Es evidente que la recuperación de la salud   (sin excluir la promoción y el mantenimiento de la misma) ya no parece depender exclusivamente del médico: de su buen diagnóstico clínico, y del seguro tratamiento prescrito (consistente en medicamentos sencillos, eficaces y económicos; junto con la palabra buena de ese buen médico clínico), tal como ocurría, de una manera sobresaliente, y muy evidente (ahora no tanto), hace algunas décadas.

Hoy, el hecho de buscar la salud frente a una enfermedad se ha convertido en un lujo que muy pocos pueden, cómodamente, pagar:  la atención médica institucional se ha hecho difícil (en unos espacios) y se ha encarecido inmisericordemente (en esos mismos espacios).

Una oscura oferta para una demanda, para una ‘clientela’ en situación de necesidad extrema (del medicamento).   Una oferta que pone los precios de un modo unilateral y muchas veces abusivo, frente al hombre enfermo; hombre situado, como bien se ve, en un como espacio (riesgo) oscuro y muchas veces mortal.   Y, por su parte, también las malas administraciones públicas y ‘autónomas’ enferman.   Ausencia de caridad y misericordia. Pero en el buen presente hay buenos augurios de bien, verdad y justicia.

Ernest Gruemberg, un psiquiatra epidemiólogo, ha dicho (1968), que en nuestro tiempo: ‘La enfermedad está en función indirecta con respecto al salario familiar; en tanto que la atención médica que se recibe está en función directa de ese salario’.

Cada vez nos morimos menos (bajan las tasas de mortalidad);   pero cada vez nos enfermamos más (altas y crecientes cifras de morbilidad).   Esto significa mal saneamiento ambiental y mala calidad de vida.   La sociedad, enferma de inseguridades sin cuento, enferma al hombre.   Inseguridad social y sanitaria, etcétera.

Los altísimos costos de la atención médica institucional y del medicamento, ponen un valladar casi insalvable para la clase media, particularmente (porque la clase pobre parece estar excluida de la misma, casi que definitivamente).   Una estancia larga en una cama de hospital o una operación quirúrgica muy especializada (urgente) puede convertirse en una catástrofe económica.

El hombre de la clase media acude a los hospitales privados en su búsqueda angustiosa de buen y seguro servicio médico (opción casi inevitable de esa clase media, frente a la degradada atención médica integral que parece signar, en los últimos años, al Sistema Nacional (Público) de Salud, y al sistema de la Seguridad Social.   Una alternativa de Atención Médica (costosísima), que termina empobreciendo a la clase media no empresarial, sobre todo, en muchas ocasiones.  Los malhadados ‘deshumanismos’.

Y es evidente que el causante de este complejo fenómeno de inmisericorde encarecimiento de la atención médica, de la búsqueda de recuperación de la salud, no es el profesional de la medicina.   Aunque, hoy, con malevolencia, al médico se le presenta desde los medios informativos, y ante la opinión pública, como el principal, o como el único culpable. No debemos olvidar que hoy, en una inmensa mayoría, los médicos ya no reciben honorarios, sino salarios.

No olvido que ciertos médicos se han dejado ganar por (pasan a acompañar) la complicada estructura impersonal de los seguros de vida privados, y de la atención médica institucional, tecnificada y ‘despersonalizante’: venida, casi siempre, de un capital transnacional y nacional sin alma.

Recordemos que la Ciencia y las ciencias pueden ser humanizadas, y también la técnica y la tecnología. Busquemos esa humanización. La Eticidad. La humanización. Y no olvidemos que la clínica al lado del enfermo es lo eterno bueno de la Medicina.

El ejercicio clínico (el encuentro médico-paciente, ‘promocionante’ de la persona humana) y la palabra buena del buen médico (El buen medicamento por excelencia), son también lo eterno de la Medicina. Busquemos esa humanización, y esa permanencia.

El médico no debe permitir que la máquina y las instituciones, arranquen de sus manos y de su corazón, el don inmenso de dar salud al hombre y a las sociedades del hombre. Expropiación de la salud y de la medicina. Ausencia de Humanismos, y más.

La Ética es, sin lugar a dudas, lo repito, el principal órgano de supervivencia del hombre, y de las sociedades del hombre; de la Humanidad.

La Eticidad se alcanza, hoy, fundamentalmente y de modo más justo, desde las Humanidades, desde los Humanismos, y más; desde los ‘Sobrehumanismos’. Que el médico sea siempre un conocedor profundo de la Ciencia Médica, pero también de las Humanidades; de las Ciencias de la Naturaleza, y también de las Ciencias del Espíritu.  Hoy ya no bastan, muchas veces, los Humanismos; se hacen necesarios los ‘Sobrehumanismos’. La medicina, aún al desencarnarse, no ha de quedar en huesos, sino en alma.

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Artículo publicado el 12 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Patria menesterosa de bien y verdad

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

En la historia de las sociedades y los pueblos, la vida de los grandes hombres no nos ocurre en vano.. Hombres de pensamiento y hombres de acción..   Sea que ocurran en el ámbito de las ciencias de la naturaleza, o en el de las ciencias del espíritu..

Ya ocurran en el universo de lo físico, ya en el de las ideas (en la Poesía, p. ej.), nunca nos ocurrirán en vano..

Las sociedades y los pueblos, la Humanidad, no sólo son motivados por el poder de la economía, o por el de las mercancías, o por el de las máquinas. El mundo (la Humanidad) también es movido por las Ideas, por el Bien, la Verdad, la Belleza (que no se pueden contar ni pesar, ni medir, pero pesan y cuentan, y mueven al mundo positivamente).

Y sucede que a unos pueblos les pasan, les ocurren (y crean) cosas mejores que a otros. A unos pueblos les suceden, les pasan, ascensos del Ser; a otros, hundimientos del Ser. Y se tornan pueblos menesterosos.

Don José Ortega y Gasset dijo: “ La vida (humana) es lo que hacemos y lo que nos pasa, y mi vida es lo que hago y lo que me pasa ”.

Y este pensamiento, tan grávido de contenidos y sentidos, nos hace recordar inmediatamente su tan conocida frase: “ Yo soy yo y mi circunstancia ”, porque decirlo de este modo, es otra manera eficaz (densa) de decir: “ Yo soy lo que hago, yo soy lo que me pasa ”.. Yo soy lo que estoy haciendo y lo que me está ocurriendo.. Y, evidentemente, eso que yo hago y eso que a mí me sucede, no lo hago ni me ocurre en el vacío existencial.. Es lo que hago y me pasa y lo que hago que pase, en mi mundo y en el mundo. Entre mis semejantes. Sí, es lo que hago y me pasa, en mi mundo y en el mundo. Entre mis semejantes. En la vida y en el entorno de la vida.

Y lo hago (lo realizo) y me pasa (me acontece) en el espacio (y en mi espacio), en el tiempo (y en mi tiempo), en la vida (y en mi vida); en la historia..

Es un Acontecimiento del Ser y del Habla, de mi Ser y de mi Habla..

Y será (ha de ser) también un Acontecimiento del Ser y del Habla de mi semejante; del otro y de los otros.

En un país menesteroso de Bien, Verdad, Paz y Justicia, y más;   hagamos, cada día de nuestra vida, que pasen, que acontezcan cosas excelentes, sencillas o inmensas, pero plenas de Bien.

Será un acontecimiento del Ser. Un suceso del pensamiento. Habla y Pensamiento. “ Haceres ” y Saberes. Conocimiento para alcanzar más conocimiento. Y es así como las vidas y la creación (el pensamiento y la acción) de los grandes hombres no le ocurren al mundo en vano. Pensemos en los individualísimos Premios Nobel (Poetas, Novelistas, Científicos) que (no en equipo, sino, tan frecuentemente, desde sus personales ideas, descubrimientos y creaciones) mueven al mundo hacia arriba y hacia delante. Sustentado por esta verdad (Particularidad que se hace Universalidad) es por lo que digo y postulo que después (caso de nuestro país) de un Justo Arosemena, de un Eusebio A. Morales, de un José de la Cruz Herrera, de un Manuel Amador Guerrero, de un Victoriano Lorenzo y de un Isaías García, de un Esteban Huertas, de un Horacio Conte Mendoza, de un Antonio González Revilla y de un Leopoldo Benedetti, de un Ricardo Miró y de una Amelia Denis de Icaza, de un Martín Feuillet, de un León A. Soto, de un Darío Herrera, de un Demetrio Korsi y de una Stella Sierra, de una Elsie Alvarado de Ricord, de un Ramón H. Jurado y de un Rogelio Sinán, de un Ricardo J. Bermúdez, y de tantos otros poetas, novelistas, científicos, filósofos y ensayistas, ya Panamá, después de cada uno de ellos (y de los que son hoy y de los que vendrán), no es ni puede ser, ni será la misma.. En nuestro vivir profundo como pueblo, hay ya más Vida, más Ser, más Conciencia, más Sentido de Bien, Verdad y Belleza. Más Poesía. Más Conocimiento y Poesía.

Es que la Poesía (la Literatura, las Ideas) también mueven positivamente al mundo.. (No únicamente lo hacen las cosas materiales: el oro, la plata, el acero, el cemento, etc.) Y no lo hacen nunca los innumerables malos políticos.

Después de los grandes poetas, de los grandes escritores, de los grandes filósofos, el mundo no volvió ni volverá a ser el mismo. Recordemos a San Agustín, a San Juan de la Cruz, a Cervantes, a Góngora, a Fray Luis De León, a Rilke, a Holderlin, a Mallarmé a María Zambrano. Y el pensamiento griego y latino, el pensamiento cristiano, y más. Dejaron su palabra para el tiempo y los tiempos. Para la ciudad y el mundo. Para la Vida Superior en el Espíritu.

“ Si María Zambrano hubiera callado, algo profundo y esencial le habría faltado, quizá para siempre, a la palabra española ”, exclamó, el gran pensador J. L. Aranguren.. Si Justo Arosemena hubiera callado, algo profundo y esencial le habría faltado, quizá para siempre, a la alta palabra del Panamá profundo.

“ La Vida (el mundo), es lo que hacemos.  Y lo que nos pasa. (Y lo que luminosamente, hacemos que pase).   Y mi vida (mi mundo) es lo que hago y lo que me acontece ”. Un acontecimiento del Ser.

“Yo soy yo y mi circunstancia”.. y más, infinitamente más, creo.

Hagamos, cada día de nuestra vida, desde nuestro pensar, hacer, y más (humildes o inmensos), Patria de bien, verdad, probidad, paz y justicia, y más.. Busquemos el ascenso del alma de la Patria, para que sea en nuestras almas Patria del alma.

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Este artículo se publicó el 29 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Economía del hombre; o del hambre?

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

En nuestro país el continuo e incontenible aumento del precio de los alimentos, de los medicamentos y de tantos otros bienes; y el de la mayoría de los servicios (públicos y privados), tales como los del agua potable, de la energía eléctrica, del teléfono, del transporte público, de la atención de salud (¿), etc., vandaliza, sin misericordia alguna, el salario de innumerables personas.

En particular, de aquellas cuyo salario no crece ni se desarrolla: jubilados y pensionados de las clases media y pobre. Son los ciudadanos que sobreviven con salarios (ingresos) congelados a perpetuidad. Y, en general, de los más pobres y excluidos.

Este fenómeno no es sólo el de inseguridad alimentaria, o el de inseguridad de techo; es una gravísima inseguridad: una inseguridad vital humana. Una inseguridad profundamente biológica, sí (existencial); pero, también, cultural, moral, espiritual (es decir, esencial).

La clase media en general; y, en particular, el profesional asalariado (es decir, aquel profesional empleado —médico, ingeniero, abogado— que no ejerce libremente su profesión liberal; que es, por lo tanto, un simple funcionario que no recibe honorarios, sino sólo un salario), se ve condenado, irremediablemente, a disminuir continua y constantemente su nivel de vida. Y el de su familia. Lógicas (¿o anti-lógicas?) de sobrevivencia.

Este profesional (le sucede lo mismo, lógicamente, al asalariado no profesional) no puede trasladar a ninguna otra persona, ni a ningún otro sector, el continuo aumento del costo de la vida.

Su solución ante el problema es irse desprendiendo paulatinamente, cada día, del goce y disfrute de ciertos bienes y servicios, y de algunas actividades de recreación.

El empresario (comerciante, industrial), o grupos de profesionales (abogados, arquitectos, etc.) desde sus firmas y oficinas, pueden, sin dificultad, trasladar el aumento del costo de la vida (y los aumentos de los impuestos nacionales o municipales, directos o indirectos) al consumidor de sus bienes, o al usuario de sus servicios profesionales.   Aumentos en el precio de esos bienes y de los servicios.   Asimetrías, inequidades.

Los grupos menos diferenciados económicamente y socialmente, se valen, en cambio, de formas sui generis , para sobreponerse a los < < imparables >> aumentos del costo de la vida, en general; y del costo de la canasta básica (completa), en particular.   Aquí ocurren novedosos incumplimientos de obligaciones, pagos y compromisos (no pago del alquiler de la vivienda, p. ej.).   O se recurre a la evasión del pago de deudas generadas por el usufructo de algunos servicios esenciales, tales como los de energía eléctrica y de agua potable (mediante las llamadas < < conexiones brujas >>).    No olvido que, en el interior de los países en desarrollo, es en este grupo humano donde viene creciendo mayormente un fenómeno negativo:   la sobrealimentación inarmónica (sobre todo entre las amas de casa).   Una paradoja: aumento de la obesidad en medio de la pobreza.

A los más excluidos (los que malviven o sobreviven apenas, en extrema pobreza), sólo les queda la posibilidad de una cada vez mayor pobreza.   Es como si caminaran inexorablemente hacia una nueva y oscura < < solución final >>:   perecer en los fríos hornos de la consunción final.   Ellos no alcanzaron (o dejaron de ser) la superior condición de ciudadanos, de personas.   Fueron y son sólo habitantes solos.

Tal como van las cosas en nuestro país, parece ser que los dos más seguros crecimientos sostenibles que estamos logrando son:

1° El continuo e injusto crecimiento de la deuda pública externa (e interna).

2° El crecimiento de las inseguridades económicas, sociales, culturales, educativas, alimentarias (odio, maldad, mala conciencia).

Oscuros frutos de la injusticia distributiva de la Riqueza Nacional. No busquemos, pues, (afanosamente ciegos), el crecimiento del PIB, sino el crecimiento y el desarrollo de la justicia distributiva en todos los órdenes del vivir, del ser, del pensar y del hacer humanos.

Que el Estado no deje de ser el receptor, distribuidor y redistribuidor, desde la Equidad, la Libertad, la Verdad y la Justicia, de la riqueza integral del país.   Pero para lograr este desideratun se necesita la firme existencia de gobiernos probos, inteligentes, morales; y la de sociedades políticas y civiles con conciencia de Patria, de Identidad y Destino. Esperemos y busquemos lo mejor para que suceda lo mejor.

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Este artículo se publicó el 14 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Inseguridad alimentaria

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

En nuestra contemporaneidad la Inseguridad Alimentaria se extiende por el mundo, y se agudiza… Y, al mismo tiempo, y como consecuencia inevitable, el hambre (la subalimentación) crece y se desarrolla, y se hace sostenible, desde ésta y desde otras muchas inseguridades (e inequidades) sociales, económicas, culturales, sanitarias, educativas, ecológicas, políticas, etc.

Por otra parte, y porque es real el aumento constante, mundial, del precio de los alimentos, se hace igualmente real la inseguridad alimentaria a nivel planetario…, aunque se muestren todavía cifras estadísticas que hablen de “un aumento exitoso de la producción mundial de alimentos” (FAO, 1998). Es que este aumento exitoso de la producción agropecuaria (hecho realidad, sobre todo, a partir de los años 50), se ha logrado y se continúa logrando a expensas de un uso excesivo, no racionalizado (un abuso inmisericorde) de las tierras cultivables; a consecuencia de lo cual la productividad de esas tierras está disminuyendo constantemente, peligrosamente… Ya desde 1977, un estudio de la Naciones Unidas informaba que casi la quinta parte de la tierra de cultivo del mundo “esta siendo degradada de un modo sostenido”.

Hoy la tierra arbolada y la tierra fértil labrantía disminuyen a nivel planetario.   Se empobrecen los suelos agrícolas. Y disminuye el rendimiento de los cultivos, en no pocos lugares del planeta.

Por su parte, la urbanización extensiva y arboricida se toma los espacios que podrían destinarse al cultivo.   Y la erosión (Eólica o Hidráulica) también se vuelve extensiva, y empobrece las tierras agrícolas… Agreguemos a esto la existencia de políticas agrarias insensatas y no inteligentes que, en muchos ámbitos, frenan la producción alimentaria. Crecientes inseguridades. Se dificulta la obtención suficiente, el consumo adecuado y el aprovechamiento normal de los alimentos, entre las mayorías excluidas.

Pese al nacimiento (antiguo) y al crecimiento (reciente) de una firme conciencia ecológica, se olvida muchas veces (o no se llega a comprendes plenamente) que las tierras aptas para el cultivo fructuoso, son el sustento de la producción alimentaria (agrícola) y mucho más… Y son, igualmente, el sustento de las civilizaciones. Y también de las Culturas.

La erosión erosiona los fundamentos mismos de las civilizaciones.

Y porque es real el aumento constante, a nivel planetario, del costo de la siembra, de los cultivos (fertilizantes, regadíos, drenajes, etc.) y del precio de los alimentos, se hace inevitablemente real la inseguridad alimentaria, la Desnutrición. Y los niños son los que más sufren ante los hondos fosos de la exclusión.

Hoy las gigantescas metrópolis se convierten en espacios de consumo inarmónico de bienes (alimentos, p. ej.) y de servicios (de salud, de educación, p. ej.). Concentración del consumo, más que un consumo adecuado que se expande y se globaliza desde la equidad y la justicia.. En los mercados (locales, nacionales, mundiales) casi siempre hay alimentos suficientes, pero no para todos… Porque una mayoría no puede tener acceso a los mismos… Económicamente están vedados para esa inmensa mayoría (de pobres)… Los productos destinados a la alimentación humana son un bien, ciertamente; pero son, igualmente, algo más que un bien… Es evidente que el problema fundamental de la alimentación humana aún no parece ser de producción sino de distribución.

Y hoy nos preguntamos: ¿Por qué la descomunal y planetaria investigación tecnológica no se dirige, en mayor medida, a lograr métodos sencillos de utilización, eficaz y de bajo costo, de la energía solar?, hecho que (manejado humanamente, éticamente) haría posible el descenso del precio de los alimentos en el mercado… Recordemos que el agua de la vida y del buen trabajo se acaba; la acabamos, la dañamos.


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Este artículo se publicó el 30 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hay que educar la educación. Hay que curar la educación.

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

Recordemos que el niño es destino, y que el hombre es un ser-en-camino.   La crisis en el campo educativo, en nuestro país, es expresión de la crisis social, política y económica; expresión, a su vez, de la profunda crisis moral que vive la República.

Es una crisis de los valores superiores del espíritu, en el hombre. Y esta situación engendra, a su vez, una crisis de identidad en el hombre: el horror de no conocer ni su raíz ni su destino, y de no entender su presente como ser-en él-mundo, y entre sus semejantes. Angustia visceral del hombre. Ya no parece ser el “ Homo Viator ”, el ser en camino; ahora el hombre es el ser en el pozo, en la profunda oscuridad.

Es la crisis moral que lleva a la crisis de identidad: Es el agostamiento y el agotamiento de la familia. Enfermedad de los gobiernos y del Estado, que llega hasta las murallas de la Nación. El malestar profundo de la cultura, de la política.

La familia es la institución primordial donde el niño se hace persona, ser humano. El hombre, al nacer, es el ser más desvalido de la creación; pero es el único ser capaz de aprenderlo todo, absolutamente casi todo, desde un medio rico en valores personales y familiares, tanto morales, como espirituales. Alma, voluntad y espíritu.

Desde la riqueza o desde la pobreza integral del núcleo y del entorno familiar se formarán las personas o las subpersonas, los seres humanos o los subhumanos que habrán de llenar las aulas escolares, primarias y secundarias; y más tarde, las universitarias. El entorno mundo.

En Panamá desaparece la familia como ente formador de personas. El niño crece en una especie de desierto de relaciones interpersonales. Es la carencia de estímulos afectivos, intelectuales y espirituales positivos. El niño crece como un tullido, como un minusválido afectivo, intelectual y espiritual. Hay pobreza del ser. Y hay pobreza de vocabulario, que lleva a la pobreza del pensar y del saber, y a gravísimas limitaciones del conocer, del pensar, del idear y del hacer. Un mundo empequeñecido, sin horizontes y sin cielo; y casi sin tierra: Horror del existir y del no ser ser.

La existencia de estos ejércitos de mutilados afectivos e intelectuales es una realidad nacional. Estos niños ya están en las aulas escolares, y constituyen fuente de problemas y conflictos en el ámbito educativo del país. La violencia juvenil, estudiantil. La conflictividad negativa, oscura. Las repeticiones de grado y de año. Las malas herencias, de cuatro décadas perdidas para la salud de la Patria. Hoy el gobierno, el Estado y la Nación deben tomar clara y profunda conciencia de esta verdad. Sólo de esa manera se pondrán en camino para el encuentro de verdaderas soluciones, trascendentes. ¡Qué al niño no se le robe ni el nacimiento ni la infancia ni la niñez!

El hombre es, fundamentalmente, lo que vivencia los primeros cinco años de la vida. Son los años en que el niño debe vivir en el seno amoroso de una familia completa y madura, una familia rica, sobre todo, en valores espirituales y morales.

Que lo que yo llamo la bondad infinita del útero (del nido) materno, se prolongue en el nido familiar y en el nido escolar, y en el nido social, y más. En Panamá sufre hoy la familia. Los gobiernos y el Estado han hecho muy poco para la buena permanencia del núcleo familiar. Se fomentan parejas en lugar de familias.

Recordemos que ninguna institución puede reemplazar a la familia buena, completa y madura, como ente formador de personas.

El maestro y el pediatra han de entender debidamente al niño, en el mundo y en su mundo; para ayudarlo eficientemente en su caminar para ser, para ser persona. Recordemos: saber más (educarnos y educar integralmente) para ser más; no para tener más. Para ser más conciencia, más persona, más humanidad. Más ser.

Debido a la pobreza o a la ausencia del entorno familiar, sólo llegarán al mundo escolar minusválidos afectivos, tullidos intelectuales y espirituales. ¿Y que podrá hacer o realizar un maestro con escolares que llegan al aula como reales infradotados afectivos e intelectuales? (De allí la gravísima responsabilidad de la educación preescolar. Si existe la educación parvularia fuera de la institución familiar, la misma debe ser responsabilidad del sector educación y no del sector trabajo).

Algunos podrán pensar que es muy poco lo que se puede hacer frente al problema de niños provenientes de desiertos afectivos, intelectuales y espirituales; pero creo que pueden realizarse acciones positivas; sobre todo si el maestro comprende cuál es su verdadera misión, y si conoce profundamente el problema social, político, económico, intelectual, educativo, y ético del país, del hombre, del niño.

Y si se conoce a sí mismo, como ser humano y como humanidad, y quiere al niño.

¡Qué donde existan niños de lento aprendizaje (o niños normales o niños superdotados) no existan nunca maestros de lenta enseñanza!


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Este artículo se publicó el 23 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Más precariedad laboral, más enfermedad

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

La pérdida del empleo, el avance de la precariedad laboral, obliga a ampliar y a complicar las estrategias de sobrevivencia.   La esposa y los hijos han de salir del hogar (algunos niños saldrán también de la escuela); las jornadas de trabajo se harán entonces más prolongadas (horas extras, que muchas veces no serán pagadas), para tratar de mejorar los no-mejores salarios… Así disminuye, en igual proporción, el tiempo esencial de la vida en hogar, de la vida en comunión familiar… Crece la incomunicación humana, las preocupaciones, los mal-estares.

Las difíciles estrategias encaminadas a compensar el deterioro del ingreso familiar, que no son estrategias de acumulación salarial, terminan finalmente acumulando otros deterioros en el ámbito del sano vivir humano, en el ámbito de la calidad de vida del trabajador y su familia.

No olvidamos, sin embargo, que en algunos casos estas actividades dirigidas a aumentar el ingreso familiar, llegan a ser de real complementación, de acumulación; son las que se sustentan en empleo formal, en el buen salario fijo de alguno de los miembros de la unidad doméstica, que casi siempre será el jefe de familia, el esposo. Y anotamos que las economías surgidas del tráfico ilegal (que dan lugar a empleos invisibles, con grandes “salarios”) no son y no pueden ser catalogadas como estrategias de sobrevivencia. Son, realmente, modos de acumulación salarial.

Lo son, si, las actividades de “venta al menudeo” de las distintas formas y presentaciones de las drogas, llevadas a cabo por vendedores surgidos de sectores pobres, de la población…

Pero todas estas actividades ilícitas, tanto las de “mayoreo”, como las de “minoreo”, son, evidentemente, productores eficientes de enfermedad, física, mental y social… (Para el vendedor y para el comprador).

Hoy vivimos en el mundo de la sociedad opulenta… Y en esa sociedad conviven los incluidos y los excluidos, la gente opulenta y los no opulentos, los ricos y los pobres… Conviven en la sociedad de consumo, del consumismo… Y los marginados terminan teniendo los mismos sueños de los no marginados, y aspiran a disfrutar de su modo de vida… Extraño efecto-demostración que tiende a igualar, en sus aspiraciones, a empleados formales y a empleados precarios, a ocupados y a desocupados.

Y es la dificultad y, tantas veces, la incapacidad de los desempleados y de los empleados precarios de alcanzar los niveles de consumo y de vida de los que viven en riqueza, lo que los mueve, muchas veces, a buscar empleos invisibles, o a encontrar anómalas estrategias de supervivencia, todo lo cual se convierte en un vivir conflictivo, en malestares del cuerpo y del alma, en discapacidades familiares, en enfermedad. Grave herida sufrió el trabajo al ser transformado en empleo.

El empleo precario, hoy dominante en el país, tiende a ser clandestino pues evade las prestaciones sociales, los salarios mínimos, y dificulta la buena acción sindical, y la estabilidad laboral. Crecen las inseguridades, los padecimientos humanos. Crecen los trabajos del trabajo en nuestro tiempo.

No son pocas las cosas que creemos inocentes, pero que dificultan realmente la introducción normal de la fuerza del trabajo.

Vivimos en una sociedad del consumo, dentro de la cual viven y malviven, al margen del consumo, grandes grupos poblacionales… Grupos humanos que no participarán en el ascenso del mundo, en su desarrollo. No viven: sobreviven.

El gran pensador A. Müller dijo: “No vive toda criatura para vivir, sino para realizar, a su modo particular, un fragmento de la creación”… Así debiera ocurrir siempre; pero, desafortunadamente, no siempre ocurre así.

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Este artículo se publicó el 9 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.