Tres temas preocupantes

La opinión del Periodista – Analista internacional…

Jairo Henri Pertuz Suarez   

“La gran hipocresía de los políticos es la farsa de lo que llaman democracia”. Jairo Henri Pertuz Suarez

La derecha ha demostrado manejarse con extremos funestos.   Un traidor, a su pueblo y a su jefe, se convirtió en uno de los dictadores más sanguinarios de América. Augusto Pinochet sirvió de testaferro para la más cruel asonada contra los pueblos suramericanos, debidamente planificada y respaldada, so pretexto de “combatir el comunismo”. Miles de estudiantes, obreros y campesinos desaparecidos, torturados y asesinados, bebés arrancados de sus madres y todas las infamias del Plan Cóndor, siguen en absoluta impunidad.    Ni el desubicado Vargas Ll., ni el cobardón peluquín Baily,   ni el testarudo Carlos A. Montaner, “defensores de la libertad y los derechos humanos” reclaman ni pío.     Hay que especular y desacreditar a Chávez, Castro y el indio Evo, eso si produce.

Pinochet se creó una figura vitalicia, blindándose de la justicia. Los golpes de Estado, que creíamos superados, con apoyo y libreto del exterior, se repiten en Honduras, donde Micheletti –militar retirado- los actualiza instaurando una “democracia” con todas las virtudes golpistas. Más bases y movimientos militares en centro y sur. ¿Qué viene detrás? Se agitan vientos de invasiones, ahora con otros pretextos.

Otro tema que acosa la vida de millones de gente pobre en América y el mundo es la crisis alimentaria. El asedio a la tierra y sus recursos quitándosela a sus legítimos dueños y productores agropecuarios en pro de las “inversiones” el progreso, los TLC, viene acrecentandose la escasez de productos alimentarios básicos y, con ello, los aumentos de precio.

La FAO, parte de la ineficiente ONU, comunica que la producción de trigo y secundarios es la causa y que aumentarán las penurias (¿más?) para fines de este año. Aunque crezca la economía (para un grupo), sin aumentar la producción agropecuaria, sin fuentes de empleo permanentes, salarios de hambre y recibiendo mas inmigrantes sin visa e ilegales, nuestro presente y cercano futuro, es preocupante.

Tercero, repito, la crisis financiera mundial continúa. Fabricando dólares sin respaldo real, el sistema, el orden económico mundial debe cambiarse o, los pobres seremos exterminados.   El “rescate” fue un paliativo equivocado, no llegó a las mayorías.   El desempleo y la pobreza aumentan y con ellos, vicios y violencia que, erradamente, tratan de combatir militarmente, con represión y prepotencia.-

<> Este artículo se publicó el 17 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

Seguridad alimentaria vs disponibilidad alimentaria:

La opinión de…

Carlos Solano Álvarez

Desde la década de los años 70 los socialistas y estatistas latinoamericanos utilizan el concepto de “seguridad alimentaria” para promover “el abastecimiento de productos básicos de consumo para un determinado país”.

Un criterio más técnico vendría a darse a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que define este concepto de la siguiente manera: “situación en que todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico, social y económico a una alimentación segura y saludable que satisfaga sus necesidades y preferencias alimenticias para una vida activa y saludable”.

Ninguna persona, ni política alimentaría, puede asegurar totalmente lo indicado por la FAO y mucho menos con proteccionismo, ya que esta “seguridad alimentaria” siempre viene acompañada de un proteccionismo impuesto por cada gobierno que lo acoge.

No es un secreto que nuestros Estados implementan este tipo de medidas por medio de este proteccionismo, para que el país tenga que producir no importa el costo en el que incurra ni el precio que los consumidores tengan que pagar por los productos, más caro que si los importaran de otro país. Tal es el caso de algunos países de Latinoamérica, donde se produce y se consume arroz mucho más caro que si se importara. Siendo el arroz un grano de consumo básico, las personas de bajos ingresos son las que salen más perjudicadas con la medida proteccionista de los productores locales. Sucede igual con muchos otros productos de la canasta básica.

Por estas condiciones una opción viable para este tema sería la llamada: “disponibilidad alimentaria”, que, como su nombre lo indica, da la opción a que los consumidores tengan libre acceso a los productos que necesiten a un costo más bajo.

¿Cómo se llegaría a esta opción? A través del bien llamado libre comercio, este último entendido como la libre comercialización de bienes y servicios sin proteccionismo, que brinda la posibilidad de que los recursos de producción, más la mano de obra utilizada para dicho fin de “X” producto se utilicen en lo que verdaderamente cada país sea apto para producir y por tanto, tenga ventaja ante otros países en la producción de dicho artículo (esto sin contar con las ganancias que le generaría la venta del mismo a otras naciones).

La ventaja de la disponibilidad alimentaria es que los productos importados saldrían más baratos para los consumidores, lo que genera una mayor disponibilidad de alimentos y variedad de los mismos para la ciudadanía. El país puede producir y exportar los productos alimenticios en los cuales tiene ventajas comparativas positivas y alta rentabilidad.

En palabras más reducidas: proteccionismo es igual a precios más altos, igual a menos personas con opciones de compra o adquisición del producto y por tanto más inseguridad para la alimentación de cada persona.

La libertad individual, el cual es nuestro derecho por excelencia, nos brinda la posibilidad de intercambiar o comerciar con quien queramos, donde queramos y como queramos. La mal llamada “seguridad alimentaria” con proteccionismo, impide este derecho y por tanto es incongruente con la libertad.

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Este artículo se publicó el 23 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Inseguridad alimentaria

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

En nuestra contemporaneidad la Inseguridad Alimentaria se extiende por el mundo, y se agudiza… Y, al mismo tiempo, y como consecuencia inevitable, el hambre (la subalimentación) crece y se desarrolla, y se hace sostenible, desde ésta y desde otras muchas inseguridades (e inequidades) sociales, económicas, culturales, sanitarias, educativas, ecológicas, políticas, etc.

Por otra parte, y porque es real el aumento constante, mundial, del precio de los alimentos, se hace igualmente real la inseguridad alimentaria a nivel planetario…, aunque se muestren todavía cifras estadísticas que hablen de “un aumento exitoso de la producción mundial de alimentos” (FAO, 1998). Es que este aumento exitoso de la producción agropecuaria (hecho realidad, sobre todo, a partir de los años 50), se ha logrado y se continúa logrando a expensas de un uso excesivo, no racionalizado (un abuso inmisericorde) de las tierras cultivables; a consecuencia de lo cual la productividad de esas tierras está disminuyendo constantemente, peligrosamente… Ya desde 1977, un estudio de la Naciones Unidas informaba que casi la quinta parte de la tierra de cultivo del mundo “esta siendo degradada de un modo sostenido”.

Hoy la tierra arbolada y la tierra fértil labrantía disminuyen a nivel planetario.   Se empobrecen los suelos agrícolas. Y disminuye el rendimiento de los cultivos, en no pocos lugares del planeta.

Por su parte, la urbanización extensiva y arboricida se toma los espacios que podrían destinarse al cultivo.   Y la erosión (Eólica o Hidráulica) también se vuelve extensiva, y empobrece las tierras agrícolas… Agreguemos a esto la existencia de políticas agrarias insensatas y no inteligentes que, en muchos ámbitos, frenan la producción alimentaria. Crecientes inseguridades. Se dificulta la obtención suficiente, el consumo adecuado y el aprovechamiento normal de los alimentos, entre las mayorías excluidas.

Pese al nacimiento (antiguo) y al crecimiento (reciente) de una firme conciencia ecológica, se olvida muchas veces (o no se llega a comprendes plenamente) que las tierras aptas para el cultivo fructuoso, son el sustento de la producción alimentaria (agrícola) y mucho más… Y son, igualmente, el sustento de las civilizaciones. Y también de las Culturas.

La erosión erosiona los fundamentos mismos de las civilizaciones.

Y porque es real el aumento constante, a nivel planetario, del costo de la siembra, de los cultivos (fertilizantes, regadíos, drenajes, etc.) y del precio de los alimentos, se hace inevitablemente real la inseguridad alimentaria, la Desnutrición. Y los niños son los que más sufren ante los hondos fosos de la exclusión.

Hoy las gigantescas metrópolis se convierten en espacios de consumo inarmónico de bienes (alimentos, p. ej.) y de servicios (de salud, de educación, p. ej.). Concentración del consumo, más que un consumo adecuado que se expande y se globaliza desde la equidad y la justicia.. En los mercados (locales, nacionales, mundiales) casi siempre hay alimentos suficientes, pero no para todos… Porque una mayoría no puede tener acceso a los mismos… Económicamente están vedados para esa inmensa mayoría (de pobres)… Los productos destinados a la alimentación humana son un bien, ciertamente; pero son, igualmente, algo más que un bien… Es evidente que el problema fundamental de la alimentación humana aún no parece ser de producción sino de distribución.

Y hoy nos preguntamos: ¿Por qué la descomunal y planetaria investigación tecnológica no se dirige, en mayor medida, a lograr métodos sencillos de utilización, eficaz y de bajo costo, de la energía solar?, hecho que (manejado humanamente, éticamente) haría posible el descenso del precio de los alimentos en el mercado… Recordemos que el agua de la vida y del buen trabajo se acaba; la acabamos, la dañamos.


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Este artículo se publicó el 30 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hambre y riquezas

La opinión de….

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ERNESTO A. HOLDER

Continúo estudiando el informe 2009 de las Naciones Unidas sobre los avances a nivel global para cumplir con las metas del Milenio. En las conclusiones, la ONU ve como necesario “.. poner renovado empeño en la lucha contra el hambre, sobre todo para el beneficio de los más jóvenes”.

En este tiempo que vivimos, de acuerdo a las estadísticas de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), en nuestra América Latina y el Caribe, a finales del 2009, cincuenta y tres millones de personas pasan hambre todos los días. “Cada día, millones de personas en el mundo ingieren tan sólo la cantidad mínima de nutrientes para mantenerse con vida. Cada noche, cuando se acuestan, no tienen la certeza de que tendrán comida suficiente al día siguiente.” La “inseguridad Alimentaría” es uno de los aspectos más significativos que amenazan a la humanidad en estos primeros años del nuevo milenio. La FAO define Inseguridad Alimentaría como: “Situación que se da cuando las personas carecen de un acceso seguro a una cantidad suficiente de alimentos inocuos y nutritivos para un crecimiento y desarrollo normales y una vida activa y sana”.

Esta situación no es exclusiva de nuestra región. Es decir, 1.02 mil millones de personas alrededor del mundo pasan hambre todos los días y los principales grupos de riesgo son: la población rural pobre, la población urbana pobre y las víctimas de las catástrofes.

En gran parte de estas regiones las personas sufren de “hambre crónica” que a la vez los coloca entre la población mundial subnutrida. “No comen lo suficiente para tener la energía necesaria que les permita desarrollar una vida activa. Su subnutrición les dificulta el estudio, el trabajo o la práctica de cualquier actividad que requiera esfuerzo físico. La subnutrición es especialmente perjudicial para las mujeres y los niños. Los niños subnutridos no crecen de forma tan rápida como los niños saludables.   Mentalmente pueden desarrollarse más despacio. El hambre constante debilita el sistema inmunológico y les hace más vulnerables a enfermedades e infecciones. Las madres que pasan hambre de forma continua dan a luz a bebés débiles y con falta de peso, y ellas mismas se enfrentan a un mayor riesgo de muerte”.

Para inicios del nuevo milenio, aproximadamente dos mil millones de personas vivían en las ciudades y centro urbanos. Se estima que para el 2030 esta cifra se habrá como mínimo duplicado. A medida que las ciudades crezcan y más gente emigre de zonas rurales a los centros urbanas, la población urbana pobre aumentará. Los pobres urbanos es otro de los grupos en riesgo de padecer hambre. Producen pocos o ningún alimento y a menudo carecen de los medios para adquirirlos.

Cada año las inundaciones, sequías, terremotos y otros desastres naturales así como los conflictos armados causan destrucción generalizada y fuerzan a las familias a abandonar sus hogares y granjas. A menudo las víctimas de las catástrofes, el tercer grupo que padece hambre en el mundo, no solo se enfrentan a la amenaza del hambre sino también directamente a la inanición.

Estos mismos grupos humanos, en materia de vivienda y refugio digno contra las inclemencias del ambiente, aproximadamente 1.1 mil millones de personas en las áreas urbanas viven en condiciones deplorables e inadecuadas de acuerdo a las estadísticas de las Naciones Unidas (United Nations Centre for Human Settlements — UNHCS). Se considera “condiciones inadecuadas” la falta de acceso a agua por tubería de las cuales 1.3 mil millones de personas son afectadas y 2.6 mil millones de seres humanos no tienen acceso a servicios sanitarios.

Las inequidades en el mundo están claramente marcadas cuando en contraposición a lo presentado en el informe, la revista Forbes acaba de publicar su lista de multimillonarios para el año 2010.

Tan solo mil catorce personas y sus familias forman la lista de los que como mínimo tienen mil millones de dólares. Estas personas poseen dinero y bienes valorados en aproximadamente 3,567.8 mil millones de dólares. El más joven en la lista tiene 26 años de edad, el alemán Albert von Thurn und Taxis.

Como es conocido por todos, el Mexicano Carlos Slim aparece en la lista como el hombre más rico del mundo, con una fortuna valorada en un poco más de 53 mil millones de dólares, diez veces el presupuesto de la ONU para el bienio 2010-2011.


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Artículo publicado el 22 de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Alimentación. El desafío del 2050

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…..

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Juan Jované

De acuerdo a información reciente de la FAO el conjunto de la humanidad deberá hacer un esfuerzo extraordinario para lograr una seguridad alimentaría generalizada en los próximo 40 años. Esto se evidencia teniendo en cuenta que la población mundial alcanzará a 9.100 millones de personas en el año 2050, cifra que representa un incremento de cerca del 34% con respecto a la situación actual.

Se trata no solo del desafío de producir una mayor cantidad de alimentos para una población creciente, ya que, adicionalmente, se deberá cubrir las necesidades alimentarias insatisfechas de cerca de 1,020 millones de personas que hoy se encuentran en condiciones de subnutrición.

A esto se debe agregar que teniendo en cuenta los actuales factores climáticos, la tarea se deberá cumplir en un contexto que puede llegar a ser radicalmente adverso. Se debe recordar, por ejemplo, que las actividades agropecuarias utilizan actualmente alrededor del 70% del agua dulce extraída en el planeta, en condiciones que el deshielo inminente de los glaciales montañosos pondrá en dificultades el abastecimiento de agua y, por tanto, de alimentos de una buena parte de la humanidad.

También se debe tener presente que el llamado cambio climático tiene la capacidad de generar una variación en los ciclos naturales que lleve a una combinación de inundaciones y sequías extremas, que afectarían, de continuar las tendencias, a cerca del 70% de las tierras utilizadas para la producción de alimento. En estas condiciones el principio de la prudencia lleva directamente a una conclusión: los países deberán hacer un esfuerzo por asegurar su propio abastecimiento alimentario.

Más allá de las dificultades del contexto internacional el desafío productivo necesario para alcanzar dinámicamente la seguridad alimentaría en Panamá se evidencia al observar que, de acuerdo a la hipótesis media de la Contraloría General de la República, nuestra población crecerá entre el presente año y el 2050 en 42.7%, a lo que se agrega la necesidad de cubrir adecuadamente las necesidades no satisfechas del 17% de la población que actualmente se encuentran desnutrida.

Este es un reto que el actual modelo de desarrollo no tiene capacidad de enfrentar, tal como se desprende, para tomar un ejemplo, del hecho de que el PIB por persona del rubro arroz se redujo anualmente en 2.6% entre 1999 y el 2009, mientras que para el conjunto de los cereales este indicador mostró una caída del 1.0% anual durante el mismo periodo.

Si bien en estas circunstancias lo lógico sería declarar a la producción de alimentos para la seguridad alimentaria como una prioridad nacional, lo cierto es que el actual gobierno, en el que priman los intereses del capital comercial especulativo, ha propuesto en su “Plan Estratégico de Gobierno 2010-2014” borrar todo vestigio del concepto de seguridad y soberanía alimentaria.

Se trata de la profundización de un enfoque que amenaza con generar graves consecuencias, el cual deberá ser enfrentado técnica y políticamente por los sectores progresistas.

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Este artículo  fue publicado el 16 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una alimentación que enferma

La opinión del empresario……

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RAFAEL CARLES

En Panamá, la gente come muy mal. Por un lado, la dieta típica se basa en arroz cocido, fritangas, soda y dulce, y el consumo per cápita de frutas y vegetales es uno de los más bajo de la región.  Y por otro, las autoridades no han sabido implantar un programa efectivo de promoción de alimentos saludables y poco se conoce sobre los beneficios de la campaña mundial “5 al día”.

La pirámide de alimentos consiste en seis niveles diferentes de alimentos y establece un consumo diario recomendado para las frutas de 2 a 4 raciones y para los vegetales de 3 a 5 raciones.  Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en muchos países en desarrollo se ha observado dificultades en el cumplimiento de las raciones recomendadas de la pirámide, lo que ha hecho que se sugiera al menos con la ingesta mínima diaria de 5 raciones de frutas y vegetales, cuyos criterios en cuanto a cantidades y forma de presentación variaría de un país a otro.

Para la Organización Mundial de Salud (OMS), estas 5 raciones significan una libra de frutas y vegetales frescos por día, lo que coincide con el consumo per cápita máximo publicado por la FAO para una persona adulta, en las proporciones de 65% de frutas y 35% de vegetales.

La campaña “ 5 al día ” se desarrolló a principio de este siglo, con el propósito de promover el consumo de al menos 5 raciones de frutas y vegetales frescas, detener la tendencia descendente en la ingesta de éstos productos e informar sobre los beneficios que significan los mismos para la salud, especialmente a los jóvenes y niños.

La composición de la Canasta Básica de Alimentos en Panamá no incluye la cantidad de frutas y vegetales que requiere el cuerpo humano. Peor aún, el consumo per cápita de estos alimentos ha disminuido en los últimos años. Por ejemplo, en el período entre los años 1970 y 2000, el consumo anual de guineo, la fruta más consumida por lo panameños, bajó de 55 a 22 libras. Igualmente la naranja, el cítrico más consumido, bajó de 35 libras a 20 libras, la toronja de 12 a 5 libras y el mango de 9 a 6 libras. Solamente el consumo per cápita de la manzana y la piña subió de 9 a 10 libras y de 2 a 3 libras, respectivamente. Cabe señalar que en este mismo período subió significativamente el consumo de queso, gaseosas, galletas, azúcar y sal, además que los gastos de comer fuera de casa se dispararon un 15%.

Es lamentable que en Panamá se haya perdido el hábito de comer frutas. En el pasado, consumir frutas era un pasatiempo y también una necesidad. Ya casi no se consiguen el jobo, nance, mamey, naranjilla, guaba, tamarindo, guanábana, guayaba, mamón, ciruela y marañón. Igualmente, son muy esporádicas las cosechas de fresas, chirimoya, mandarina y maracuyá. Y ni se diga de la nueva generación de frutas exóticas como el kiwi, akai berry, arándano y granadilla.

La promoción del consumo de frutas y vegetales es una obligación fundamental de todos los panameños. Desde el ámbito de la salud y el bienestar, esta iniciativa cuenta con el respaldo de una buena cantidad de expertos, médicos, naturistas y nutricionistas, quienes desde hace tiempo han documentado las bondades de estos productos, pero que se enfrentan a un mercado altamente competido y concurrido de alimentos sintéticos.

Información histórica, cifras del sector productor y datos oficiales sobre la actividad económica indican que más del 25% de los panameños no consume diariamente vegetales y el 40% no demanda frutas, a pesar de que el consumo de estos productos naturales es un mecanismo de prevención de enfermedades. El consumo de frutas y vegetales de los países europeos, así como de Estados Unidos y Canadá, es tres y hasta cuatro veces mayor al consumo de Panamá. Incluso, respecto a Centroamérica y el Caribe, Panamá registra uno de los niveles más bajos de consumo de productos hortofrutícolas.

La demanda de frutas en el país se abastece principalmente con producción interna. En el 2005, las importaciones participaron solo con un 15% del consumo aparente total. La manzana es la fruta por excelencia que se importa al mercado nacional; de hecho, es la tercera fruta más importante en el gasto que realizan los hogares en este rubro. Aparte de la manzana, el país importa principalmente pera, uva, durazno, fresa y naranja. En cuanto al consumo de vegetales, sin incluir los tubérculos y las leguminosas secas, es la mitad del consumo per cápita de frutas, y su comportamiento en la última década, al igual que el de éstas, fue negativo, con un decrecimiento del 2% promedio anual, mientras que a nivel mundial se incrementó en 3% en el mismo período.

La concentración del gasto en pocos productos es una característica mucho más acentuada en el caso de los vegetales que en el de las frutas. En efecto, solo dos productos, la cebolla y el tomate, representan el 65% del gasto de los hogares en hortalizas frescas. Los consumos más altos son cebolla, tomate, zanahoria y repollo. Es de anotar, sin embargo, que el brócoli, coliflor, ajo y pimentón se caracterizan por su discreto consumo per cápita, que no supera la libra por persona por año. Como se sabe, en el caso del brócoli y coliflor, el reciente boom del consumo mundial es la respuesta del mercado a la difusión, por diferentes medios, de los beneficios que traen para la salud como agentes anticancerígenos, entre otras propiedades.

Otra característica de estos productos es la irregularidad de la producción nacional, porque se trata de cultivos transitorios sujetos a las decisiones de corto plazo de los agricultores y vulnerables a factores externos. En el caso de la cebolla, el tomate y la zanahoria, la producción se redujo como consecuencia de problemas ambientales, de mercado y de tecnificación de cultivos, respectivamente, problemas que desincentivaron la producción en los últimos años, lo que contribuyó, en parte, a la caída del consumo per cápita.

En síntesis, Panamá es un país donde su gente come muy mal, y si ésta se conforma consumiendo comida chatarra y productos sintéticos, así de mal se reflejarán sus acciones, pensamientos y emociones. Por tanto, es vital para garantizar el bienestar del país que su población se alimente saludablemente. Y sobre ese particular, tanto las autoridades como la propia sociedad son responsables.

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Publicado el 2 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.

Hambre en el mundo

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La opinión de…..

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Johnny Sáurez Sandi

Es aterradora la cifra, para el año 2009 que está por terminar, ya son más de mil millones de personas las que sufren hambre en el mundo cada día. En pleno siglo XXI, cuando hacemos alarde de las exploraciones interplanetarias, las clonaciones o la localización de agua en la Luna, aún no hemos encontrado, aquí en el planeta verde, la manera de proveer de alimento a una sexta parte de nuestros congéneres.

El 16 de noviembre pasado, se dio inicio a la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria que pretendía, una vez más, buscar fórmulas eficaces en la lucha contra el hambre y contra la desnutrición que afecta, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO), a más de mil 20 millones de personas alrededor del mundo.

El objetivo primordial de estas reuniones es buscar la forma de reducir, de aquí al año 2015, a la mitad el número de seres humanos hambrientos del planeta.

Sesenta jefes de Estado y de Gobierno, representantes de países ricos y pobres, altos funcionarios de organismos internacionales y de la sociedad civil (ONG) estuvieron presentes en dicha cumbre, tratando de encontrar fórmulas para llevar pan a la mesa de millones de seres humanos desposeídos y marginados de la riqueza mundial (es preciso anotar y preguntarse por qué, algunos gobernantes de los estados más solventes, no participaron en esta importante cita).

Paradójicamente, los fondos que se logran reunir para enfrentar la epidemia del hambre son exiguos, en comparación con las inversiones destinadas a la promoción y producción de armamentos que hacen los países poderosos, y los despilfarros que hacen en la compra de esos letales productos, aquellos países pobres y paupérrimos, que muestran escalofriantes cifras de hambre y de desnutrición en sus poblaciones.

En el año 2008, el gasto militar mundial se elevó a la astronómica suma de mil 464 billones de dólares, lo que significa un equivalente a 217 dólares anuales por cada habitante del planeta.

También en el mismo año 2008, los países de América Latina se dieron el lujo de malgastar más de 34 mil millones de dólares, según informes recientes del Instituto de Investigación para la Paz localizado en Estocolmo. En estas condiciones, no es de extrañarse que el efecto espiral que deriva de la carrera armamentista sea hoy más que evidente en nuestro continente.

El mundo de nuestros días necesita de más tractores, de más tecnología agrícola para la producción intensiva de comida, necesita de más humanidad, de más misericordia y menos tanques, menos aviones y cero AK–47, armas que solo sirven para matar hombres, mujeres y niños.

El mea culpa de los estados al participar en estas reuniones anuales, muchas veces sin resultados viables, es muy poco lo que en la práctica le ha generado a esta parte de la humanidad, tan necesitada de pan y no solo de pan.

Desafortunadamente, al concluir en cónclave de la FAO de Roma, sigue reinando el hambre. Las causas pueden ser muchas, la estructura de la agricultura de muchos países pobres, la indiferencia de los países ricos, los subsidios agrícolas de los más adelantados, la crisis actual, etc. Sea lo que sea, no se divisa una solución o amago de solución en el horizonte.

La humanidad, y sus líderes, si son efectivamente racionales y creen en su supervivencia, no podrán pretender seguir en su camino hacia el futuro, con la conciencia tranquila, si una descomunal cantidad de sus miembros no tiene acceso a uno de los mínimos, como es la alimentación. Además, si comer y beber son para el ser humano asuntos prioritarios y no los puede satisfacer, ¿qué podemos decir de la educación, de la salud, de la vivienda digna, del esparcimiento?

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Publicado en 31  de diciembre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.