Derecho y valores

La opinión de…

 

Ruling Barragán Yáñez

El derecho y los valores constituyen dos ámbitos cuyas características y relaciones no siempre suelen ser bien comprendidas. Esta incomprensión desemboca a menudo en problemas prácticos que pueden reflejarse en la administración de la justicia. En sentido estricto, los valores pertenecen al ámbito de la moral; los derechos, al legal.

Sin embargo, esto no significa que no exista –o, peor aún, que no deba existir– ninguna relación entre valores morales y el derecho. De hecho, el derecho nunca está –ni debe estar– desprovisto de valores. Pero, no todos los valores que integran la moral participan (o deben participar) de lo legal en cuanto tal. De otra manera, la incidencia o interferencia de lo moral en el derecho afecta negativamente sus funciones.

Explicaremos esto en lo que sigue. Entre los valores propios del derecho se suele mencionar una tríada clásica: la seguridad, el orden y la justicia.

La seguridad puede considerarse como el valor más básico, si nos atenemos a un orden de realización, no de relevancia. Sin seguridad es imposible erigir –mucho menos mantener– cualquier orden, sea éste social, político o económico. Es por esto que es el valor más elemental. Luego de la seguridad sigue el orden. El orden jurídico –al menos idealmente– permite que la sociedad en su conjunto funcione en armonía. En tercer lugar, se da la justicia, siendo el valor por excelencia del derecho. La justicia no existe ni subsiste en abstracto, sino que se construye sobre las bases de la seguridad y el orden.

Por supuesto, los valores propios del derecho no son los únicos valores. Ellos constituyen apenas una ínfima parte del amplio inventario de valores morales. Podemos citar la amistad, el amor o la compasión, entre muchos otros. Ahora bien, ¿qué relación guardan estos valores con el derecho? Prácticamente ninguna.

El derecho puede subsistir sin ellos; aún más, la incidencia de estos valores en el derecho perturbaría su naturaleza y funciones. Así pues, es bien sabido que la amistad, el amor o la compasión no deben incidir o influir en decisiones judiciales. El espacio y funciones propias del derecho no permiten la intromisión de este tipo de valores. De acuerdo a lo anterior, el derecho puede y debe abstraerse de ciertos valores. Por supuesto, no de aquellos que le son propios y sin lo cuales no podría constituirse y funcionar.

Sin embargo, como bien dijo un jurista, no debemos olvidar que “los valores del derecho no son fines en sí mismos; su sentido proviene de otros valores, que son superiores y que también el derecho trata de alcanzar”. Así pues, existen valores superiores a los del derecho (ya mencionamos algunos) sin los cuales sería imposible un desarrollo humano integral. Si nos limitáramos únicamente a los valores propios del derecho, la vida en sociedad se deshumanizaría. Los valores propios al derecho son necesarios, mas no suficientes.

Por todo lo anterior, se concluye que el derecho exige de por sí determinados valores, a la vez que excluye a otros. Todo buen profesional del derecho tiene el reto de encontrar el balance adecuado entre lo moral y lo legal; el justo medio en que la moral pueda incidir en el derecho, sin que pierda su carácter y autonomía.

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Este artículo se publicó el 1 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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La verdad

La opinión del Ingeniero y miembro del Club Rotario…

 

FERNANDO MANFREDO JR.

 

La verdad es uno de los valores éticos; sin embargo, se trata de un producto frágil. El verdadero estado de las cosas es frecuentemente desagradable. Por eso no decimos la verdad con más frecuencia – a nosotros mismos y a otros -. Es más conveniente no hacerlo. En su lugar, racionalizamos nuestras propias imperfecciones y las de nuestro entorno. Si trabajamos duro en esas racionalidades, pronto creeremos en ellas… y cuando lo hacemos, nuestro asidero de la verdad es un poco menos seguro que antes.

La verdad es perfección; sus distorsiones son un reflejo de la imperfección de este mundo. Para nosotros no existe una verdad absoluta; existen versiones de parte de esos que observan e informan. En el transcurso de nuestras vidas la verdad será más difícil de aprender que antes. La prensa liberal ha adoptado la doctrina adversa. Ellos no están interesados en la verdad, sólo el cinco por ciento más o menos de las noticias se desvía de la norma, la cual, en un mundo imperfecto, es la única verdad que existe.

Presumiblemente ellos estarían deseosos de remover el pasado alrededor de cada administración pública, sólo para verles caer sin importarles las consecuencias al país o a las instituciones públicas. Por las normas de alguien todos somos menos que perfectos. Si uno desea hacer un tema de imperfecciones, puede hacerlo atacando a cada persona que ha tenido o puede tener un cargo público.

El subsiguiente alboroto sencillamente alimenta el morbo de esos que sostienen que nuestra forma de gobierno, no es viable y no tiene derecho o esperanza para sobrevivir. Ser objetivo es importante; ser escéptico es necesario. Después de todos los hechos, se puede conseguir lo esencial de manera que se pueda hacer juicio razonable de lo que está pasando a nuestro alrededor y qué debemos hacer al respecto.

El precio de la verdad es un deseo de hacer preguntas difíciles, sabiendo en todo momento que si la verdad realmente surge en respuesta, éstas serán igualmente difíciles.

Y ahora, en lo que se refiere a usted que ha tenido la paciencia de leer este escrito, todo lo que he hecho es poner frente a usted una realidad desagradable simplemente para retarlo a que piense realísticamente sobre este duro cuestionamiento que usted enfrenta. Cuando uno piensa seriamente en éste y otros problemas, lo que surge es un deseo de salirse de la sociedad. Pero no puede salirse de esa sociedad y seguir siendo parte de esta. No hay otra opción que hacerle frente. Por esto, decir la verdad debe constituirse en la costumbre y no la excepción.

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Este artículo se publicó el 20 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El ejercicio de la libertad

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…

 

Raúl Leis R. 

raulleisr@hotmail.com

José Martí enciende sus palabras de 120 años, para advertir que “Lo que ha de hacerse es tener incesantemente la libertad en ejercicio; por donde el bueno se fatiga, el malo entra: la república no puede dormir; el tirano o el bribón sólo se levantan sobre los pueblos viciosos o indiferentes”.

Poner la libertad en ejercicio, y agregaría la justicia y la ética. No ha sido así durante el año que acaba de terminar. El balance no es favorable para la democracia ni para el desarrollo. Pues crecimiento económico sin equidad y sin afectar a fondo la desigualdad; concentración del poder, debilitamiento de la institucionalidad y de la libertad de expresión; naturaleza amenazada no son compensadas debidamente por las iniciativas positivas que se pudieron desarrollar.

Es evidente que existe demasiado poder económico y político juntos y concentrados en el gobierno y que esto no es bueno para la democracia. Tampoco un Estado centrado en una visión mercantilista que convierte a algunos empresarios, más bien en “empresaurios”.   Parte del cambio esperado que le dio el voto al actual gobierno, fue producto de la insatisfacción de cómo funcionaba la institucionalidad política del Estado, por lo esperado no era más acumulación de poder, sino por el contrario, una real y efectiva democratización del poder.

El riesgo para todos es inclinarnos hacia el autoritarismo civil, hijo del presidencialismo centralista. Por ello, estamos en un momento histórico importante, generar los cambios necesarios para pasar de la amenaza autoritaria a una mayor densidad democrática.

La democratización de la democracia, supone la transformación de los procesos electorales, esquivando su plutocratización, permitiendo más participación y acceso a los medios de comunicación, apertura a nuevos actores y alternativas. Significa entender la democracia también como de ciudadanía, con la generación de la descentralización, el poder local, el presupuesto participativo, los diversos resortes de la participación ciudadana en la construcción de políticas públicas.

Es necesario una permanente introspección y discernimiento de parte de los gobernantes para que comprendan el principio de “mandar obedeciendo”, ligado al desarrollo de la capacidad democrática de la población de envolver y orientar a sus líderes; una profunda reforma política democrática; la vigilancia ciudadana y mediática para la reafirmación del Estado de Derecho, y la vigencia plena de los derechos humanos. La organización ciudadana y popular. La educación popular transformadora. El autoritarismo es el camino equivocado; la construcción democrática y participativa del poder es la ruta correcta.

A esto nos invita Martí: “La república, como las casas de Pompeya,  ha de tener el perro a la puerta. Así surgen ahora, del peligro nacional, los que han de salvar a la nación de él; de la política negociante surgen, por el escarmiento y vergüenza de ella, los que la conminan y derriban; de la camaradería impura de la política y los negocios, surgen, imponentes, el férvido universitario, el abogado indómito, el obrero sesudo, el comerciante verdadero, el periodista fustigador. De la podredumbre misma sale la luz…”    Asi será, por el bien de Panamá.

<>Artículo publicado el  5  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los valores en la educación

La opinión de…

Carlos Alberto Voloj Pereira

Está plasmado en la Constitución Apostólica de Juan Pablo II, sobre las universidades católicas, que es, precisamente, en ellas “donde los estudios examinan a fondo la realidad con los métodos propios de cada disciplina académica” y que sirven para demostrar “la confianza que tiene la Iglesia en el valor intrínseco de la ciencia y de la investigación…” y “una preocupación ética” acerca de la conducta de los hombres cuando ejercen la profesión a la que se dediquen.

Entonces el hombre profesional no puede dejar de ser un educador cuando ejercita su actividad para procurarse sustento. Quien no se eduque a la vez que trabaja, voluntariamente se está limitando en una ignorancia crasa que en nada le ayuda a superarse.

Michael Falise, en su ensayo sobre Los valores en la educación y enseñanza universitarias, deja claramente expuesto que, quien llega a sentir la necesidad en el mundo actual de una educación superior está palpando evidentemente que estamos en el pleno momento de que no avanzará quien no se eduque, porque estamos en la “era del conocimiento, de la tecnología” y que la competencia actual se sitúa en el terreno de los que saben, porque ya el dicho de algunos de “da que vienen dando”, o de “quítate tú pa’ ponerme yo” o, ese que dice “amigo es el ratón del queso ¡y se lo come!, o “amigo es un real en el bolsillo”, ha cedido el paso a la idoneidad, al conocimiento, a la suficiencia de que usted sabe lo que está haciendo, y quien necesita y busca sus servicios ¡también lo sabe! De ahí que podrá haber inmoralidad y falta a la ética de parte de algunos profesionales, pero ¿estará dispuesto a aceptarlo el cliente?

Es cierto aquello de que “Dios los hace y el diablo los junta” y que el profesional inmoral y falto de ética se juntará con el cliente inmoral y falto de ética, también, pero ¡válgame Dios!   ¿Son, acaso, inmorales y faltos de ética todos los profesionales y todos los clientes? ¡No, claro que no! En el pasado evento político de 1989, cuando se produjo una confrontación cruenta con manifestaciones que sacaron a flote la ética y la moral de muchos panameños, también quedó en evidencia que no todos eran inmorales, que no todos faltaron a la ética y que no todos fueron saqueadores y que algunos no fueron totalmente saqueados.   Lo que sí apunta como experiencia aleccionadora es que sí fue saqueada la moral y la ética de la patria y la convicción de muchos justos de que los hombres deben amar a su prójimo como a ellos mismos.

Sin embargo, los comercios en los que reposa el conocimiento, la educación y los libros de ética y moral no fueron saqueados. Parece que nadie saquea librerías en Panamá.

La Iglesia y los hombres de bien tienen muy claro que la ética y la moral, aunque tengan una oferta abundante, exige un alto precio que no todos quieren pagar.   Prefiero decir que no pueden pagar, a decir que no quieren pagar. Es un producto caro, legítimo, auténtico, decoroso y elegante que no pueden lucir en todo su esplendor los inmorales y antiéticos.

¡Desgraciado el hombre que nace sin moral y no desea adquirirla siquiera! ¡Bendito sea el que sabe que no posee moral alguna, y la busca, la desea, la persigue, y tanto la anhela que al fin, de tanto correr detrás de ella, la alcanza y la aprisiona en su corazón.

No hay mejor hombre moral que el converso y, como en la parábola del hijo pródigo, cuán aplaudido y cuán bienvenido es aquel que vuelve al encuentro con su padre y se arrepiente de gozar inescrupulosamente los bienes que ha recibido.

Exhortamos a nuestros alumnos y a los de las universidades amigas que tengan constantemente presente, ante los ojos de sus familias y profesores, la ética y la moral que les habrán inculcado sus progenitores.   Y es que nada dignifica a un hombre y a una mujer más que la honradez, la decencia y el respeto para con su prójimo.

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<> Este artículo se publicó el 28 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reflexiones democráticas

La opinión de…

 

Carlos Eduardo Rubio

Es preocupante el resultado de las últimas mediciones hechas a los panameños sobre su credibilidad en el sistema democrático. Hace un par de años, Panamá era solamente superado por Costa Rica como el país que más creía y valoraba la democracia como el mejor sistema de gobierno, tal cual son los pensamientos de Churchill, Sartori, Gandhi, Calvani, Maritain y Lincoln, por mencionar algunos.

Pero la cosa ha cambiado, especialmente luego de conocer las estadísticas según las cuales menos de un tercio de los panameños confía en la democracia. Parece improrrogable hacer las siguientes reflexiones, con el ánimo de volver darle esperanza a nuestro pueblo panameño, que sin democracia, sin ética y sin economía social de mercado no habrá prosperidad ni desarrollo en nuestro país, y nos estancaremos en el tercer mundo.

La primera pregunta será, ¿por qué la decepción? ¿Será por los tránsfugas o por los politiqueros? ¿Por las promesas incumplidas? ¿Por la demagogia? ¿Por los políticos empíricos sin ningún tipo de formación política o ideológica? ¿O por la equivocada percepción de que ganar las elecciones es ganar la lotería?

La democracia no crece silvestre, al contrario, es fortalecida con la participación de todos, en que en igualdad de condiciones participemos por medio de las vías democráticas en la construcción del bien común. Calvani fue sabio al relatarnos que la democracia debe ser perfeccionada donde esté consolidada, y debe ser consolidada donde esté implementada. Ya es hora de eliminar los métodos autoritarios, los irrespetos al estado de derecho. Ya llegó el momento de consolidar nuestro sistema y seguir las tendencias modernas sobre la democracia; todos los politólogos y grandes pensadores han dictaminado que la democracia como un sistema de votos y elecciones es cosa del pasado, y que lo anterior debe ser complementado con un sistema de pesos y contrapesos, en el que la toma de decisiones no se deje al libre albedrío de una sola persona.

Con ética y civismo, respeto a la palabra y a las leyes, aunado a profundos e inquebrantables principios democráticos, será la única manera de llegar al primer mundo y, por ende, a la calidad de vida digna que merecen todos los panameños. Necesitamos, seriedad, profesionalismo, voluntad y mucha responsabilidad para que logremos la transformación. Consolidemos la democracia, pero ya.

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<> Este artículo se publicó el 15 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Huérfanos de patria

La opinión de…

Miguel R. Vanegas S.

Quizás porque sobre la dirigencia deportiva se ha festinado la injusta generalización de que toda es execrable, el tema del Comité Olímpico de Panamá (COP) es subalterno y no vale la pena dedicarle tiempo ni esfuerzos. Así, con una supina ignorancia del tema, se dice que hay dos comités olímpicos, cuando la Carta Olímpica no lo permite; que el Comité Olímpico Internacional (COI) “reconoce” a la junta directiva del COP, cuando la Carta no lo establece. Esta es clara al indicar que los directivos se eligen de acuerdo el respectivo estatuto.

Ello sería anecdótico si no fuera porque el caso del COP deja ver un grave atentado contra el estado de derecho, la fe pública y el deber constitucional de las autoridades gubernamentales de respetar y hacer respetar las leyes y los fallos judiciales del país.

Las cuatro últimas directivas del COP “reconocidas” por el COI han sido anuladas por el Órgano Judicial, dada su ilegalidad al violar el estatuto vigente. La última, presidida por Miguel Sanchiz, no solo fue anulada sino que la reforma del estatuto que le sirvió de base, también fue anulada por la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia al declarar ilegal el Resuelto del Ministerio de Gobierno y Justicia que la aprobó.

Los trámites delictivos para inscribir esta directiva en el Registro Público surten un proceso penal que Miguel Sanchiz y otros llamados a juicio por esa felonía eluden con triquiñuelas procesales para dilatar su comparecencia a la audiencia de fondo. Resalta en esto la inescrupulosa falta de ética de la posición equívoca asumida por las autoridades.

Sin embargo, hemos observado cómo algunas autoridades del Gobierno se asocian, sin ningún recato ni justificación plausible, a los ilegales directivos para agradar al presidente de la Organización Deportiva Panamericana, cuyo discernimiento está determinado por su animadversión al suscrito y la protección de sus cómplices locales. Han asumido como legítima la arbitrariedad del fementido “reconocimiento” del COI a Sanchiz y confesado su intento por violentar los fallos judiciales para reinscribirlo en el Registro Público. Nada más ofensivo e inaudito.

Por ello, quienes en buena lid obtuvimos el dictamen favorable en los tribunales de justicia, somos objeto de presiones y amenazas para que renunciemos a favor de los usurpadores, a pesar de nuestra disposición de no aspirar a ningún cargo en una elección conforme a la ley.

Así, un grupo de panameños, directivos legítimos de una asociación constituida de conformidad con las leyes nacionales cuyos derechos y garantías deben ser protegidos y defendidos por las autoridades encargadas de ello, son “huérfanos de patria” al quedar en la indefensión por la omisión oficial con el agravante de que para algunos despistados este atentado contra la institucionalidad está bien porque hay que complacer al señor Mario Vásquez Raña para tener la sede de los Bolivarianos de 2013.

En los juegos hay dos formas de llevar la bandera nacional:   Enarbolándola firme y orgullosamente o doblegándola y arrastrándola ignominiosamente en manos de delincuentes.

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<> Este artículo se publicó el 24  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Fundamentos del desarrollo

La opinión de…

Luis H. Moreno Jr.

Hace un par de años, en compañía de dos de mis nietos, ya profesionales del derecho y la economía, visité Finlandia.   Me gusta andar con ellos porque la distancia se acorta, nos nutrimos mutuamente y crece la confianza. Especialmente cuando viajamos juntos; ¡tanto que compartir y tanto que aprender!

¿Por qué Finlandia? Porque desde hace mucho deseábamos presenciar, el 21 de junio, el fenómeno astronómico del sol de medianoche, apreciado en su plenitud, y más allá de nuestras expectativas, durante dos días sin noches, en la acogedora ciudad de Rovaniemi, justo sobre el Círculo Ártico.

Pero más aún, Finlandia nos atraía porque en el conjunto de los países del primer mundo, este tradicional y progresista pueblo escandinavo descuella por su moralidad pública, por su excelente sistema educativo (según instituciones internacionales el mejor del mundo) y por su hospitalidad y respeto al visitante.

Eso es lo que deseaba que contemplaran, que vivieran, que absorbieran mis nietos en la calle, en el trato, en las costumbres, en los modales, aunque por breves días, que razonaran y se convencieran de que no hay armonía, superación y bienestar social, que no hay lugar para escalar al mundo de los mejores sin el poder y el fundamento de los valores cívicos y morales, no importa la cantidad de acero y cemento que erijan autovías, puentes, rascacielos, transportes modernos, muelles, aeropuertos, que muchas veces ocultan vicios y fallas inexcusables, como las que hemos vivido en Panamá desde siempre, porque la condición de primer mundo, tan soñada y tan anhelada comienza por el cumplimiento de los deberes de cada ciudadano, y no precisamente por la exigencia grosera y desconsiderada de derechos, muchas veces, indebidos, acomodaticios e injustos.

En las calles de Helsinki vimos miles de bicicletas estacionadas en las aceras y diversos lugares asignados; ninguna con cadenas ni candados. Sorprendidos preguntamos por la posible pérdida de algunas o confusión de nuevas por viejas. Los sorprendidos eran ellos por la pregunta, porque no se les ocurría que eso podría suceder. En la ventanilla de venta de boletos de la estación del tren se me quedó el pequeño maletín portador de pasaporte, dinero, tarjetas de crédito, pasajes de avión.

Cuando ya afuera del edificio, a los pocos minutos, me di cuenta de la pérdida, afanoso corrí de vuelta para encontrar mi pertenencia exactamente en el lugar que la dejé.   Al llegar a la estación en búsqueda de un taxi, para orientarnos mejor, preguntamos a una estudiante sobre la distancia del hotel reservado, y con la mayor amabilidad aconsejó innecesario tomar un taxi por la cercanía. Ofreció su compañía y sin problema rodamos hasta allá nuestras maletas. En Finlandia la educación es responsabilidad seriamente compartida, en todo su valor, por el hogar, la escuela y el estudiante, con áreas de acción definidas, estrecha colaboración, incentivos significativos y sanciones inquebrantables.

A pesar de los altos impuestos, el sector privado emprende algunas obras en conjunto, como la construcción de un bello cementerio público para honrar héroes, respetados líderes de la historia, del Gobierno, de sindicatos, de grupos cívicos y hazañas memorables. Es que hay confianza en el ejercicio del poder público, sin prebendas ni pretensiones, con sencillez y modestia, hoy en firmes manos femeninas, y se nota la satisfacción general por la impecable rendición de cuentas que públicamente se detalla y que en su oportunidad el contribuyente sanciona en las urnas con rigor.

El nuestro dista aún mucho de ese mundo, pero es la obligación de todo panameño empeñar su esfuerzo diario, al nivel de la capacidad y función de cada cual, para que confiados los unos en los otros en la convicción de sus cualidades y valores podamos aspirar con justificación y orgullo a la confianza y al respeto que debemos merecernos. Ese es el camino hacia un mundo donde la pobreza sea aguijón que renueve constantemente la honradez en el manejo de la cosa pública, y se evite que miles de millones engrosen el bolsillo de particulares y gobernantes, en desmedro del bien común, especialmente de los más necesitados.

La celebración hoy, 18 de noviembre, por segunda vez del Día Nacional de los Valores Éticos y Morales, instituido por decreto ejecutivo en noviembre de 2008, es un valioso instrumento de concienciación ciudadana, que parece comenzar a despertar inquietudes y compromisos por las múltiples manifestaciones públicas que se están dando en todos los sectores. De la presencia permanente de los valores en la conciencia individual, traducida hasta el hábito en acciones concretas y continuas de solidaridad, de tolerancia, de honestidad, de transparencia y de equidad dependerá no solo el respeto y la armonía comunales, sino también el orgullo y la actitud patriótica.

Valorízate, es el directo y personal llamado de la campaña de la Fundación Panameña de Ética y Civismo, solo uno de los muchos grupos que tratan, a través de medios firmes, convincentes y comprensivos, de exaltar en la conciencia individual y colectiva una cultura ética y cívica caracterizada por el sentido de solidaridad y justicia, responsabilidad y libertad, honestidad y respeto por la persona humana en todos los estratos de la sociedad panameña.

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<> Este artículo se publicó el 18  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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