¿Quién es el Presidente Ricardo Martinelli?

La opinión de…

MARCOS A. GANDÁSEGUI
gandasegui@hotmail.com

El Presidente Ricardo Martinelli, representa un fenómeno político original, que sintetiza todo lo viejo. Algunos lo llamarían una expresión transitoria.   Su estrella podría mantenerse sobre el horizonte hasta que dure la presente crisis política panameña.   Crisis que se manifiesta en el sentido clásico:   Lo viejo se resiste a desaparecer y no deja que lo nuevo haga su aparición.   Es común que identifiquen ideológicamente a Martinelli y sus seguidores como conservadores. Es decir, ligados a los sectores tradicionales de los terratenientes (urbanos y rurales) y a la iglesia católica. Martinelli ha demostrado con hechos que no comulga con esas ideas conservadoras.

Otros asocian a los actuales gobernantes con ideas fascistas. Quienes levantan las banderas fascistas se identifican con ideas nacionalistas en el marco de una alianza populista que subordina a las masas urbanas al liderazgo de los grandes capitalistas. Este tipo de alianza suele ser encarnada por un líder ‘carismático’.    Martinelli rechaza toda identidad nacional y no pretende cooptar a los sectores populares. Al contrario, su ideología es anti-nacional y no pretende darle dirección alguna a los sectores populares.

Otros ven a Martinelli en el campo neoliberal, política impuesta por EEUU entre 1983-2008. La ley ‘Chorizo’, derogada a fines de 2010, pretendía acabar con la capacidad negociadora de los trabajadores. El proyecto de ley minera actualmente ante la Asamblea de Diputados pone fin al estado de derecho en el país. También aumentó el impuesto al consumo (ITBMS) en un 40 por ciento.

El aumento impositivo ha multiplicado los ingresos del fisco. Esta política le parece sospechosa a los millonarios panameños y a EEUU.    Entre los cables secretos enviados por la embajada norteamericana a Washington se destaca uno que acusaba a Martinelli de no cumplir con los principios neoliberales al pretender cobrarle impuestos a los ricos. En realidad, Martinelli no encaja en lo que el Banco Mundial llamaría neoliberal.

Hay quienes señalan que la política económica de Martinelli es de ‘des-posesión’:   Le quita el empleo a los trabajadores,    las oportunidades de inversión a los pequeños empresarios y la tierra a los productores rurales.

Martinelli, entonces, no es conservador, tampoco es fascista, ni neoliberal. Entonces, ¿qué es el presidente de la República y hacia dónde conduce el país?    Martinelli es la expresión extrema de una política fracasada que se instauró en el país hace 20 años después de la invasión militar norteamericana de 1989. En aquella época, sin mediar un estudio de la realidad panameña, se impusieron las privatizaciones, la desregulación y la flexibilización de la fuerza de trabajo. El objetivo inmediato de estas políticas neoliberales –al igual que en el resto del mundo– era transferir parte importante de las riquezas acumuladas por los sectores populares (los salarios y bienes de los trabajadores) a la clase capitalista.

Las estadísticas lo demuestran claramente. Mientras que en 1990 el 65 por ciento de la distribución de la riqueza producida por los panameños terminaba en los hogares de medio millón de trabajadores, en 2009 estas familias sólo recibían el 40 por ciento. En cambio, mientras que en 1990 el 35 por ciento de la riqueza nacional quedaba en los hogares de 20 mil familias acaudaladas, en 2009 había aumentado al 60 por ciento.

Las estadísticas presentadas en números fríos, sin embargo, no nos dicen lo que realmente ocurre en nuestras comunidades. Mientras que la extrema pobreza prácticamente no existía en Panamá, ahora el 20 por ciento de los hogares panameños vive en ese estado de miseria. En total, casi el 50 por ciento de los hogares panameños viven en lo que el Banco Mundial llama la pobreza. (El 40 por ciento de los trabajadores panameños son informales. Es decir, trabajan sin contrato y/o sin seguridad social).

El gobierno del presidente Martinelli no entiende lo que representan estas cifras. Los neoliberales decían que a mayor pobreza, producto de sus políticas, había que aumentar los programas ‘focalizados’ para distribuir caridad a las comunidades más golpeadas. El Banco Mundial creó la ‘Red de Oportunidades’ durante la administración de Martín Torrijos y con Martinelli ha generado la ‘Beca Universal’ y los ‘100 para 70’.

Un país, sin embargo, no puede sobrevivir con estas políticas absurdas, depredadoras y especulativas. El neoliberalismo tuvo éxito en empobrecer a los sectores populares y a las capas medias, mientras enriquecía a los más ricos.   Esa política hizo crisis a escala mundial y pronto hará igual en Panamá. Martinelli preside sobre un régimen transitorio. La pregunta es ¿cuándo cederá lo viejo a las nuevas fuerzas sociales que todavía no emergen? ¿Quién es el sujeto (grupo social) nuevo que dirigirá ese proceso de reconstrucción?

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Este artículo se publicó el  3  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

2010: turbulencia global sin solución

La opinión de….


MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO
gandasegui@hotmail.com

El año 2010 culmina con una nota agria para Panamá en el escenario mundial. El presidente Ricardo Martinelli apareció en todos los titulares internacionales por culpa de su apetito político desmedido, revelado por los cables secretos enviados por la Embajada de EEUU desde la capital panameña. Lo que era vox populi en los medios locales se trasladó por unas horas a los medios globales.

La arrogancia, el tráfico y la corrupción no retendrán por mucho tiempo la atención del mundo. En cambio, la turbulencia económica que remece el sistema capitalista, sin aparente solución, los movimientos sociales de protesta, la derrota del presidente Barak Obama en noviembre, la emergencia de nuevas potencias globales, la creciente crisis ambiental, el empobrecimiento creciente de los trabajadores a escala mundial y la cuestión de género son problemas que sacudieron el planeta en 2010 y prometen continuar presentes en el próximo año.

Obama desilusionó a los pueblos del mundo —y no solo al suyo— por su falta de imaginación para gobernar al país más poderoso del mundo. El pueblo norteamericano no respaldó a Obama en las elecciones parciales de 2010 y perdió la mayoría en el Congreso.

La economía de EEUU tuvo por tercer año consecutivo una tasa de crecimiento negativa, que arrastró a sus principales socios —sobre todo Europa— por el mismo camino. La única excepción fue China, que mantiene un ritmo de crecimiento económico del 10 por ciento anual. Los socios proveedores de materias primas al gigante asiático —como son la mayoría de los países de América del Sur— han evitado caer en el espiral norteamericano. La ‘reprimarización’ de las economías latinoamericanas, sin embargo, no constituyen garantía para el desarrollo de la región.

El caso de China también es impredecible. Está apostando a que la economía de EEUU no se desplome antes de 2025. Para esa fecha considera que estaría en condiciones de absorber las pérdidas de EEUU. En la actualidad, EEUU le debe a China más de 950 mil millones de dólares y sigue exportando sus plantas industriales a los grandes centros urbanos que crecen como hongos en aquel país.

La turbulencia de la economía capitalista ha agudizado la crisis ambiental. El Tratado de Kyoto es historia y la reciente reunión en Cancún ni mereció comentarios en los diarios. Los países más industrializados se han comprometido a controlar sus desmanes, pero sin dar garantías. En el caso de América Latina la especulación en torno a los metales y a la energía, desató en 2010 una carrera para acabar con los últimos reductos protegidos por la naturaleza.

El sector social más golpeado por la prolongada crisis económica ha sido la clase de los trabajadores. En EEUU, el 10 por ciento de los trabajadores está sin empleo, en España la cifra alcanza el 20 por ciento y en América Latina ha crecido la informalidad y el ‘trabajo precario’ a cifras antes no imaginadas. En el caso de Panamá, supera el 40 por ciento. A escala mundial la situación es alarmante en áreas como África, vastas extensiones de Asia y algunos países europeos donde las economías han colapsado y los trabajadores no encuentran solución alguna.

Los antiguos partidos socialistas o comunistas fueron neutralizados como consecuencia de la ‘guerra’ neoliberal desatada en los últimos 20 años. En América Latina, sin embargo, quedan algunos reductos.   En Cuba, el gobierno anunció este año que estudian nuevos ‘lineamientos’ dentro de su concepción socialista de sociedad. Los otros países del ALBA se pronunciaron en 2010 comprometidos con la ‘revolución socialista del siglo XXI’.

En 2010 la cuestión de género logró captar más atención, como resultado de las movilizaciones de las mujeres a nivel internacional. El desarrollo del capitalismo ha incorporado cada vez más mujeres a la fuerza de trabajo, así como a las filas de ocupaciones profesionales y técnicas. La creciente presencia de la mujer, en todas las áreas de actividad, generó en muchos países una reacción negativa. La violencia contra la mujer siguió incrementando a escala mundial, especialmente en los países más industrializados.

Los movimientos sociales en todos los países del mundo siguieron tomando fuerza, pero sin definir con claridad objetivos y sin constituir redes lo suficientemente fuertes para asumir aún un rol significativo en el escenario mundial. Esta situación, sin embargo, puede cambiar en cualquier momento en la medida en que existen todos los medios para establecer nexos entre los grupos que luchan por transformar sus sociedades. El escenario existe y solo falta el sujeto social con la capacidad para catalizar un movimiento global.

 

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<> Este artículo se publicó 30  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Sólo el hombre trabaja

La opinión del Médico, Escritor y Académico Numerario de la Academia Panameña de la Lengua…

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Dr. José Guillermo Ros-Zanet

Sólo el hombre trabaja. Y tiene empleo. Y más.   Sólo el hombre sufre desempleo, y mal empleo.

El animal, inmerso (atado) en el entorno natural, no realiza un trabajo. Es utilizado como una herramienta del hombre… Y tampoco vive su vida. Su vida le es vivida por la naturaleza.

Lo que el comprador de fuerza de trabajo compra en el mercado laboral no es trabajo sino capacidad de trabajar.   Y esta acción y esta distinción no parecen ser posibles en el mundo animal.

Sólo el hombre trabaja. Y lo hace para obtener (al actuar negativa o positivamente sobre la naturaleza) los bienes que le permitan satisfacer sus necesidades y deseos… Y sólo el hombre vive su vida, y la conduce hacia el bien o hacia el mal, hacia la construcción o hacia la destrucción, hacia la creación o hacia los acabamientos… Y hacia este último lugar pareciera conducir hoy el hombre su vida, su hacer y su destino.

El animal no vive su vida; pero, tal vez, vive en mayor armonía con la naturaleza, en comparación con el hombre.

El animal especializa su vivir para ADAPTARSE a la naturaleza… El hombre especializa su trabajo para TRANSFORMAR la naturaleza (muchas veces para agredirla, para contaminarla, para expoliarla), para convertirla en duro mundo… En el hombre, la especialización deviene división del trabajo… En el reino animal la evolución lleva a algunas especies a diferenciaciones funcionales, a veces extremas, como ocurre con las hormigas y las abejas: especialización (división) del trabajo”, dentro de la propia especie (obreras, reina, soldados, etc.). Es una división no sólo funcional, sino también estructural (diferenciaciones físicas) dentro de una sola especie…

Sólo el hombre trabaja… “Este pan y este vino, fruto de la vid (de la tierra) y del trabajo del hombre”…

El trabajo, el poder acceder a un puesto de trabajo, a un empleo, se considera como un derecho fundamental… Pero en nuestro tiempo tener acceso a ese puesto de trabajo libremente elegido, bien remunerado y amparado socialmente, se hace cada vez más problemático… Y recordemos que el trabajo dignifica (debe dignificar) al hombre; y el Desempleo disminuye la dignidad humana, la armonía y la salud social. Y personal.

El mundo ha cambiado dramáticamente durante los últimos cuarenta años. Y sufre el Trabajo. El Trabajo se ha transformado en empleo; y el empleo, en el empleo precario, y hasta en empleo esclavo.

En nuestro tiempo (¿modernidad? ¿postmodernidad?) y circunstancia, sufre el empleo (el trabajo) formal y el pleno empleo.   El trabajo pasa hoy, tal vez, más trabajos que en cualquier otra época… Hoy tener trabajo no siempre significa tener empleo.   Y muchas veces, tener un empleo no significa tener un trabajo (el caso, en nuestro medio, de los funcionarios llamados “botellas” y “garrafones”)… El empleo formal disminuye, y da paso a un creciente empleo informal. Y crece el empleo precario; que deja al obrero, al empleado, al margen de importantes prestaciones sociales… (Y recordemos que el ingreso o salario medio per cápita influye sobre el nivel de vida. O está en relación directa con el mismo).

Y, por otra parte, al disminuir el empleo formal, la permanencia segura, la estabilidad en el puesto de trabajo (la intemporalidad), va dejando de ser la buena compañía del empleo, del puesto de trabajo.

Crece el empleo temporal, sobre todo en ciertos espacios (y, es claro que no me olvido de los trabajadores temporales, estacionales –las llamadas “poblaciones golondrinas”–: el caso de los cortadores de caña y de los cosechadores de café, de áreas rurales)… El empleo temporal (“de prueba”), crece sobre todo en las áreas urbanas, y por lo general, se prolonga indefinidamente, a saltos sucesivos, repetidos, pero sin generar permanencia ni protección social.

Hoy amplios sectores de producción disminuyen progresivamente la demanda de factores de producción; entre estos factores está, fundamentalmente, la mano de obra, la fuerza (humana) de trabajo… Hoy podemos decir que el triunfo de la tecnología intensiva y extensiva hace posible la derrota del pleno empleo.

El llamado neoliberalismo y los amplios fenómenos de globalización de la economía y de la producción, que condicionan y hacen posible, a su vez, la flexibilización del marco laboral legal y el debilitamiento de los sindicatos (de las bases sindicales; no, de las dirigencias), ponen hoy serios obstáculos a la buena salud del mundo del trabajo…

El llamado neoliberalismo y la globalización no son, necesariamente, males ni males en sí mismos… Lo que los convierte en males del tiempo y el espacio es la profunda crisis de “Eticidad” (esencia de lo ético) que recorre el mundo actual, y que parece conducir y presidir mucho del vivir, del pensar, del hacer (del trabajo y del ocio) del hombre contemporáneo… El ocio ocioso domina y predomina sobre el ocio creador.

Más “Eticidad” lleva a más productividad del hombre (del individuo), de las sociedades y de los pueblos.

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Artículo enviado el 15 de junio de 2010 para su publicación a Panaletras por el autor, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Cuestionamientos a una locura

La opinión de…

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PASTOR E. DURÁN E.

Dicen que quieren crear “oportunidades de empleo” (visión neoliberal instruccionista).   Son ocho bachilleratos enfocados en las necesidades de zonas urbanas transitistas, modelo que genera mucha plata para los ricos y poco y precario empleo para los pobres. La gran empresa privada no ha garantizado buenos salarios. Un estudiante de bachillerato en Comercio prefiere vender buhonerías que trabajar en una empresa privada, donde es mal pagado y bien explotado.  Entonces, ¿qué es “mano de obra calificada”? ¿Qué modelo se propone? Durante más de 80 años el modelo de desarrollo transitista ha garantizado pobreza e institucionalización de la improvisación?

El MEDUCA plantea “reforma” curricular para la Educación Media. Ni siquiera ha sido capaz de garantizar la cobertura de Media. Menos, la calidad de la existente. ¿Por qué no propone la gratuidad de la Media?

Profundiza el modelo neoliberal de desnacionalización del desarrollo, pues plantea la gestión social del conocimiento y la cultura, fuera del contexto nacional de desarrollo integral panameño. Esta propuesta se fundamenta en estándares no contextuales a nuestras realidades, como si la educación “manufacturara” mercancías. ¿Qué pasará con los que ya se graduaron en los bachilleratos que quieren eliminar y los que están por salir? ¿Cómo queda la cobertura de la Media en las áreas de difícil acceso y la educación bilingüe intercultural? De 80 bachilleratos se baja a ocho o menos, con moldes de contenido generalistas, sin estudio científico para establecer su base.

¿Cuáles son los parámetros científicos que se están usando en la medición de la efectividad o errores de la Educación Media actualmente? Ninguna, todas son ocurrencias pseudocientíficas.

¿Dónde están los indicadores sociolaborales que haya medido la empresa privada sobre la efectividad o no de los actuales bachilleratos? No los hay.

¿Qué quieren el MEDUCA y la empresa privada con esta reforma “curricular”?: ¿Mano de obra barata y abundante en el menor tiempo y con el menor costo posible? ¿Un “Apartheid Educativo”? ¿Qué consecuencias tendrá este cambio? Ni el MEDUCA ni los “emprendedores” empresarios han pensado en esto.

¿Por qué la “reforma” curricular se enfoca en la Educación Media si no se ha diagnosticado la Educación Básica? En el foro “Calidad del Modelo Educativo en el Modelo de Desarrollo”, quedó claro que ni siquiera la UP ha entrado al estudio del tema.

Al reducir los bachilleratos, ¿qué ocurrirá con la organización docente 2010? ¿Qué criterios usaron para establecer el tipo y la cantidad de bachilleratos? Si para ser docente regular se deben tener de 24 a 30 horas, ¿cómo se van a manejar los docentes cuyas materias son optativas? Lógico que querrán reformar la ley orgánica y decretos.

¿Cuáles fueron las fuentes del currículo consultadas y cuáles de éstas han sido diagnosticadas?

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Artículo publicado el  2 de abril de 2010 en el diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Competitividad?

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¿Competitividad?

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John A. Bennett Novey
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Igual que el verano y el invierno, llega la época de la comisión tripartita del salario mínimo, “la cual se encargará de fijar el nuevo salario mínimo” (SM). Nos afanamos en parodias de comisiones de competitividad y sin embargo, es obvio que el pensamiento imperante es que está bien competir en algunas cosas, pero no en otras.

Por ejemplo, los empresarios debemos competir en calidad, servicio y, al final de cuentas, en precio, pero a los obreros no se les permite esto. En otras palabras, si un trabajador quiere y le conviene conseguir un trabajo por menos del SM, la ley se lo prohíbe.

¿Acaso no existe una demanda por trabajadores sin experiencia, escasa preparación y bajo rendimiento? Por supuesto que sí la hay, pero los que ya están dentro del sistema rentista no quieren esa competencia y apoyan las leyes de control de precio conocidas como SM, y el resultado final, particularmente en momentos de depresión económica, es más desempleo y desesperanza para los jóvenes que usualmente presentan el perfil arriba descrito. Hablamos mucho de moralidad, pero no tenemos reparos en condenar a nuestra juventud al desempleo y a su consecuente pérdida de autoestima.

Pero los verdaderos problemas de violar las normas económicas del mercado no son tan fáciles de ver a simple vista, de manera que las sufrimos sin saber su causa. Tenemos el caso del empleador que desea contratar a un joven con poca experiencia, pero con buena disposición, para entrenarlo en su puesto, pero el costo, gracias al SM, es prohibitivo.

Claro está que en el mercado informal nada de esto aplica, y luego nos quejamos de que este sector de la economía, que no paga muchos impuestos, sigue creciendo; mientras que a quienes trabajan en el formal se les hace más difícil sobrevivir.

Por otro lado, vemos que el gobierno, a través esquemas como Inaddeh, reemplaza el rol de entrenamiento propio de las empresas, por uno centralizado que jamás podrá tener la flexibilidad y adaptación que el mercado requiere; y así va tomando fuerza y tamaño el ineficiente pulpo intervencionista estatal.  Pero existe un lado más oscuro del debate del SM, y es que este es el instrumento más efectivo para promover la lucha de clases, enfrentando año tras año al pobre trabajador contra la “inmisericorde empresa”; sin importar que el más pobre no encuentra trabajo.

La noticia de prensa que anuncia la instalación de la comisión tripartita termina poniendo broche de oro al tema señalando que, “se está evaluando quiénes serán los representantes de las organizaciones y los técnicos que van a hacer los cálculos y los estudios”. ¿Me pregunto si también estudiarán de manera científica sus efectos finales?

Es completamente falso que regulando salarios mínimos se logre mejorar la situación económica de los más pobres; es todo lo contrario. Pero no dejemos que la realidad nos distraiga, pues el propósito que persigue cada grupo en la comisión tripartita es figurar y hacer ver que hacen y resuelven. Lo único que logran es dilatar por un año más las verdaderas soluciones, tanto de empleados como de empleadores.

¿Y cómo es que cada uno de los integrantes de la triada realmente representa a todos los sectores económicos del país? ¿Acaso el CoNEP representa a toda la industria y al comercio? ¿No ocurre igual con quienes dicen representar a los trabajadores? ¿Acaso los que no están sindicalizados tienen voz y voto en todo esto? ¿Y qué hay de quienes están en el sector informal y de los que no tienen trabajo? Ellos tendrán que pagar la elevación del costo de vida que producirán esos aumentos de bolita de cristal que no necesariamente responden a la realidad económica del país. Lo que sí sobra en todo esto son toneladas de soberbia.

Cada persona está dotada con ciertas habilidades inherentes, capacidades, fortalezas y debilidades, las cuales solo serán reveladas a través de sus actividades en el trabajo. Los cursos estatales pueden, en alguna medida, cotejar personas con un empleo apropiado, pero el mecanismo de ubicación de personal es inherente al propio mercado y se logra con mayor eficacia y economía a través de las mismas empresas.

El laberinto de malas normas laborales en Panamá, que como conoce todo el que se ha arriesgado a emprender en la formalidad, tiene otro efecto funesto pues, paradójicamente, alienta la transgresión de la ley. Pero eso lo sabemos todos, pues igual ocurre con las normas de tránsito y otras que premian al juega vivo y castigan al buen comportamiento. No me canso de reiterar que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

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Publicado el 27 de julio de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde