En elogio de José Renán Esquivel

La opinión del Médico Salubrista….

JUAN  CARLOS  MAS  C.
juancarlosmas@hotmail.com

No es el propósito de este artículo hacer la reseña y panegírico de la vida y ejecutorias de José Renán Esquivel, maestro entre todos, sino comentar la dolorosa omisión de pronunciamientos públicos oficiales y de gremios sobre el significado y trascendencia de su ejecutoria ciudadana y sanitaria.   La reflexión correspondiente es que hay silencios estridentes, por cuanto revelan lo que las palabras no dicen.

El doctor José Renán Esquivel hizo su entrada en un momento oportuno, en el cual ya se notaba que la ausencia de la sombra protectora ofrecida al país por los trabajos sanitarios del Canal empezaba a hacer sentir su carencia.

Aquellos trabajos, emprendidos con visión totalizadora por el país del Norte, centralizaban todo cuanto era necesario para finiquitar la obra; en consecuencia, la Salud fue una prioridad de Estado. Al amparo de esa concepción, las ciudades terminales del Canal pudieron desarrollar un sistema de protección preventiva confiable. Era una relación dialéctica de lo malo y lo bueno: lo malo del colonialismo, el despojo y la militarización, y lo bueno del orden y saneamiento. Al finalizar los 40s nuestro país reasumió el control sobre funciones sanitarias, pero no supo prolongarse en el espíritu de protección colectiva dejado por aquella empresa. Cuando José Renán entró en escena el país no había desarrollado una estrategia sanitaria supletoria de lo que se había dejado atrás; más bien habíamos derivado hacia la anarquía del ‘no hacer y dejar perder’, para que el interés crematístico cubriera las demandas.

José Renán hizo volver la mirada hacia extramuros de los hospitales e impuso el concepto de producción de salud como quehacer fundamental de los actores sanitarios: Sin descuidar a las instalaciones, para las cuales proponía la excelencia de una gerencia proba, insistió en la periferia del sistema, en el concepto de atención primaria y el respeto por los niveles referenciales munidos con la herramienta de la supervisión capacitante.

Sin ignorar el protagonismo colectivo que despertó en centenares de colaboradores, puede decirse que bajo su accionar el país alcanzó las tasas de salud que pudimos presentar sin sonrojos en eventos internacionales.

Y es que con él, las estadísticas sin maquillaje eran una formidable palanca de cambios e insumo para las tareas epidemiológicas. Presentimos que ese impulso carece del vigor de entonces y que los números no son ya el abrigo seguro de los sueños y los planes.

Después de Esquivel el desmantelamiento neoliberal de su concepción de programas sanitarios se puso a la orden del día; a partir de él y sin imputar específicamente a ninguna administración, cada uno de los que se instaló en los cargos asumió la función de completar el desguace iniciado por la precedente. En tal ambiente, proliferó la oferta de sistemas alternativos que acometían contra el Estado en retirada. Y así tenemos lo que tenemos hoy: ¡Nada!

En tal contexto, no es de extrañar aquel cómodo silencio que rodeó su fallecimiento, porque los beneficiarios de su ausencia, tanto dentro del Estado como en la esfera de profesionales oferentes de servicios privados, no tendrían nada que decir.

No acostumbro a parafrasear, pero con respecto a la vida y acciones de José Renán Esquivel en el ámbito sanitario cabe aquello que dijera Martí de Bolívar en otros contextos. ‘Lo que él no hizo falta por hacer todavía’. Recuperar la memoria, recuperar la historia, recuperar su legado ese el mejor homenaje que podemos hacerle.

*

<> Este artículo se publicó el 14  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Salud del paciente y el modelo de Johns Hopkins

La opinión del periodista y docente universitario…

GARRITT GENETEAU
ggeneteau@yahoo.es

Recientemente, el doctor Edward Miller, Decano de la Facultad de Medicina y Presidente Director del Hospital Johns Hopkins Medicine, de Baltimore, Estados Unidos, brindó una conferencia magistral en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, el pasado 20 de septiembre, en horas de la mañana, ante una selecta concurrencia de docentes, estudiantes, médicos e investigadores.

El evento fue coordinado por los directivos del Hospital Punta Pacífica, que preside el Doctor Camilo Alleyne, ex ministro de Salud, y la atinada Subdirección del Doctor Moisés Zebede.

El Hospital Punta Pacífica es un ejemplo de pleno siglo 21 como institución médica reconocida internacionalmente por su alta tecnología, Afiliada a Johns Hopkins medicina internacional con sede en Baltimore Estados Unidos.

La conferencia versó sobre atención de calidad y seguridad que debe recibir el paciente desde que es internado en un hospital, hasta su total recuperación.

El doctor Edwards Miller enumeró una serie de procedimientos y formas que se han puesto en práctica, luego de algunos errores que se cometieron en el pasado, con una niña y con una joven que se infectaron y provocaron su muerte.

A juicio del presidente del Hospital Johns Hopkins la salud y seguridad del paciente son los principios de la atención médica al visitante, aseguró el destacado galeno en su magistral conferencia ante cientos de facultativos, empresarios, hombres de negocio y público en general quienes admiraron la sapiencia del notable investigador y científico de la medicina internacional.

Enfatizó que la vida y atención al ser humano es algo muy importante, por lo que debe haber una dedicación esmerada y dedica en beneficio del paciente. Con el fin de no cometer errores, que puedan ocasionar la muerte del paciente.

El Doctor Edwards, realizó en su interesante exposición un recorrido en donde enumeró las construcciones de salas y nosocomios quirúrgicos para curar cáncer, y otras enfermedades, que gracias a las donaciones privadas que van destinados a los fondos de investigación.

Otros logros realizados bajo la conducción del Dr. Edwards Miller como decano de la Facultad de Medicina del Hospital Johns Hopkins Medicine Internacional, dos nuevos hospitales como el de adultos y el pediátrico con una tecnología de punta.

El rector Gustavo García de Paredes, hizo entrega en esa ocasión de una distinción al Doctor Edwards Miller, por su destacada trayectoria y aportes en el campo de la medicina.

*

<> Artículo publicado el 8 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Fisiología social

La opinión del Doctor en Medicina y Escritor

Mauro Zúñiga Araúz

Thomas Khun, filósofo de las ciencias,  incorporó el concepto de paradigmas para asignarlo a una serie de teorías y enunciados en virtud de los cuales se explicaban todos los hechos científicos; pero en el momento en que se descubrían nuevos eventos que no se podían explicar con las teorías y enunciados establecidos, a lo que denominaba ciencia normal, devenía una revolución científica con todo su nuevo andamiaje teórico, para convertirse luego, en otra ciencia normal. El paso de un paradigma a otro nunca fue fácil, ya que tanto los científicos como la comunidad han tendido a aferrarse al viejo y a resistir el cambio.

Eso ha ocurrido con la medicina.  Al principio, el paradigma dominante era el mágico religioso.   La gente le achacaba las enfermedades al castigo de los dioses o a espíritus malignos.   Intervenía el chamán o brujo, utilizando como instrumentos la sugestión primero, a lo que se le agregó después el manejo de hierbas. El paradigma mágico religioso cedió su turno al de la generación espontánea. Se pensaba que la vida procedía de la materia putrefacta. Este paradigma lo echó por tierra Luis Pasteur a mediados del siglo XIX, cuando llegó a probar que la vida no se crea espontáneamente, sino de la vida misma.

Con este descubrimiento se da inicio al paradigma biologicista, que se sedimentó en las postrimerías del Siglo XIX y que prevalece hasta nuestros días. Trata de explicar todas las enfermedades como producto de desequilibrios orgánicos a consecuencia de agentes físicos externos o alteraciones de la propia biología individual.

Estos avances de la medicina se dan principalmente en la comunidad científica.   Entre la gente las cosas marchan por otro camino. Todavía hay personas que consultan a pitonisas o a brujas, que le lean las cartas, que se bañan en la playa con toda clase de hierbas; y otros, que piensan que los perros producen las garrapatas.   Hay para todos.

A finales del siglo XX empezaron a publicarse estudios en los que se probaba la incidencia que tienen las relaciones sociales en la génesis de las enfermedades. El estrés crónico que genera el estilo de vida contemporáneo, dado por las relaciones interpersonales e intergrupales asimétricas se está convirtiendo en uno de los marcadores de riesgo más importante, no solo para las enfermedades cardiovasculares, sino para las denominadas crónicas no infecciosas, como el cáncer, el mal de Parkinson, el Alzheimer, etc.

Estos estudios están llevándonos a incorporar a lo social como parte de la fisiología humana, como un sistema más, tal como es el sistema digestivo, cardiovascular, etc.   Y a incorporarlo como uno de los sistemas vitales en estrecho vínculo con el cerebro.   Medio social y cerebro coordinan las funciones del resto del organismo. El Robinson Crusoe de la posmodernidad no puede existir cuerdo. El aislamiento lleva a la locura, a la depresión mayor y a la muerte. Somos organismos sociales por excelencia. Sensibles a las fluctuaciones de la sociedad.

No pueden existir individuos sanos en una sociedad enferma. El avance tecnológico nos está llevando a conocer con más detalle los orígenes de las enfermedades, es decir, a diagnosticarlas antes de que sus síntomas se hagan públicos, lo que significa que se está inmiscuyendo en el proceso salud enfermedad animada en detectar el cambio silencioso entre lo no sano y la enfermedad, pero no nos va a decir por qué la gente pierde el equilibrio entre lo sano y lo no sano. Hasta allá no va a llegar la tecnología moderna, que vive, junto a la industria farmacéutica, de la enfermedad.

Pueda ser que pronto la comunidad científica se entere de que estamos en los albores de un nuevo paradigma de la medicina y vuelque su mirada en las relaciones sociales. Ese es el hervidero generador de las hormonas del estrés que nos está enfermando y matando. Pueda ser que lleguemos a entender lo que hace el individualismo en contra nuestra y en contra de los demás.

*
<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/zuniga-arauz-mauro-j/

*

Respeto a la privacidad y a la dignidad humana

*

La opinión de…

Claude Vergés

Hablar de valores está de moda frente a la violencia de las relaciones en la vida cotidiana. En el ámbito de los servicios de salud, la Ley 68 de 2003 y los cursos actuales sobre humanización nos recuerdan que el derecho a la privacidad de los datos médicos es un derecho fundamental de los pacientes, sobre el cual basan su confianza. Sin embargo, vemos que esta regla es constantemente violada por los medios de comunicación social, particularmente por las televisoras, cuando ubican a sus periodistas fuera de los cuartos de urgencia de los hospitales públicos.

Es preocupante que los médicos y las autoridades hospitalarias permitan la entrada de los representantes de los medios en los salones de operaciones y de cuidados intensivos, entregando las imágenes de pacientes que no le aportan nada al público general. Todos estamos orgullosos del éxito quirúrgico de los colegas cuando el objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes, más aun cuando los pacientes se enfrentan a una patología rara y severa no vista antes en Panamá. Pero ese éxito, con sus dificultades y retos, debe discutirse en sesiones científicas para mejorar el conocimiento médico.

Otra cosa es transformar una cirugía en reality show que cultiva el morbo. El derecho a la información de los pacientes y de sus familiares no es el mismo para el público general, y este último debe entender que no debe hipotecar el derecho a la privacidad de las niñas y niños, para evitar que vivan toda la vida como “curiosidad” de la naturaleza.

La promoción de los médicos y de las instituciones debe darse en un marco de respeto a los pacientes. Recordando otro principio fundamental de la profesión médica que es la beneficencia/no malevolencia, debemos situarnos en el contexto social y cultural actual, en el cual las personas en situación de pobreza no ven otra salida que vender el dolor de sus hijos a los medios, para intentar salir de esta situación; o que viven su momento de gloria al estar en las noticias.

Debemos explicarle a los familiares lo que esto implica para el futuro de los niños, y ayudarlos a buscar soluciones en el marco de las redes existentes para que pasen de objetos a sujetos de su vida.

<> Este artículo se publicó el 5 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autor,  todo el crédito que les corresponde.

*

¿Voto o juramento?

Aclaraciones en la opinión del médico…

Daniel R Pichel 

A raíz de mi última columna, recibí muchos mensajes electrónicos y leí los comentarios anotados en prensa.com sobre la escasez de especialistas. Me sorprendió la cantidad de anotaciones que se hicieron en la página del periódico. Mi única incomodidad es que pienso que todo aquel que emite una opinión debe identificarse correctamente para que nadie utilice el “anonimato cibernético” para decir cualquier tontería.

La transparencia en las actividades humanas debe ser prioritaria, en especial en los medios de comunicación. Por eso, mis columnas incluyen mi correo personal para que me pueda escribir todo aquel que lo desee. Comentaré algunos de estos mensajes…

Siempre hay tres o cuatro amargados crónicos de esos que se quejan de todo lo que los rodea, juzgando y opinando sobre cosas que no tienen idea. Me acusaron de practicar “el pensamiento falangista de la España de Franco”, por haber participado en el grupo de garantes de salud que convocara el gobierno anterior con motivo del asesinato con dietilenglicol.    Sospecho que el imbécil que escribió semejante cosa, evidentemente ni me conoce ni tiene la más remota idea de mi forma de pensar.

Algunos me cuestionaron por no aceptar la plaza de trabajo que me ofrecieran en Colón porque seguramente “ya ganaba demasiado en mi clínica privada”.   La razón real es que, en aquel momento, tenía una práctica muy incipiente, principalmente durante la mañana, lo cual, si me trasladaba a Colón, no podría mantener.   Además, mi hijo tenía un año de edad y mi esposa hacía el internado en el interior, por lo cual no iba a alejarme de mi familia por ninguna plaza de trabajo.

Hasta me acusaron de homofóbico por decir que, “si los especialistas que se traigan del extranjero son gente normal y forman una familia en Panamá, ya no regresarán a sus países”. Pues resulta que a mí me parece de lo más normal que si un profesional joven (porque no serán los veteranos quienes vendrán), se traslada a otro país, lo más seguro es que consiga una pareja y forme una familia. No veo la homofobia en el asunto, pero…

También opinaron los médicos y sus familiares, resaltando lo intensivo de la preparación de un profesional de la medicina hasta completar una especialidad (12 ó 13 años de estudios). Algunas ideas interesantes surgieron, aunque la mayoría de ellas no descubren ninguna fórmula que no haya sido aplicada ya en otros países. Incentivar no solo económicamente sino también con capacitación a quienes instalen su práctica en el interior del país me pareció lógico, así como mejorar la remuneración de los médicos que hagan práctica exclusiva a nivel público (esta fórmula fue utilizada con éxito en España).

Otros, confirman que el problema es mucho más complejo de lo que parece. Existe un terrible rencor contra los profesionales de la medicina, trabajen en el Estado o en la medicina privada, por el hecho de que aspiren a mejor remuneración por su trabajo. Algunos comentaron que “el médico debe tener un sueldo digno (sin definirlo, por supuesto) pero no superior al de ninguna otra profesión”.

Francamente, es difícil comprender esto, pues los médicos tenemos los mismos compromisos, metas y aspiraciones que cualquier otro ciudadano, teniendo un trabajo de gran responsabilidad. Olvidan que existen intermediarios entre quien da el servicio y el enfermo, lo que, se quiera o no, altera la dinámica de cualquier relación natural médico-paciente. Si los “pagadores” (sean Minsa, CSS o aseguradoras), establecen una escala de remuneración basada solamente en precios y cantidades de pacientes atendidos, ignorando resultados medibles, no podemos esperar nada muy diferente a lo que tenemos.

Así, es interesante escuchar que el asegurado diga “yo pago seguro y exijo que mi hipertensión la trate un cardiólogo como en Paitilla”… eso suena democrático pero, les guste o no, el sistema no tiene recursos para dar ese servicio. Por eso, es básico establecer un modelo de medicina primaria que permita el tratamiento de los problemas, refiriendo a quienes realmente lo requieran.

Entiendan que, si la presión está controlada, para el paciente no hará ninguna diferencia si la receta la escribe un médico general, un internista o un cardiólogo. Así, los recursos se usarán de manera más sensata y la escasez será menos manifiesta.

Por último, hago una aclaración muy pertinente. Lo que hacemos los médicos cuando nos graduamos es un “juramento” originalmente redactado en épocas hipocráticas y ahora modificado por la OMS en 1948. En ningún momento, que sepamos, hacemos un “voto de pobreza” como los monjes franciscanos.  Por favor, no confundan ambas cosas…

<>
Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Medicina y eticidad

La opinión de…

JOSÉ G. ROS-ZANET

En nuestra contemporaneidad parece estar acabándose el tiempo (y el espacio se reduce) para que el hombre pueda recuperar, sin grandes problemas y sin inhumanos obstáculos, la salud perdida.    Enfermar se ha convertido, hoy, en un inmenso problema, debido a que el proceso de recuperar la salud se ha vuelto angustiosamente dificultoso y costoso (en particular para las clases media y baja); tanto que no pocas veces tales dificultades y complicaciones terminan por agravar la misma enfermedad primaria, y hasta llegan a producir más (nueva) enfermedad.   Son sociedades enfermas generadoras de enfermedad. (Parece ser que al mismo tiempo está expandiéndose el espacio para enfermarnos).

Es evidente que la recuperación de la salud   (sin excluir la promoción y el mantenimiento de la misma) ya no parece depender exclusivamente del médico: de su buen diagnóstico clínico, y del seguro tratamiento prescrito (consistente en medicamentos sencillos, eficaces y económicos; junto con la palabra buena de ese buen médico clínico), tal como ocurría, de una manera sobresaliente, y muy evidente (ahora no tanto), hace algunas décadas.

Hoy, el hecho de buscar la salud frente a una enfermedad se ha convertido en un lujo que muy pocos pueden, cómodamente, pagar:  la atención médica institucional se ha hecho difícil (en unos espacios) y se ha encarecido inmisericordemente (en esos mismos espacios).

Una oscura oferta para una demanda, para una ‘clientela’ en situación de necesidad extrema (del medicamento).   Una oferta que pone los precios de un modo unilateral y muchas veces abusivo, frente al hombre enfermo; hombre situado, como bien se ve, en un como espacio (riesgo) oscuro y muchas veces mortal.   Y, por su parte, también las malas administraciones públicas y ‘autónomas’ enferman.   Ausencia de caridad y misericordia. Pero en el buen presente hay buenos augurios de bien, verdad y justicia.

Ernest Gruemberg, un psiquiatra epidemiólogo, ha dicho (1968), que en nuestro tiempo: ‘La enfermedad está en función indirecta con respecto al salario familiar; en tanto que la atención médica que se recibe está en función directa de ese salario’.

Cada vez nos morimos menos (bajan las tasas de mortalidad);   pero cada vez nos enfermamos más (altas y crecientes cifras de morbilidad).   Esto significa mal saneamiento ambiental y mala calidad de vida.   La sociedad, enferma de inseguridades sin cuento, enferma al hombre.   Inseguridad social y sanitaria, etcétera.

Los altísimos costos de la atención médica institucional y del medicamento, ponen un valladar casi insalvable para la clase media, particularmente (porque la clase pobre parece estar excluida de la misma, casi que definitivamente).   Una estancia larga en una cama de hospital o una operación quirúrgica muy especializada (urgente) puede convertirse en una catástrofe económica.

El hombre de la clase media acude a los hospitales privados en su búsqueda angustiosa de buen y seguro servicio médico (opción casi inevitable de esa clase media, frente a la degradada atención médica integral que parece signar, en los últimos años, al Sistema Nacional (Público) de Salud, y al sistema de la Seguridad Social.   Una alternativa de Atención Médica (costosísima), que termina empobreciendo a la clase media no empresarial, sobre todo, en muchas ocasiones.  Los malhadados ‘deshumanismos’.

Y es evidente que el causante de este complejo fenómeno de inmisericorde encarecimiento de la atención médica, de la búsqueda de recuperación de la salud, no es el profesional de la medicina.   Aunque, hoy, con malevolencia, al médico se le presenta desde los medios informativos, y ante la opinión pública, como el principal, o como el único culpable. No debemos olvidar que hoy, en una inmensa mayoría, los médicos ya no reciben honorarios, sino salarios.

No olvido que ciertos médicos se han dejado ganar por (pasan a acompañar) la complicada estructura impersonal de los seguros de vida privados, y de la atención médica institucional, tecnificada y ‘despersonalizante’: venida, casi siempre, de un capital transnacional y nacional sin alma.

Recordemos que la Ciencia y las ciencias pueden ser humanizadas, y también la técnica y la tecnología. Busquemos esa humanización. La Eticidad. La humanización. Y no olvidemos que la clínica al lado del enfermo es lo eterno bueno de la Medicina.

El ejercicio clínico (el encuentro médico-paciente, ‘promocionante’ de la persona humana) y la palabra buena del buen médico (El buen medicamento por excelencia), son también lo eterno de la Medicina. Busquemos esa humanización, y esa permanencia.

El médico no debe permitir que la máquina y las instituciones, arranquen de sus manos y de su corazón, el don inmenso de dar salud al hombre y a las sociedades del hombre. Expropiación de la salud y de la medicina. Ausencia de Humanismos, y más.

La Ética es, sin lugar a dudas, lo repito, el principal órgano de supervivencia del hombre, y de las sociedades del hombre; de la Humanidad.

La Eticidad se alcanza, hoy, fundamentalmente y de modo más justo, desde las Humanidades, desde los Humanismos, y más; desde los ‘Sobrehumanismos’. Que el médico sea siempre un conocedor profundo de la Ciencia Médica, pero también de las Humanidades; de las Ciencias de la Naturaleza, y también de las Ciencias del Espíritu.  Hoy ya no bastan, muchas veces, los Humanismos; se hacen necesarios los ‘Sobrehumanismos’. La medicina, aún al desencarnarse, no ha de quedar en huesos, sino en alma.

<>

Artículo publicado el 12 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Investigación transformada en salud

La opinión de…..

.

Xavier Sáez–Llorens

De nada sirve producir nuevos conceptos o descubrir pioneros tratamientos si estos no se traducen en una mejor salud para los seres humanos, sin importar raza, condición social o localización geográfica. Todos los que conducen investigación en biomedicina deben procurar, como meta final, que cualquier avance científico repercuta rápidamente en beneficio colectivo. De no ser así, seremos juzgados como simples perseguidores de fama o mercaderes de ciencia, mustio destino para profesionales que dedican su vida en esfuerzo académico, superación curricular y vocación humanitaria. En las dos últimas décadas, se han generado espectaculares conocimientos en el terreno sanitario que deseo compartir con ustedes.

En lo referente a padecimientos crónicos, se han suscitado notorios progresos en cáncer, diabetes, depresión y enfermedad cardiovascular. La mortalidad por malignidades ha disminuido recientemente debido a que las terapias actuales son más específicas y menos tóxicas. Se han descifrado alteraciones moleculares asociadas a una gran variedad de cánceres, lo que propiciará conocer, con bastante anticipación, la predisposición de cada sujeto a desarrollar tumores en su vida futura.

El proyecto “Atlas Genómico del Cáncer” traerá prevención precoz, detección oportuna y manejo individualizado. El control de la diabetes tipo 1 ya ha mejorado notablemente. Preocupa, empero, el desproporcionado incremento en la diabetes tipo 2, ligada a la obesidad. Aunque el apego a hábitos saludables de ejercicio y alimentación resulta primordial para minimizar esta pandemia metabólica, será vital la aplicación de líneas celulares primitivas que reemplacen a las células pancreáticas dañadas, productoras de insulina.

Mediante el análisis de los condicionantes genéticos y de los circuitos neuronales, la depresión, otra afección en aumento, será impactada favorablemente por la introducción de medicamentos más potentes que alivien la enfermedad en horas, en lugar de semanas. Muchísima menos gente fallece ahora, antes de cumplir 60 años, de afecciones vasculares cerebrales y cardiacas respecto a lo observado hace tan solo medio siglo.

La óptima comprensión de factores de riesgo y el advenimiento de fármacos más eficaces han sido clave. Tan pronto se incorporen marcadores genéticos de alarma, se podrá incidir en la prevención, adelantándose a la aparición de los primeros signos y síntomas.

En materia de envejecimiento, el alzheimer y el parkinson merecen atención especial. Con la ampliación de la esperanza de vida, estas aflicciones serán cada vez más frecuentes. Ya se conocen mutaciones genéticas que acrecientan la probabilidad de sufrir estos trastornos neurodegenerativos. Se están diseñando escáneres cerebrales y marcadores sanguíneos para divisar el alzheimer más tempranamente y se ensayan drogas con potencial para atenuar la demencia concomitante.

En parkinson, pronto se probarán remedios que protegen a las neuronas del estrés oxidativo, técnicas de estimulación eléctrica de la médula espinal y trasplantes de células madre para restaurar la síntesis de dopamina, neurotransmisor químico indispensable en la curación.

En pediatría, se destaca la extraordinaria proliferación de vacunas para erradicar infecciones comunes de la infancia asociadas a numerosas fatalidades y secuelas. El Minsa acaba de anunciar la universalización de una vacuna contra el neumococo, principal bacteria causante de neumonía, meningitis, otitis y sinusitis. Gracias a los jerarcas ministeriales y expertos en el ramo, nuestro país puede jactarse de exhibir el más moderno calendario de inmunización de toda la región latinoamericana.

Un aplauso sonoro para todos los involucrados. Otro tema contemporáneo se refiere a la medicina personalizada. El diseño de fármacos que se ajustan a la biología de un determinado individuo, a través de una naciente disciplina denominada farmacogenómica, está irrumpiendo con fuerza en el campo terapéutico. La ciencia ya está en capacidad de secuenciar todo el genoma de una persona para hallar terapias y dosificaciones precisas según el perfil genético particular.

La investigación con líneas de células embrionarias, ahora libre bajo la administración Obama, contribuirá a la obtención de elementos celulares propios para reemplazar tejidos dañados. Estos incluyen cartílagos para articulaciones deterioradas, nervios especializados para problemas congénitos o adquiridos de visión y audición, fibras medulares para que los parapléjicos vuelvan a caminar, etc. La medicina regenerativa se está haciendo realidad.

En cuanto al sida, ya hemos sido testigos de una dramática mejoría en la calidad y expectativa de vida de los portadores del virus. Nuestros bríos están empeñados en lograr que las medicinas y estrategias preventivas alcancen por igual al mundo en desarrollo. El enorme reto que nos espera es encontrar una vacuna exitosa que evite o cure la infección. Desafortunadamente, por más que se promocionen ilusiones personales, todos los intentos han fracasado rotundamente hasta la fecha. El entusiasmo científico, sin embargo, prosigue intacto.

Aunque la ciencia siempre ha sido una carrera de maratón y no de velocidad, vivimos un período francamente revolucionario en investigación. Los raudos y continuos descubrimientos provocan un inusitado optimismo en que este conocimiento sea utilizado y aplicado con audacia para el bien de la humanidad.

En Panamá se produce relevante información científica que pasa usualmente desapercibida, sin ser aplicada localmente. Contamos con brillantes investigadores en temas biomédicos como Eduardo Ortega-Barría, Nicanor de Obaldía III, José Calzada, Juan Miguel Pascale, Blas Armién o Vicente Bayard, entre muchos otros. Los medios de comunicación prefieren exaltar, no obstante, a profesionales panameños que laboran en el exterior. Estos personajes mencionados, pese a enormes limitaciones tecnológicas y económicas, exprimen sudor y mente en instituciones criollas y tienen muchísimas más publicaciones científicas, en revistas de prestigio, que cualquiera de los coterráneos que vive en el extranjero. Nadie es profeta en su tierra. Triste.

<>

Este artículo se publicó el  2  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.