Todos los políticos mienten

La opinión del Ex Vice Gobernador de la Provincia de Panamá….

FRANCISCO  MARTÍNEZ

En el argot político, es regularmente común escuchar mencionar diferentes epítetos para señalar los actos de ésta singular especie.  Términos como corruptos, inconsecuentes, desfasados, viejo zorro, hábil, tramposos, baila la vara, vira y cambia, ladrones, sinvergüenzas, águila arpía, astuto, traicionero, dinosaurios, falso, inescrupuloso y muchísimos más que sería largo enumerar.

Merecidos o no, estos epítetos describen la forma de ser de los políticos de ayer, de hoy y de siempre. Pero hay un término o epíteto con el que se señala a todos los políticos por igual; este término se menciona tanto, dura e indiscriminadamente, que resulta natural aceptarlo; de todos se dice por igual, nadie protesta, nadie se queja ni hace alboroto por tan insultante señalamiento. ¿Saben cuál es ese peyorativo término?: Políticos mentirosos… Pero, ¿por qué se usa tanto este epíteto?, ¿por qué se acepta como cosa común?, ¿por qué nadie sale a defenderse, o será que la gente tiene razón?

Tal vez tengan razón, veamos: Los políticos son expertos en prometer cosas durante su campaña, que en realidad no están seguros de poder cumplir. Prometen escuelas, centros de salud, acueductos, puentes sobre ríos y quebradas, prometen becas escolares, prometen electricidad, caminos de penetración, carreteras, etcétera.

¿Conoce ud. algún caso?

Pero la mentira más grande que dicen es que no hay clientelismo político, que no prometen nombramientos ni puestos de trabajo, que eso está vedado o prohibido para los políticos.   Que tal vez eso sea una práctica en otro país. Mentirosos, sí, sí y sí se prometen todo tipo de canonjías, sí se prometen puestos de trabajo, nombramientos; ¿y qué, acaso esto es pecado?

¿Por qué no dejan de mentir y dicen que es cierto que se prometen justamente nombramientos y que es de buena lid hacerlo y cumplirlo? Que la recompensa o retribución por un trabajo realizado es el de ser nombrados en el gobierno. Es lo que sucede sempiternamente, es lo cotidiano, es de justicia, es de Dios. La Biblia señala ‘que gane el jornalero el producto de su trabajo’. Entonces, ¿por qué se miente, por qué se niega que es una práctica constante? Mentirosos.

Que bueno fuera que se acepte y se diga pública y abiertamente que el que trabaja política tiene derecho a ser retribuido, a ser considerado para un puesto público; y también se diga que se nombrará al de mayor capacidad profesional. Esta práctica, por fin manifiesta públicamente traería inmejorables beneficios para todos, en especial a los propios partidos políticos y a los políticos como tal, porque ya no tendrían que mentir. Pero también al pueblo en general y a los empleados de gobierno en particular, quienes sabrían a qué atenerse y por quién votar responsablemente.

Reconsideremos lo que estamos haciendo y diciendo y démonos cuenta de que el pueblo está harto de mentiras y de falsas promesas, ya no aguantamos más; y puede ser muy peligroso para todos seguir por esta senda. Démonos cuenta de que en las próximas campañas electorales tendremos que tener un nuevo discurso, una nueva actitud o seremos justamente retribuidos.

Fuera los políticos mentirosos…

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Este artículo fue publicado el  11 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
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