La educación forestal en Panamá

La opinión de….

Carlos Gómez

Según el Plan Nacional de Desarrollo Forestal de la Autoridad Nacional del Ambiente, Panamá contaba para el año 1947 con aproximadamente 70% de cobertura boscosa. Para el año 2000 esta cifra se redujo a 44.9%. Actualmente la deforestación se sitúa en más de 2 millones de hectáreas. Esta situación nos obliga a repensar qué queremos hacer con estos recursos forestales remanentes.

En esto juega un papel preponderante el profesional forestal. La mayoría de los especialistas forestales nacionales con que cuenta el país provienen de todas partes del mundo, producto de una política de mediados de la década de 1970, en la que se establecieron una serie de carreras prioritarias para el desarrollo nacional, incluyendo la forestal. En Panamá usted puede encontrar especialistas forestales de Europa, Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, no hemos aprovechado al máximo este conocimiento forestal de nivel mundial.

El impacto del desarrollo económico en todos los países del orbe sobre los ecosistemas naturales es significativo, poniendo en peligro la estabilidad ecológica del planeta. El cambio climático es el fenómeno más inmediato, que requiere de acciones integrales para mitigar su impacto. El rol de las ciencias forestales se convierte entonces en una alternativa de importancia para contribuir efectivamente a este problema global. Este rol se vuelve más crítico ya que Panamá lidera la Estrategia de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación que impulsan las Naciones Unidas y el Banco Mundial, en la cual debemos fortalecer nuestra capacidad técnica para hacer frente a este compromiso ambiental.

En Panamá no tenemos tradición en materia forestal por lo que actualmente no hay una oferta académica para estudiar carreras relacionadas con los recursos forestales y el desarrollo de programas de investigación en esta área. Se han hecho algunos esfuerzos limitados, pero sin resultados a largo plazo. Es imprescindible que nuestras universidades evalúen esta posibilidad de incluir en su oferta académica carreras forestales a varios niveles.

Con esto, estaremos elevando la capacidad de respuesta, tanto en el sector público como privado, para manejar científicamente los recursos forestales, tan valiosos para el desarrollo económico. Recordemos que los bosques están vinculados directa o indirectamente en todas las actividades que desarrollamos. Por ejemplo, la industria del turismo promueve espacios naturales tales como parques nacionales; los ríos dependen de los bosques para mantener su caudal y brindarnos agua potable y electricidad; la producción alimentaria depende del rol protector del bosque al evitar la erosión y mantener las fuentes hídricas; los bosques son pantallas protectoras que brindan hábitat a muchos organismos dañinos para el ser humano (hanta virus) y muchos otros.

Pero el bosque también es fuente de empleos y divisas cuando se planifica su uso correctamente. Puede generar bienes como madera y productos no maderables, además de los servicios ambientales. La plantación de árboles es una actividad económica de alto impacto en el medio rural. En Panamá se han reforestado unas 75 mil hectáreas con resultados muy alentadores.

Tenemos un futuro forestal muy promisorio si logramos aumentar la superficie de plantaciones con especies nativas y exóticas por lo menos en 500 mil hectáreas en los próximos 15 años. Con estos nuevos bosques estaremos dando respuesta efectiva a la pobreza en zonas rurales marginadas; mejorando el entorno natural e incorporando a la economía tierras degradadas que hoy no tienen uso. Nadie está en contra de plantar un árbol, entonces unamos esfuerzos para lograr que Panamá sea un oasis verde con oportunidades para todos. Ese es el reto para el sector público, privado y la sociedad en general.  La educación es un factor clave.

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<> Este artículo se publicó el 28  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/gomez-carlos-a/
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Oportunidad de inversión verde

La opinión de…

Carlos Gómez 

Los bosques aportan bienes como la madera y los productos no maderables, además de servicios como la captura de carbono, protección del suelo, agua y biodiversidad, entre otros. Por otro lado, el clima tropical ofrece el mejor ambiente para el crecimiento de árboles. La larga estación lluviosa permite un crecimiento tres veces mayor que en clima templado.

Se pueden plantar árboles con fines de conservación y producción. En Panamá hemos reforestado cerca de 75 mil hectáreas, pero hay cerca de 2 millones de hectáreas sin bosques, que debemos reforestar. En esta tarea, el Gobierno debe aportar y promover los mecanismos financieros para que la empresa privada realice esta titánica labor. En Chile, Brasil y Uruguay la estrategia de establecer incentivos para plantar árboles ha dado buenos resultados, aumentando sustancialmente la cobertura forestal, generando empleos, divisas y recuperando suelos degradados.

En Panamá, con la Ley 24 de Incentivos a la Reforestación de 1992 (modificada en 2005), se generaron unos 600 mil empleos en su mayoría temporales, con valor estimado en 165 millones de dólares. Entre 1993 y 2004 se invirtió en este sector la suma de $313.7 millones, de los cuales $100 millones fueron aportados por el plan de incentivos del MEF, y $213.7 millones por inversionistas privados. Hay que evaluar esta experiencia para identificar nuevos incentivos, como el bono forestal, para aprovechar las ventajas competitivas.

En Panamá, tenemos las condiciones para lograr mejores resultados. Podemos declarar el área central del país como “polo de desarrollo forestal” y establecer un plan masivo de reforestación en el que participen las comunidades, empresas privadas, las ONG y el Gobierno.

Las inversiones en plantaciones forestales son unas de las más seguras. Hay organizaciones internacionales que manejan fondos de pensiones de largo plazo para invertirlos en negocios forestales. El interés de invertir en plantaciones forestales se debe a que a medida que crecen, ganan valor por este crecimiento y por la ganancia de valor implícita en la mejora de la calidad de la madera con el paso de los años. Una alternativa para Panamá puede ser la reforestación de 100 mil hectáreas en un plazo de cinco años, a razón de 20 mil ha/año con la inversión inicial de $100 millones (por cada dólar invertido se recuperan cinco). Los fondos pueden ser del Seguro Social y del Fondo Fiduciario. Esta inversión, además de generar ingresos importantes (para jubilaciones), generaría miles de empleos en áreas rurales deprimidas y recuperarían tierras degradadas. Esta nueva masa boscosa ayudaría a la agricultura, el ecoturismo, energía y salud.

Históricamente en Panamá la relación exportación/importación de productos maderables ha sido desfavorable. Para 2007 este déficit era de $188 millones. Esto es una oportunidad para desarrollar la industria forestal basada en la plantación de especies valiosas y de rápido crecimiento para el mercado local. Una industria nacional manufacturera tendría como resultado inmediato la oferta de productos a precios razonables, que potenciarían otras actividades y servicios como la vivienda, construcción, obras civiles, embalajes de exportación y, eventualmente, producción de energía a partir de desechos madereros, entre otros.

Ya se conoce la capacidad multiplicadora e inductora del sector forestal, el desarrollo de las plantaciones forestales comerciales a escala industrial tendrá como impacto inmediato el desarrollo de actividades de servicio en zonas rurales (transporte, carga y descarga, viveros, prestadores de servicios en plantaciones y cosecha, entre otros). Adicionalmente, el sector también aporta y promueve mejoras en infraestructuras, carreteras y servicios básicos en estas zonas.

El impacto ambiental de esta iniciativa es significativo en la baja de la presión sobre los recursos madereros del bosque natural y la recuperación de grandes superficies en vías de degradación, erosión y abandono, con su secuela de migración y pobreza. Además, estos bosques tendrían un impacto positivo para mantener la conservación de las cuencas hidrográficas, productoras de agua para consumo y energía.

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Este artículo se publico el 7 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los bosques urbanos

La opinión de…..

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Carlos Gómez

El tema de los bosques urbanos ha cobrado relevancia en los últimos años en Panamá debido en parte a la construcción de diversas infraestructuras, producto del crecimiento económico que experimenta nuestro país.

Esta situación exige que se revalúe y se planifique en forma adecuada las zonas arboladas de las ciudades en todo el país. Con el ánimo de aportar ideas para mejorar la gestión de nuestras áreas verdes urbanas, he aquí algunas consideraciones.

Desde el punto de vista de la ingeniería forestal, cuando hablamos de árboles en las ciudades nos referimos a la silvicultura urbana. En muchos países el tema tiene diversas denominaciones, por ejemplo, muchos especialistas forestales urbanos utilizan indiferentemente las expresiones “cultivo de zonas verdes urbanas” y “silvicultura urbana”, o “ingeniería forestal urbana” (Miller, 1997).

Las definiciones más amplias consideran bosques urbanos toda zona forestal influida por la población urbana. En un sentido más restringido, la silvicultura urbana se refiere a los árboles y zonas arboladas en las ciudades: árboles de jardines y huertos, árboles de calles y parques, bosquecillos remanentes y que crecen en tierras baldías y abandonadas (Unasylva, No. 200, FAO).

También podemos hablar de arborización urbana que se refiere a la acción de poblar o repoblar con árboles un sitio determinado, que puede ser un espacio público (plazas, parques, avenidas y calles) o un espacio privado (jardines privados) cuya finalidad es contribuir al confort ambiental y bienestar psíquico y psicológico de la población urbana, como también proporcionar belleza a la ciudad (Biondi & Althaus).

Los árboles son un componente importante en nuestras comunidades, sin embargo, la plantación, mantenimiento y protección requiere la inversión de recursos que incluyen tiempo y dinero. Las mismas pueden minimizarse con la educación ambiental y una eficiente gestión municipal en la que se promueva la participación de toda la sociedad en general. Estos costos pueden variar dependiendo de la ubicación, plantación de especies ornamentales a utilizar, mantenimiento y remoción, reparación de infraestructuras, daños por fenómenos naturales, programa de administración, entre otros.

Algunas sugerencias técnicas que pueden ser implementadas para una adecuada gestión de estos espacios verdes son:

1. Establecer con carácter obligatorio la lista de especies ornamentales permitidas en áreas urbanas. Tienen que ser árboles con un adecuado follaje, sistema radicular, altura, tipo y tamaño de flores y hojas, entre otros requisitos. Por ningún motivo se puede permitir plantar árboles frutales ni maderables. Esto evitará pérdidas de vidas, infraestructuras, elevados costos de remoción y obstrucción de alcantarillas que pueden causar inundaciones.

2. Establecer un plan de mantenimiento anual, bianual o quinquenal, dependiendo de las especies plantadas, en el cual se incluyen las actividades de poda, fertilización, tala necesaria, etc. Las ONG y los clubes cívicos pueden apoyar a las autoridades municipales en este plan. También la empresa privada. En casos de árboles con un estado fitosanitario riesgoso, es necesario hacer una evaluación exhaustiva del estado de su tronco, raíces y ramas para ver si es necesario removerlo. Para esto existen diferentes equipos especializados computarizados que diagnostican la salud de los árboles.

Los beneficios de los bosques urbanos son múltiples, entre los cuales se pueden mencionar los ambientales, materiales y sociales. Finalmente, se recomienda elaborar un plan municipal de áreas verdes urbanas que incluya programas de participación y educación del público, parques públicos, árboles en calles y residencias, cinturones y vías verdes, entre otros.

Tenemos la suerte de vivir en un país tropical en el cual tenemos a disposición cientos de especies de árboles y arbustos ornamentales que pueden embellecer nuestras ciudades, empecemos a utilizarlos.

El establecimiento y manejo de áreas verdes no es simplemente un proyecto implantado en un medio metropolitano, es una parte integral de un todo más amplio, unida a los entornos social, económico, ambiental, político, biofísico, espiritual y cultural de desarrollo urbano.

Es precisamente por la interdependencia de las áreas verdes urbanas con otros aspectos de la vida en una ciudad, que resulta imperativa la participación de la población de todos los estratos económicos y sociales en el diseño e implementación de dichas áreas. “Arboricemos nuestras ciudades y reforestemos nuestros campos”.

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Este artículo se publicó el  8  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Código de ética ambiental

La opinión de….

Carlos A. Gómez


Los modelos de desarrollo económico en que se han basado los sistemas políticos de gobierno que existen alrededor del mundo, han generado una crisis ecológica sin precedentes. A esto hay que sumarle la pobreza, la cual se constituye en una exclusión social y el mayor peligro ambiental creando una división creciente entre ricos y pobres.

Es impostergable que la raza humana cambie su estilo de vida hacia una relación más justa con su entorno, del cual depende. La humanidad necesita elevarse más allá de lo material para encontrarse con su verdadera esencia y forjar una nueva relación ser humano–naturaleza y convivir en perfecta armonía.

Si queremos un mundo mejor, tenemos que construir el futuro basado en la solidaridad y respeto hacia todas las especies que habitan este planeta. Una herramienta útil para este cambio es la educación ambiental, cuyo objetivo debe ser el de construir nuevas normas de conducta que rijan nuestra relación con el ambiente, así como para enfrentar los graves problemas ecológicos que vivimos como el cambio climático.

En este proceso, la participación de toda la sociedad es un requisito indispensable para mejorar las condiciones del medio natural que nos rodea. Para iniciar este cambio, es necesario fomentar la ética ambiental, que “es una filosofía de vida, del respeto y del amor a la vida, a la naturaleza y a los semejantes. Hay que construirla, participativamente, sustentada en un conjunto de “nuevos” valores. No se trata de simples fórmulas de comportamiento individual” (E. T. Solís).

El ser humano tiene el privilegio de gozar de libertad, y basado en ello ha desarrollado actividades económicas que han sobrepasado los límites de los sistemas ambientales. Por tal motivo, se hace necesario que las personas conozcan cómo funcionan los ecosistemas naturales, sobre todo sus limitaciones y las consecuencias de las alteraciones de sus ciclos naturales, ya que la naturaleza tiene su orden y su equilibrio.

Es por ello, que se requiere un código de ética ambiental que evite la afectación de estos ecosistemas, vitales para nuestra supervivencia. Panamá puede dar un ejemplo al resto de los países, al adoptar tal Código, que servirá de modelo para el resto del orbe. El mismo se basará en la ciencia y el conocimiento; será un punto de referencia para los tomadores de decisiones que administran nuestros recursos naturales. De lo contrario, el actual desarrollo económico inhumano e innatural nos llevará a un punto sin retorno.

Estos cambios no son fáciles de llevar a cabo por el conflicto de intereses que existe, pero si de verdad queremos dejar un ambiente en condiciones aceptables de vida para los seres humanos, no debemos perder más tiempo. Nosotros necesitamos el planeta para vivir, éste puede existir perfectamente sin nosotros.

“La raíz de la contaminación es la codicia… Los seres humanos deben saber que la codicia, servida por el poder, es destructiva, y por lo tanto, mala. Y pueden hacer el esfuerzo moral de ponerle coto (…) La única manera de impedir los desastres es que se produzca una revolución interna en cada ser humano”. Toynbee, A. Daisaku, I. “Escoge la vida”.

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Publicado el 21 de febrero de 2010 en del Diario La ¨Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La relación desigual campo ciudad

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La opinión de…..

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Carlos Gómez


En los últimos años hemos visto cómo el crecimiento de nuestras ciudades se ha incrementado sin la debida planificación, afectando la calidad de vida de sus habitantes. A esto hay que agregarle el crecimiento poblacional y la migración hacia ellas, lo que está generando presiones ambientales sobre los recursos naturales, entre ellos el bosque y las tierras de uso agropecuario.  Estos cambios  están sucediendo más rápidamente que en el pasado, afectando la producción de alimentos y elevando sus precios al consumidor.

Por lo general, la gente que vive en el campo o áreas rurales casi nunca se beneficia de los grandes proyectos que se instalan en sus territorios, los cuales van dirigidos a suplir la demanda que se genera en las ciudades en materia de energía, agua y alimentos, entre otros.   Es muy poco a casi nada lo que las ciudades revierten hacia las áreas rurales.

Esta relación desigual produce un desequilibrio ecológico que puede terminar con el agotamiento de la base de los recursos naturales que necesitan tanto las áreas rurales como las urbanas.

No podemos seguir desarrollando proyectos a diestra y siniestra sin considerar las características naturales de los suelos. Por ejemplo, actualmente se establecen proyectos residenciales en suelos agrícolas sin ninguna consideración.

Dentro de 15 a 20 años, pregunto: ¿en dónde vamos a sembrar nuestros cultivos para alimentar a nuestra población que va en aumento? Si los pocos suelos agrícolas que tenemos están bajo concreto.

Algunos dirán que podemos comprar los alimentos en otros países, pero como pinta el cambio climático, no creo que esa sea una opción viable. Es urgente evitar el cambio de uso de suelo agropecuario y forestal en áreas rurales para evitar estas distorsiones que pueden afectar el futuro desarrollo económico del país.

Tenemos que asegurar y cuidar muy celosamente los recursos naturales que nos quedan, porque en función de ellos podremos seguir teniendo estadísticas de crecimiento en las próximas décadas.

Esto no significa que en las áreas rurales no haya desarrollo. Lo que llamamos la atención es que el desarrollo debe realizarse de acuerdo a sus potencialidades.

Por ejemplo, fomentar la agricultura orgánica, los sistemas agroforestales, los sistemas silvopastoriles, la reforestación con fines de conservación y comercial, el ecoturismo, el turismo rural, etc.

De esta forma, estaremos asegurando los recursos de agua, bosques y suelo en el tiempo y el espacio, contribuyendo efectivamente al desarrollo sostenible de nuestro Panamá.

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Publicado  el   10  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las áreas verdes urbanas

Las áreas verdes urbanas

La opinión de..

Carlos A. Gómez

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Cuando hablamos de áreas verdes urbanas nos imaginamos una relación armoniosa y equilibrada entre los elementos naturales y artificiales dando como resultado un paisaje acogedor que nos motiva a realizar nuestras tareas diarias.

Sin embargo, la realidad es otra. Nuestra ciudad de Panamá y todas las del resto del país, prácticamente adolecen de una planificación territorial que permita conjugar estos elementos y, muchas veces, no motivan la mente creadora del ser humano.

Recientemente hemos visto como algunos árboles centenarios han sucumbido a los fuertes vientos, ocasionando pérdidas materiales y hasta pérdidas humanas. Esto nos indica que se hace necesario tomar medidas urgentes para evitar tales situaciones. He aquí algunas sugerencias y recomendaciones a los tomadores de decisiones.

Primero, es necesario establecer por alguna vía administrativa la lista de especies ornamentales permitidas en áreas urbanas. Tienen que ser árboles con un adecuado follaje, sistema radicular, altura, tipo y tamaño de flores y hojas, entre otros requisitos. Por ningún motivo se puede permitir plantar árboles frutales ni maderables. Zapatero a su zapato.

Segundo, debe establecerse un plan de mantenimiento anual, bianual o quinquenal, dependiendo de las especies plantadas, en el cual se incluyen las actividades de poda, fertilización, tala necesaria, etc

Las ONG y los clubes cívicos pueden apoyar a las autoridades municipales en este plan. También la empresa privada (recordemos la responsabilidad empresarial socio–ambiental). En casos de árboles con un estado fitosanitario riesgoso, es necesario hacer una evaluación exhaustiva del estado de su tronco, raíces y ramas para ver si es necesario removerlo. Para esto existen diferentes equipos especializados computarizados que diagnostican la salud de los árboles (Por ejemplo, el resistógrafo para mencionar uno).

Los beneficios de las áreas verdes urbanas son múltiples, entre los cuales se pueden mencionar los ambientales, materiales y sociales. Por tanto hay razón de sobra en actuar para mantener y conservar saludable a nuestros apreciados árboles urbanos.

Finalmente, se recomienda elaborar un plan municipal de áreas verdes urbanas que incluya programas de participación y educación del público, parques públicos, árboles en calles y residencias, cinturones y vías verdes, entre otros. El establecimiento y manejo de áreas verdes no es simplemente un proyecto implantado en un medio metropolitano –es una parte integral de un todo más amplio, unida a los entornos social, económico, ambiental, político, biofísico, espiritual y cultural de desarrollo urbano.

Es precisamente por la interdependencia de las áreas verdes urbanas con otros aspectos de la vida en una ciudad, que resulta imperativa la participación de la población de todos los estratos económicos y sociales en el diseño e implementación de dichas áreas.

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Publicado el 20 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Parques nacionales, patrimonio planetario

Parques nacionales, patrimonio planetario

Carlos A. Gómez – Ingeniero Forestal
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En el Día Mundial del Medio Ambiente es propicia la ocasión para llamar la atención sobre la importancia de las áreas naturales convertidas en parques nacionales, y resaltar la necesidad de redoblar esfuerzos a favor de la conservación de estos espacios protegidos, vitales para el equilibrio ecológico y el desarrollo económico del país.

En las áreas silvestres protegidas quizás estén los últimos ecosistemas naturales no afectados por las actividades económicas, pero a diario aumenta el peligro de que sean destruidos o alterados. De algún modo, deben ser conservados con más responsabilidad para la supervivencia humana y de otras especies.

Muchos países han delimitado zonas naturales irremplazables para proteger sus atributos ecosistémicos. Una de las categorías de conservación más conocida son los parques nacionales. Esto supone el manejo sostenible de las especies de flora y fauna para asegurar su biodiversidad y los servicios ambientales que prestan a la sociedad.

En Centroamérica, los parques nacionales protegen bosques tropicales con una diversidad casi infinita de plantas y animales. Cientos de reptiles, anfibios y aves habitan en estos densos bosques. Nuestro país también ha realizado esfuerzos importantes en este tema y a la fecha, cuenta con 16 parques nacionales. El primero que se creó fue el parque nacional Altos de Campana en 1966. Muchos de éstos están ubicados en zonas de seguridad ambiental como el Parque Nacional Darién; otros, están en zonas de importancia económica como el Parque Nacional Chagres que abastece de agua al Canal de Panamá y aquellos que por su naturaleza son atractivos ecoturísticos como Coiba, una de las zonas marinas más grandes del mundo.

El manejo de estas áreas naturales requiere de apoyo financiero permanente para que puedan conservarse y brindar sus servicios a toda la sociedad. Pero, la realidad es otra. Muchos parques nacionales, a nivel mundial, están siendo alterados por acciones humanas, que reducen su potencial ecosistémico. Las reducciones presupuestarias estatales los afectan. Por ejemplo, en Estados Unidos, los recortes al Servicio de Parques Nacionales han impedido que se contrate a un número suficiente de guardabosques; y afectan también las exposiciones educativas y las investigaciones científicas.

La gestión en algunos países europeos y sudamericanos también está limitada por los recortes presupuestarios. Muchos países africanos ni siquiera pueden costear el número necesario de guardabosques. Los problemas de financiación han afectado a la protección del tigre tanto en India como en Rusia. Los parques y reservas de China sufren por la presión demográfica y la falta de una gestión científica, que acaba por provocar deforestación y hábitats fragmentados (por la explotación de los recursos naturales o por proyectos agrícolas o de viviendas).

El calentamiento global también amenaza estas áreas naturales y provoca cambios tan rápidos en las variables climáticas, que muchas de la especies no logran adaptarse y desaparecen. Ante este panorama nada halagador, se requiere que los países se unan para redoblar los esfuerzos de conservación con prácticas de manejo sostenible para atender eficazmente estos remanentes naturales, que necesitamos para nuestra supervivencia.

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Publicado el 5 de junio de 2009 en el diario El Panamá América