La minería y el agua

La opinión de…

 

María de los Ángeles Castillo

Desde hace un mes el tema de la minería metálica me embarga y me quita el sueño. Mientras que las reformas al Código Minero estuvieron en la mente de los que nos gobiernan desde hace meses, este tema ha sido una preocupación permanente de los ambientalistas y de las comunidades que habitan en los alrededores de estos yacimientos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación nos señala en su documento extractivo de nuestra primera Estrategia Nacional del Ambiente de Panamá que “el progresivo proceso de transformación de los bosques en los últimos 30 años, el cual se ha desarrollado al margen de la consideración a la capacidad potencial de los suelos, está planteando un escenario distinto al que debería experimentar el país, en el marco del mejor uso social, ecológico y económico de la tierra”.

Este instrumento de trabajo y de política ambiental sigue indicando: “Este proceso no manifiesta un cambio de estrategia en las actividades productivas, sino que, por el contrario, experimenta una significativa desvalorización de la riqueza natural del país mediante la eliminación del bosque para substituirlo por una condición de inercia y destrucción, en contradicción con el principio del mejor beneficio alternativo”.

La innegable riqueza de nuestra biodiversidad no es valorada. Pareciera que se desconoce el patrimonio biótico, paisajístico, cultural y del agua de nuestro país. Esto nos lleva a desconocer su valor, por lo que su conservación está lejos y la pérdida, cerca.

Los suelos tropicales son extremadamente vulnerables, luego de la pérdida de la cobertura vegetal y del suelo rico en nutrientes quedan superficies que se pierden por las grandes y frecuentes precipitaciones o a merced de sequías y los vientos. Los bosques son el sostén y los grandes administradores del agua.

La erosión, que la entendemos como el transporte de material por un medio dinámico, como el agua o el viento, es uno de los efectos más importantes de la pérdida de vegetación. El transporte de sólidos por las escorrentías tiene como destino final los cuerpos de agua, sean ríos, lagos o mares.

Las consecuencias de sobra las conocemos: deterioro de las aguas por turbiedad y arrastre de todo tipo de residuos y desechos; pérdida de la biota acuática, ya que los mencionados contaminantes interfieren en los sistemas respiratorios de animales y plantas; el deterioro de grandes e importantes ecosistemas, como el coralino y los estuarios, que como es sabido, son los grandes criaderos y propulsores de vida marina y la protección de las costas.

Entonces, la conservación y el aprovechamiento razonable de nuestras riquezas es el pilar para construir un Panamá custodio y administrador de su patrimonio natural y cultural para la humanidad y las generaciones futuras. Ni todo el cobre, ni el oro, ni la plata del mundo podrán recuperar nuestra biodiversidad. Si priorizamos la vía económica de la gran explotación transnacional minera metálica, perderemos el agua, nuestro principal recurso económico.

Ofertemos a la Humanidad un Panamá verde, con orgullo, del lado de los que luchamos por un planeta que busca la sustentabilidad, ofrezcamos a nuestro pueblo lo mejor: suelos verdes sin residuos tóxicos, cuerpos de agua con galerías de bosques y sin descargas de aguas residuales, preservemos nuestro principal recurso, el agua. Estoy segura de que todos deseamos ver a nuestra gente saludable y rodeada de sus fantásticos parajes con recursos manejados y aprovechados en pro de Panamá.

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Este artículo se publicó el 1 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La construcción de una pesadilla

La opinión de…

 

Guillermo Sánchez Borbón

Yo nací en Bocas del Toro, donde pasé muchos años de mi vida, empezando por todos los de mi infancia y mocedad. Explico esto no para gloriarme,   sino para que se entienda lo que viene a continuación.    En esos años, como todos mis paisanos, bebí únicamente deliciosa agua de lluvia. No había otra. Afortunadamente, la naturaleza era pródiga con nosotros. Llovía con una frecuencia a veces desesperante para los muchachos, que no podíamos jugar en la calle; pero todos sabíamos que una semana sin que cayera sobre nosotros un aguacero torrencial, era una sequía y nuestros padres nos racionaban el agua. Recuerdo que nos bañábamos con una velocidad vertiginosa. Pero a la sazón, la selva virgen nutría pródigamente al régimen de lluvia, y las sequías (o lo que nosotros llamábamos así) nos fastidiaban una vez cada tres o cuatro años, durante cinco o seis días.

La población del país era muy escasa por entonces, y la mano del hombre no le había infligido a la naturaleza un daño irreparable (la peor plaga de nuestro planeta es el hombre, que, entre todos los seres vivos es el único capaz de destruirlo).

En 1944 vine a vivir a la capital. En aquel tiempo, el agua de las dos ciudades terminales tenía la justificada fama de ser la mejor del mundo (aunque a veces, en mis ataques de nostalgia, añorara el agua que en mi pueblo natal compartíamos generosamente con los gallinazos).

Después de la Segunda Guerra Mundial se inició el éxodo masivo de los campesinos hacia las ciudades (un fenómeno global, exhaustivamente estudiado por especialistas de todas las latitudes). Ellos no tenían la culpa de haber nacido y crecido en la cultura del peladero. Y se inició la tala masiva de árboles bajo nuestras propias narices.

Y la población seguía creciendo desaforadamente con personas convencidas de que los árboles fueron hechos para derribarlos. No fue culpa de los flamantes campesinos (me complace admitir que los descendientes de aquellos pobladores están aprendiendo a respetar el árbol. Confortables chalets han ido reemplazando las casas brujas, y sus patios empiezan a ser embellecidos por las mismas especies que arrasaron sus abuelos.

No son muchos, pero revelan que algo ha empezado a cambiar en nuestro pueblo. Justicia poética: muchos de los ecologistas descienden de los enemigos de la naturaleza. Aunque tratan de salvar los árboles, otros continúan asesinándolos con el apoyo de nuestras lamentables autoridades. La más reciente hazaña de estos bárbaros ha sido la destrucción de una arboleda que se pavoneaba hermosamente a la vera de Calle Quinta. Pese a la protesta de los vecinos, fue arrasada por los nuevos agentes del peladero para construir una casa tan fea como su dueño.

¿Qué vamos a hacer con un país cuyo presidente actual es un agente de los enemigos de la naturaleza? Hace muy poco, él mismo, o sus paniaguados, autorizaron a una empresa extranjera a destruir un bellísimo bosque a fin de que estos delincuentes puedan saquear unas briznas de oro, cuyo precio ruego a Dios que se haya caído al piso cuando se dispongan a venderlo.

Desde mi infancia he oído un cuento que viene al caso. Un campesino (no diré de dónde para evitarme problemas), agobiado por el calor del mediodía, se refugió bajo un frondoso árbol. Cuando se hubo refrescado, se dirigía a su casa. De pronto se dio media vuelta, y dijo: “Jó, que lindo palo pa tumbarlo”. El cuento en verdad no tiene ninguna gracia, pero caracteriza mejor que un tratado la mentalidad durante mucho tiempo prevaleciente en nuestros campos. (Capítulo aparte merecen los empresarios y constructores que han convertido nuestra ciudad en una visión de pesadilla).

A propósito de cuentos: voy a relatarte uno que no tiene nada que ver con nuestro tema, pero quiero premiarte con él por la paciencia con que has seguido esta lata. Es un cuento que vi–leí hace 70 años, por lo menos, y se me quedó grabado para siempre en la sesera.   Al fondo del cuadro se ve a un caballero que está saboreando con deleite un huesecillo. En el primer plano dos señoras, que ostentan, a guisa de adorno, un hueso fijado a la cabeza de cada una de las dos no recuerdo con qué. Una de ellas, muy orgullosa, le dice a la otra, señalando al mondador de dientes: –¡A mi marido le encantan los niños!

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Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autro, todo el crédito que les corresponde.

La educación forestal en Panamá

La opinión de….

Carlos Gómez

Según el Plan Nacional de Desarrollo Forestal de la Autoridad Nacional del Ambiente, Panamá contaba para el año 1947 con aproximadamente 70% de cobertura boscosa. Para el año 2000 esta cifra se redujo a 44.9%. Actualmente la deforestación se sitúa en más de 2 millones de hectáreas. Esta situación nos obliga a repensar qué queremos hacer con estos recursos forestales remanentes.

En esto juega un papel preponderante el profesional forestal. La mayoría de los especialistas forestales nacionales con que cuenta el país provienen de todas partes del mundo, producto de una política de mediados de la década de 1970, en la que se establecieron una serie de carreras prioritarias para el desarrollo nacional, incluyendo la forestal. En Panamá usted puede encontrar especialistas forestales de Europa, Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, no hemos aprovechado al máximo este conocimiento forestal de nivel mundial.

El impacto del desarrollo económico en todos los países del orbe sobre los ecosistemas naturales es significativo, poniendo en peligro la estabilidad ecológica del planeta. El cambio climático es el fenómeno más inmediato, que requiere de acciones integrales para mitigar su impacto. El rol de las ciencias forestales se convierte entonces en una alternativa de importancia para contribuir efectivamente a este problema global. Este rol se vuelve más crítico ya que Panamá lidera la Estrategia de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación que impulsan las Naciones Unidas y el Banco Mundial, en la cual debemos fortalecer nuestra capacidad técnica para hacer frente a este compromiso ambiental.

En Panamá no tenemos tradición en materia forestal por lo que actualmente no hay una oferta académica para estudiar carreras relacionadas con los recursos forestales y el desarrollo de programas de investigación en esta área. Se han hecho algunos esfuerzos limitados, pero sin resultados a largo plazo. Es imprescindible que nuestras universidades evalúen esta posibilidad de incluir en su oferta académica carreras forestales a varios niveles.

Con esto, estaremos elevando la capacidad de respuesta, tanto en el sector público como privado, para manejar científicamente los recursos forestales, tan valiosos para el desarrollo económico. Recordemos que los bosques están vinculados directa o indirectamente en todas las actividades que desarrollamos. Por ejemplo, la industria del turismo promueve espacios naturales tales como parques nacionales; los ríos dependen de los bosques para mantener su caudal y brindarnos agua potable y electricidad; la producción alimentaria depende del rol protector del bosque al evitar la erosión y mantener las fuentes hídricas; los bosques son pantallas protectoras que brindan hábitat a muchos organismos dañinos para el ser humano (hanta virus) y muchos otros.

Pero el bosque también es fuente de empleos y divisas cuando se planifica su uso correctamente. Puede generar bienes como madera y productos no maderables, además de los servicios ambientales. La plantación de árboles es una actividad económica de alto impacto en el medio rural. En Panamá se han reforestado unas 75 mil hectáreas con resultados muy alentadores.

Tenemos un futuro forestal muy promisorio si logramos aumentar la superficie de plantaciones con especies nativas y exóticas por lo menos en 500 mil hectáreas en los próximos 15 años. Con estos nuevos bosques estaremos dando respuesta efectiva a la pobreza en zonas rurales marginadas; mejorando el entorno natural e incorporando a la economía tierras degradadas que hoy no tienen uso. Nadie está en contra de plantar un árbol, entonces unamos esfuerzos para lograr que Panamá sea un oasis verde con oportunidades para todos. Ese es el reto para el sector público, privado y la sociedad en general.  La educación es un factor clave.

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<> Este artículo se publicó el 28  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/gomez-carlos-a/

¿Hasta cuándo ‘yes man’?

La opinión del Explorador y Conservacionista….

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LUIS   PULEIO

Antes que todo, pido disculpas por usar términos en inglés (anglicismos) en el decurso de este artículo.   Me veo forzado a emplearlo, porque es lo que folclóricamente más se entiende para destacar la complaciente genuflexión de algunos altos directivos, que llevan sobre sus hombros la responsabilidad de salvaguardar los bosques de Panamá del desaforado urbanismo, en menoscabo de nuestros parques nacionales y sus áreas de amortiguamiento.

Con estupor, me enteré de la noticia aparecida en el diario La Prensa, el sábado 28 de agosto, del periodista, José Arcia, donde señala   ‘La sala tercera declara legal una resolución de la ARI, por la cual se adjudica lote cerca del Parque Camino de Cruces, resolución No 01-04 del 8 de enero de 2004 a favor del lote No-35 para proyectos urbanísticos’.

Pero lo más indignante es la postura de la ANAM, de no asumir responsabilidad alguna en defensa de los bosques de Clayton, que debieron revertir al Parque Camino de Cruces una vez retirada la última estaca colonialista. Es un desparpajo también por parte de la ANAM escudarse tímidamente bajo el criterio de que el lote de selvas que será urbanizado está fuera de los límites del parque.   ¿Acaso no saben los directivos de la ANAM que cada quinquenio aparecen nuevas leyes que modifican los linderos del parque?

En lo personal, no veo en la entidad rectora de los recursos naturales del país el que surjan voces técnicas y científicas recomendando y deteniendo todo proyecto que atente contra la cobertura boscosa y el ambiente.

En cierta ocasión, un funcionario de la ANAM me respondió en el transcurso de un acalorado debate que ‘nosotros, la ANAM, somos una entidad de gobierno y no podemos decirle ‘no’ al propio gobierno, cuando éste, no importa qué parcela de bosque o de área protegida, nos pida para la realización de tal o cual proyecto’.

Yo ahora respondo, ¿hasta cuándo ‘yes man’?

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<> Este artículo se publicó el 25 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/puleio-c-luis/

Oportunidad de inversión verde

La opinión de…

Carlos Gómez 

Los bosques aportan bienes como la madera y los productos no maderables, además de servicios como la captura de carbono, protección del suelo, agua y biodiversidad, entre otros. Por otro lado, el clima tropical ofrece el mejor ambiente para el crecimiento de árboles. La larga estación lluviosa permite un crecimiento tres veces mayor que en clima templado.

Se pueden plantar árboles con fines de conservación y producción. En Panamá hemos reforestado cerca de 75 mil hectáreas, pero hay cerca de 2 millones de hectáreas sin bosques, que debemos reforestar. En esta tarea, el Gobierno debe aportar y promover los mecanismos financieros para que la empresa privada realice esta titánica labor. En Chile, Brasil y Uruguay la estrategia de establecer incentivos para plantar árboles ha dado buenos resultados, aumentando sustancialmente la cobertura forestal, generando empleos, divisas y recuperando suelos degradados.

En Panamá, con la Ley 24 de Incentivos a la Reforestación de 1992 (modificada en 2005), se generaron unos 600 mil empleos en su mayoría temporales, con valor estimado en 165 millones de dólares. Entre 1993 y 2004 se invirtió en este sector la suma de $313.7 millones, de los cuales $100 millones fueron aportados por el plan de incentivos del MEF, y $213.7 millones por inversionistas privados. Hay que evaluar esta experiencia para identificar nuevos incentivos, como el bono forestal, para aprovechar las ventajas competitivas.

En Panamá, tenemos las condiciones para lograr mejores resultados. Podemos declarar el área central del país como “polo de desarrollo forestal” y establecer un plan masivo de reforestación en el que participen las comunidades, empresas privadas, las ONG y el Gobierno.

Las inversiones en plantaciones forestales son unas de las más seguras. Hay organizaciones internacionales que manejan fondos de pensiones de largo plazo para invertirlos en negocios forestales. El interés de invertir en plantaciones forestales se debe a que a medida que crecen, ganan valor por este crecimiento y por la ganancia de valor implícita en la mejora de la calidad de la madera con el paso de los años. Una alternativa para Panamá puede ser la reforestación de 100 mil hectáreas en un plazo de cinco años, a razón de 20 mil ha/año con la inversión inicial de $100 millones (por cada dólar invertido se recuperan cinco). Los fondos pueden ser del Seguro Social y del Fondo Fiduciario. Esta inversión, además de generar ingresos importantes (para jubilaciones), generaría miles de empleos en áreas rurales deprimidas y recuperarían tierras degradadas. Esta nueva masa boscosa ayudaría a la agricultura, el ecoturismo, energía y salud.

Históricamente en Panamá la relación exportación/importación de productos maderables ha sido desfavorable. Para 2007 este déficit era de $188 millones. Esto es una oportunidad para desarrollar la industria forestal basada en la plantación de especies valiosas y de rápido crecimiento para el mercado local. Una industria nacional manufacturera tendría como resultado inmediato la oferta de productos a precios razonables, que potenciarían otras actividades y servicios como la vivienda, construcción, obras civiles, embalajes de exportación y, eventualmente, producción de energía a partir de desechos madereros, entre otros.

Ya se conoce la capacidad multiplicadora e inductora del sector forestal, el desarrollo de las plantaciones forestales comerciales a escala industrial tendrá como impacto inmediato el desarrollo de actividades de servicio en zonas rurales (transporte, carga y descarga, viveros, prestadores de servicios en plantaciones y cosecha, entre otros). Adicionalmente, el sector también aporta y promueve mejoras en infraestructuras, carreteras y servicios básicos en estas zonas.

El impacto ambiental de esta iniciativa es significativo en la baja de la presión sobre los recursos madereros del bosque natural y la recuperación de grandes superficies en vías de degradación, erosión y abandono, con su secuela de migración y pobreza. Además, estos bosques tendrían un impacto positivo para mantener la conservación de las cuencas hidrográficas, productoras de agua para consumo y energía.

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Este artículo se publico el 7 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los bosques urbanos

La opinión de…..

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Carlos Gómez

El tema de los bosques urbanos ha cobrado relevancia en los últimos años en Panamá debido en parte a la construcción de diversas infraestructuras, producto del crecimiento económico que experimenta nuestro país.

Esta situación exige que se revalúe y se planifique en forma adecuada las zonas arboladas de las ciudades en todo el país. Con el ánimo de aportar ideas para mejorar la gestión de nuestras áreas verdes urbanas, he aquí algunas consideraciones.

Desde el punto de vista de la ingeniería forestal, cuando hablamos de árboles en las ciudades nos referimos a la silvicultura urbana. En muchos países el tema tiene diversas denominaciones, por ejemplo, muchos especialistas forestales urbanos utilizan indiferentemente las expresiones “cultivo de zonas verdes urbanas” y “silvicultura urbana”, o “ingeniería forestal urbana” (Miller, 1997).

Las definiciones más amplias consideran bosques urbanos toda zona forestal influida por la población urbana. En un sentido más restringido, la silvicultura urbana se refiere a los árboles y zonas arboladas en las ciudades: árboles de jardines y huertos, árboles de calles y parques, bosquecillos remanentes y que crecen en tierras baldías y abandonadas (Unasylva, No. 200, FAO).

También podemos hablar de arborización urbana que se refiere a la acción de poblar o repoblar con árboles un sitio determinado, que puede ser un espacio público (plazas, parques, avenidas y calles) o un espacio privado (jardines privados) cuya finalidad es contribuir al confort ambiental y bienestar psíquico y psicológico de la población urbana, como también proporcionar belleza a la ciudad (Biondi & Althaus).

Los árboles son un componente importante en nuestras comunidades, sin embargo, la plantación, mantenimiento y protección requiere la inversión de recursos que incluyen tiempo y dinero. Las mismas pueden minimizarse con la educación ambiental y una eficiente gestión municipal en la que se promueva la participación de toda la sociedad en general. Estos costos pueden variar dependiendo de la ubicación, plantación de especies ornamentales a utilizar, mantenimiento y remoción, reparación de infraestructuras, daños por fenómenos naturales, programa de administración, entre otros.

Algunas sugerencias técnicas que pueden ser implementadas para una adecuada gestión de estos espacios verdes son:

1. Establecer con carácter obligatorio la lista de especies ornamentales permitidas en áreas urbanas. Tienen que ser árboles con un adecuado follaje, sistema radicular, altura, tipo y tamaño de flores y hojas, entre otros requisitos. Por ningún motivo se puede permitir plantar árboles frutales ni maderables. Esto evitará pérdidas de vidas, infraestructuras, elevados costos de remoción y obstrucción de alcantarillas que pueden causar inundaciones.

2. Establecer un plan de mantenimiento anual, bianual o quinquenal, dependiendo de las especies plantadas, en el cual se incluyen las actividades de poda, fertilización, tala necesaria, etc. Las ONG y los clubes cívicos pueden apoyar a las autoridades municipales en este plan. También la empresa privada. En casos de árboles con un estado fitosanitario riesgoso, es necesario hacer una evaluación exhaustiva del estado de su tronco, raíces y ramas para ver si es necesario removerlo. Para esto existen diferentes equipos especializados computarizados que diagnostican la salud de los árboles.

Los beneficios de los bosques urbanos son múltiples, entre los cuales se pueden mencionar los ambientales, materiales y sociales. Finalmente, se recomienda elaborar un plan municipal de áreas verdes urbanas que incluya programas de participación y educación del público, parques públicos, árboles en calles y residencias, cinturones y vías verdes, entre otros.

Tenemos la suerte de vivir en un país tropical en el cual tenemos a disposición cientos de especies de árboles y arbustos ornamentales que pueden embellecer nuestras ciudades, empecemos a utilizarlos.

El establecimiento y manejo de áreas verdes no es simplemente un proyecto implantado en un medio metropolitano, es una parte integral de un todo más amplio, unida a los entornos social, económico, ambiental, político, biofísico, espiritual y cultural de desarrollo urbano.

Es precisamente por la interdependencia de las áreas verdes urbanas con otros aspectos de la vida en una ciudad, que resulta imperativa la participación de la población de todos los estratos económicos y sociales en el diseño e implementación de dichas áreas. “Arboricemos nuestras ciudades y reforestemos nuestros campos”.

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Este artículo se publicó el  8  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Parques amenazados

La opinión del Jurista…..

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Harley J. Mitchell Morán

Durante los últimos meses he observado súbitas transformaciones en el quehacer público panameño, la más preocupante es aquella que nos hace presa del retrógrado dilema de decidir entre mayor seguridad ciudadana y menor conservación de los ecosistemas. Noticias, rumores y movilizaciones públicas y privadas provocan una inseguridad sin precedentes hacia las áreas protegidas y todas se relacionan con una supuesta respuesta gubernamental al problema más acuciante para la población que es el control del crimen.

Súbitamente es necesario aumentar las intervenciones al Parque Natural Metropolitano ubicando un cuartel de policía que además de mayores edificaciones, necesitará nuevas vías de acceso para funcionar; la consulta pública de la apertura del Tapón del Darién que afectaría el Parque Nacional Darién, Sitio de Patrimonio Mundial, para construir una vía que ayudaría a detener los movimientos de personas en condición jurídica irregular; y finalmente, otro sitio de Patrimonio Mundial, el Parque Nacional Coiba, se ve amenazado por la instalación en su predio de una base aeronaval, la cual necesitaría para su funcionamiento de nuevos asentamientos humanos y mayor circulación de naves, aviones y personas.

Todas las actividades mencionadas suponen la modificación o derogación de las respectivas leyes que crean estas áreas protegidas, pues todas condicionan la presencia de asentamientos humanos en su interior u obras civiles como las señaladas, además de prohibiciones relativas a la tala o remoción de tierras, es decir, según el ordenamiento jurídico vigente, todas serían ilegales de ejecutarse hoy sin cambios legislativos que significarían disminuir la protección de porciones considerables de estos ecosistemas, ante actividades no compatibles con su protección. Cada norma, en su regulación o motivación, señala sus objetivos, en ninguna se señalan usos como los descritos.

La capacidad para albergar vida de los ecosistemas que subsistan a estos cambios, de darse, disminuirá. ¿Impactar de tal manera estos sitios garantiza la seguridad nacional?   Por supuesto que no, lo único que se garantiza con estas medidas es la fragmentación de los hábitats afectados. Ningún instrumento de gestión ambiental (como el estudio de impacto ambiental), remediará o aumentará el estado de conservación de estos parques, por su fragilidad. ¿Por qué deben usarse estas áreas para estos fines, porque son tierras estatales? ¿Porque los grupos de presión que las defienden son escasos y débiles? ¿Se ignora, por los tomadores de decisiones, el esfuerzo de generaciones de panameños, que desde el sector público y el privado, han trabajado arduamente para el mantenimiento de los equilibrios ecológicos de aquellas áreas? Hay una institución pública que tiene el deber de recordar todo esto al resto del gobierno.

Sin estar en contra de medidas de seguridad eficaces y ecológicamente viables para defender mi país, me pregunto ¿Cuál fue la participación de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) en estas decisiones? Tres parques nacionales gravemente amenazados hoy dependen de la colaboración conjunta de la Anam y los ciudadanos para mantener y aumentar sus niveles de conservación y evitar su menoscabo ¿Cuál será la decisión de la Anam?

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Este artículo se publicó el  28  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Saqueo al este del país

La opinión de la ambientalista…..

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Alida Spadafora

Desde que a Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon) inició su labor de concienciación y protección de los bosques hacia el este de Panamá, en particular en Darién, hace más de 20 años, no se había evidenciado el grado de degradación y saqueo de las riquezas naturales de esa región como hemos notado escasamente a inicios de Semana Santa en gira a Darién.

Tanto en las inmediaciones de la carretera Interamericana desde Chepo a Yaviza, como en comarcas, tierras nacionales y áreas protegidas el uso irracional de los recursos naturales es claro, ya sea éste por tala y quema de los bosques o por extracción insostenible de árboles maderables, o por la alteración y venta de lagunas naturales como la de Matusagarati. Somos testigos de un saqueo sin precedentes en este país y con indicios de que irá en aumento.

Difícil es describir el panorama que vimos desde la carretera. Más de 10 mulas cargadas de grandes tucas de madera de espavé y otras especies pasaron a nuestro lado en menos de dos horas. Al menos seis centros de acopio maderero avistamos entre Chepo y Metetí, los cuales en nuestros frecuentes viajes a la región nunca antes habíamos visto. Estos sitios llenos de tucas marcaban el paisaje chepano y darienita con árboles derribados que solo pueden provenir de bosques primarios y que al juzgar por su diámetro deben tener muchos años de crecimiento. Y esto es solo lo que se ve desde la carretera, porque el arrasador panorama en el bosque adentro debe ser digno de una película Avatar. Por la gran cantidad de tucas, todo apunta a extracciones ilegales, o de concesiones insostenibles e irracionales.

Con mucha tristeza y dolor, pudimos también observar la roza y quema desmedida en cerros y colinas con pronunciadas pendientes, en donde puede visualizarse puntos blancos de algún ganado pisoteando las laderas, que es el origen de las innumerables cárcavas y de los procesos de desertificación. Un suelo abusado y agotado que se perderá irreversiblemente. El humo de las quemas no deja ver el horizonte, así es el panorama en esta zona: humo, bosques destruidos y biodiversidad que se pierde para siempre.

Ante este triste espectáculo muchos nos preguntamos: ¿Es éste el destino que la política actual de “desarrollo” tiene para esta región del país? ¿Queremos ampliar el llamado arco seco, región con gran escasez de agua porque depredaron sus bosques y su suelo? ¿Queremos que el campesino, indígena o afrodarienita de la región este del país también tenga que marcharse buscando aguas y tierras más fértiles? Tal vez tendrá que migrar a la ya saturada e insegura ciudad o a la cuenca del Canal, donde todavía nos quedan algunos bosques protegidos, porque ya no tendrán ni agua ni tierra, ni esperanzas.

¿Qué les quedará? Seguramente un eventual gobierno de turno buscando “soluciones” efímeras les ofrecerá un tajo, pero no el tajo de una sandía, sino un hueco profundo para extracción de metales, para que les resuelva “la pobreza y la falta de empleos”. Una falacia para hundir a los más pobres en más miseria, un desastre para Darién, las comarcas, las áreas protegidas, lo que irremediablemente, aunque muchos no lo quieran aceptar, provocará el colapso económico, social y político de todo nuestro país.

Les pedimos entonces a los que dirigen instituciones como el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, la Autoridad Nacional del Ambiente, el Ministerio de Economía y Finanzas, el Banco de Desarrollo Agropecuario, el Banco Nacional y otros actores con competencia sobre este tipo de temas que actúen hoy para detener la degradación de los bosques y extracción irracional de madera; que diseminen, financien prácticas sostenibles forestales, agrícolas, ganaderas y promuevan actividades duraderas y amigables con el ambiente para beneficio de muchos, por muchos años.

¿Habrá un poco de conciencia sobre lo que se está propiciando? porque de no actuar contundente y coherentemente seguirá el saqueo y florecerán por doquier aquellos tajos mineros mal vendidos al país.

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Este artículo se publicó el  25  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Adiós, Darién!

La opinión de…..

Fernando Aramburu Porras


Seguramente muchos habitantes de nuestro país no han notado la destrucción sistemática y apocalíptica que sufre la provincia de Darién. Ya no queda suficiente bosque ni para despedirnos de lo que otrora fuera el pulmón de Panamá.

Por allá por los años 60 vi unas fotografías aéreas del istmo de Panamá tomadas por los estadounidenses después de la Primera Guerra Mundial, entre las que había algunas de Darién, por supuesto. Explicaba el artículo ilustrado que el 80% de la superficie de la República de Panamá estaba cubierta de bosques tropicales y que en los años 70 esa proporción estaría invertida, si seguíamos con la deforestación al ritmo de aquel entonces.

Me parece que, igual que con la predicción de la desaparición de los glaciares, se equivocaron. Todo se fue en humo y tucas comerciables. Solo queda rastrojo con algunos enormes árboles en el suelo, quemados y plantados en su tumba ya que posiblemente daban dificultad para sacar por su tamaño.

Nuestros campesinos radicados en Darién talan, queman y siembran monocultivos de subsistencia. Al hacerlo depredan los suelos que al cabo de un año no sirven ni para ganadería.

Las montañas que pude ver camino a El Cacao, entrando por Aguas Frías, estaban todas taladas y en plena quema. Una enorme columna de humo se levantaba camino al océano Pacífico llevándose lo poco que dejó la tala. Un problema consecuente de la depredación de bosques es la inevitable sequía, evidente en los caudales de los ríos y la tierra. Me decía un campesino: “es que no ha llovido” a lo que respondí: “y no creo que vuelva a llover” y para mis adentros pensaba: “más vale que no llueva porque bastarían unas cuantas gotas de agua para convertir esas montañas en torrentes de lodo”.

En el camino nos encontramos tractores cargando tablones aserrados o sea que recursos para meter aserraderos montaña adentro ¡sí hay!   ¿De quién serán esos aserraderos? ¿Tendrán el visto bueno de los gobiernos de turno?  Así como utilizan recursos para la extracción de madera, ¿los habrá para darle una alternativa honrosa a esos campesinos empobrecidos?

Este efecto de tala, quema, siembra y ganadería se va multiplicando, pues al final del ciclo el colono se muda a otro lado.   Lo malo es que las tierras ya se acabaron. Desde El Cacao hasta donde se alcanzaba a ver había humo y quema. Cuando bajábamos en la tardecita se podían ver los fuegos que subían por las laderas de las montañas arrasando todo a su paso. Se escuchaban los cantos quejosos de las aves protestando por la falta de árboles donde posarse, ni hablar de la subsistencia de la flora y fauna que se queda sin hábitat.

Es hora de que los gobiernos se ocupen debidamente de esta provincia pues, además de esta destrucción sistemática, hay problemas en las poblaciones. Por ejemplo, en Metetí hay agua solo unas horas a la semana, no existen tuberías para aguas servidas, la planta procesadora que ya tiene tres gobiernos de estar esperando para inaugurarse, los ríos están contaminados (habrá que averiguar el nivel de contaminación del lago Bayano), hay basura por todos lados y se nota una desolación incontenible. Y no olvidemos que les azotan los narcos y la delincuencia juvenil.

No soy experto en ninguna de las faltas que menciono, soy un panameño preocupado porque mientras en la capital hacemos vigilia por unos cuantos árboles, en Darién lo destruyen todo, no hay interés, creen, al igual que con el calentamiento global, que es un fenómeno pasajero, que se va a ir solito y, sobre todo, que no nos va a afectar a nosotros.   Sin embargo, la naturaleza nos pasará la factura. Ya se sabe por estudios que quienes nos vamos a extinguir somos nosotros. El mundo se recuperará si la raza humana desaparece.

Es evidente la necesidad de hacer algo al respecto, hay tanto que hacer, panameños a la carga, el tiempo se acaba… ¡Adiós, Darién!

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Este artículo se publicó el  22  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Desaparece bosque urbano

Reportaje realizado por la Periodista del Diario La Prensa…

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KEMY LOO PINZÓN

Los exuberantes bosques que las ciudades de Panamá y Colón heredaron como parte del proceso de reversión del Canal están perdiendo la guerra.

La voracidad del desarrollo urbanístico y económico, la violación a los planes de ordenamiento territorial existentes, y la ausencia de programas de desarrollo sostenible son la causa de esta situación. Así lo sostienen grupos ambientalistas, arquitectos y urbanistas que alzan su voz en momentos que en Estados Unidos o Alemania, por poner solo dos ejemplos, se lucha por gestionar espacios verdes entre las moles de concreto en que se han convertido las ciudades.

Carlos Gómez, jefe de Forestal de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), define un bosque urbano como aquel que se localiza en un área urbana y cumple con la función de evitar la erosión y oxigenar las áreas aledañas. Se incluyen en esta categoría los jardines, reductos verdes, parques recreativos y avenidas arboladas.

A pesar de los servicios ambientales que aportan los bosques urbanos, estos no son especialmente protegidos por la Anam. Ni siquiera existe un inventario de ellos.

Las protecciones legales existentes -la ley que creó el Parque Natural Metropolitano o la Ley 21 de 1997 que contiene el plan regional de la región interoceánica- no han impedido su progresiva destrucción. Todos los gobiernos, iniciando en la época del presidente Ernesto Pérez Balladares, han hecho cambios parciales a las normas, dejando sin protección más y más áreas boscosas.

El biólogo y defensor del ambiente Ariel Rodríguez afirma que los bosques urbanos panameños tienen edades que oscilan entre 85 y 150 años, forman parte del corredor biológico Atlántico-Pacífico en el área del Canal y tienen características particulares por su ubicación geográfica: una gran riqueza de fauna y flora, así como lugar de convergencia de aves rapaces migratorias.

CIUDADES AGRESIVAS

Alida Spadafora, directora ejecutiva de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), atribuye la pérdida de estos bosques a la voracidad con que se construye en la ciudad, y enumera efectos negativos que esto trae: la ciudad se vuelve agresiva, pierde belleza natural y espacios de recreación.

Por su parte, Raisa Banfield, directora del Centro de Incidencia Ambiental, apunta como causa del problema la falta de una política ambiental de ciudad: “Siempre se piensa en el tema ambiental como un tema rural, de áreas protegidas o de grandes extensiones por reforestar y no como un tema de ciudad”.

Para la ambientalista, “se desconoce el privilegio de ser el único país con bosques tropicales húmedos incrustados en la ciudad (…) no están siendo suficientes las leyes nacionales que los protegen”.

A estas opiniones se suma el presidente del Colegio de Arquitectos, Luis Moreno, quien agrega que no hay planificación, y que se va llenando la ciudad de edificios sin tomar en consideración los pulmones naturales.

Moreno enfatiza en que hace falta una planificación paisajística y da como ejemplo el diseño de la Avenida Ricardo J. Alfaro, construida en la década de 1970, y en la cual solo se pensó en los carros. “Se olvidó al peatón, se obviaron las aceras y la calzada arborizada”, indicó.

PROPUESTA

El jefe de Forestal de la Anam reconoce que no hay un balance entre las infraestructuras que se construyen y las áreas verdes, a pesar de que el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial regula ese tema. Por ello, considera que hay que legislar para corregir las fallas y poder conservar y ampliar estas áreas.

También pone como tarea pendiente definir con el Municipio de Panamá un plan quinquenal de mantenimiento de las áreas verdes, como se hace en España o Colombia, donde existen equipos para ello. También recomienda hacer una lista de los árboles permitidos para plantar en la ciudad, ya que muchos de los que hay son maderables con grandes raíces que ocupan mucho espacio.

Esta propuesta es rechazada tanto por Banfield como por Moreno, quienes consideran que se debe implementar una política de mantenimiento de los árboles existentes en la ciudad.

Para Banfield, estos árboles “son parte de la identidad de la ciudad, de las especies endémicas que quedan de la selva tropical que había fuera del Casco Antiguo y La Exposición (…) se ha vendido la imagen de que los árboles son un estorbo para el modelo de desarrollo actual”.

“Si se quitan todos los higos grandes, frondosos y bonitos que están en la Ave. Perú o la Justo Arosemena, la ciudad no sería la misma”, concluyó Moreno.

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Este artículo se publicó el  10  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Oro por cobre, ¿negocio redondo?

La opinión de….

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Orlando Acosta


He leído con extrema preocupación la noticia sobre el anuncio de la nueva política estatal en materia de manejo de recursos naturales y potencial minero.

¿Hacia dónde nos lleva la promoción de la minería en Panamá? ¿Cuántas hectáreas de bosques y manglares vamos a destruir? ¿Cuánta información genética se encuentra en riesgo de desaparición? Lo que está claro es que se dice que el Estado recibiría regalías anuales por 94 millones de dólares y las empresas obtendrían ganancias por mil 368 millones de dólares.

La dizque distribución de riqueza es cuestionable, más cuando escuchamos de las voces simplistas de miembros del gabinete que afirma que “lo correcto de la ecuación de que el Estado ganará un 2% en regalías versus el 29% de las empresas.

En una contribución anterior sobre el tema, señalamos en esta misma columna de opinión el potencial turístico y de investigación científica del Pacífico Occidental panameño y el riesgo de la minería en ese lugar del país.

Allí fuimos enfáticos en decir que: “la continuidad de esa riqueza biológica –de interés y carácter planetario– está amenazada por procesos de origen humano y por la débil organización de la administración del Gobierno y distante de las políticas de Estado”. Parece que seguimos impasibles ante esta realidad.

Los yacimientos cupríferos del oriente chiricano son unos de los más grandes del planeta, no hay duda, eso afirman expertos. Expertos también señalan sobre la riqueza de los humedales y arrecifes de coral en las costas de Veraguas, en el golfo de Montijo y archipiélago de isla de Coiba, este último reconocido bajo la categoría de Patrimonio de la Humanidad. ¿A quién le importa esto?

La cuenca hidrográfica del Canal produce agua para la mitad de la población del país. La actividad minera extractiva de carácter no mineral ha demostrado abusos contra el ambiente.

Estamos ante una situación de sordera e indolencia. Lo que parece importar es el billullo y el tan cacareado beneficio económico. ¿Riqueza para qué y para quiénes? ¿A cuáles bolsillos llegará el billete de los cacareados beneficios económicos de la minería? ¿Para satisfacer promesas electorales y seguir viendo el desfile de patéticos políticos cambiar de toldas partidista?

Obviamente, la ganancia le interesa a actores como Corea del Sur y a Río Tinto Zinc, o a países desarrollados como Canadá o Italia. El dinero para ellos y la basura y los desechos del beneficio mineral para nosotros. La desolación se extenderá más allá de las más o menos 5 mil hectáreas de tierras explotadas y en las aguas de los lagos y ríos de país. Panamá y los panameños no merecemos este destino.

Ante la fragilidad de la gestión ambiental imperante en estos días, lo que se avecina es una gran piñata donde los recursos de Panamá y su gente se ofrecen por centavos. Estamos ante la próxima transacción de ribetes escandalosos en donde Panamá se ofrece en el mercado internacional y donde se oye el grito desesperado de nuestros gobernantes y muy lejos el eco de los panameños que en Panamá se cambia oro por cobre.

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Este artículo se publicó  el  1 de abril  de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Medio siglo de ciencia marina en Colón

La opinión de…..

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Stanley Heckadon-Moreno


En las goteras de Colón, en un sitio de incomparable belleza caribeña, un puñado de biólogos del Instituto Smithsonian echó a andar, en 1959, el Laboratorio Marino de Punta Galeta, utilizando un viejo caserón de la marina estadounidense que databa de la II Guerra Mundial.   Sitio ideal para estudiar los arrecifes de coral, manglares y pastos marinos; para identificar las especies que los habitan y comparar las diferencias entre el Caribe y el Pacífico, luego del surgimiento del istmo de Panamá.   Las primeras publicaciones científicas aparecieron en 1961, hoy sobrepasan las 400.   En 1973 se inicia el monitoreo del Caribe, para entender su comportamiento a largo plazo.

En el año 2000 se echó a andar el programa de educción ambiental marina, para tender puentes entre el laboratorio y las escuelas del país.   Para motivar a los estudiantes por la naturaleza  y elevar su conciencia ambiental.   Ese año 200 estudiantes visitaron Galeta que sólo contaba con una guía naturalista.  Una década después, 65 mil estudiantes han pasado por el programa, 80% de ellos de escuelas primarias públicas, atendidos por los 14 guías del Laboratorio, mayormente estudiantes del Centro Regional Universitario de Colón.   En el programa de voluntariado participan docenas de estudiantes de secundaria que aprenden cómo se hace ciencia en una estación de campo y a trabajar en equipo.

Con apoyo de la Universidad de McGill, Canadá, se inició en 2003 el programa de desarrollo comunitario dirigido a los pescadores del barrio de La Playita.  En 2006 comenzaron las “Charlas Smithsonian del Mes”, para que los investigadores compartiesen con la comunidad los resultados de sus estudios.  Programa hecho posible también por la generosidad de un hotel local y dos radioemisoras que dan espacio radial para invitar a los colonenses.

A partir del año 2007 Galeta comenzó a capacitar maestros, dotándolos con los últimos conocimientos y metodologías de las ciencias a fin de elevar la calidad de la enseñanza en las aulas.   Por este programa han pasado docentes de Colón, la costa arriba, la costa abajo, lago Gatún y la Transístmica.

Se han dado pasos en la enseñanza a larga distancia. Se trasmitió en vivo, acerca de la importancia de los manglares y corales, a las escuelas de Nueva Jersey;  luego, a una audiencia global en 84 países, en el marco de un programa sobre cambio climático organizado por el Instituto Smithsonian. Próximamente se iniciarán programas dirigidos a las escuelas del país equipadas para video conferencias.

Solo la generosidad de los amigos de la ciencia y la educación, en Colón y el exterior, ha permitido hacer continuas mejoras: biblioteca, acuarios, senderos, terraza de observación con telescopios, muelle flotante, malecón, áreas de merendar, baños y cámara web submarina; y programas de becas para que estudiantes de secundaria y universitarios puedan realizar proyectos de investigación en Galeta.

En sus seis décadas, enorme ha sido el aporte del Laboratorio Marino de Punta Galeta a las ciencias, la educación y la conservación de la naturaleza costera tropical.  Lamentablemente, su futuro es incierto. Es posible que desaparezca como muchos laboratorios científicos en el Caribe.   En Colón, el afán del lucro a corto plazo ha entronizado un devastador estilo de desarrollo, insostenible en lo ecológico y lo social. El precio que Colón pagará, por destruir sus arrecifes, manglares, bosques y humedales, será simplemente impagable.

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Publicado el 28 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.