La educación forestal en Panamá

La opinión de….

Carlos Gómez

Según el Plan Nacional de Desarrollo Forestal de la Autoridad Nacional del Ambiente, Panamá contaba para el año 1947 con aproximadamente 70% de cobertura boscosa. Para el año 2000 esta cifra se redujo a 44.9%. Actualmente la deforestación se sitúa en más de 2 millones de hectáreas. Esta situación nos obliga a repensar qué queremos hacer con estos recursos forestales remanentes.

En esto juega un papel preponderante el profesional forestal. La mayoría de los especialistas forestales nacionales con que cuenta el país provienen de todas partes del mundo, producto de una política de mediados de la década de 1970, en la que se establecieron una serie de carreras prioritarias para el desarrollo nacional, incluyendo la forestal. En Panamá usted puede encontrar especialistas forestales de Europa, Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, no hemos aprovechado al máximo este conocimiento forestal de nivel mundial.

El impacto del desarrollo económico en todos los países del orbe sobre los ecosistemas naturales es significativo, poniendo en peligro la estabilidad ecológica del planeta. El cambio climático es el fenómeno más inmediato, que requiere de acciones integrales para mitigar su impacto. El rol de las ciencias forestales se convierte entonces en una alternativa de importancia para contribuir efectivamente a este problema global. Este rol se vuelve más crítico ya que Panamá lidera la Estrategia de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación que impulsan las Naciones Unidas y el Banco Mundial, en la cual debemos fortalecer nuestra capacidad técnica para hacer frente a este compromiso ambiental.

En Panamá no tenemos tradición en materia forestal por lo que actualmente no hay una oferta académica para estudiar carreras relacionadas con los recursos forestales y el desarrollo de programas de investigación en esta área. Se han hecho algunos esfuerzos limitados, pero sin resultados a largo plazo. Es imprescindible que nuestras universidades evalúen esta posibilidad de incluir en su oferta académica carreras forestales a varios niveles.

Con esto, estaremos elevando la capacidad de respuesta, tanto en el sector público como privado, para manejar científicamente los recursos forestales, tan valiosos para el desarrollo económico. Recordemos que los bosques están vinculados directa o indirectamente en todas las actividades que desarrollamos. Por ejemplo, la industria del turismo promueve espacios naturales tales como parques nacionales; los ríos dependen de los bosques para mantener su caudal y brindarnos agua potable y electricidad; la producción alimentaria depende del rol protector del bosque al evitar la erosión y mantener las fuentes hídricas; los bosques son pantallas protectoras que brindan hábitat a muchos organismos dañinos para el ser humano (hanta virus) y muchos otros.

Pero el bosque también es fuente de empleos y divisas cuando se planifica su uso correctamente. Puede generar bienes como madera y productos no maderables, además de los servicios ambientales. La plantación de árboles es una actividad económica de alto impacto en el medio rural. En Panamá se han reforestado unas 75 mil hectáreas con resultados muy alentadores.

Tenemos un futuro forestal muy promisorio si logramos aumentar la superficie de plantaciones con especies nativas y exóticas por lo menos en 500 mil hectáreas en los próximos 15 años. Con estos nuevos bosques estaremos dando respuesta efectiva a la pobreza en zonas rurales marginadas; mejorando el entorno natural e incorporando a la economía tierras degradadas que hoy no tienen uso. Nadie está en contra de plantar un árbol, entonces unamos esfuerzos para lograr que Panamá sea un oasis verde con oportunidades para todos. Ese es el reto para el sector público, privado y la sociedad en general.  La educación es un factor clave.

*

<> Este artículo se publicó el 28  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/gomez-carlos-a/

Una carta al Presidente de una niña de 14 años

La nota publicada en su muro en Facebook por la Arquitecta y dirigente ambientalista…
.

Raisa Banfield

Excelentísimo
Señor Presidente de la República Ricardo Martinelli:
Mi nombre es Samantha Claus De La Ossa tengo 14 años y estudio en el Instituto Sun Yat Sen ( Colegio Chino Panameño).    Le escribo esta carta con la esperanza de una respuesta ¿Por qué dijo SÍ a las minas de oro en Panamá? ¿Qué gana usted con la ley 9 en 1? ¿A usted realmente le importa lo que el país piense sobre esto?
.
Debería considerar la opinión de los niños o jóvenes ya que cualquier decisión que usted tome en los 4 años de gobierno que le quedan…las consecuencias van a recaer en nosotros los herederos el país.
.
Yo sé, que solo lleva 1 año en el poder, pero en mi opinión el primer año se cumplió y la mitad del país no esta de acuerdo con muchas de las decisiones que usted ha tomado, ¿Para qué los Clubes de Reciclaje en los colegios? ¿Para qué todo esto de la reforestación? Si de todas maneras todo va a quedar destruido…
.
Por empresarios poco importa es que el planeta está muriendo poco a poco , dígame que el hecho de destruir parte de un parque para construir unas residencias con capacidad para 175 personas, y solo viven 3 familias allí ¿eso es justo?
.
¿Sabe lo que sucede cuando hay pocos arboles en un lugar?
Déjeme responderle eso desde el punto de vista de una niña que a vivido toda su vida en un lugar lleno de arboles y animales. Pasan inundaciones, contaminación del aire, contaminación de ríos y luego, desaparición de distintas especies, hambre, sequias y poco oxigeno que usted y yo necesitamos respirar.
.
Las minas de oro en Panamá son sinónimo de contaminación, deforestación y más pobreza.
.
Ojalá esta carta le haga ver mi punto de vista de esta situación, ya que estoy acostumbrada a vivir en un lugar fresco en el que el aire se pueda respirar con facilidad, en los días de verano tenemos hambre nos vamos algún palo de mango a comer… en el que es sano , seguro y divertido vivir.
Yo espero que por las decisiones que usted tome este estilo de vida no tenga que cambiar.
.
Gracias por su atención.
Samantha Claus De La Ossa

<>

Nota publicada hoy 23 de julio de 2010 a las 9:09 en Facebook por la autora a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponden.

Reforestación, revegetación y paja canalera…

La opinión del Ingeniero Agrónomo….

EDUARDO A. ESQUIVEL R.

Me ha llamado la atención un reciente artículo de opinión de este prestigioso diario, titulado ‘El Señor desconocido…’ del explorador y conservacionista Luis A. Puleio C., y sin restarle méritos, más a manera de comentario que de replica, quisiera apuntar y aclarar algunos conceptos allí expresados.

Generalmente se acepta el término ‘Reforestación’ cuando se hacen plantaciones comerciales de especies maderables, con el fin de aprovechar la madera. ‘Revegetación’ es para la acción de plantar especies arbóreas o arbustivas, sean maderables o no, con el propósito de reestablecer la vegetación de áreas devastadas.

No sé de ninguna reforestación o revegetación que haya hecho la ANAM en el Parque Metropolitano, aunque sí de revegetaciones que han hecho empresas a título propio.   El propósito de estas no es la erradicación de la Paja Canalera, sino el restablecimiento del ecosistema y la protección de la flora y fauna local.   Esto es lógico, porque ¿para qué quisiera alguien erradicar la Paja Canalera de estas áreas?   Si esta gramínea asiática no está perjudicando a nadie y de hecho solo invade áreas degradadas, deforestadas o abandonadas.

Es una falacia muy popular que la Paja Canalera, Saccharum spontaneum, fue traída por los norteamericanos a Panamá en la década de los sesenta, para frenar la erosión de las riveras del Canal. —El Canal fue terminado en 1914 y resulta ilógico pensar que no fue hasta 50 años después que pensaron controlar la erosión de sus riveras.

Estudios documentales serios indican que la Paja Canalera fue introducida a Panamá en abril de 1939, como parte de una colección de Saccharum proveniente de la India, al Jardín Botánico Summit, cerca de Gamboa, en medio del área canalera. Hasta se sabe quién la introdujo; el especialista en plantas azucareras del USDA, Hans Sorensen.

Esta planta es una especie pura y por lo tanto produce semillas viables diseñadas para ser transportadas por el viento, por lo que se dispersó por toda el área en pocos años. La planta también se reproduce por estolones y esquejes que penetran hasta varios metros bajo el suelo. Las experiencias demuestran que ni los herbicidas más potentes, como el Glifosato, pueden controlar esta planta a dosis razonables y seguras.   La producción de biomasa de esta planta es impresionante, en un año produce de seis a diez veces más biomasa que una especie forestal como la Teca.    Esto la hace ideal para la producción de materia prima para biocombustibles como el metanol y etanol.

Al parecer es verdad que los norteamericanos la usaron para controlar la erosión en taludes de caminos y carreteras en la antigua Zona del Canal.   También el MOP la utilizó con este fin en esa época.   Personalmente pude ver esto cuando se construía la autopista Arraijan—La Chorrera, hace muchos años.   Está probado que sin esta planta, el Canal de Panama actualmente tendría serios problemas de sedimentación, debido a la erosión superficial en la época lluviosa.

Desde un punto de vista científico y práctico es totalmente imposible controlar la Paja Canalera actualmente.   Se ha dispersado por miles de kilómetros cuadrados en el área central de Panamá.

Hace poco, en un Congreso Científico, una colega de la NASA me comentaba que se sorprendieron cuando uno de sus satélites envió datos que sus computadoras interpretaron como grandes masas de hielo alrededor del Canal. Era la floración de la Paja Canalera.

La revegetación de nuestras áreas verdes protegidas no tiene que ver con la Paja Canalera, porque es mucho más importante. Vemos con preocupación que áreas verdes, parques y reservas boscosas que existían en la antigua Zona del Canal están siendo vendidos al mejor postor, para desarrollos urbanísticos o comerciales y estos Estudios de Impacto Ambiental aprobados sin escrúpulos.   ¡Qué desilusionado se va a quedar el Señor Desconocido con esta política del verde dólar ante todo.

<>

Este artículo fue publicado el  20 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Oportunidad de inversión verde

La opinión de…

Carlos Gómez 

Los bosques aportan bienes como la madera y los productos no maderables, además de servicios como la captura de carbono, protección del suelo, agua y biodiversidad, entre otros. Por otro lado, el clima tropical ofrece el mejor ambiente para el crecimiento de árboles. La larga estación lluviosa permite un crecimiento tres veces mayor que en clima templado.

Se pueden plantar árboles con fines de conservación y producción. En Panamá hemos reforestado cerca de 75 mil hectáreas, pero hay cerca de 2 millones de hectáreas sin bosques, que debemos reforestar. En esta tarea, el Gobierno debe aportar y promover los mecanismos financieros para que la empresa privada realice esta titánica labor. En Chile, Brasil y Uruguay la estrategia de establecer incentivos para plantar árboles ha dado buenos resultados, aumentando sustancialmente la cobertura forestal, generando empleos, divisas y recuperando suelos degradados.

En Panamá, con la Ley 24 de Incentivos a la Reforestación de 1992 (modificada en 2005), se generaron unos 600 mil empleos en su mayoría temporales, con valor estimado en 165 millones de dólares. Entre 1993 y 2004 se invirtió en este sector la suma de $313.7 millones, de los cuales $100 millones fueron aportados por el plan de incentivos del MEF, y $213.7 millones por inversionistas privados. Hay que evaluar esta experiencia para identificar nuevos incentivos, como el bono forestal, para aprovechar las ventajas competitivas.

En Panamá, tenemos las condiciones para lograr mejores resultados. Podemos declarar el área central del país como “polo de desarrollo forestal” y establecer un plan masivo de reforestación en el que participen las comunidades, empresas privadas, las ONG y el Gobierno.

Las inversiones en plantaciones forestales son unas de las más seguras. Hay organizaciones internacionales que manejan fondos de pensiones de largo plazo para invertirlos en negocios forestales. El interés de invertir en plantaciones forestales se debe a que a medida que crecen, ganan valor por este crecimiento y por la ganancia de valor implícita en la mejora de la calidad de la madera con el paso de los años. Una alternativa para Panamá puede ser la reforestación de 100 mil hectáreas en un plazo de cinco años, a razón de 20 mil ha/año con la inversión inicial de $100 millones (por cada dólar invertido se recuperan cinco). Los fondos pueden ser del Seguro Social y del Fondo Fiduciario. Esta inversión, además de generar ingresos importantes (para jubilaciones), generaría miles de empleos en áreas rurales deprimidas y recuperarían tierras degradadas. Esta nueva masa boscosa ayudaría a la agricultura, el ecoturismo, energía y salud.

Históricamente en Panamá la relación exportación/importación de productos maderables ha sido desfavorable. Para 2007 este déficit era de $188 millones. Esto es una oportunidad para desarrollar la industria forestal basada en la plantación de especies valiosas y de rápido crecimiento para el mercado local. Una industria nacional manufacturera tendría como resultado inmediato la oferta de productos a precios razonables, que potenciarían otras actividades y servicios como la vivienda, construcción, obras civiles, embalajes de exportación y, eventualmente, producción de energía a partir de desechos madereros, entre otros.

Ya se conoce la capacidad multiplicadora e inductora del sector forestal, el desarrollo de las plantaciones forestales comerciales a escala industrial tendrá como impacto inmediato el desarrollo de actividades de servicio en zonas rurales (transporte, carga y descarga, viveros, prestadores de servicios en plantaciones y cosecha, entre otros). Adicionalmente, el sector también aporta y promueve mejoras en infraestructuras, carreteras y servicios básicos en estas zonas.

El impacto ambiental de esta iniciativa es significativo en la baja de la presión sobre los recursos madereros del bosque natural y la recuperación de grandes superficies en vías de degradación, erosión y abandono, con su secuela de migración y pobreza. Además, estos bosques tendrían un impacto positivo para mantener la conservación de las cuencas hidrográficas, productoras de agua para consumo y energía.

<>

Este artículo se publico el 7 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El señor desconocido

La opinión de….

Luis A. Puleio C.

Todos los días tengo por paso obligado el transitar en mi vehículo de El Dorado hacia Clayton, pasando por la vía de La Amistad, con destino a mi trabajo. Particularmente, me agrada transitar por allí porque me distraigo viendo el bosque que linda entre los parques Camino de Cruces y Metropolitano. Temprano en la mañana o en el atardecer, mi espíritu se embelesa con el paisaje colmado de verdor y, aunque la vía esté atiborrada de vehículos, yo me recreo observando el follaje.

En no pocas ocasiones me ha tocado ver a un señor de cierta edad, quien armado de un machete y en atuendo del Army, hace cortes en el sector del parque, donde se sembraron innumerables plantones de especies nativas maderables por la Anam y compañías patrocinadoras.

El propósito de esa siembra, me explicó un funcionario de la Autoridad del Ambiente, es la erradicación de la llamada paja canalera (Saccharum spontaneum), que se ha extendido a sitios tan lejanos como el Bayano y Coclé.

La Saccharum spontaneum fue traída por los norteamericanos a Panamá en la década de 1960 con el objetivo de frenar la erosión de las riberas del canal. Por falta de estudios de impacto ambiental de la gramínea, ella se hizo fuerte, dominando a las especies naturales del bosque. La rápida dispersión de la semilla por el viento hizo que la paja gringa creciera de forma incontrolable. Una de las pocas posibilidades de dominarla es a través de costosas reforestaciones con especies locales de rápido desarrollo, cuyas ramas provean de sombra, así y al cabo de unos años la hierba se empieza a debilitar y a desaparecer.

El procedimiento para la preparación de la parcela se hace con el empleo de un tractor para que aplaste y descuaje la hierba, dejando la superficie libre de abrojos.   Si no se dispone de tractor, entonces se hace el corte con machete o con máquinas desbrozadoras. El mantenimiento debe ser constante, para impedir que la paja cobre fuerzas y termine ahogando a los plantones.

Durante el verano he visto al señor desconocido, tema de este artículo, cargando tanques plásticos con agua que él mismo utiliza, con mucha paciencia, para irrigar los plantones, ya que sin ese bienhechor auxilio, las plántulas terminarían secándose, haciendo fracasar el proyecto.   Sostener una reforestación de manera seria, va más allá del brindis y de los discursos laudatorios, exaltando a las organizaciones participantes.

Requiere de un equipo de ciudadanos consagrados en la tarea de conservación y que se empeñen en darle seguimiento a la reforestación, con el corte de la maleza, el control de plagas, la prevención de incendios y el remojar de las plantas durante la época seca. El trabajo de mantenimiento se prolonga por espacio de tres años, alcanzando los arbustos alturas de 10 a 12 pies.

En la actualidad, cuando paso por la vía de La Amistad, puedo apreciar cómo se ha ido regenerando el bosque, que era motivo de grandes llamaradas durante los meses de marzo y abril, y todo ello se lo debemos al señor desconocido que con tanto tesón y amor a la naturaleza ha facilitado la recuperación del dosel que cubre las márgenes de una transitada vía de la urbe capitalina.   ¡Gracias, señor desconocido!

<>

Este artículo se publicó el 10 de julio de 2010 en el diario La Estrella de Panamá y  el 11 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una ciudad en forma de chorizo

La opinión del empresario……

.

ARTURO D. MELO S.

El Gobierno Nacional, con las mejores intenciones de resolver el problema de los tranques y el tránsito en la Ciudad de Panamá, invertirá billones de balboas en el sistema de la primera línea del Metro y resolverá el problema del área que va de San Miguelito a la Cinco de Mayo. Para resolver los problemas de transporte de La Chorrera, Arraiján, Alcalde Díaz, la 24 de Diciembre, Las Garzas, Tocumen, Pedregal y la Vía Tocumen, etcétera, se requerirán fondos y líneas adicionales.

La Cinta Costera ha resuelto temporalmente el problema del tranque en la avenida Balboa. Este problema lo creó el cambio, sin estudios de zonificación, que permitió aumentar la densidad de población, construyendo torres en lotes de baja densidad, sin mejorar la infraestructura de calles, alcantarillado, acueducto y líneas eléctricas.

El aumento en la densidad de población fue resuelto construyendo las amplias vías de la Cinta Costera, pero por las calles de Punta Paitilla cada vez corren más aguas negras, debido a que las torres están haciendo explotar los alcantarillados construidos originalmente para viviendas unifamiliares.

Lo mismo está ocurriendo con las tuberías del acueducto y los cables eléctricos, los cuales parecen estar abrumando con su peso a los postes que los sostienen.   Los semáforos “ inteligentes ” han resultado problemáticos, y es que lo que se requiere, no son más semáforos, sino más calles.

La Cinta Costera fue un incremento costoso de las calles, construyéndolas rellenando el mar o sobre estructuras aéreas, porque no había más alternativas. Y aún la Cinta Costera tendrá problemas de tránsito, si se siguen construyendo torres sin control de densidad frente a la misma.

El problema de tránsito de la Ciudad de Panamá no se resuelve solo con inversiones costosas, porque, en realidad, el problema básico no es de infraestructura, sino de forma.

La Ciudad de Panamá se extiende actualmente de La Chorrera a Pacora, una distancia de 60 kilómetros de largo, mientras que su ancho es en promedio de menos de 9 kilómetros; en vez de forma casi circular, como la gran mayoría de las ciudades del mundo, nuestra capital tiene forma de un largo chorizo.

La ciudad se ha visto forzada a crecer hacia el Este y el Oeste, al ser impedida por el mar a crecer hacia el Sur y no poder crecer hacia el Norte. Este crecimiento en forma de chorizo saturó la capacidad del Puente de Las Américas en varias décadas y la del Puente Centenario se está saturando en unos pocos años.

El incremento del tránsito que crea la forma de chorizo, cada vez es mayor, y será casi explosivo con la gran cantidad de desarrollos que se están construyendo en Arraiján y La Chorrera.

Omar Torrijos dijo: “Yo no quiero entrar a la historia, sino a la Zona del Canal ” y la realidad fue que entró a la historia, pero solo muy parcialmente a la Zona del Canal.   De los 1445 Kms cuadrados que constituían la Zona del Canal, solo se han incorporado a la economía productiva nacional una porción relativamente pequeña.

Sin embargo, desde que se firmaron los tratados Torrijos-Carter, una porción mayoritaria de nuestro territorio ha sido declarada “ Áreas Protegidas ” y “ Comarcas Indígenas ”, como resultado de una compaña influenciada por instituciones gubernamentales y no gubernamentales internacionales. Como dice nuestro escudo, “ Pro-Mundi Beneficio ”. Y para los panameños, la forma de chorizo, que produce tranques y problemas de tránsito.

Con la devolución de la Zona del Canal nuestro territorio aumentó a 78.583 Kms cuadrados. Más del 56% de este territorio es ahora “ Áreas Protegidas ” y “ Comarcas Indígenas ”, alrededor de 44,200 Km cuadrados, lo cual nos deja el otro 44% de este territorio, o sean cerca de 34,500 Kms cuadrados, sujetos a desarrollo sostenible.

De este territorio, más de la mitad no tiene títulos de propiedad, sino solo derechos posesorios, los cuales no son entes de crédito.  Esto quiere decir que solo una quinta parte de nuestro territorio, menos de 17,000 Km cuadrados, participan en nuestra economía.

El problema del tránsito, que se origina de la forma de chorizo de nuestra ciudad capital, solo se puede resolver en forma permanente expandiendo, con normas de desarrollo sostenible, la ciudad hacia el Norte, utilizando algunas parcelas de “ Áreas Protegidas ”.

La mitigación del impacto ambiental se podría lograr reforestando las extensas zonas de decenas de miles de Kms cuadrados de “ chumicales ”, que existen en vastas extensiones de las provincias de Panamá, Coclé, Veraguas, Chiriquí y la Comarca Gnöbe Buglé.

Esta reforestación generaría una gran cantidad de empleo y riqueza y aumentaría significativamente nuestra capacidad nacional de captación de carbono.  Sobre todo, haría posible quitarle a nuestra Ciudad Capital su actual forma de chorizo, creciendo hacia el Norte, y resolviendo, en forma permanente, sus problemas de tranques y tránsito.

<>

Publicado el 7 de marzo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reforestación de las ciudades.

.

La opinión del Empresario…..

.

ARTURO  D.  MELO  S.
.

Recientemente tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Shanghai, China, población 18.5 millones de residentes permanentes, más de cinco veces la población Panamá.

Shanghai está dividida en dos mitades por el Río Huang. Veinte años atrás solo existía una mitad: Pu-Chi, ubicación del famoso “Bundt”, que era el centro económico de la ciudad, donde, en la década de 1930, estaban radicadas poderosas empresas Europeas.

La otra orilla del Río Huang se llama Pu-Dong y, hasta hace un par de décadas, la misma estaba dedicada a la agricultura. Era tan difícil cruzar el Río Huang que se decía, “más vale tener una choza en Pu-Chi, que un palacio en Pu-Dong”.

Hoy, alrededor de una docena de túneles y puentes cruzan el Río Huang, y Pu-Dong se ha convertido en la mitad de Shanghai más urbanizada, con una de las mayores concentraciones de rascacielos del mundo. Me hospedé en un hotel de 86 pisos, frente al cual se acaba de terminar una torre de 101 pisos y se ha iniciado la construcción de otra de 126 pisos. En estas construcciones se trabaja 24 horas al día.

Pero lo más impresionante de Shanghai no son sus rascacielos, sino la gran actividad que se despliega en ambas partes de la ciudad, en preparación de la misma para la gran Feria Mundial de Shanghai, que se inaugurará en enero de 2010.

Se está terminando la construcción de amplias y modernas avenidas y, tanto las nuevas como las existentes, se están embelleciendo con la siembra de árboles. Se trata, no de plantones, sino de árboles adultos que están siendo trasplantados. Son árboles de gran verdor, pero relativamente pequeños, que no destruyen las aceras ni las calles, los cuales se dotan de parrillas de acero, que permiten la penetración del agua y del aire, como ya se ha hecho, con tanto éxito y seguridad, en Paris y Tokio. Se trata de árboles escogidos para ornamentar estas tres grandes metrópolis y los mismos no se caen ni truncan la vida de personas que estacionan sus vehículos cerca.

Estos no son árboles con los cuales se pretende reforestar dichas ciudades, sino árboles que las llenan de verdor y vida y son de vocación ornamental y no forestal. Un terreno donde existió una foresta, y no está ocupado por una ciudad, se puede reforestar; más en una ciudad solo se puede ornamentar, no reforestar.

Y en nuestra ciudad se ha cometido el error de tratar de ornamentar con árboles de la foresta, algunos de los cuales son excelentes para reforestar, pero en la ciudad traen destrucción de aceras y calles y hasta la muerte de seres humanos.

Los guayacanes florecen con intensa vistosidad en el verano y, en la comunidad de nuestro bosque, se apoyan en y apoyan a los demás árboles y, cuando el tiempo los debilita, su caída es lenta y pasa desapercibida. Lo mismo sucede con los caobos, los cuales producen una madera de altísima calidad y no causan destrucción ni muerte en la comunidad de la foresta.

Pero en la ciudad, no solo son un peligro, sino que también pierden su elegancia cuando tienen que ser podados repetidas veces para evitar que hagan contacto mortal con las líneas eléctricas. Y los corotú son árboles apropiados para darle sombra al ganado en los potreros, donde el terreno, no cubierto por concreto, les permite balancear su frondosidad con sus raíces.

Como si no fuera suficiente poner en riesgo la vida de los que vivimos en esta ciudad con estas tres especies nativas, hemos también tratado de ornamentar nuestra ciudad con especies forestales importadas, como el laurel de la India, el caucho y el melina.

Las dos primeras son verdaderos destructores de calles y aceras y el tercero es un productor de madera de crecimiento rápido, el cual, si no se cosecha al terminar su crecimiento, se caerá sobre calles, aceras, vehículos y casas, causando muerte y destrucción.

Las autoridades en lugar de resolver el problema, han hecho su solución virtualmente imposible, requiriendo un permiso de ANAM y otro de la Alcaldía para derribar un árbol totalmente inapropiado para ornamentar la ciudad y que pone en peligro la vida y hacienda de sus residentes.

Luego de recorrido el vía crucis de estos dos permisos, el derribar un árbol peligroso se hace aún más difícil al tener que pagarle a la Alcaldía cientos, y hasta miles, de balboas por el derecho de quitar un riesgo a la vida humana. Esto lo debían hacer las autoridades por iniciativa propia, cumpliendo con su responsabilidad primaria hacia los residentes de la ciudad. Si lo hubieran hecho, hoy no tendríamos que lamentar la prematura terminación de la prometedora vida del Dr. David Andrés Robles Burgos, de 28 años. A sus padres les envío mi más sentido y dolido pésame.

¿Cuántos otros mártires de nuestros errores, y nuestra negligencia en corregirlos, tendremos que lamentar antes de que los árboles forestales en nuestra ciudad sean reemplazados por árboles ornamentales, como los de París, Tokio y Shanghai? ¿Tantos como los que fallecieron en el autobús incinerado? ¿Tantos como los que fallecieron por la catástrofe del Seguro Social con el dietilenglicol?

.

<>
Publicado el 23  de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.