Los sin justicia: Niños y niñas de Panamá

La opinión de…..

.

Wellington Pereira Carneiro

¿Como usted se sentiría si un día su cónyuge viaja a ver la familia en otro país y nunca más regresa con su hijo?  ¿Como usted se sentiría si luego de litigar en las cortes durante cinco años, viajar muchas veces, después de cinco demandas, cuatro sentencias favorables y más de mil páginas de proceso, no pudiera practicar actos tan sencillos como ver a su propio hijo, llevarlo al cine o a la escuela, salir de vacaciones o simplemente saludarlo para su cumpleaños o decirle cuánto lo quiere?

Esta situación, de una crueldad monstruosa, no solo existe en Panamá, sino que es tolerada y prácticamente sancionada por la justicia panameña de familia.  Cómo puede ser que en Panamá un padre luche hace diez años por no ser separado forzadamente de su hijo y hace cinco años no puede verlo debido a la incapacidad de la justicia panameña en hacer cumplir las leyes y sus propias sentencias.

Sin embargo la República de Panamá ha ratificado el Convenio de La Haya de 1980 que es un tratado internacional que visa garantizar el derecho de visita y cohibir el secuestro internacional de niños por uno de sus padres.    Panamá es parte, pero la justicia ha boicoteado su cumplimiento  . Esto atenta contra la seriedad de las relaciones internacionales de Panamá.   Este tratado ha sido fundamental en la devolución del niño Sean Goldman a su padre. Pero Brasil lo cumplió. Panamá lastimosamente no lo cumple.

Ya se dijo que el grado de civilización de una sociedad se mide por cómo ella trata a sus niños y sus personas de edad. Desde 1985 el médico-psiquiatra americano Richard Gardner documentó los casos donde uno de los padres pasaba a intervenir en el desarrollo psicológico de sus niños con el objetivo de causar prejuicio al vínculo afectivo con el otro progenitor.   Este disturbio psiquiátrico, el síndrome de alienación parental, se manifiesta cuando padres o madres enfermos transforman a sus hijos en misiles para hacerle daño al otro, los hunden en la desmoralización de su propia personalidad.   El nivel de tensión impacta como un tsunami en la tierna estructura psicológica de los niños y puede causar ansiedad, temor, depresión, anorexia, drogadicción u otras secuelas en el futuro.

Por lo tanto la alienación parental es un maltrato grave y en otros países resulta en la suspensión o pérdida de la custodia del niño. Sin embargo, en Panamá la justicia de familia ha sido incapaz de cohibir hasta los casos más evidentes demostrando tristemente su total bancarrota en garantizar los mínimos derechos humanos de los niños. Para el resto del mundo está claro que esto es ilegal y moralmente repugnante. Sin embargo, aquí se premia a los agresores y se pune a las víctimas con la perpetuación de las violaciones a los derechos humanos.

Un Estado que no hace cumplir las sentencias del Poder Judicial viola el derecho al debido proceso legal. El Estado es el único que tiene el monopolio del uso de la fuerza para el mantenimiento del orden social.   O sea, el Estado no pide, manda. Si la justicia es incapaz de ejecutar sus determinaciones el estado de derecho fracasa, triunfa la arbitrariedad y la violencia, la democracia se hunde, es la anarquía.

¿Pero por qué pasa eso? ¿Cómo son nombrados los jueces? ¿Cómo se mantienen en sus puestos? ¿Por qué la ineptitud es un rasgo fundamental de algunos despachos? Mientras se siga tolerando el tráfico de influencias, la corrupción, la discriminación y machismo, no habrá protección a los derechos de los niños.

<>

Publicado el 30 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Anuncios