El miedo a la inseguridad

La opinión de….

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Marta Cecilia Pérez C.


Según la conocida pirámide de Maslow, la seguridad es la segunda necesidad de los seres humanos, solo le preceden las necesidades fisiológicas por razones obvias. El sentido de seguridad, definitivamente, es relevante para todos los seres humanos.

Recuerdo la penúltima vez que sentí miedo a la inseguridad en mi país. Era muy joven, pero recuerdo los tiempos de la dictadura en donde ese miedo no era por ladrones o asesinos de la calle (que tengo que reconocer que casi ni se veían), sino por miedo a hablar, a expresarme libremente. Ese miedo lo recuerdo perfecto, porque fue la primera vez que sentí mi vida amenazada de alguna manera. Desde ese entonces, no había vuelto a sentir esa inquietud tan grande hasta ahora.

Y es que ya a las personas que asaltan, secuestran o matan no son seres extraños en la televisión, son gente que vive cerca de nosotros, ya sea en el hogar o en el trabajo. Todo el mundo tiene un cuento de alguien cercano a quien algo le ha pasado. Las cadenas de correos electrónicos ya no son de oraciones (que siempre caen bien) o de mensajes motivadores, son de cómo defenderse ante un asalto, cómo tomar precauciones para evitar robos, etc.

Las barriadas hacen reuniones para ver si colocan una garita de seguridad, si colocan alarmas en las casas o si reactivan el programa de los Vecinos Vigilantes. Todos los días amanece con una nueva historia de robo, asalto y, desafortunadamente, de muerte.

¿Cómo hemos llegado hasta donde estamos? No lo sé, lo que sí sé es que el problema es de todos y me da miedo pensar que el tiempo sigue pasando y que ya vemos como normal todo lo que sucede o, simplemente, nos comparemos a otros pueblos hermanos que “tienen más muertos diarios”.

Sigo siendo fiel creyente de que en el hogar está el centro de todo. Hay que revisar qué tipo de niños estamos educando y en qué clase de adultos se convertirán, según los valores que les estamos proporcionando. La sociedad civil ha tratado de hacer un esfuerzo y hay asociaciones para fomentar la paz, eso es buenísimo, pero creo que muchas más (de las que ya están formadas y son reconocidas en el país) deberían unirse a la causa. Tenemos que demostrar como sociedad civil que no queremos convertir a Panamá en un país en el que no se pueda vivir.

Todos tenemos responsabilidad en el pastel, a pesar de que unos le quieran echar la culpa a otros. Los medios deberían fomentar aún más las campañas pro paz y seguridad, porque todo el mundo, de una forma u otra, está en contacto con los medios. Lastimosamente, lo que más vende en nuestro país es saber quién fue el muerto del día y la historia que hay detrás, por eso los programas o los diarios que albergan este tipo de noticias son los que más se venden; ello demanda una responsabilidad por parte de este importante gremio.

El Gobierno no tiene toda la responsabilidad, pero sí una importante parte del pastel. ¿Estarán haciendo suficiente? Señores gobernantes, considero que este es un problema prioritario que se debe atender antes de que se nos salga de las manos. Nunca he visto una campaña del Gobierno sobre seguridad. Hay que revisar lo que está haciendo la Policía y lo que no funciona cambiarlo, mejorarlo, ver la experiencia de otros países en este sentido. No estoy en contra de los militares en este negocio de la seguridad, al contrario, pienso que cada quien tiene su especialidad.

Soy una fiel defensora de los derechos humanos; sin embargo, considero que si alguien atenta contra la seguridad de otra persona la consecuencia lógica es que sea castigado. Hay que revisar leyes de menores y adultos.

Realmente, es un trabajo de todos. No nos toca culpar a uno ni a otro, sino ver qué puedo hacer yo como individuo, como ciudadano de este país, como padre, como empresario y como gobernante.

Quizás expongo más de lo mismo en este tema, pero considero la seguridad como un asunto de primer orden en estos momentos. En algunos países, los ciudadanos se encierran a las 7:00 p.m. por la enorme inseguridad, ¿tendremos que llegar a esos extremos?

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Artículo publicado el 12 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Un transporte muy selectivo

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La opinión de….

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MARTA CECILIA PEREZ C.

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Recuerdo que hace varios años escuché por primera vez el término “transporte selectivo” para referirse a los taxis que operan en Panamá. En ese momento, la palabra selectivo la asocié a selecto: sólo iba yo cómodamente sentada en un taxi, con aire acondicionado, y el servicio estaba a mi disposición siempre que tuviera el dinero para pagarlo. Sin embargo, hoy en día esa percepción y la realidad han cambiado totalmente. El término selectivo se refiere enteramente a la selección que haga el señor taxista de llevarme o no.

Soy usuaria diaria de los taxis, de piquera o libres, y vivo en carne propia la aventura que es conseguir un taxi y cómo nos resta tiempo, valioso tiempo del día, para conseguir uno.

Los antes comunes “no voy”, ya casi ni existen. Han sido reemplazados por rostros que nos miran como diciendo “¿está loca o qué?” o con caras de verdaderas muestras de dolor al escuchar el lugar adonde nos dirigimos, seguido por supuesto, de la huida total. “Para allá hay tranque”, nos suelen decir; mi pregunta es: ¿en qué lugar de Panamá no hay tranque? Y conste, no solo esto me pasa a mí que vivo en la mitad de la ciudad, sino a muchos que van a sitios ubicados a solo cinco minutos de donde tratan de tomar el taxi.

Después de varias horas, si tenemos la suerte de que alguien nos haya querido llevar, hay que soportar las constantes quejas y desánimos “¿por qué vine para acá?”, “ya no la puedo bajar, ni modo” o “la dejo aquí, porque si paso para allá me agarra otro tranque”. Este suplicio es tal que uno se pregunta si no hubiese sido mejor subir a un bus. Ni siquiera se le ocurra tomar un taxi fuera de ciertos centros comerciales, solo quieren llevar a los turistas, a pesar de que no son de turismo, de manera que hay que recoger los paquetes y llevarlos a cuestas hasta la calle para esperar que alguien se apiade de uno (sí, porque a veces hay casi que rogar).

Creo que la pregunta correcta que hay que hacer a los conductores de taxis es “¿señor, a dónde se dirige usted?”.

Hay ocasiones en que los taxistas cobran de más y lo consideran como algo normal “porque cuesta mucho llegar allá”, hay gente que les paga lo que piden. Incluso yo lo he hecho, pero de forma voluntaria porque sé lo que cuesta cruzar la ciudad de Panamá.

Debo reconocer que no todos los señores taxistas son iguales. En mi experiencia he encontrado a muchos señores optimistas, cuyo deseo primordial es trabajar; que te llevan, a pesar del tranque; que mantienen el buen humor o, simplemente, cumplen con su trabajo.

Los entiendo perfectamente, y me quito el sombrero, porque ese no es un trabajo fácil, y es además peligroso. Manejar no es fácil y manejar en Panamá, menos aún; sin embargo, este fue el trabajo que eligieron y el deber es prestar el servicio, así como todos tenemos un trabajo que cumplir.

Otro punto es que el precio de la gasolina fluctúa constantemente. ¿Son las tarifas justas? En algunos casos, sinceramente, creo que no son justas para ellos (aparte del juega vivo de algunas personas que quieren pagar menos por la carrera. Sí, hay de los dos lados).

Con todos estos puntos a favor y en contra, y tratando de hacer un balance, lo que más me preocupa es que se ha creado una “cultura del no voy” entre los taxistas que, por supuesto, no es favorable para la innumerable cantidad de clientes que utilizamos este servicio, ya que todos en un momento dado hemos utilizado un taxi.

Se trata realmente de un problema, pero no veo que ni la sociedad civil, ni el Gobierno, ni el gremio de taxistas hagan nada por buscar una solución.

Hay mayor preocupación porque los taxis estén pintados de amarillo que por el servicio que prestan. Necesitamos y merecemos un buen servicio.

Hace unos días, en una céntrica avenida, 10 personas preguntamos al mismo taxista si nos llevaba, pero no quiso llevar a ninguna. No puede ser que todas vivan en lugares peligrosos.

Quizás las autoridades deban considerar poner multas a los conductores de estos vehículos en caso de que no presten el servicio.

Quizás sea necesario hacer una revisión de las tarifas, y por supuesto, que el Gobierno se comprometa a agilizar el acceso a las avenidas, calles y barriadas de la ciudad, para aliviar el problema de la circulación de vehículos en Panamá.

Conversando con un extranjero, él me comentó que estaba sorprendido de que aquí casi todo el mundo tomaba un taxi; en otros países lo hacen muy poco, sólo en caso de urgencias. ¿Será que aún vemos a los taxis como un sistema de transporte muy selectivo?

En todo caso, lo que esperamos es contar con un eficiente y real servicio de taxis en nuestra ciudad, que sea justo para ambas partes.

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Publicado el 24 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Un gobierno de luces largas

La opinión de….

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Marta Cecilia Pérez C.


Un gobierno de luces largas

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Voté en blanco para presidente en las pasadas elecciones. Fui criticada por algunos, sin embargo, aunque sintiera hasta simpatía y/o afinidad, por uno o por otro candidato, estaba segura de que esa era mi decisión.

Por el hecho de no haber pertenecido nunca a un partido político y de haber tenido la libertad total de votar por diferentes candidatos y partidos durante toda mi vida, en esta oportunidad, por primera vez, decidí ejercer el derecho a votar en blanco porque no me satisfacía ninguna de las opciones presentadas.

Sin embargo, luego de las elecciones, desee lo mejor al candidato elegido y a mi país.   No tengo nada a favor ni en contra del presente gobierno y como ciudadana estoy vigilante de que siemprese haga lo mejor por mi querido Panamá, sea quien sea el que esté en la silla presidencial.

Los primeros días fueron iguales a los de todos los gobiernos pasados y futuros: criticar las acciones del pasado gobierno, limpiar las instituciones de los empleados del pasado partido gobernante y emplear los miles de seguidores con quienes se tiene deuda política.

A favor del gobierno tengo que decir que la característica más importante, al menos a mi parecer, es tomar “el toro por los cuernos”, es decir, problema que se presenta, trata de darle solución inmediata.   Creo que todavía es muy temprano para hablar del grupo que acompaña al Presidente (y hasta del mismo Presidente),  sin embargo, celebro ciertas estrategias, como la de la de ministra de Educación, que empezó haciendo un inventario de todo y convocando a todos a participar activamente de la educación en Panamá.   La rapidez con que se puso en marcha el proyecto 100 a los 70 también ha sido un éxito.   El Ministerio de Economía y Finanzas presentó un plan para reformular el tema de los impuestos, que esperamos sea de beneficio para todos y en especial para la clase media de este país.

Lo que me preocupa es que no veo un plan de Gobierno a mediano y largo plazo. Solo sé que a largo plazo tendremos un metro, eso es todo.  Me encantaría saber, como ciudadana, qué planes hay en salud, en comercio e industrias, en vivienda, en seguridad, etc.  Un plan anual sobre los lineamientos que seguirá nuestro país en las diferentes áreas. Saber a dónde vamos.

Ojalá que las efervescencias no sean una constante, sino que todo sea parte de un plan estructurado, bien dirigido y con un fin.   Necesitamos, como ciudadanos, esa seguridad.

Exhorto a todos los que tienen cargos públicos a que trabajen con honestidad y en planes a largo plazo.   No es lo mismo correr y tapar un hueco, que taparlo e informarnos cuál será la política para tapar los huecos hoy y mañana.   Algunos de estos funcionarios fueron elegidos no por ellos mismos, sino porque muchos ciudadanos tienden a votar en la famosa plancha para darle la contra al partido saliente o el favor al partido con el que simpatizan (actividad que no comparto porque me parece interesantísimo el reto de tener diferentes ideologías para aportar más y mejores ideas).

Soy una ciudadana común, no sé de política, pero esto es lo que veo en la actualidad.   Señor Presidente, necesitamos un gobierno de luces largas para estar seguros hacia dónde nos dirigimos todos los panameños. A pesar de no haber votado por usted, confío en que nos sabrá conducir hacia planes bien estructurados.   Estaremos vigilantes de ello.

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Publicado el 19 de septiembre de 2009 en el diario La Prensa; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.