Entre carisma y liderazgo

 

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE  EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

Cabría preguntarse, ¿si los partidos políticos y las ideologías son los que movilizan a la gente? o, ¿el carisma es la clave?    En su conferencia sobre ‘Liderazgo y Resultados’, John Sadowsky, profesor de Liderazgo en la Grenoble Graduate School of Business, comienza analizando el porqué Barack Obama se convirtió rápidamente en un líder, mientras que George Bush nunca llegó a serlo y, qué tienen en común Nelson Mandela, Martin Luther King, Mahatma Gandhi y Winston Churchill, llegando a la conclusión de que no hay patrones ni esquemas que puedan explicar sus éxitos, pero lo que sí tienen en común, es que fueron grandes narradores. Aprendieron a conocerse a sí mismos y a usar sus historias de identidad para incluir a la gente en sus sueños y contagiarles sus pasiones y quimeras.

Dice Sadowsky que, mientras Bush contaba una historia de poder para sí mismo, Obama supo inspirar al electorado con su historia personal y, que Gandhi no nació con el don del liderazgo, sino que se transformó en un maestro cuando decidió aprender de su propia experiencia y seguir los dictados de su corazón. Winston Churchill tampoco era un orador nato. El análisis minucioso de sus mensajes, el afán de simplificar las ideas para llegar al gran público y la práctica tenaz, fueron los ingredientes que lo convirtieron en el mejor orador del siglo XX.

Agrega Sadowsky, que el carisma no conduce al liderazgo. Por el contrario, es la ‘pasión por liderar’ la que lleva al carisma. Mi hipótesis central es que el carisma tiene cierto grado de racionalidad y que puede ser explicado a través de cada cultura y de cada uno de los seguidores de un líder.   La gran revolución del carisma tuvo lugar durante los años sesenta debido al uso de la televisión. Ésta ha transformado la morfología del carisma y la imagen pública de los políticos. A pesar de que no podamos concebir las relaciones sociales sin su presencia, el carisma puede convertirse en un peligro al servicio de demagogos e ideologías como el fascismo. Así, un exceso de fascinación por el carisma puede ir en contra de la cultura política y del espíritu crítico de las democracias.   No obstante, para un hacedor de imagen este elemento es un atributo necesario para todo tipo de líderes políticos democráticos, sin el cual los políticos no pueden triunfar electoralmente.    Solo que la compra de conciencia de los electores y las mentiras en las promesas de campaña sean las reglas a seguir.

Carisma es una palabra de origen religioso, y se refiere a un don que Dios les ha dado a ciertas personas para atraer o fascinar a otras.     En psicología, reconocemos a una persona carismática cuando tiene la habilidad de motivar o de entusiasmar a quienes les rodean. Son personas admiradas y queridas por sus seguidores o por el contrario, odiadas por sus adversarios.

No obstante, poseer este don no significa por ello ser ‘buena persona’, porque muchos dictadores y déspotas crueles y sanguinarios a través de la historia han sido carismáticos.

Muchos autores plantean que se nace con este don. Otros tantos, defienden la tesis de que el carisma se aprende como toda habilidad y que otros tienen que construirlo con esfuerzo. Pienso que el ser humano como ente bio—psico—social requiere de un componente genético, de la predisposición mental y psicológica y de un aprendizaje social para desarrollar la condición carismática, así como el liderazgo. Es bueno destacar que no todos los líderes son carismáticos, ni todos los carismáticos son líderes.

Para personas consagradas a una causa, el carisma es una fuerza interna que se posee y que se desarrolla por el interés, la constancia, el esfuerzo y el ejemplo hacia los demás. Para estas personas no importa si se es pequeño de estatura, poco atractivo o agraciado, artista, magnate o presentador de televisión, qué ropas se lleven o si se expresan con el silencio, mientras hacen su obra sin grandes discursos, como la Madre Teresa de Calcuta o Mahatma Ghandi.

El político que posee liderazgo y carisma convence con sus puntos de vista y tomando en consideración la opinión de todos. No impone criterios, los discute, enseña, y guía. Su autoridad no depende de una cara bonita, ni del dinero que tenga, ni del cargo o posición de jefatura, sino de su autoridad moral y del respeto que siente hacia su propia persona. Entiende y está consciente de que se puede equivocar, que la verdad absoluta no existe y que es vital reconocer la opinión de todos.   Acepta la decisión de la mayoría y lucha por mantener los grados de libertad del pueblo que dirige. Lo contrario conduce a la barbarie, al despotismo y a la tiranía.

 

Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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Los partidos grandes

 

La opinión del médico y político….

JORGE GAMBOA AROSEMENA
jgamboarosemena@hotmail.com

El poder tiene un hipnótico que hace que los que lo detentan, sin formación, sin valores, sin acervo cultural, pierdan la sensatez. Hoy tenemos el partido Cambio Democrático en esa situación.

Esta no es una experiencia nueva en Panamá. Ya la habíamos experimentado en la década del 50 del siglo pasado, cuando entró en escena un ‘hombre fuerte’ llamado José Antonio Remón Cantera. Luego de llegar a la comandancia de la Policía Nacional en 1947, va asumiendo poderes y se legítima como gobernante en 1952 con una alianza de partidos que luego transforma en el partido Coalición Patriótica Nacional (CPN), partido hegemónico que dificulta la competencia promoviendo que, para formar partido, se requerían 50 mil adherentes, cuando no llegábamos a 900 mil habitantes.

Luego aparece otro ‘hombre fuerte’, Omar Torrijos, agente gringo desde finales de los años 50 que se toma el poder y se hace nombrar casi emperador, por todas las facultades que le daba el artículo 277 de la constitución que se hizo a la medida, constitución que hoy nos rige con una serie de parches. Este segundo dictador hace su partido grande, el PRD, partido que hoy sortea una serie de escollos para estirar los tentáculos logrados con Torrijos.

Ahora tenemos otro ‘hombre fuerte’ que quiere, igual que los anteriores, tener un partido hegemónico. Como los otros, ha utilizado el clientelismo que permite el manejar el Estado para aumentar la membresía y no pretende parar hasta que logre ser el partido de mayor membresía.

¿Para qué sirven los partidos grandes? Sus promotores se engañan y engañan a sus camarillas cercanas con la tesis de que así perdurarán en el embriagante poder. La CPN desapareció en menos de dos décadas. El PRD no ha desaparecido porque a él se sumaron tecnócratas e izquierdistas tránsfugas que, con astucia, han logrado dos veces retomar el poder por la incompetencia de los dos gobiernos civilistas que degradaron en gobiernos pro oligárquicos sin programas ni controles.

Los tres partidos fuertes han sido partidos demagógicos, antinacionales y antipopulares, con sus particularidades para ejercer estas proclividades. En pocas palabras han sido partidos anti Panamá.

Estos partidos han hecho aflorar el cobre en los panameños que a ellos se han sumado. Han sido y serán un ancla para el desarrollo de Panamá. Y no es que los otros partidos sean lo debido. Necesitamos partidos democráticos, con valores, participativos y programáticos. No necesitamos partidos grandes de ‘hombres fuertes’.

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Este artículo se publicó el 28  de enero de 2011   en el diario El Siglo, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Transfuguismo: traición o resurgimiento

La opinión de la Periodista…

Judy Meana 

El egoísmo es la principal causa del transfuguismo político. Egoísmo de quien decide cambiarse porque piensa que su partido se viene abajo o porque sólo piensa en sus intereses personales. Egoísmo de los líderes que no le dan oportunidad a sus seguidores de crecer, ocupar espacios y convertirse en nuevos líderes.

Cambiarse de partido cuando se ha ganado un puesto de elección popular, gracias a la postulación de una fuerza política, debe ser una decisión muy dura y me parece gracioso que critiquen esto si, desde que vi al Partido Demócrata Cristiano aliarse con el PRD, quedé curada de espanto. Y me terminé de curar, cuando el Presidente Martinelli dijo que en su Gobierno tendría a los mejores, sin importar al partido que pertenecieran.

Del otro lado está la posibilidad de un resurgimiento político. Cambiarse de partido puede ser una oportunidad de estar más cerca del grupo que tiene el poder de tomar decisiones importantes.    El tránsfuga, quizás preocupado por los ciudadanos que le eligieron, considera que pasándose al partido gobernante puede lograr que se agilicen proyectos.

Hay unos casos menores que son los que a mí me causan pena; los de aquellas personas que por miedo a perder su trabajo, se cambian de partido. O los que se cambian porque quieren conseguir un trabajo dentro del Gobierno. El ser humano debe valer por lo que es, por su capacidad, experiencia, creatividad y valores. No por que pertenece a un partido político.

La verdadera y principal razón por la que se cambia una persona de un partido a otro, sólo se sabrá el día que veamos sus logros y si cumplió sus promesas o compromisos. Creo mucho en esta frase: “la gente puede dudar de lo que dices, pero no de lo que haces”.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Otra imposición antidemocrática

La opinión de…

Olmedo Beluche

En lo que constituye un nuevo ataque al derecho a la participación de los sectores populares de Panamá, y la confirmación de que estamos ante un régimen oligárquico y plutocrático, el Tribunal Electoral ha decidido quitar al Partido Alternativa Popular su reconocimiento como “partido en formación”. La base “legal” para esta decisión son las condiciones antidemocráticas del Código Electoral que exige 63 mil 500 firmas para inscribir un partido político.

En base a un Código Electoral redactado bajo la dictadura militar, emparchado bajo la “democracia”, para crear un régimen controlado por un puñado minúsculo de partidos y políticos, el Tribunal Electoral ha cerrado las puertas al primer partido popular y de izquierdas que intenta participar de los procesos electorales desde 1984, con los mismos criterios antidemocráticos con que, en 2009, le cerraron la puerta a la libre postulación presidencial del Prof. Juan Jované.

Pero, al igual que con Jované logramos el reconocimiento del pueblo panameño y de la Corte Suprema de Justicia para la legitimidad de la libre postulación presidencial, el PAP no cejará en su lucha por obtener el reconocimiento electoral, porque es un legítimo derecho democrático que los sectores populares tengamos nuestros partidos y podamos participar en las elecciones.

El actual sistema de partidos y la cantidad exagerada de adherentes es una farsa basada en la corrupción, la compra de las firmas y en el clientelismo político que obliga a los funcionarios públicos a inscribirse en el partido de gobierno de turno, so pena de ser despedidos.   Esa es una verdad de a puño que todo el mundo sabe, incluidos los magistrados del Tribunal Electoral. Esa farsa debe acabarse con una verdadera reforma electoral democrática que llegará tarde o temprano.

Esa farsa es reforzada por toda clase de obstáculos artificiales que se ponen a los partidos en formación que no pertenecen a la oligarquía. Por ello instamos al conjunto del movimiento social y sindical a poner en su agenda de lucha conquistar un régimen político verdaderamente democrático.

Los más de 5 mil adherentes que logramos de ciudadanos conscientes que apoyan este partido con un proyecto de cambios profundos para el país nos animan a seguir adelante. Con esas firmas ya seríamos un partido con reconocimiento electoral en la mayor parte de América Latina y el mundo.

A nuestra militancia y simpatizantes les decimos: no hemos sido ilegalizados, porque la Constitución garantiza el derecho de libre asociación y organización, lo único que han hecho es impedir que participemos en los procesos electorales. El Partido Alternativa Popular existe y sigue luchando y no depende del Tribunal Electoral.

Exhortamos a la militancia y simpatizantes a fortalecer nuestras estructuras, sin ceder sus firmas a ningún otro partido, porque es nuestra decisión participar del proceso electoral de 2014 por dos vías: volviendo a inscribir nuestras siglas (PAP) y apoyando la libre postulación presidencial del Prof. Juan Jované.

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Este artículo se publicó el 2 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Por un verdadero cambio

La opinión de…

 

Efraín Hallax

El propósito del poder es casi siempre igual, según lo plantea Freud en los conceptos ego débil y ego fuerte, el primero carente de pasión y subordinado y el segundo siempre presto a imponerse. La variante genética no ha tenido ninguna transmutación y creo que se ha arraigado igual que un apéndice a través de los siglos en nuestro subconsciente animal. Durante miles de años, el poder ha sido la “hormona” que ha movido al mundo; ha sido y es más fuerte que el sexo y el rock and roll.

Contrario a lo que la mayoría de la clase pensante y espiritual intuye y predica, no es el amor ni el conocimiento lo que mueve al mundo, sino el poder. Mientras el pueblo se muere por el pan y el circo, el poder se muere por controlar al panadero, al dueño del circo y, lógicamente, a las emociones de la plebe que mira el espectáculo. Partiendo de estos conocimientos del poder, deberíamos aceptar que la lucha a muerte entre los participantes de este infinito torneo hormonal es tan común como la lechuga… o Santa Claus.

¡Quien ostenta el poder lo usa! ¡Quien tiene una onza quiere una tonelada! Dios, Satanás, un cura, mi madre, tu padre, y hasta un bebé, todos aprietan las tuercas para ejercer más poder cuando quieren, cuando deben, cuando pueden. No es el poder lo que me molesta de algunos líderes de mi partido, sino lo infantil que somos en no darnos cuenta de que el constante uso de la fuerza aburre y no funciona en periodos largos.

A la luz de las encuestas, Cambio Democrático tiene un importante caudal para aspirar a esa cuota extra: 65% de apoyo es más que suficiente para sentirse seguros. Pero esa confianza puede ser nuestra mayor debilidad; creo que cometer los mismos errores de ayer es una tontería que se pagará muy cariñosamente en un futuro cercano.

El poder que una vez ostentó el PRD lo perdió por su falta de integridad, por su falta de visión política, de pensar que solo queremos ser torrijistas, ñángaras y corruptos sin neuronas. Tengo una buena noticia, este pueblo ya no es PRD. Hoy día lloran por la falta de poder, y acusan con lágrimas que el excesivo ejercicio del poder por Cambio Democrático lo conducirá a su destrucción. ¡Qué gran inteligencia que han detectado en sus adversarios! ¡Qué nivel tan majestuoso del sentido de la deducción! El poder no puede mantenerse eternamente; se desgasta y se esfuma como las lágrimas en tiempos de cólera. Creo que todavía el PRD no lo entiende y no creo que lo entenderá jamás. El poder es momentáneo. El eterno cambio es la única constante universal. La disciplina es para todos, no solo para los perredistas, sino para los arnulfistas, y debe aplicarse especialmente a los pícaros de nuestro partido. Tanto aliados como miembros tienen que dar el ejemplo. Me pregunto, ¿por qué ningún arnulfista ha sido juzgado por corrupto? Ninguna organización, familia o imperio corrupto sobrevive un constante ataque por faltar a la moral y a la ley. Debemos luchar diariamente por metas superiores. Impulsar la educación, pues esta es requisito sine qua non para alcanzar el desarrollo integral. Pero ello debe ir acompañado por el impulso de los valores éticos, tanto en el discurso como en la praxis. El sufrir cotidiano, un poco de felicidad, eso es el pueblo, ese soy yo, ese es el objetivo.

Lo vulgar y anodino de diputados, alcaldes y jueces, buscando, oliendo, lamiendo y cepillando por tener acceso al poder. Esa estrechez de mente aburre… indigna. Creo que Cambio Democrático puede llegar a ser un faro, no solo para Panamá sino para toda América Latina si ejerce el poder y retoma los valores superiores. Si entendemos y abrazamos aquello que nos puede dar la vida o la muerte… el uso adecuado del poder.

Todos pensamos en Panamá que los arnulfistas eran los de verdad. ¡Qué fraude resultaron como gobierno! Tiemblo en solo pensar que regresarán.

La libertad casi siempre muere entre aplausos o entre lágrimas. Como toda idea, la libertad es solo una idea, igual que la democracia, lo real es el poder. Creo que la libertad y la democracia son espejismos terciarios del poder. Creo también que los locos somos más. No solamente por tener una idea de lo que deseamos que sea nuestra patria, sino porque pensamos que hay algo más allá, algo más grande que el pan y el circo; algo que toca lo divino: la esperanza de ser mejores seres humanos y entender que el poder supremo solo lo tienen los gusanos. Y que el destino final es volver a la tierra. Eso es realpolitik. Por ello propongo que examinemos con honestidad patriótica las ventajas de una constituyente, que nos una como nación, sin parches a la Constitución… una quimera del poder compartido.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ayer y Hoy

La opinión del Analista Político…


GIL MORENO
gil-moreno15@hotmail.com
El proyecto de reelección presidencial murió en su cuna, pero puede resurgir en cualquier momento. Es cierto que el presidente de la República, en cierta ocasión, dijo que su candidato presidencial para las próximas elecciones sería Juan Carlos Varela. Pero como lo más probable es que en unas elecciones primarias la candidatura de Varela sea rechazada por las bases del partido, y la propia Mireya Moscoso así lo ha dejado entrever, el Sr. Presidente quedaría en completa libertad de elegir a otro. Esto, sumado al resultado de las encuestas que favorecen al mandatario, fue lo que tal vez motivó a algunos diputados de Cambio Democrático a presentar al pleno de la Asamblea un proyecto de reelección presidencial, que desde un principio se vio que iba a ser rechazado. 

Ahora bien, si Varela no es elegido en las elecciones primarias de su partido, quedaría descartado como candidato presidencial, y el Sr. Ricardo Martinelli se vería en serios apuros porque dentro de su alianza no existen figuras presidenciales y tendría que aceptar al candidato del Partido Panameñista. Que Martinelli se llegue a reelegir, lo veo como un imposible. Aunque logre obtener los votos en la Asamblea, el pueblo en masa lo rechazaría en un referéndum y correría la misma suerte de Pérez Balladares, porque el pueblo panameño es consciente de que, si en 5 años estos presidentes no sirvieron, en 10 años menos.

En otro orden de ideas, pienso que el triunfo de Ricardo Martinelli fue circunstancial, producto de una situación muy particular que pocas veces se da y que no se repetirá. El Sr. Varela, que debió ser el candidato ganador, las encuestas no lo favorecieron, no era figura presidencial; en cambio Ricardo Martinelli, desde un principio electrizó al electorado, era un magnate, hombre de una inmensa fortuna que había triunfado por esfuerzo propio. Por eso se pensó que era el candidato ideal, el hombre predestinado a llevar adelante los grandes cambios, que fue la palabra mágica que él uso.

Y le ganó la partida a Varela porque los pueblos, como la muchacha sencilla, casi siempre se deja cautivar por las frases tiernas y almibaradas del galán. Y del otro lado teníamos a Balbina Herrera, que muchos no la querían por sus viejos nexos con los militares, principalmente con Noriega. Sin embargo, era una mujer sencilla, madre amorosa, sin relumbrón.

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<> Artículo publicado el 22 de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cortinas de humo

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

 

MARIELA   SAGEL –  –
marielasagel@gmail.com

Si queremos saber el significado del término ‘cortina de humo’, tan alegremente usado como el eclipse de mar de Joaquín Sabina, el mismo significa ‘el conjunto de hechos o circunstancias con los que se pretende ocultar las verdaderas intenciones o desviar la atención de los demás’.

Es así cómo, en las pasadas semanas, y más precisamente desde que empezó el problema de la escasez de agua en la ciudad capital, hemos visto desplegar toda una serie de cortinas de humo, hábilmente utilizadas para desviar la atención de lo medular que es esta crisis, que ha demostrado el pésimo estado del instituto que lo regenta y, más aún, la falta de previsión que no solamente esta administración, sino las anteriores, han tenido y dejado a la buena de Dios, el optimizar los servicios para proveer de agua potable a un país que se precia de poseer abundantes recursos hídricos y, ni que decir, ser hijos del Chagres.

Si para cuando salga este artículo la crisis del agua lleva casi 40 días, por lo menos ha habido 40 escenarios mediáticos que se han montado para que no nos demos cuenta de lo serio que es este asunto.   Y como en un partido de fútbol, de un lado patean y del otro tratan que no metan gol y patean de vuelta.    Y así se desgranan toda una serie de episodios, algunas bajas, y un changuatal tan grande que todo el mundo ha quedado embarrado.   Lo más lamentable fue la ‘inquisición’ ejecutada en el centro correccional de menores –parafraseando a Carlos Fong— que posiblemente sin ser premeditada, contribuyó al desvío del problema puntual que vivimos a diario: no hay agua.

Lamentable también el pobre papel que han jugado las organizaciones y partidos políticos que se dicen en la oposición. Es tan fácil llevar a la lona a este gobierno, con todas sus metidas de pata y de mano, que no entiendo cómo, a estas alturas, se sigue hablando de hacer una tuza financiera, la recompra de los corredores o siquiera un metro incosteable.   Pero los unos y los otros se hacen eco de la manipulación mediática (¿tendré que volver a enumerar los principios de ésta, bien estructurados por Noam Chomski?) y le hacen el juego a los emuladores de Goebbels.

El destape de la corrupción en el Ministerio Público (tonto inútil resultó el designado, jamás nombrado), la vergüenza que nos hizo pasar el Cónsul del Lamborghini, la compra (o vuelta a secuestrar) de EPASA,   la Ley Zúñiga –el colmo de la intolerancia de este gobierno— que distrajo por unos días la atención de los medios hacia lo puntual, la falta de agua y de soluciones ante ella, fueron apenas algunas de las distracciones que se sacaron los magos mediáticos de la actual administración, sin mencionar la propuesta de reelección, que atomizó a la mal amalgamada alianza y lo terrible de ver unos custodios penitenciarios portarse como verdaderos asesinos y monstruos ante la impotencia de unos jóvenes que exigían un trato humano.

Entra en todo este periplo de tropezones, las renuncias del director de comunicación (alegando un matriarcado) y la del Zarino, que en 18 meses no hizo nada en su puesto, aparte de lucir sus corbatas en televisión.

Siempre he tratado de señalar lo importante y no lo urgente, aunque muchas veces éste último sobrepase al primero en protagonismo. Para poder ganar hay que enfocarse en las debilidades y carencias que tiene el adversario. Y en el escenario político actual, son altisonantes, claras y hasta ostentosas. No entiendo por qué no se le pega directamente a ellas.

Me dio mucha pena, viendo la entrevista que le hizo Álvaro Alvarado al Presidente Martinelli, la forma en que el mandatario maneja el lenguaje, los epítetos y hasta los gestos. Fue vergonzoso que, al referirse a lo del Cónsul de Miami, dijo que era producto de la pobre educación que había en este país y que se cortara la moñita y no sacara ese carro por el día. ¡Aló presidente!: la falta de educación la transmite usted hablando de la forma tan chabacana como lo hace y a ese pobre representante diplomático no hay que cortarle la colita, hay que botarlo.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  16  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.