Mirando a la Defensoría desde la barrera

Mirando a la Defensoría desde la barrera

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BENICIA DE REYES
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Los que no navegan en las aguas de los derechos humanos desconocen lo infinito, múltiple, variado y apasionante que es el mundo de estos derechos que buscan realzar la personalidad, respeto y protección de la dignidad de los seres humanos en un mundo donde prevalece la paz. Se trata de abonar el camino que se traza día a día, para construir una mejor sociedad en que unos respeten a los otros y exista la tolerancia que hoy, lamentablemente, se tambalea en nuestro país. Esto no es tarea fácil.

Para algunos pudiera ser difícil comprender, acostumbrados solo a medir las cosas por valores y resultados tangibles, lo que significa y aporta al país la Institución de Derechos Humanos, que se palpa que trabaja de manera comprometida en busca de salvaguardar los derechos de todos.

En el mundo que soñé, los políticos no arremeten contra instituciones que dedican sus esfuerzos a sembrar respeto y a cosechar, a través de la educación en derechos humanos, ciudadanos que aprendan a utilizar las herramientas, para exigir a las autoridades el cumplimiento y plena vigencia de sus derechos más fundamentales.

Solo basta con darle una mirada a la actual polémica que ha enfilado un político tradicional contra la Defensoría del Pueblo, que, sin tener fuerza coactiva, contribuye en el desarrollo de una verdadera democracia. Lo que no ocurre con los llamados Padres de la patria, que no velan por los intereses de los que en un momento fijaron sus esperanzas en ellos y los escogieron, sino por sus intereses personales y los de sus afines. Desde la barrera no es difícil entender el verdadero fin de estos ataques. Política, señores!, y en su máxima expresión politiquera. Quizás en favor de la búsqueda de espacios para saciar compromisos políticos y acomodar a sus amigos y allegados.

Esto parece quedar evidenciado al observar el pobre nivel del debate que han despertado quienes cuestionan la labor de la Defensoría del Pueblo, sin ninguna profundidad, sino más bien un mero acto oportunista que más parece un discurso populachero y de ocasión, que muestra suprema ignorancia y codicia, para hacerse políticamente de una Institución que viene, sin exacerbado protagonismo, haciendo lo que le corresponde.

Lo que realmente los panameños aspiramos es a conservar una institución que permanezca, como hasta ahora, vigilante de que los derechos humanos de los panameños no sean vulnerados por las autoridades públicas y que se hagan los llamados de atención de manera prudente y oportuna, sin “shows” mediáticos, teniendo presente que el propósito fundamental de la Defensoría del Pueblo, es contribuir con la consolidación del Estado de Derecho y la democracia.

El deber de un buen político es apoyar las instituciones de la democracia y no cuestionarlas con quién sabe qué propósitos. Ojo, que con esto no se juega!

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Publicado el 9 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

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