De Harvard, hombres, mujeres, ciencia y tecnología

DE HARVARD, HOMBRES, MUJERES, CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Nivia Rossana Castrellón

Con asombro e incredulidad, leí las declaraciones de Lawrence H. Summers, presidente de la Universidad de Harvard, quien de manera muy provocativa indicó que probablemente las mujeres no se inclinan por la ciencia y la tecnología, entre otros motivos, por diferencias innatas al hombre. Me siento obligada como mujer y como primera egresada panameña del Programa de la Maestría de Derecho de su escuela de leyes, a comentar estas desafortunadas declaraciones, haciéndome eco que mucho me extraña que con gran ligereza y sin evidencia científica contundente se estigmatice y etiquete con un estereotipo a la mitad de la población mundial. Más aún, resulta preocupante que se trate del presidente de una casa de estudios superiores que se ha caracterizado por ser de avanzada, promotora en los últimos cien años del cambio a través de su rico y diverso cuerpo estudiantil compuesto de interesantes, inteligentes y comprometidos jóvenes de todos los rincones de la tierra.

Basta observar a ambos géneros para que se haga obvio hasta para el más distraído y poco observador que somos diferentes: lo fundamental es determinar si las funciones son distintas entre hombres y mujeres.

Es obvio que hay diferencias anatómicas y hormonales entre ambos sexos. También hay diferencias neurológicas en el cerebro femenino y en el masculino: según conclusiones de investigaciones científicas realizadas, las mujeres, aún cuando anatómicamente tenemos un cerebro más pequeño, poseemos más materia gris que el hombre, área del cerebro en donde se ubican las neuronas, vitales para la formación del pensamiento humano. Lo fundamental es, definitivamente, cómo se usan las neuronas y ello, por supuesto, es harina de otro costal.

Estoy convencida que lo que habría que estudiar es efectivamente cómo ha afectado consuetudinariamente la actitud del hombre y las responsabilidades de la mujer en sociedad, su capacidad de autorrealización. Los que conocemos los factores que inciden sobre los aprendizajes, sabemos que existen tres vertientes de impacto en la formación del ser humano: la escuela, la familia y la comunidad. Aunque sea difícil de creer, estudios de especialistas con reconocimiento mundial indican que la familia y la comunidad, inciden hasta en un 80% en la capacidad de aprendizaje y autorrealización de las personas en sociedades del primer mundo. Inclusive, el nivel de educación de las madres es crítico en el aprovechamiento académico de los hijos. Al evaluar la participación de las mujeres en Panamá en el espectro académico, empresarial y profesional, se hace evidente su indiscutible influencia: 87% de los egresados de la Universidad de Panamá somos mujeres, ocupando usualmente los primeros puestos aun en carreras de perfil científico y tecnológico. Inclusive, salvo en una Facultad de la Universidad Tecnológica de Panamá, la mayoría del cuerpo estudiantil está compuesto por mujeres, repitiéndose la tendencia a ser estudiantes sobresalientes. Somos un país en donde las mujeres hemos tenido espacio para evolucionar de alguna manera, gracias a la madurez de los hombres, quienes nos han visto como amigas, compañeras y asociadas, más allá de los papeles tradicionales de esposa y madre. Sigue siendo un desafío, por supuesto, el caso de la mujer pobre, reproductora tradicional de la pobreza y del trabajo infantil.

No obstante, sin ambages debo decir que mis mejores amigos son hombres de todas las edades, idiosincrasias y bagaje cultural y profesional. Volvamos, sin embargo, al gran escenario mundial y evaluemos cómo y cuánto se ha afectado intergeneracionalmente la autoconfianza de las mujeres, descalificándolas ab initio en cuanto a sus capacidades intelectuales, particularmente, en el área de las ciencias y la tecnología. Más allá de cualquier conclusión apresurada, considero que lo que la sociedad mundial debe plantearse como una prioridad es la incorporación de la mujer a la dinámica de desarrollo del planeta. Lejos de buscar justificaciones al por qué las mujeres tienen un interés marginal en las ciencias y la tecnología, deben encontrarse las fórmulas de equidad y acceso a igualdad de oportunidades que hagan viable la autorrealización y el desencadenamiento de todas las capacidades intelectuales de las mujeres en beneficio de la otra mitad de mundo, por supuesto: ¡Los hombres!

Publicado el 3 de febrero de 2005 en el Diario La Prensa, sección Opinión.

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