La rebelión de Bocas

La opinión del Criminólogo, experto en Seguridad Pública y especialista en Justicia Criminal.…

James Radja Innis 

-En calidad de profesor de la Universidad de Panamá, dicté por más de una década las asignaturas de Teoría del Estado y Análisis de Gobierno y sus Sistemas. Nuestras investigaciones nos llevan a la conclusión siguiente: Los panameños no somos un pueblo ingobernable, el problema radica en que nuestros gobernantes no saben gobernar, primero provocan la crisis para luego llamar al diálogo.

En la casa de Méndez Pereira enseñé a mis alumnos las técnicas, tácticas y estrategias empleadas en el manejo de conflictos e hice hincapié que los conflictos son inevitables, los seres humanos somos diferentes. Pensamos, actuamos, razonamos y hasta procedemos de manera distinta, porque entre las características esenciales del ser humano además de ser gregario, somos conflictivos.

En una democracia se resuelven y se permiten los conflictos, en una autocracia se opacan. Existen dos formas en el manejo de conflictos a saber: a) La no violenta y b) La violenta. Entre las formas no violentas se encuentran, el diálogo, la negociación y la evolución. Las violentas, la rebelión, la revolución y el golpe de Estado.

Respecto a los conflictos que suelen suscitar entre gobernantes y gobernados con relación al manejo de la cosa pública, precisa de los gobiernos comprender que los señores amos y dueños del país somos los ciudadanos, el Gobierno es simplemente el administrador.

Por días el sindicato de la bananera de Bocas ha estado insistiendo tener un diálogo sobre la Ley 30, estos clamores cayeron en dos ocasiones sobre oídos sordos; primero sobre los diputados y luego sobre los del Presidente, quien insistió en sancionar la Ley; no obstante las plegarias, ruegos y rezos de los afectados. Como consecuencia, los elementos de diálogo y negociación diseñados para la conservación del orden, la tranquilidad y la paz se ignoran, convirtiendo los conflictos en crisis y como consecuencia, las crisis en violencias políticas, que pena.

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Este artículo se publicó el  23  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América y el 17 de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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