Agua: ¿y en los campos?

La opinión del Comunicólogo para el Desarrollo Sostenible…

ADÁN CASTILLO GALÁSTICA
agalastica@yahoo.es

¿ Qué sucede con el agua en el interior del país? Comparto juicios nada gratos en relación a las perspectivas sobre la sostenibilidad del país. Persistimos en transitar por la improvisación, la vista corta, fragmentada y unilateral. Decía que en cuanto se normalizara la situación del suministro y aclaramiento en la capital (Metro), las aguas volverían a su nivel y las lecciones mal aprendidas en saco roto. ¿Por qué? Algo hemos recorrido sobre el tema, trivializados al examinar y delinear las cosas que vivimos y que nos son tan caras. La improvisación pues, sigue tan campante.

Por ejemplo la llevada y traída ‘seguridad alimentaria’, que en forma definitiva depende dentro y fuera, del agua.   Sobre el particular se oyen opiniones contradictorias, algunas absurdas. Como aquello de culpar al Chagres o al Bayano por lo sucedido. En este contexto la ‘seguridad alimentaria’ entre nosotros equivale a un chiste mediático de salón: ¿Qué seguridad puede haber cuando el sistema productivo nacional cae en picada impulsada repito, por la carencia de una visión del presente y futuro, así como las interferencias oportunistas de los dobles sombreros y la inseparable politiquería? Como ven, no estoy inventando nada que no se conozca y se viva en los campos.

R esulta poco valedero responsabilizar a las lluvias por los desajustes en la producción de la comida básica y el alza descomedida de su precio. Se evidencia que las causas son más profundas; desde el uso tecnológico real, a la revisión de la cadena de intermediación entre otras. Recordemos los esfuerzos por extender las técnicas de cultivo en clima controlado a partir del Primer Congreso panameño e Iberoamericano de esta especialidad (Set. 1999). Ese marco estableció convenios a nivel universitario España (Andalucía)—Panamá. Tengo en mis manos el Plan Nacional de Riego 1994—99, que con asesoramiento externo (U. de Utah, E.U.), recoge experiencias desde la segunda mitad del siglo pasado (riego de los Llanos de Coclé, Arco Seco, Divisa, etc. Así, el Plan Nacional para la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos de Panamá 2008—2012, vasto estudio realizado por una amplísima comisión interinstitucional, sustenta una cartera de 145 proyectos que incluyen entre otros, el alcantarillado. A finales del 2010 la Comisión Agropecuaria de la Asamblea recibió a una delegación de expertos argentinos.

¿Qué se hizo toda esta inversión, cuál su seguimiento y evaluación? Salta otro vicio: Siempre estamos comenzando, excluyendo, apelando a ocurrencias, descubriendo el agua tibia. Los pronósticos del cambio climático advierten que podríamos despertar sin la disponibilidad de comida básica con o sin plata, con suelos erosionados, contaminados, sin ríos aptos, sin agua, playas ni pescado.

No me queda más, que alertar a nuestra gente de campo sin voz. O ponemos atención seriamente a lo que se nos viene encima o despertaremos en un país de megamillonarios extraños, con una masa de indigentes alrededor velando a las puertas de sus exclusividades.   Tal vez les propondría a nuestros lectores arrancarnos para los culecos del carnaval, pero sinceramente creo que no podría.

 

Este artículo se publicó el 14 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Agua, agua, sin saber qué hacer

La opinión de…

Adán Castillo Galástica

Me disponía a tratar de ahondar y aportar alguna opinión sobre la tragedia del agua potable tras mes y medio de angustias, desagravio del río Chagres y la vulnerabilidad del Canal,   cuando de pronto a quemarropa y en medio de enjundiosos reconocimientos a mi permanente empeño, recibí nota de despido de mis funciones en la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP).    Pero eso es otra cosa de lo cual me ocuparé en su debido momento.

Ahora vamos al encabezado. En el contexto de aquella desdichada e imprudente nota, tuve la oportunidad de expresar a monseñor José Domingo Ulloa Mendieta en su convocatoria dialogal a periodistas en el templo Don Bosco algunas impresiones sobre esta dramática señal que la naturaleza nos viene marcando.   Sobre el particular, creo que seguimos tomando el rábano por las hojas, fenómeno clásico de la trivialidad con que el común panameño irreflexivo ve el cada día.

He de recordar al buen amigo José Jorge Bonamico cuasi traumatizado por lo que entonces alertaba con no poco dramatismo: “Escuchamos que el Canal se seca”.    Se refería a una serie de opiniones y propuestas encabezadas por el Dr. Heckadon, así como a la falta de previsión que desde los años 50 del siglo pasado anunciaban el inminente desbordamiento migratorio y la consecuente devastación ambiental de la cuenca hidrográfica del sistema Chagres.   No obstante, la borrachera perpetua que fatalmente nos acompaña no nos dejó ver, tampoco ahora, la peligrosidad del asunto.   Y viene el Carnaval.

Medio resuelto el problema, la “llamará e’ capullos” se apaga. ¿Cuáles fueron las lecciones aprendidas?: ¿Comprarle agua a Costa Rica si acaso la tienen disponible, a Honduras, Colombia o Perú en el marco del TLC, que para algo deben justificar sus elevados costos burocráticos y propagandísticos?

Me temo que no podemos contar con Nicaragua, perpetuo aspirante canalero. Durante la guerra de aquel país contra Somoza (“estirpe maldita”) como corresponsal escuché que algún día el Canal de Panamá no sería más que una zanja de lama pestilente, dando paso a la vía por Nicaragua.   Creo que otra comisión o “Autoridad” bien podría derivar en otra entidad burocrática y clientelista.

Para la cuenca del Canal ya existe en ACP [Autoridad del Canal de Panamá] una “Comisión Interinstitucional” (CICH): ¿Cuáles son sus resultados, experiencias, innovaciones, impactos y efectividades?  Lo mismo el Idaan, institución obsoleta al margen de las grandes expectativas de nuestro tiempo, sin mayor visión, jerarquía; fuente de cobros y partidismos, sin emoción, ni perspectiva.

Lo más probable es que el próximo evento que de acuerdo a las facturas del cambio climático pudiera ser un tsunami, terremoto como los del siglo XIX, sequías o inundaciones. De poco y nada nos servirán las improvisaciones o invocaciones celestiales.

Lo que se requiere es una concepción integral del bien ambiental y su variante hidrológica, no como “recurso” como tal, expuesto a la voracidad mercantil, sino como un bien del común, de todos; el conjunto del sistema hídrico ambiental y marino costero amenazado de leso crimen humano y vulnerabilidad climática por tanto estratégico en emergencia nacional.

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Este artículo se publicó el 29  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La mejor agua del mundo, ¿la recuerdas?

La opinión de…

 

Adán Castillo Galástica

Sinceramente, me hubiera gustado comenzar el año con un escrito menos trágico, pero me es imposible soslayar ciertas verdades. Tal es el caso del agua. Sin pretender restregar los años en que se ha insistido sobre el estereotipo del “líquido vital”, lo cierto es que los panameños seguimos flotando en el irresponsable mundo del “juega vivo”. De pronto, las realidades advertidas nos revientan en la cara. La madre naturaleza, a la que hemos tratado como botín insaciable de dominación y saqueo, comienza a advertirnos de nuestra equivocación.

Justamente, quienes nos jactábamos de poseer “la mejor agua del mundo”, por su abundancia y calidad, vemos en un par de horas cómo todo aquello se desvanece. ¿Qué ha sucedido? Como ocurre con casi todo el transcurrir de nuestra vida ciudadana, hablamos de todo menos de la raíz del asunto y de sus posibles, inmediatas y eficaces respuestas. Así, a ciencia y paciencia en medio de la borrachera indolente no logramos explicarnos a carta cabal la mueca de hoy.

A contrapelo de los llamados de las voces más conscientes que en su momento llamaron la atención sobre la protección de las cuencas hidrográficas, la devastación se mantiene fracturando la fragilidad de estos ecosistemas. La más sensible, sin duda, es la cuenca hidrográfica del Canal, léase Chagres, que alimenta de agua tanto la vía acuática como al 42% de la población del país.

El daño inicial, advertido a tiempo, lo sentimos hoy toda vez que la agresión a estos ecosistemas puede registrarse en tiempo inmediato o a largo plazo. En este sentido ya lo hemos dicho, la ecuación pobreza, nomadismo, devastación ambiental, ignorancia, vulnerabilidad que llamo “círculo maldito”, se ha acentuando en la mayor parte de las cuencas y sub cuencas de sistemas hídricos importantes.

Los planes de manejo no han sido quizás lo suficientemente innovadores e impactantes en proporción a los pronósticos correspondientes, como para interpretar y visualizar el contenido estratégico de la cuenca del Chagres. De esta manera, las condiciones para los deslaves y la sedimentación se fueron acumulando, así como la contaminación de tributarios importantes como el río Chilibre/Chilibrillo.

A ello se agrega la arbitrariedad de quienes ven en la conservación y sostenibilidad de los ecosistemas, se trate de montañas, ríos, playas, manglares o mares, un obstáculo a su voracidad. Al margen de los avances tecnológicos y ya en el delirio de la impotencia, las entidades correspondientes nos remiten a la resignación y a la misericordia divina, nada menos.

En este camino, el cuadro que vivimos reclama un examen sobre la autenticidad del llamado desarrollismo unilateral, desequilibrado, desigual, contrario al ordenamiento de la naturaleza y, por lo tanto, injusto, enfrentado a sus propias contradicciones. Ante los hechos peligran las costosas promociones e inversiones turísticas y urbanísticas, entre otras. Y lo que es mucho más dramático por su urgencia, la salud de la inmensa mayoría de la población en el área metropolitana.

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Este artículo se publicó el 11  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde

Indolencia y realidad ambiental

La opinión del Periodista…


Adán Castillo Galástica

Agradezco las recientes muestras de cariño y reconocimiento a nuestra labor de años por un desarrollo menos desigual. En contexto, los acontecimientos climáticos de hoy reperfilan el tema; crisis in crescendo. Y nada más. Se trata de fenómenos recurrentes confrontados desde décadas.

La situación se agrava en proporción a las agresiones al medio ambiente, a pesar del clamor de parte de la humanidad organizada y consciente. (¿Qué plantean o callan las delegaciones nacionales en estas reuniones?). La indolencia, inseparable de la ignorancia, resiste la gravedad del problema.

Así, estos eventos son tratados con acostumbrada trivialidad diluyendo responsabilidades, convirtiendo un hecho de enormes complejidades en festín mediático, lastimero y protagónico.   Poco se dice de la salud de las cuencas hidrográficas, represas, puentes.   La impunidad azota y violenta los cauces de ríos principales: Pacora, Mamoní, Indio, Miguel de la Borda, La Villa, Chucunaque, Sixaola, Changuinola–Teribe, Caldera, Chiriquí, Caimito y el mismísimo Chagres sobre el Canal de Panamá. Uno de sus tributarios, el Chilibre, acusa una de las mayores contaminaciones a escala nacional.

En el Atlántico, desde hace mucho, el Dr. Stanley Heckadon y otros señalan –voz en el desierto– los peligros sobre Colón donde se liquidan los manglares y barreras coralinas tan necesarias. Y los deslizamientos. Dicho sea, desconozco la capacidad de carga humana y habitacional de los cerros de San Miguelito.

El cambio climático es una realidad palpable. Deshielos masivos, creciente salinidad y temperatura de los océanos; disminución de las pesquerías. La seguridad alimentaria se tambalea. Con rasero ético la naturaleza pone a prueba la moral del planeta, las improvisaciones, hipocresías, vulnerabilidades, construcciones inapropiadas. Las perturbaciones medio ambientales vienen de regreso factura en mano, impredecibles. Ahora pagan los más pobres, después todos. El propio sistema, establishment, o la voracidad de un modelo equivocado está en juego no solo local, sino en todo el planeta, si es que la especie no desaparece en medio del chiste nuclear.

Aquí es donde los comunicadores sociales que se respetan como tales validan su misión. Ahondar con seriedad sobre estas alternativas, consultar las fuentes más confiables, suscitar opiniones calificadas, estudiar e investigar; pasar de la repetitiva frivolidad a las causas verdaderas y su manejo juicioso sobre asuntos tan complejos. Masificar la educación medio ambiental sin aspavientos mercantilistas, ni demagógicos. Aún valdría la pena preguntarse qué porcentaje de las ventas de fin de año y del Carnaval se destinan a fomentar conciencia y responsabilidad empresarial y colectiva.

En consecuencia, repito, parte de esta misión corresponde a los medios y a los comunicadores, publicitarias, anunciantes. Al desquiciado “sistema” educativo. Lo demás, ante nuevos y quizás más severos eventos, se volverá “llamarada de capullo”, lastimerías plañideras, como en los accidentes de tránsito (Las Garzas, el incendio del autobús), etc. Tal vez en su dramatismo, estas señales navideñas nos indiquen que ha llegado el momento de revisar en forma científica y menos espectacular el manejo del recurso hídricos, el estado de las represas, las posibles convulsiones geológicas, los edificios caprichosos, los embarcaderos y demás infraestructura, e implementar el uso de sensores de alerta, medidas y entrenamiento básicos previos y suficientes. ¿Será pedir demasiado?

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<> Este artículo se publicó el 16 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Periodistas: ¿qué somos?

La opinión del Periodista…

 

ADÁN  CASTILLO  GALASTICA
agalastica@yahoo.es
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Mucho se ha dicho, se dice y desdice de los Periodistas y su profesión, cada cual desde su óptica y al son del ‘tambor de orden’. En consecuencia, hay Periodistas, y ‘periodistas’ (igual médicos, abogados, etc.).

No obstante, existe una línea definitoria; dos precondiciones de principio: Vocación y Compromiso. Las vocaciones, por ejemplo, se despiertan, fomentan y se hacen madurar. La dinámica social, para quien la practica, ejerce influjo y necesidad casi obsesiva hacia el periodismo. Bien se indica que una vez que el ‘bichito’ del Periodismo entra, se empodera y jamás nos abandona.

El Compromiso es otra dimensión. En esta lógica, entiendo por ser Periodista: Centinela, Maestro, Guía, promotor de solidaridades, convivencias, tolerancias. Abridor de trochas de los que no tienen voz. Adalid y ariete. Lo contrario: Informar por informar con aparente ingenuidad, nos sitúa ante un difusor, informante o propagador de hechos, pero difícilmente ante un Periodista, tal como lo visualizamos arriba.

Vocación y compromiso, hacen la diferencia para que el Periodismo sea un ejercicio de transformación permanente. En consecuencia, postulamos un Periodismo gestor, proponente, zapador. ‘Quijotes’, nos llaman algunos con mofa (y en esto tienen razón), sobre todo cuando resistimos la mediocridad y su madrastra, la ignorancia. Tal resistencia conlleva acorralamientos, ostracismos, cárcel, exclusiones y la muerte, tal como se informa cada día.

Habrá que recordar a cada paso que el Periodismo panameño está gloriosamente abonado por estas consistencias de heroicidad y no pocos sacrificios, cuyo tributo rendimos hoy a Gaspar Octavio Hernández.

De mi parte, junto a otros, me inicié en el Periodismo en el Nido de Águilas, cuando al decir del Prof. Ricardo Ríos Torres, el Bachillerato en Humanidades equivalía a una Maestría y hoy a un Doctorado.

Cinco décadas de este batallar del criterio me impulsan a compartir el siguiente mensaje: Los Periodistas panameños tenemos mucho que aportar con gestión creativa hacia el bien común. Enfrentar la pobreza extrema y la marginalidad, la devastación ambiental, las iniquidades.

Para cumplir con estos cometidos y compromisos, repito, hay que transformar conductas, la propia y la ajena. Leer incansablemente, escuchar con respeto, aprender con humildad, renovar vocaciones, recomponer valores, levantar esperanzas. En suma, ser cada vez mejores.

¡Salud, Colegas; salud Gaspar!

 

<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/castillo-galastica-adan/

Después de todo, ¿qué es un periodista?

La opinión de…

Adán Castillo Galástica

A pesar de los sinceros torrentes de buenos deseos que se prodigan a los periodistas “en su día” y en fin de año (y solo en aquellos ratos), el gremio sigue sin una legislación de avanzada que consagre lo que tanto se proclama: respeto profesional que, al menos, reconozca el riesgo y peligrosidad de su ejercicio.

La naturaleza del periodismo es mucho más delicada y compleja de lo que a simple vista aparenta. Su práctica responde a rigurosos compromisos y mandatos: cronistas de la historia, pulsores, articuladores del tiempo sociopolítico de cada hora, de la validez y robustecimiento de la convivencia y la consiguiente gobernabilidad.

Lo anterior está contextualizado en un mundo signado por un cambio de época, la del mercado de hoy. Todo lo que esto representa planetariamente, no parece tener límites bajo el criterio florentino que “el fin justifica los medios”, caiga quien caiga. Como es natural, nuestro original país donde la voracidad del “todo se vende y se compra, incluyendo honras”, no escaparía a la mercadización mediática y ambiental, precisamente.

En este trastocamiento y confusión de valores, lo que menos interesa para algunos, es un profesional critico, racional, experimentado. Se promueve la vocinglería chabacana, atropello al idioma, la trivialidad.   El cronismo periodístico se refugia en santificar criminalidades, fatalismos, intimidades ajenas.   No queda más remedio que emparapetarse tras el deporte, las pantallas. Cuestión de proteger la paila y el espinazo.   Aquel centinela avizor de crisis, atalaya de futuros, convocador de hermandades, se torna anacrónico, cuando no subversivo.   No es fácil pues, tratar de ser positivo aunque solo fuese pensar, sin el temor de rozar intolerancias.

Pero los periodistas siempre estamos de pie y a fuerza de mucho caminar y tropezar, más que difusores devenimos en proponentes, gestores del bienestar común; valioso recurso de gaveta. En esta ruta jurásica camino a las fiestas de fin de año incluyendo el Carnaval, me permito sugerir algo de lo que podría hacerse con $1.000.000 en el espacio municipal capitalino, al tenor de un plan municipal de verano:

1. Doscientos huertos familiares municipales. En las barriadas periféricas con productos de consumo diario, de fácil cultivo (culantro, ají, tomate, espinaca, zapallo, plantas medicinales).

2. Cincuenta estanques municipales. Cría de peces como fuente complementaria de proteína en áreas marginales del distrito.

3. Evaluación de la floresta citadina. Examen y evaluación (antes de la histeria arboricida) de los árboles-pulmones, muchos de los cuales alcanzan el siglo sobre todo del centro de la ciudad, así como la floresta citadina. Plan ambiental.

4. Sinfónica juvenil municipal. Con la participación de lo mejor de las bandas de música de los colegios, orientado al fomento de la cultura y aprovechamiento de los espacios públicos recreativos que aún existen por corregimiento (v. gr. cinta costera, Casco Antiguo, Canal de Panamá, etc. etc.

5. Mercados permanentes móviles periféricos municipales. Expendios municipales de productos básicos. Alianzas municipio/cooperativas y asociaciones de pescadores artesanales; pequeños productores agropecuarios; artesanías… en fin, ¡salud periodistas, que bien la necesitáis…!

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<> Este artículo se publicó el 13  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Chile: El que quiera aprender …

La opinión de….

Adán Castillo Galástica

Dicen los entendidos que fue el bíblico Mateo quien sentenció: “El que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga y el que tenga entendimiento que entienda”. Tal como se desprende de las lecciones del rescate de los mineros de Copiapó, en Chile, que por su impacto recogemos un par de ellas. Antes, he de reconocer el esfuerzo de los medios y desde luego de los comunicadores, quienes llevaron al mundo este acontecimiento que trasciende toda conceptualización. Aún así, hacia afuera, no escapó del todo el sesgo y silencio mediático.

Por ejemplo, que el hecho minero en el altiplano andino, si se quiere de nuestra América (Martí) tiene una extensa trayectoria de dolor y deshumanidad; al mismo tiempo del amasijo de fortunas increíbles (Kennecott, Anaconda, etc.,) disfrutadas en latitudes más placenteras.

La minería chilena fue nacionalizada por Salvador Allende (¡Sólo silencio!) en un acto parlamentario unánime, dando paso a la Corporación del Cobre (Codelco). El Presidente pagó con su vida la hazaña sólo comparable al rescate de hoy. Ha sido el acumulado de la resistencia a la sobrexplotación lo que en gran medida sustenta el coraje, organización y lucha por la vida lo que resume la esencia de los mineros de Chile y de todas partes.

“El cobre es el sueldo de Chile”, dijo entonces el Dr. Allende, combatiente y mártir. Pero Chile tiene otros plazos fijos quizás más preciados: La educación. La cultura. Allí bebieron fuentes Justo Arosemena, Octavio Méndez Pereira y tantos otros (¡Sólo silencio!).

Recurso que garantiza y consolida la estima individual y colectiva, responsabilidad, sentido de nación, de patria. Valores imprescindibles para una visión de despegue entonces sí, hacia un país mejor. Y todo esto en voz viva de los dirigentes sindicales, sus entornos laborales, de la población y con ella gran parte del mundo: Francis Fukuyama, te has vuelto a equivocar; la solidaridad existe, la hermandad, la historia, el orgullo legítimo de luchar por la esperanza.

Así parece haberlo comprendido el presidente Piñera quien ha llamado a una unidad nacional basada, según reiteró, en una mejor relación y consiguiente compromiso empresarial hacia los obreros, su seguridad física y social.

Sin duda, el mandatario chileno sabe de lo que habla, conoce el escenario que enfrenta, el significado de la palabra empeñada ante un acontecimiento único quizás, en la historia de la humanidad. En consecuencia, “… el que tenga entendimiento que entienda”.

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<> Este artículo se publicó el 17  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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