El agro sometido a la ruleta rusa

La opinión de…

Adán Castillo Galástica

Al agradecer el reconocimiento que a mis aportes divulgativos y docentes no formales hicieran las Fundaciones MarViva, Comunicadores AgroAmbientales, el periódico digital Génesis y numerosos amigos, volví a señalar las amenazas que se ciernen sobre el país, en relación con la seguridad alimentaria y las sostenibilidad comunitaria. Son meditaciones, reflexiones que comparto con franca preocupación de ciudadano, comunicólogo social por añadidura. Recojo la inquietud de los entendidos en esta materia, y aún del sentido común, sobre la incertidumbre que en la producción de alimentos registra nuestros campos. Al parecer, no queremos percatarnos de esta realidad y por lo tanto se cae en saco roto.

A la falta de una perspectiva real los indicadores marcan descensos notables en los rubros básicos. Es difícil entender que a los productores agropecuarios se les exija mayor eficiencia y al mismo tiempo se les desincentive arguyendo uno u otro pretexto.

A esto debe agregarse la agresividad de los bienes raíces sobre las tierras agrícolas, costas, islas y cuanto se aprecie disponible. Como contrapartida, es de esperar el abandono de la actividad productiva y los consiguientes desplazamientos de población; masas empobrecidas, no sin resentimientos, bajo la envoltura de “trabajo informal”. Nada nuevo. Hace ya tres décadas, la Dra. Ligia Herrera había demostrado los peligros de la migración y el impacto que la misma podría provocar en la disociación de las comunidades, la familia y sobre de la juventud y aún de la niñez.

Y llegó el lobo. Ahora nos encontramos frente a situaciones que en un momento determinado bien podrían escapar a nuestro control, tal como sucede en países que han mantenido una estructura institucional mucho más consistente que por ejemplo, en Panamá. Desde luego, me refiero al narcopoder transnacional el cual a la vista se nos ha venido colando en medio de los ditirambos de cada día, como las paparruchadas del “primer mundo”, “milagro financiero”, “baila-baila”, entre otras.

En resumidas cuentas debo insistir, que el peligro inminente al que me refiero no parece quitar el sueño de algunos. Sus luces no logran percibir y menos aceptar que está en juego su propia tranquilidad, hacienda, familia y su propia existencia. Pero, la interrogante sigue siendo la misma: ¿seremos capaces de rectificar, de corregir, de admitir lo equívoco del camino o tendremos que esperar nuevos e impredecibles sufrimientos? De no desearlo, debemos recomponer el horizonte productivo del país, sobre todo en los campos. Replantear el sistema educativo, de cuyo aguillotinamiento se cumplen en estos días tres décadas sin que se perciba nada diferente que valga la pena. Por el contrario, se acentúa un retroceso mayor, proporcional a la escasa capacidad de raciocinio del conjunto de la población manejada al antojo de la baraúnda mediática. De persistir en la senda de a ruleta rusa, entonces que la providencia nos encuentre confesados.

<>Artículo publicado el 9 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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