Sobre las leyes para impulsar el agro

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La opinión del Ingeniero…

Eduardo A. Esquivel R. 

Los diarios publicaron recientemente una noticia emanada del Gobierno que dice que el “Consejo Agrario Nacional” prepara tres proyectos de ley para incentivar la producción agropecuaria nacional. Aunque no conozco este “Consejo” supongo que no deberá estar formado por los más sesudos eximios y notables profesionales del sector agropecuario, ya que pretenden conseguir algo verdaderamente difícil, como es sanar a un desahuciado con una sangría.

 

Digo esto porque las “Leyes” que se mencionan que presentarán a la Asamblea este mes de enero, verdaderamente no contribuyen en nada a la producción nacional orientada a la Seguridad Alimentaría del Pueblo panameño. Esta estrategia está equivocada fundamentalmente porque promover las exportaciones no favorece la canasta básica, sino todo lo contrario. Solo favorece a los empresarios exportadores, que son una minoría, y a los importadores, que son menos aun.

La “Rastreabilidad” agropecuaria, mal dicha “Trazabilidad”,  es un requisito impuesto por varios países desarrollados para recibir importaciones, por lo que solo favorece a estos.   Al panameño común no le interesa como se llama la vaca o el dueño de la vaca de la que salió la carne molida que compra en el supermercado, sino que haya carne molida barata. Dicho sea de paso, el MIDA lleva como 10 años tratando esto y no ha conseguido nada viable. El infame “CAT” ahora llamado “Certificado de Fomento a la Exportación” (CEFA) es un subsidio disfrazado. Tanto así que muchos exportadores dicen que su ganancia es este Certificado, que es negociable.

Pero esto no ayuda en nada a la Seguridad Alimentaria del pueblo, ya que lo único seguro es que tendremos que importar alimentos, posiblemente los mismos que exportamos, pero más caros.

El Fideicomiso de Competitividad es casi lo mismo que el famoso programa de “Transformación Agropecuaria” que fue un rotundo fracaso. Sobre los “Programas de Riego”, diré que desde que tengo uso de razón vengo escuchando esto. En las últimas décadas se han gastado centenas de millones de balboas en sistemas de riego de miles de hectáreas en todo el país que actualmente están abandonados o sub-utilizados. Incluyendo al Remigio Rojas, que es defectuoso y está sub-utilizado.

Es totalmente ilógico pensar en exportar alimentos cuando internamente nos faltan alimentos. Dedicar hectáreas a cultivos de exportación cuando no producimos para autoabastecerlos en alimentos básicos. Exportar carne bovina cuando el precio de la carne al consumidor es un atentado a la canasta básica. Esta estrategia suicida solo llevará a empeorar la situación del sector agropecuario, elevar el precio de la canasta básica y a perjudicar el Gobierno actual, que finalmente cargará con la culpa de todo.    Solo se debe exportar cuando haya excedentes, como lo hacen los países desarrollados. Primero está la Seguridad Alimentaría del pueblo, y después las cuestiones pecuniarias.

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<>Artículo publicado el 7  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Más sobre el aceite de cocina usado

La opinión de….

Sebastián Vásquez Bonilla

Una de las razones que me motiva a continuar escribiendo artículos de opinión es el hecho de que luego de mis publicaciones, a corto o mediano plazo, observo alguna evidencia que me dice que alguien ha tomado en cuenta mis opiniones. Desde luego, en la mayoría de los casos solo he puesto un granito de arena en un clamor popular.

El ejemplo más elocuente lo encontré al leer una noticia recientemente publicada en La Prensa, en donde se anuncia que el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) producirá biodiésel a partir de aceite de palma y aceite de cocina usado. La noticia sale dos meses después de la publicación de mi artículo “El aceite de cocina usado no es pienso”, en el que denuncio el uso de este aceite como alimento de ganado, cuando hay la alternativa de convertirlo en biodiésel. Felicito al Mida por esta iniciativa porque reduce nuestra dependencia del petróleo y, sobre todo, porque es en beneficio de nuestra salud.

Estimo oportuno dar algunos consejos sobre cómo reducir en casa la formación de las toxinas identificadas en aquel artículo (compuestos aromáticos policíclicos, dioxinas, PCB, etc.).   De nada vale que nos preocupemos por no consumir carne animal con alto contenido de esas toxinas si en casa no tomamos las medidas necesarias para reducir su formación al cocinar. Podríamos comenzar con no reusar tanto el aceite, así como no cocinar demasiado nuestros alimentos.   Sé lo riquísimo que es una tortilla bien frita, pero no debemos comerla todos los días.   Sé lo sabroso que es un crujiente “concolón” o pan bien tostado, pero tampoco debemos comerlos todos los días. Recordemos que el problema está en llevar el alimento a ese color dorado que tanto nos gusta, peor aún si lo quemamos parcialmente. Es allí donde se producen las toxinas antes mencionadas.

Luego de aquel artículo también fui informado de que algunos empresarios utilizan aceite de cocina usado como combustible de caldera.   Esta es una práctica prohibida en otros países, debido a que la formación de las toxinas antes indicadas es aún mayor en las zonas más frías (menos calientes) de una caldera, como lo son los intercambiadores de calor.   En esos países solo se permite el uso del aceite vegetal usado como combustible en hornos de plantas de cemento y en incineradores en los que se alcancen temperaturas suficientemente altas como para evitar la formación de dioxinas, y aun en tales casos, los procesos de combustión deben contar con sistemas para controlar las emisiones del ácido clorhídrico (ácido muriático) que se produce a esas elevadas temperaturas. Recordemos que el aceite de cocina usado contiene mucha sal (cloruro de sodio), donde el cloro se convierte en dioxinas en las zonas más frías, y en ácido clorhídrico, en las zonas más calientes de una caldera.

Espero que las autoridades panameñas tomen las acciones correspondientes para prohibir esta mala práctica que está contaminando aquellas comunidades que se encuentran alrededor de empresas con ese tipo de calderas.   Espero que no hagan caso al pretexto de que el bunker está muy caro y que el aceite de cocina es una alternativa para ofrecer productos más baratos a la población.

Esa es una excusa similar a la de los pesticidas, donde se utilizan razones económicas para justificar el uso de insumos baratos, aunque terminen intoxicándonos.

<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/vasquez-b-sebastian/

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La ganadería está en crisis

La opinión del Educador y Productor Agropecuario…

BERTILO MEJÍA ORTEGA

En días pasados participé en una concentración de ganaderos de Chiriquí Oriente, convocada por la junta directiva de Anagan de Chiriquí, que preside el ganadero Porfirio Samudio Hernández, para auscultar la situación de los productores pecuarios del área. Desde el principio hasta el final, los bovinocultores que intervinieron como oradores durante la reunión, fueron tan enérgicos como invariables en sus posiciones, dado el grado de abandono en que han sido sometidos por diversos gobiernos.

En aquel podium, amplio y abierto a los participantes, escuché fuertes críticas a la falta de una política de exportación de carne y de novillas, como se hacía antes, lo que era consecuente con el esfuerzo del productor y con el equilibrio de la producción nacional. Los ganaderos cuestionaron la importación de miles de toneladas de carne, cuando las haciendas panameñas están superpobladas y en condiciones de ofertar carne de excelente calidad. Los precios ridículos en los que ha caído la carne de ganado en pie, mientras en los supermercados tienden a subir en vez de descender. También hubo frases de solidaridad con los ganaderos del distrito de Tolé, quienes han sido incluidos en la región de salud animal que corresponde a Veraguas, lo que les trae serios inconvenientes.

La vieja práctica del trasiego ilegal de ganado procedente de Costa Rica, a través de la frontera tico—panameña, también fue objeto de señalamientos, porque ninguna administración ha sido capaz de frenar este pernicioso atentado contra la salud pública y la legislación vigente en la materia que corresponde. Tampoco pasaron inadvertidas las amenazas en que se convierten las intenciones de explotación minera, las que de llevarse a la realidad podrían causar serios e irreversibles daños al medio ambiente. Salieron a relucir también el abandono inaudito de los caminos de producción, que ponen en peligro la vida de quienes se ven obligados a utilizarlos como única alternativa. Las exposiciones de cada orador me parecieron interesantes, respetables y dignas de oídos, porque representaron el ánimo y condiciones actuales del productor, envueltas en valor de la sinceridad, la honestidad y el indoblegable espíritu de vencer obstáculos, a pesar de las difíciles circunstancias por las que hoy atraviesan.

Me pareció oportuna la presencia del director regional del MIDA en Chiriquí, Ing. Berísimo Martínez, quien tuvo la hidalguía de escuchar y responder a las inquietudes de los productores, síntoma inequívoco de que, como productor, estima prudente dirigir la mirada hacia un sector olvidado por mucho tiempo en las pasadas y en la presente administración. Ojalá que sus palabras de compromiso y de aliento tengan eco en las altas esferas del actual gobierno, para que la tranquilidad, la seguridad y el equilibrio en los sectores productivos sirvan de estímulo para quienes han creído y siguen creyendo en la oferta de un producto nacional sano, seguro y competitivo; para quienes desean mercados para el fruto de su esfuerzo y trabajo cotidiano, y para quienes esperan de las nuevas autoridades del MIDA una actitud diferente, positiva.

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Artículo publicado el 28 de agosto de 2010 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Problemas con soluciones

Panamá, que ostenta el título de mayor consumidor per cápita del continente, con ese ritmo pronto obtendrá la presea de mayor importador per cápita de arroz de América. Esto y mucho mas sobre la agricultura panameña en el siguiente artículo de opinión de…

Angelo Chen Guardia —


Una amplia gama de negocios y oficios que se ubican bajo la égida del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) están sumidos en crisis que ni los subsidios, incentivos y financiamientos consigue normalizar.

La ley define como asuntos agropecuarios la pesca industrial, la de la flamante flota de barcos camaroneros, la cría, ceba y exportación de camarones y, ambas, se debaten entre números rojos y negros.   La pesca artesanal se practica en un nivel de virtual subsistencia, sobreviviendo sin equipos adecuados. En un puesto inferior de la jerarquía económica del Mida se encuentra la acuicultura rural, atendida por grupos vulnerables de campesinos que cultivan tilapia como fuente de proteína.

Pescadores y acuicultores son cortejados por los políticos solo en tiempo de promesas electoreras, pasadas la fanfarrias les dejan caer el telón de indiferencia y de olvido en sus respectivos submundos de ruina y abandono.

No obstante, alguna ayuda económica se ha obtenido por intermedio de la Misión Técnica de Taiwan para desarrollar pequeños proyectos de producción. Escuelas para pescadores, mercados de mariscos, financiamiento para equipos, planes de vivienda, seguro social, servicio de extensión y asistencia técnica, proyectos de producción semicomercial de ricipiscicultura con especies menores como aves y cerdos y pequeños molinos serían ejemplos de iniciativas de fuerte impacto para esos subsectores.

La oferta local de alimentos de consumo masivo es insuficiente, hay que resolver las causas del déficit para suplir la demanda con producto nacionales, demostrando preocupación por el trabajo y la vida de casi la mitad de la población; no hacerlo ratifica que hay mayor interés por el negocio de las importaciones. Saltan a la vista motivos como el bajo nivel empresarial del productor, la ausencia de un eficaz sistema de transferencia de tecnología, sistemas de riego, canales de mercadeo y otros que sólo con ayuda oficial y de la empresa privada serán superados.

El potencial de éxito del trabajo agrícola se expresa con fuerza integrando al productor en un módulo empresarial, administrando todos los componentes de la cadena sin la intermediación asfixiante y oportunista. Experiencias de empresas productoras de leche, la exportación de cucurbitáceas y de piña ilustran que el valor agregado funciona como un seguro que puede sacar la cara por la empresa cuando las causas naturales incontrolables marginan la producción en el campo. El molinero que es, a la vez, productor de arroz sabe que un fracaso en el trabajo agrícola podría compensarse con creces con el negocio del molino.

No se puede negar que la agricultura en Panamá está en decadencia, con casi todos sus renglones más importantes en apuros: producción porcina, lechería, café, maíz, arroz y, peligrosamente, este último, el rubro central de la cocina panameña es tomando a la ligera, hundiéndose sin esperanza de acometer el compromiso de duplicar la superficie sembrada, de 53 mil 222 hectáreas en 2009, a 104 mil 560 hectáreas en 2015, cuando se enfrentará una demanda de 5.8 millones de quintales pilados.

Cada año la demanda del mercado aumenta en 83 mil 666 quintales pilados, exigiendo la siembra adicional de mil 504 hectáreas, pero en lugar de aumentar disminuye considerablemente.

Panamá, que ostenta el título de mayor consumidor per cápita del continente, con ese ritmo pronto obtendrá la presea de mayor importador per cápita de arroz de América.

Hoy, que las exigencias de nuevos mercados han cambiado el panorama agropecuario mundial, están forzando al país a una rápida transformación para adaptar la “empresa” a esos requerimientos.

Los fundamentos que sustentaron el actual desarrollo agropecuario han sido superados y las universidades deben formar un nuevo profesional con conocimientos y experiencias útiles para administrar los nuevos negocios; integrando conceptos de finanzas, mercados, interpretación y aplicación de normas de calidad, inocuidad, trazabilidad, para obtener y conservar la certificación que autoriza el acceso a aquellos mercados. En conclusión, es un problema de educación agropecuaria, de salud y de comercio internacional. Como Gobierno y como empresa privada hay que enfrentar responsablemente esos desafíos.

Hoy, uno de los grandes retos del agricultor es obtener más productos con un costo unitario menor, especialmente ahora que el territorio agrícola es ocupado, en una lucha desleal, por el desarrollo urbanístico, turístico, comercial y minero. Tareas ingentes de adecuación de suelos ácidos, inundables y la rehabilitación de suelos empobrecidos por las aplicaciones masivas de fertilizantes y pesticidas son impostergables, si importa obtener alimentos para hoy y mañana.

Gracias al desarrollo de la industria química en 1950 y 1960, la producción mundial de alimentos dio un salto espectacular y, también, Panamá amplió sus áreas de siembra de granos.

Como siempre, los excesos, el uso indiscriminado de agroquímicos y la ausencia de regulaciones fitosanitarias han degradado el ambiente.

En el suelo ahora crecen plantas intoxicadas y débiles, sin defensas para sobreponerse al ataque de patógenos, plagas, temperatura y humedad extremas, vientos y demás inclemencias de los elementos.

Suelos y plantas se han convertido en “adictos” a esos químicos que exigen cada vez en mayores cantidades, envenenándose en ese proceso de muerte provocado, lo que en los seres humanos correspondería a un “piedrero” o alcohólico.

Forzando la producción en esas condiciones, se aumentan los costos sin conseguir rendimientos económicos. De allí la eterna guerra de precios entre productores y compradores, para mantener artificialmente la actividad, sin beneficios permanentes y en detrimento del bolsillo del consumidor. La salud y la vida de todos son amenazadas con ese estilo de agricultura convencional sin control.

Es el momento de abrir paso a la agricultura sin residuos tóxicos, la de los microorganismos benéficos vivos, combinados con extractos de plantas y minerales, de formulaciones homeopáticas de nutrientes, humus, pesticidas orgánicos, que restablecen el equilibrio macro y microbiológicos, desintoxican suelo, plantas y agua, estimulan el metabolismo, favorecen la absorción de nutrientes, propician el crecimiento de plantas fuertes, mejoran la calidad y, obviamente, multiplican los rendimientos.

La agricultura convencional puede resolver muchos problemas, pero el tema es la restauración de la obra de la naturaleza que el hombre se empeña en liquidar, con su egoísta y suicida existencialismo.

Esta agricultura viva ha sido diseñada para contrarrestar los excesos de la agricultura de los químicos y, como primer objetivo, para garantizar la supervivencia de la especie humana en este planeta.

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Este artículo se publicó el 31 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Agro, aún hay tiempo

La opinión de….

Adán Castillo Galástica

“Muerte anunciada”. Tenemos, pues, nuevo titular en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (y van XYZ en las últimas dos décadas).   Se ofrece una oportunidad preciosa para recuperar el sector, el cual se debate entre “Agonías y resuellos” (La Prensa 15/6/2010).   Innecesario reinventar el agua fría. De lo que se trata es de oídos, determinación, voluntad. Lo demás está escrito.

Ciertamente hay que revisar, corregir. Incorporar los contingentes de profesionales y productores, sin exclusiones ni acorralamientos, como demandan criterios anchos de liderazgo y visión, mismos que han madurado universos de investigaciones, experiencias; buenas unas, otras no tanto, pero allí está el esfuerzo, la inversión monetaria, física y espiritual. Todo un capital.

Preocupa el rebrote de enfermedades, como la encefalitis equina.

Revela que algo falla en la prevención epidemiológica. Decía que el caudal de experiencias acumuladas en Sanidad Animal (vegetal y cuarentenaria) del propio ministerio, del programa antiaftoso y el control del gusano barrenador del ganado, al parecer se ha desvanecido.

Se habló de transpolar estos exitosos ejercicios hacia el control del tórsalo, incluso de la mosca de la fruta (del Mediterráneo), conjuntamente con el sector privado: Fundación de Animales Sanos (Tito Dutary, Guido y Quique Martinelli; José Dimas Espinosa, entre otros directivos). Excelente tarea redimensionar la proyección de la Red Nacional de Laboratorios, con fuerte componente de capacitación hacia los “Vigilantes Voluntarios” (productores, estudiantes, indígenas, ciudadanos comunes) y reingeniería de actualización de los especialistas. Desde luego, los centros superiores de enseñanza, investigación y transferencia.

De los bolsones deprimidos y marginales, tal vez corresponda repensar la situación del Barú, pendientes de un gran complejo agroindustrial de exportación, identificando y pujando por penetrar los nichos y/o ampliar los mercados que aún existen. Igual el mejor aprovechamiento de los sistemas de riego, vrg. el “Remigio Rojas”, así como los diseñados en el Plan Nacional de Riego para el arco seco de las provincias centrales.   No menor atención se debe a los productores de leche de Panamá este y Portobelo en Colón, como cuencas lecheras e hidrográficas. Y la acuicultura. Y la masificación de las granjas, que hay hambre y desnutrición en nuestros campos y ciudades. Y los mercados periféricos con una canasta básica más equitativa.   En fin.

Claro, que de acuerdo con los diferentes pronunciamientos a soto voce de los entendidos, un complemento indispensable para ese salto cualitativo lo es la revisión de las estructuras del sector, o sea de sus instituciones. Que las mismas respondan a una política general, integral, de Estado, para este sector tradicionalmente retrasado respecto al conjunto de la economía nacional (PIBA= –6.5%). Corresponde frenar la migración y la trashumancia hacia las ciudades. El campo puede aportar lo suyo.

Como decía antes, no se trata de redescubrir el “raspao”.   Son realidades de cada día. Consideraciones sinceras, elementales, de un panameño común, inquieto por el futuro bienestar de su país. Sugerencias de buena voluntad, solo eso.   En cuanto al ministro saliente, pues como dijo el poeta: “Dios mío, qué solos…”.

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Este artículo se publico el 4 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Comiendo tristezas: de uyamas y café

La opinión del Abogado y Docente Universitario…..

Silvio Guerra Morales 

Hay un poblado que, para los años sesenta, se llamaba Manaca Civil.  No se si aún conserva su nombre.  En carro, quedará a unos diez minutos de Puerto Armuelles.  En esa época, caminando, penetrando la espesa selva –hoy casi inexistente- se llegaba a las costas y la comunidad vivía de la pesca, la caza de tortugas, la siembra de arroz, etc. Eran tierras muy fértiles aquellas. Cuanto se sembraba germinaba y crecía con asombrosa rapidez. Los frutos eran impresionantes: vívidos colores y grandes. Parecía ser la Tierra Prometida.

Mi padre sembraba la uyama –zapallo-. Eran tan especiales esas uyamas. Comerlas era como degustar un buen pixbae –pifá- y se hicieron, en nuestro caso, parte del alimento cotidiano. Mi madre hacía ensalada de uyama cocida con huevos picados o el rico arroz de uyama.

Un día sucedió algo. Fue tanta la cosecha de uyamas que mi viejo, junto a los hermanos mayores, llenaron un largo e imponente bote y en él partieron hacia Puerto Armuelles con el propósito de venderlas. Según cuenta mi progenitor, hubo abundancia de uyama tan así que se encontraba por todos lados.   Nadie vendía ni compraba uyamas en el Puerto.

Papá se tragó las lágrimas y ahogado en ese tipo de llanto que nadie ve pero que te retuerce el mismo estómago, de regreso a la montaña, fue lanzando las uyamas en el mar. El mar comió esa tarde al mejor estilo vegetariano, entre tanto nosotros cenamos tristezas y con ella ausencia de azúcar, café, carne de res y que mi madre se viera privada de poder lucir un lindo vestido con el tradicional “corte de tela” con que una vez al año, en la campiña, los maridos deleitaban a sus mujeres.

Mi padre, hoy, cerca de los noventa, rememorando la historia, saca su pequeña toallita y seca sus lágrimas. Nosotros, con firme voz, lo censuramos diciéndole: “! Déjese de eso, todo quedó atrás ¡”; sin embargo, sin que nos vea, también buscamos una esquina para llorar. No se puede olvidar lo que en la vida te marca.

Discúlpenme tan personal anécdota, pero tiene su propósito.   Cuando escuché que el Ministro de Desarrollo Agropecuario había renunciado, no se por qué, pero vino a mi mente esta remembranza. Luego de meditar, creo encontrar la razón.

¿Pensará alguien en el hombre que trabaja la tierra?   No considero solamente al productor.  No, no es así.  Pienso en el labriego que madruga, que se adelanta a la salida del sol corriendo presuroso a su siembra o a su cuidado para recibir, luego, una paga miserable; en los núbiles recolectores de café cuyas manos se alargan para tomar del arbusto el exquisito fruto; en los miles de indígenas que trabajan en las haciendas, en las fincas de los potentados para recibir centavos por laborioso sudor; en el que siembra para vender su cosecha y que, luego, los intermediadores, le ofrezcan “guayabas”. Y pensar que los consumidores pagamos precios astronómicos. Prima un estado de perversa especulación.

Pensemos en una auténtica justicia social, reivindicativa, para nuestros jornaleros, para esos hombres que con sudor y tesón, a diario, se matrimonian con la tierra.

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Este artículo se publicó el  2  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Comiendo veneno

La opinión de…..

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Anamaría Ospina

Una de las áreas más lindas de Panamá es la zona agrícola de Cerro Punta, por sus valles verdes, su agradable clima y el 60% de la producción de hortalizas. El cultivo de lechuga, zanahoria, apio, papa, flores, brócoli y fresas da un color agradable a la vista, pero repugnante al olfato, cuando son rociados con herbicidas, fungicidas e insecticidas tóxicos para la salud, que se comercializan “dizque para comer”.

El abuso de los químicos altamente tóxicos en Cerro Punta, donde se producen los vegetales para el consumo de los panameños, es una actividad diaria y representa un peligro para la salud. Provoca enfermedades de las vías respiratorias (asma, bronquitis, espasmo bronquial), del aparato digestivo (náuseas, vómitos, enterocolitis), de la piel (dermatitis) y varios tipos de cáncer. De la severidad de la intoxicación dependerá la aparición de síntomas como cefalea, mareos u otros vinculados a trastornos del sistema nervioso central que, por ello, son más graves o afecciones severas del sistema renal.

Allá no solo se riegan sustancias prohibidas, sino que muchas veces se utilizan para acelerar el tiempo de cosecha, según la demanda y el precio al que se encuentren los vegetales. El excesivo uso de fertilizantes y plaguicidas provoca contaminación del aire, suelo y agua, y una dudosa calidad de los productos. Y estos son los que conseguimos en el supermercado como frescos… y lo son, “frescamente tóxicos”.

Los problemas ambientales son incontables, debido, en gran medida, a la falta de una conciencia ambiental tanto de autoridades como de pueblo en general. Productos como el Furadan, Vidate, Tamaron, Counter y Lacnate causan depresión en humanos y son tóxicos en mamíferos, aves, abejas y peces. Por otro lado, hay 500 tipos de insectos resistentes a los plaguicidas, lo que hace que se saturen las zonas de cultivo sin que se controlen los daños.

¿Por qué el Ministerio de Desarrollo Agropecuario no puede prohibir o restringir ciertos de estos químicos? ¿Cómo es posible que las autoridades permitan la entrada de productos que están restringidos en otros países? ¿Por qué no hay un control para su comercialización? Lo importante es reconocer que la contaminación ambiental está haciendo mucho daño y que somos nosotros quienes nos estamos sentenciando a una muerte prematura con cada mordisco.

¿Por qué no educar a nuestros agricultores a producir de forma orgánica, a sembrar salud, a producir alimentos que cuiden la salud de los consumidores y a que mantengan el equilibrio del medio ambiente en que producen?

“Orgánico” significa nutritivo. Alimentos más limpios y seguros. Los vegetales orgánicos siempre son beneficiosos para nuestra salud y para promover un medio ambiente más saludable. Son muchas las razones por las que incluirlos en nuestra dieta debería ser una opción que tomemos con regularidad. Así de simple, son más ricos en vitaminas y minerales y más seguros y saludables. Es preferible llevar a nuestra mesa un gusanito o una lechuga picadita, que llevar veneno.

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Este artículo se publicó el  30 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.