La creciente inseguridad alimentaria

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La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…

Juan Jované

La lectura de las más recientes estadísticas sobre el costo de vida muestra claramente que el fenómeno inflacionario sigue presente en el caso de los elementos que conforman el conjunto de los bienes básicos alimenticios.   Es así que el costo de la canasta básica del Ministerio de Economía y Finanzas, que se calcula para una familia de 3.84 miembros, mostró entre noviembre del 2009 y el mismo mes del 2010 un crecimiento equivalente a 13.05 balboas, que en términos porcentuales significa un incremento del 4.9%. Por su parte el índice de precios de los alimentos y bebidas que calcula el INEC muestra en el mismo lapso de tiempo un incremento de 4.3%, lo cual se explica por un crecimiento de 3.4% en los alimentos, de un 7.6 % en las bebidas y de un 6.6% en las comidas fuera del hogar.

Este fenómeno inflacionario, que ya de por si atenta contra la seguridad alimentaria de la población, se ve acompañado por una clara decadencia en la producción del sector agropecuario.   De acuerdo a las cifras preliminares del INEC, si bien es cierto que la producción de la agricultura, ganadería y silvicultura mostró un crecimiento del 2.5% al comparar los tres primeros trimestres del 2010 con los correspondientes al 2009, no es menos cierto que dicha producción alcanzó un nivel inferior en 11.4% al observado para el mismo período durante el 2008.   A esto se suma el fracaso de la política de exportación de frutas, tal como lo demuestran las recientes y significativas caídas en el valor de este indicador.   El resultado de lo anterior no es solo el sistemático deterioro de las condiciones básicas de soporte de la seguridad alimentaria, sino la creciente incapacidad de asegurar mínimamente la soberanía alimentaria.   Esto se refleja no solo en el hecho de que el país se vio, de acuerdo a cifras de la CEPAL, obligado a importar durante el año 2009 B/ 1,063 millones en alimentos, sino que Panamá resultó con un déficit en su balance comercial agro alimentario equivalente a B/ 396 millones, que significó, además, un crecimiento del 167.1% en relación al observado el año previo.

 

Este problema, junto al de la inflación se tenderá a agravar en el futuro próximo habida cuenta de la nueva ola de incremento de los precios de los alimentos a nivel internacional, la que se refleja en el hecho de que durante el segundo semestre del 2010 la FAO detectó un incremento de los precios de los alimentos de cerca del 32%, fenómeno que tarde o temprano impactará a la población panameña, principalmente la de menores ingresos, sobre todo a ese 20% de la población que apenas recibe el 2.5% de los ingresos.

Se hace entonces imperiosa una efectiva política de seguridad y soberanía alimentaria que permita hacer frente a la difícil situación que hoy muestra el país en esta vital esfera de la vida nacional.

<>Artículo publicado el 18  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Lo que no está bien en el sector agropecuario

La opinión del Ingeniero Agrónomo…

EDUARDO  A.  ESQUIVEL  R.
eesquivelrios@gmail.com

En la interesante sección ‘Capital’ de La Estrella de Panamá del 20 de diciembre de 2010, el titular dice: ‘Algo no esta bien en las cosechas’ refiriéndose a los registros recientes de la Contraloría de la Republica que revelan que cada vez se produce menos café, arroz y maíz, entre otros productos básicos alimenticios.

Aunque muchos le atribuyen la disminución de la producción al mal clima de los últimos meses, la verdad es que la producción agrícola panameña en general ha venido disminuyendo progresivamente desde hace años.

Curiosamente, en la misma sección del periódico mencionado, hay una página pagada por el Gobierno que explica claramente que es lo que está sucediendo con el sector agropecuario, Titulada ’Comunicado: la Economía de Panamá sigue creciendo’ según datos de la Contraloría, el Producto Interno Bruto de Panamá (PIB) esta compuesto del aporte de los siguientes Sectores, en orden de importancia: 1- Transporte, almacenamiento y telecomunicaciones, 2-Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler,   3-Comercio al por mayor y menor,   4 – Construcción, 5- Hoteles y Restaurantes y 6-Intermediación Financiera. ¿Y el sector agropecuario? Ni es mencionado.

¿Y todavía se asombran de que ‘Algo no anda bien en el agro? Por cierto, el mismo informe indica que ‘la inflación se mantiene baja’, lo que es bastante increíble, viendo el brutal incremento de los precios de todos los productos básicos.

Así que el problema está en que las políticas de gobierno relegan el sector Agropecuario a un lugar terciario, dándole prioridad a servicios y el comercio.   Fatal error en un mundo en que los alimentos y el agua son de vital importancia para la estabilidad social y política de los Estados.

El Ministro del MIDA, Emilio Kieswetter, dice en la misma Sección que no hay razón para que los alimentos aumenten sus precios. Pero las razones sobran, y el problema al final no va a ser que el arroz va a tener un precio alto, sino que no va a haber arroz que comprar.    Lo mismo con los demás alimentos de la Canasta Básica. La autosuficiencia alimenticia no se logra con subsidios ni directos ni disfrazados. Las importaciones solo benefician a los grandes empresarios del comercio de alimentos, que tienen enormes ganancias sin cultivar un solo metro cuadrado de tierra.

Panamá tiene solo poco más de 3 millones de habitantes y tierra agrícola para alimentar a más de 10 millones. Hace tiempo se pensó en el concepto ‘Una producción agropecuaria para un país’, es decir, producir lo necesario para la autosuficiencia alimenticia económica y socialmente viable. Desarrollar tecnologías propias para el clima / suelo del país, como variedades y razas, a través del mejoramiento genético o la biotecnología.

El IDIAP debe empezar a trabajar en estos campos y dejarse de elucubraciones bizantinas. Darle prioridad a los suelos agrícolas para producción de alimentos para el consumo interno, y no para la exportación. Resulta contradictorio que un país con falta de alimentos para su Pueblo, exporte alimentos buscando divisas que no revierten al sector.

Esto en si es un factor inflacionario e incrementa los costos de los insumos agrícolas.

Es absurdo que se crea que el costo de los alimentos va a bajar cuando se incrementa desproporcionadamente el precio del combustible Diesel, básico para la producción agrícola. Y con ello suben todos los insumos utilizados por los agricultores y finalmente el aumento termina en el producto alimenticio.  Definitivamente peor que un ciego que no quiere ver, es un ciego que no quiere oír.

Este artículo se publicó el 17 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

Realidades y mitos de la producción de alimentos

La opinión del Ingeniero Agrónomo…

Eduardo A. Esquivel R.

Quisiera aportar mi opinión, como productor y agrónomo no comprometido con ningún sector económico o político, respecto a la producción de alimentos.

Ante todo, reconocer el hecho indiscutible de que desde hace años los alimentos incrementan sistemáticamente su precio en el mercado minorista y que, como reconocen los propios funcionarios, el sector agropecuario está en crisis. Los gobiernos tienen la culpa de esto, porque en Panamá la política económica estatal es apoyar al sector servicios (turismo, banca, construcción, comercio, etc.) y dejar en un tercer o cuarto término al sector agropecuario, que solo aporta cerca del 15% del PIB del país. Se tiene la idea de que es más “fácil” importar los alimentos que producirlos. Es por esto que el o los gobiernos sí tienen parte de la culpa por el alto precio de los alimentos.

Sin dudas, es una concepción ecléctica e idealista que los agricultores dejen de usar fertilizantes químicos, insecticidas, fungicidas, herbicidas, etc. Para producir alimentos sanos y baratos, porque no gastarían en estos insumos. Pero la realidad es que las experiencias en agricultura orgánica demuestran que no es rentable, ni siquiera en los países desarrollados en los que se aprecian estos productos, y su valor es el doble de los no orgánicos.

Es verdad que la agricultura orgánica es más sana, pero es falso que sea más barata. Un cultivo cualquiera, por ejemplo el maíz, sin fertilizantes químicos y sin agroquímicos con suerte produce un 20% de lo normal. O sea que su costo es cinco veces mayor que el producido con agroquímicos. Hace poco leía los comentarios de un agricultor que intentó cultivar tomates orgánicos en EU, y decía que al final cada tomate le salió costando 36 dólares. Además, la incidencia de plagas y enfermedades en los orgánicos es alta. Es por esto que los productos orgánicos son mucho más caros que los no orgánicos.

Además, desde la revolución verde las tendencias de la genética de las plantas alimenticias se orientan a altos consumos de agroquímicos. Algunas de estas variedades ni siquiera llegan a producir sino se fertilizan masivamente. Esto sin mencionar las variedades transgénicas, que de cierto modo podrían resolver el problema del alto consumo de fertilizantes. Por ejemplo, una variedad de arroz o maíz que fijara nitrógeno en las raíces, con genes de una leguminosa.

El Gobierno sí tiene la culpa, o al menos, la responsabilidad del incremento de la canasta básica, porque éste orienta y controla las políticas agrícolas y comerciales: Pero los intermediarios y los comerciantes son los que se hacen millonarios, importando alimentos o comprando barato al productor y vendiendo con un 200% o 300% de margen de ganancia en los supermercados. Solo controlando esto se abarataría la canasta básica en más del 30%. Al final el problema no será que los alimentos estén caros, sino que no habrá qué comprar.

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Este artículo se publicó el  3  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre las leyes para impulsar el agro

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La opinión del Ingeniero…

Eduardo A. Esquivel R. 

Los diarios publicaron recientemente una noticia emanada del Gobierno que dice que el “Consejo Agrario Nacional” prepara tres proyectos de ley para incentivar la producción agropecuaria nacional. Aunque no conozco este “Consejo” supongo que no deberá estar formado por los más sesudos eximios y notables profesionales del sector agropecuario, ya que pretenden conseguir algo verdaderamente difícil, como es sanar a un desahuciado con una sangría.

 

Digo esto porque las “Leyes” que se mencionan que presentarán a la Asamblea este mes de enero, verdaderamente no contribuyen en nada a la producción nacional orientada a la Seguridad Alimentaría del Pueblo panameño. Esta estrategia está equivocada fundamentalmente porque promover las exportaciones no favorece la canasta básica, sino todo lo contrario. Solo favorece a los empresarios exportadores, que son una minoría, y a los importadores, que son menos aun.

La “Rastreabilidad” agropecuaria, mal dicha “Trazabilidad”,  es un requisito impuesto por varios países desarrollados para recibir importaciones, por lo que solo favorece a estos.   Al panameño común no le interesa como se llama la vaca o el dueño de la vaca de la que salió la carne molida que compra en el supermercado, sino que haya carne molida barata. Dicho sea de paso, el MIDA lleva como 10 años tratando esto y no ha conseguido nada viable. El infame “CAT” ahora llamado “Certificado de Fomento a la Exportación” (CEFA) es un subsidio disfrazado. Tanto así que muchos exportadores dicen que su ganancia es este Certificado, que es negociable.

Pero esto no ayuda en nada a la Seguridad Alimentaria del pueblo, ya que lo único seguro es que tendremos que importar alimentos, posiblemente los mismos que exportamos, pero más caros.

El Fideicomiso de Competitividad es casi lo mismo que el famoso programa de “Transformación Agropecuaria” que fue un rotundo fracaso. Sobre los “Programas de Riego”, diré que desde que tengo uso de razón vengo escuchando esto. En las últimas décadas se han gastado centenas de millones de balboas en sistemas de riego de miles de hectáreas en todo el país que actualmente están abandonados o sub-utilizados. Incluyendo al Remigio Rojas, que es defectuoso y está sub-utilizado.

Es totalmente ilógico pensar en exportar alimentos cuando internamente nos faltan alimentos. Dedicar hectáreas a cultivos de exportación cuando no producimos para autoabastecerlos en alimentos básicos. Exportar carne bovina cuando el precio de la carne al consumidor es un atentado a la canasta básica. Esta estrategia suicida solo llevará a empeorar la situación del sector agropecuario, elevar el precio de la canasta básica y a perjudicar el Gobierno actual, que finalmente cargará con la culpa de todo.    Solo se debe exportar cuando haya excedentes, como lo hacen los países desarrollados. Primero está la Seguridad Alimentaría del pueblo, y después las cuestiones pecuniarias.

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<>Artículo publicado el 7  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La encrucijada del agro local

Debemos desarrollar políticas y acciones de gobierno que lo lleven a ser cada vez más competitivo.  La opinión de…

ALEXIS SOTO
sotopanama@gmail.com

Para lograr crecimiento, el sector Agropecuario necesita vender más y a mejor precio. No obstante, en Panamá el aumento de las ventas siempre estará limitado por el tamaño del mercado. Siendo que la población panameña crece a un ritmo de 1.70% anual, la única alternativa de crecimiento es hacia los mercados de exportación. Es por ello que son necesarias las negociaciones comerciales y la integración a mercados internacionales pero siempre manteniendo el principio de una política agresiva en aquellos rubros donde podemos competir y una política defensiva en aquellos donde somos más sensibles.

Una Política de Estado hacia el agro no puede estar enfocada en condenar al sector al ostracismo y a la crisis permanente. Es decir, reconociendo el estado actual de crisis del sector se requiere un Plan de Estado a 10-15 años para que el sector despegue y se constituya en un verdadero vehículo de desarrollo para ese 43% de la población que vive y trabaja en el área rural.

Mientras defendemos a los rubros sensitivos de nuestro sector agropecuario, debemos desarrollar políticas y acciones de gobierno que lo lleven a ser cada vez más competitivo para que en un plazo perentorio pasemos de políticas defensivas hacia políticas agresivas de acceso a mercados que coadyuven al crecimiento de nuestras exportaciones y por ende de nuestra producción nacional.

Lamentablemente esto no se está haciendo, las cifras lo dicen. Los tres principales indicadores reflejan que no estamos en el camino correcto: las exportaciones, el financiamiento y las distorsiones en la cadena de comercialización. En cuando a las exportaciones, a excepción del azúcar sin refinar, el melón (-64.0%), la piña (1.5%), el camarón (-36.4%), la sandía (-17.8%), las larvas de camarón (-14.9%) y el Ganado vacuno en pie (-94.8%) han tenido una caída estrepitosa en sus exportaciones los primeros 8 meses de 2010. En cuanto al financiamiento estatal, tomando solo las estadísticas del BDA sin contar el Banco Nacional, entre el año 2009 y 2010 ha habido una caída del -30.58% en los préstamos en general, -36.33% en la agricultura y -28.81% en la ganadería.

Evidentemente esto es consecuencia, en gran medida, del reenfoque del FECI hacia el sector construcción.

Finalmente, en cuanto a los precios al consumidor llevamos una inflación acumulada a septiembre de 3.8% en general pero en Alimentos y Bebidas (consumo de alimentos) al mismo mes de 4.4%.

No obstante aquí debo hacer un señalamiento para que se entienda mejor lo que está pasando, para ello usaré las estadísticas del Índice de Precios al Consumidor (IPC) al mes de junio porque hasta esa fecha hay publicados registros del Índice de Precios al Por Mayor (IPM). Cuando el IPC acumulado al mes de junio era de 3.9% el IPM agropecuario en el mismo período era solamente de 1.4%. Aunque el proceso de producción y sus costos (IPM) no ocurren al mismo tiempo que el proceso de consumo y sus precios (IPC), es decir, se compran insumos para producir lo que se va a consumir seis meses después, la tendencia es clara y casi no varía en todo el año, por cada balboa que aumentan los costos de producción (IPM), se le aumentan 2.78 balboas al consumidor (IPC). Esto quiere decir que el aumento del costo de los alimentos no se debe tanto al precio de los productores sino a la cadena de intermediarios para llegar al consumidor. Esta distorsión debe corregirse con la construcción de mercados de abastos en todas las ciudades y políticas antioligopólicas y antiespeculación agresivas para lo que solo tiene que aplicarse la Ley 45 de octubre de 2007. En la medida en que corrijamos la tendencia de estos tres indicadores Exportaciones, Financiamiento y Distorsiones en la cadena de comercialización, por supuesto au nado a mayor investigación y tecnología, estaremos sentando las bases del camino hacia del desarrollo del sector agropecuario.

<> Este artículo se publicó el 19 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/soto-alexis/

Del agro no hay quien escriba algo bueno

La opinión de…

Francisco Antúnez V.

 

Cada día, al despertar y actualizarme con los medios de comunicación radiales, televisivos y escritos, siento más preocupación al constatar la triste realidad de que en nuestro país el sector agropecuario tiene poca resonancia entre la abrumadora euforia de noticias sobre el crecimiento económico que registra el país por el gran desarrollo de infraestructuras y las cuantiosas inversiones que le produce mayor recaudación al fisco nacional. Por otro lado, los medios están muy copados por los análisis y comentarios de otros temas relevantes de la política, los deportes y, sobre todo, de los flagelos delincuenciales, que cada día nos hacen sentir más preocupación por la convivencia armónica que entre los panameños debe existir.

Si bien reconozco y valoro todo lo anterior como cosas que tienen y merecen divulgarse, también siento y tengo que manifestar que es necesario dirigir la atención hacia el campo en el sentido de contribuir a promover la producción agropecuaria y procurar brindarle el apoyo necesario para aquellos que cada día se adentran en esa tesonera, riesgosa y noble lucha por “agroproducir”, en la que participan miles de personas del interior del país que no le representan al Estado problemas delincuenciales, espacios laborales gubernamentales ni cargas sociales insatisfechas, tal como ocurre en los conglomerados urbanos de las ciudades terminales; personas estas que en lugar de cerrar los pésimos caminos de producción, más bien abren y marcan los trillos por los que logran sacar sus productos, los cuales luego se ofrecen al consumidor nacional, contribuyendo silenciosamente a la seguridad alimentaria.

Trabajar el campo bajo sol, viento y lluvia, para producir alimentos, generar empleos rurales en el país y garantizar la seguridad alimentaria nacional, lo entendemos como tareas nobles de los productores, pero estos esfuerzos deben ser apoyados por políticas estatales y el estímulo de noticias permanentes y positivas que jamás deberían ubicar al agro en terceros y cuartos lugares dentro del quehacernacional. Señalamos esto porque no podemos olvidar que todos los días, mientras existimos, tenemos que alimentarnos, y sin agricultura el mundo no puede existir ni alimentarse.

Por lo tanto, como agricultor y consumidor de alimentos, me preocupa que las pocas noticias que se publican sobre el sector agropecuario, parecieran tener un objetivo manifiesto de dejarlo ver como un sector de tragedias climáticas, de solicitudes necias y mendigas, de incompetentes, con fragilidad y alto riesgo para invertir, no merecedores de recibir los apoyos que por ley panameña y producto de los mandatos de la universalización y globalización de las Naciones Unidas tenemos como derecho, al igual que en otros países en donde al productor se le apoya sin regateos, todo lo cual, a nuestro juicio, no solo es un conjunto de visiones equivocadas sobre el sector agrícola que con las posturas de tecnócratas tanto del sector oficial como privado, nos hacen correr el riesgo en materia agroalimentaria; además nos obligan a pagar altos costos por los productos, sobre todo, y principalmente, a los que menos tienen, que somos la mayoría, situación que se agravaría si llegáramos a perder el balance entre la producción nacional agropecuaria y las importaciones de productos y materias primas agropecuarias.

Nuestro llamado es a toda la sociedad y, sobre todo, a los medios de comunicación, para que busquen y resalten las noticias sobre los esfuerzos y aspectos positivos del sector agropecuario, tales como: el desarrollo de nuevos cultivos, el aumento de la productividad, las ventajas organolépticas de los productos, la formación de nuevos agricultores con inclusión de género, el mejoramiento en la inocuidad y el manejo poscosecha de los productos, la incorporación de los procesos agroindustriales y nuestro potencial de agroexportación, entre otros.

Quizás de este modo podamos no competir con otros sectores económicos de nuestro país, sino más bien disminuir la percepción internacional de que en Panamá no hay agricultura o que en la realidad interna existen dos países, el cosmopolita y el rural marginado, en donde se ubica el sector agropecuario.

<> Este artículo se publicó el 13  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en:

La agricultura panameña

La opinión de….

Hirisnel Sucre Serrano

En una conversación que sostuve con Alberto Velásquez, comunicador especializado en el agro, y Ángelo Chen, prestigioso ingeniero agrónomo, en referencia al desarrollo del sector agropecuario de Costa Rica (que tiene un considerable peso en el PIB de ese país) les señalé que no recordaba que nuestro mismo sector hubiese superado el 5% del PIB en los últimos años, con la diferencia que de este escuálido aporte depende el 40% de la población del país, que en su mayoría vive en pobreza media y extrema ¿cuál será mejor? Y se me ocurrió preguntarle a estos amigos ¿a qué se debía esto? Rápidamente me contestó el ingeniero Cheng que ello era así, “porque Costa Rica no tenía un Canal”.

Esa respuesta la consideré acertada, porque en una ocasión escribí en este periódico que nuestro país tiene geográficamente dos economías: la primera se desarrolla desde Capira hasta la frontera con Costa Rica, y desde Chepo hasta la frontera con Colombia; la segunda está comprendida entre las áreas metropolitanas de La Chorrera, Panamá, San Miguelito y Colón.

La primera economía es de tipo agrario, igual a la centroamericana, y la segunda es de servicios y comercio, tipo Miami;  desarrollada a base de la construcción del ferrocarril, el Canal, los puertos, la existencia de la ex Zona del Canal y, por supuesto, la existencia de bases militares norteamericanas en esa franja, que ya no existe, pero que mantiene sus efectos económicos, sociales y culturales promotores de una robusta actividad comercial y de servicios, creadora desde hace décadas de un “espejismo”, causa principal de una intensa migración de la población del campo a la ciudad en busca de empleo, educación y viviendas, afectando el crecimiento ordenado en estas regiones, provocando un déficit en los servicios básicos, transporte, viviendas y recolección de basura en estas áreas de crecimiento urbano, no planificado. Fenómeno difícil de corregir para cualquier autoridad.

En buena hora hemos conocido, gracias a los medios de comunicación, que el titular del Mida presentó al Consejo de Gabinete un plan estratégico para apoyar al sector agropecuario, con una inversión de 700 millones de dólares en los cuatro años próximos, fortaleciendo el presupuesto de funcionamiento de este ministerio, de tal forma que se establezca un eficiente servicio de extensión agropecuaria que le permita a los técnicos y especialistas de las instituciones del sector público agropecuario llevar a los productores conocimientos y técnicas modernas de producción de alimentos para el consumo nacional y la exportación.

Estoy convencido de que con acciones como estas, ejecutadas como política de Estado, podremos mejorar la productividad (costo/beneficio) para que el productor reciba las utilidades necesarias que le inspiren a continuar en la producción de alimentos, a la vez que se da una oferta de productos superior a la demanda, de forma que los intermediarios en la cadena de comercialización no sean los mayores beneficiarios, y que tanto el productor como el consumidor obtengan beneficios, potenciando la agricultura familiar y la seguridad alimentaria.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.