Agua, agua, sin saber qué hacer

La opinión de…

Adán Castillo Galástica

Me disponía a tratar de ahondar y aportar alguna opinión sobre la tragedia del agua potable tras mes y medio de angustias, desagravio del río Chagres y la vulnerabilidad del Canal,   cuando de pronto a quemarropa y en medio de enjundiosos reconocimientos a mi permanente empeño, recibí nota de despido de mis funciones en la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP).    Pero eso es otra cosa de lo cual me ocuparé en su debido momento.

Ahora vamos al encabezado. En el contexto de aquella desdichada e imprudente nota, tuve la oportunidad de expresar a monseñor José Domingo Ulloa Mendieta en su convocatoria dialogal a periodistas en el templo Don Bosco algunas impresiones sobre esta dramática señal que la naturaleza nos viene marcando.   Sobre el particular, creo que seguimos tomando el rábano por las hojas, fenómeno clásico de la trivialidad con que el común panameño irreflexivo ve el cada día.

He de recordar al buen amigo José Jorge Bonamico cuasi traumatizado por lo que entonces alertaba con no poco dramatismo: “Escuchamos que el Canal se seca”.    Se refería a una serie de opiniones y propuestas encabezadas por el Dr. Heckadon, así como a la falta de previsión que desde los años 50 del siglo pasado anunciaban el inminente desbordamiento migratorio y la consecuente devastación ambiental de la cuenca hidrográfica del sistema Chagres.   No obstante, la borrachera perpetua que fatalmente nos acompaña no nos dejó ver, tampoco ahora, la peligrosidad del asunto.   Y viene el Carnaval.

Medio resuelto el problema, la “llamará e’ capullos” se apaga. ¿Cuáles fueron las lecciones aprendidas?: ¿Comprarle agua a Costa Rica si acaso la tienen disponible, a Honduras, Colombia o Perú en el marco del TLC, que para algo deben justificar sus elevados costos burocráticos y propagandísticos?

Me temo que no podemos contar con Nicaragua, perpetuo aspirante canalero. Durante la guerra de aquel país contra Somoza (“estirpe maldita”) como corresponsal escuché que algún día el Canal de Panamá no sería más que una zanja de lama pestilente, dando paso a la vía por Nicaragua.   Creo que otra comisión o “Autoridad” bien podría derivar en otra entidad burocrática y clientelista.

Para la cuenca del Canal ya existe en ACP [Autoridad del Canal de Panamá] una “Comisión Interinstitucional” (CICH): ¿Cuáles son sus resultados, experiencias, innovaciones, impactos y efectividades?  Lo mismo el Idaan, institución obsoleta al margen de las grandes expectativas de nuestro tiempo, sin mayor visión, jerarquía; fuente de cobros y partidismos, sin emoción, ni perspectiva.

Lo más probable es que el próximo evento que de acuerdo a las facturas del cambio climático pudiera ser un tsunami, terremoto como los del siglo XIX, sequías o inundaciones. De poco y nada nos servirán las improvisaciones o invocaciones celestiales.

Lo que se requiere es una concepción integral del bien ambiental y su variante hidrológica, no como “recurso” como tal, expuesto a la voracidad mercantil, sino como un bien del común, de todos; el conjunto del sistema hídrico ambiental y marino costero amenazado de leso crimen humano y vulnerabilidad climática por tanto estratégico en emergencia nacional.

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Este artículo se publicó el 29  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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