Flor de nieve en su jardín

La opinión de la Abogada…..

Icenit Melgar

Cada conversación, cada relato con cada ser humano que ha tocado mi vida, ha dejado una enseñanza. Ninguna conversación es vacía y menos carente de sentido, todas tienen un mensaje intrínseco que yo estoy dispuesta a conocer. Para mí resulta valioso extraer la esencia del sentimiento que contienen las palabras expresadas, por cada persona que desea compartir conmigo cualquiera de sus anécdotas o experiencias.

En ese proceso de conocimiento diario me describo como aprendiz de vivencias compartidas. Soy de la convicción que enseñanza compartida engrandece la vida. Es así como les relataré una historia, que aún cuando ha sido un tanto modificada de la original, conjuga un mensaje de esperanza y admiración.

Un día de verano, cuando el aroma y colores de las flores y retoños de un hermoso jardín engalanaba el paisaje que observaba, me dispuse a conversar con una conocedora de flores, quien gozaba de su jubilación, dedicándose a una de las actividades que más les gustaba; el cultivo de plantas y variadas flores.

En medio de la conversación sobre los cuidados que requieren las plantas y ante mi inexperiencia en este tema, me comentó que su flor favorita era el loto de nieve. Y que nunca había tenido la oportunidad de apreciarla más allá de una foto de revista. Destacaba que el loto de la nieve es una exótica flor que florece durante los meses de julio y agosto en el lejano oriente. Me decía que es una flor que evoca mensajes de connotación espiritual, algunos por su carácter místico y otros por sus cualidades curativas.

Es de color café con hermosos pétalos blancos y capullo púrpura, que crece en la intemperie, sin refugio y según los que la han visto, decía ella, esta flor emana una fragancia indescriptible. De frágil apariencia es capaz de soportar las inclemencias del tiempo.

Las propiedades de esa flor quedaron grabadas en mi mente por su elegancia y desafío a la adversidad de su entorno. Con esa brillante exposición me retiré y no vi más a la persona de esta historia hasta el día que la vida nos volvió a reunir y me enteré que recibía con gran entereza el diagnóstico de cáncer.

No acertaba a decir para ella palabra de ánimo, ninguna de ellas eran suficientes, ante esta realidad y recordaba nuestra última conversación en el jardín que ella cultivaba. Sólo pensaba en la fuerza de esa flor y el espíritu de hierro de mi conocida.

Transcurrió el tiempo y aún cuando nunca le pude hablar de mi admiración a su fuerza inquebrantable en la lucha contra su gran batalla y porque se lo debo, desde ese día de verano, hoy escribo estas líneas.

No tuve que viajar grandes distancias, vi la flor de nieve en su rostro, la vi en su vida y en su jardín y usted en el rostro de los que combaten esa enfermedad y a los que con su experiencia dan valor a mis palabras.

Esta historia tiene el rostro y el nombre que usted le quiera dar. Es un homenaje a cualquier espíritu de guerrero, principalmente hoy 4 de febrero Día Mundial contra el Cáncer.

Para mi tiene el nombre de la fortaleza que veo en más de un ser humano que lucha contra esa enfermedad, donde son vencedores, siempre, pues sus espíritus se fortalecieron cuando el frío de la enfermedad no pudo corromper la belleza y pulcritud de su esencia.

Qué privilegio observar esa flor, adoraba cultivar plantas desconociendo que era la flor más vistosa y fuerte de su jardín.

El loto de nieve siempre estuvo en su jardín y hoy me preguntó ¿será que siempre lo supo? y sólo me estaba enseñando que la fuerza incalculable de un espíritu indomable y luchador descansa, pero nunca deja la batalla.

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Publicado el 4 de febrero de 2010 en el Diario Panamá América Digital,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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