A falta del vital líquido: enfermedad y muerte

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La opinión del Odontólogo y Abogado…

Omar O. López Sinisterra 

En anterior escrito participaba a la comunidad que si en nuestro país llueve por más de quince días, no vamos a necesitar de un tsunami para quedar inmersos en las aguas producto de las inundaciones. Necesitamos llevar a efecto una campaña preventiva integral en la que participen los sectores gubernamentales, las fuerzas vivas de las comunidades y la población misma, para que los futuros daños sean menores con relación a lo ya acaecido.
Se está hablando a nivel mundial de que en el 2012 habrá grandes catástrofes en el planeta por el alineamiento de los astros, por cambios a nivel solar y por movimientos en la corteza terrestre lo que definitivamente producirá una afectación completa de orden natural en nuestro planeta. Si esto es cierto, tenemos que trabajar en función de la prevención de los mismos en base a los esfuerzos que podamos realizar para minimizar los posibles daños.

Con las pasadas inundaciones, se afectó considerablemente las potabilizadoras de agua, situación que tiene injerencia total sobre la consecución del líquido vital en nuestros hogares. Algunos dejamos de recibir agua potable durante 15 días y otros por períodos de dos a cinco días, y algunos todavía no la poseen. Esta situación tiene marcada influencia sobre el estado de salud del pueblo panameño en cuanto a que en muchas ocasiones el agua está contaminada afectando la salud de los que la ingieren. Los que no toman agua, no desintoxican su organismo permitiendo que bacterias y gérmenes se exacerben órganos como los riñones facilitando infecciones.

También tenemos que controlar que los miembros de la comunidad no desperdicien agua utilizándola para piscinas y para el lavado de autos u otras superficies.

Tenemos que aprender a racionalizar el agua, la cual no será abundante en los años venideros y aun más si nuestro planeta es sujeto a cambios de la corteza terrestre, volcanes, tornados y huracanes, los cuales poseen un poder devastador sobre nuestras ciudades y campos.   El agua es vital para poder preservar la vida y nuestras especies, de tal forma que si se extingue, será el fin de los seres vivos sobre la tierra.

Desde hace ya varios años las catástrofes naturales han ido en aumento debido también a que el ser humano está contribuyendo a la contaminación y el desequilibrio ambiental. El calentamiento global, la polución, la contaminación extrema de ríos, lagos y mares, la deforestación y urbanización desmedidas, son fuente puntual e inequívoca del daño que estamos causando al planeta.   El deshielo de los polos, es un hecho que pareciera irreversible y que tiene marcada injerencia en las inundaciones. Estamos todavía a tiempo de hacer un alto e iniciar una gran brigada para salvar nuestro planeta y que podamos habitarlo un poco más.

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<>Artículo publicado el  19  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

En el hospital

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La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez 

Pasé diez días en el Hospital Regional de Chiriquí. Desde varias semanas antes venía sufriendo de un cansancio que no me permitía respirar a pleno pulmón. Y fui a visitar al cardiólogo, doctor Jorge Velarde. Me tomó un electrocardiograma, y con la flema inglesa que lo caracteriza, me dijo lacónicamente: “ Hospitalización inmediata… Bloqueo completo”.

 

Fui a mi casa, llamé al sobrino Gustavo Gómez; y unas horas después estaba en el Hospital Regional. Allá me esperaba el Dr. Batista; me alojaron cómodamente en uno de los salones del piso de urgencia; dormí bien- Y al día siguiente me vio el competente cirujano cardiovascular, Doctor Adames, quien me colocaría un marcapaso el jueves.

Y efectivamente, el excelente cirujano, Dr. Adames, asistido por la doctora Larisa Beitia y el Dr. Thompson, que se ocupó de la anestesia, terminaron su trabajo con gran capacidad profesional.

Estuve diez días en el Hospital, como ya dije, y sería injusto no expresar mi gratitud a tantos otros profesionales que estuvieron junto a mí en esos momentos; por ahí pasaron frecuentemente, la doctora Hilda Josefa Gómez, el Dr. Franklin Anguizola, doctor Lezcano, doctor Dutary, doctor Estrada, doctor Cuestas Gómez, doctor Williams…

Y no quiero dejar de mencionar tampoco a las muchas personas que se hicieron presente, casi inmediatamente:   Mi hija Naty Gómez, a la querida amiga Donna Fisher, que estuvo allá desde el principio, y se encargó de dirigir el programa radial, Lucho Henríquez, (mi asistente) mi hermano Julio Gómez y su esposa,  Alcira, sus hijos; mi cuñada Catalina viuda de Gómez; y los que no podían faltar: mis amigos del Café; Milciades, Coco, Héctor, Alberto Sittón, Beby y Omar Chávez, Camilo Reigosa, Librado… (No saben cuánto sentiría no mencionar a algunos de mis amigos) Hubo momentos en que aquello parecía un mitin…

Yo les decía a las enfermeras, que estaban siempre atentas a servir, que había descubierto algo muy importante en esta temporada con ellas, que si podía poner un letrero luminoso en el salón, sería; “ Hasta aquí llegó el orgullo”- Francamente, en el hospital estamos sin independencia, obligados a obedecer, las reglas del Hospital. Quiero hacerles llegar a: Ana, Lizbeth, Noylinc, Omaira, Jéssica,Erica, Silvia,Mireya, Francisca, Aracelly, Alina, Lucila, Eida, Yarleny, Kaira,Dayana, a todas mis amigas, mi saludo más sincero y respetuoso…

Y a los lectores de esta columna, igualmente pido perdón por la digresión tan larga, sobre un tema que se sale de lo habitual. Espero seguir publicando artículos de los que les gusta… Hasta pronto.

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<>Artículo publicado el  25  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Antes de criticar, primero hay que saber

La opinión del Empresario…

RAFAEL CARLES
rcarles@cableonda.net

 

Son muchos los que infundadamente se oponen a la Resolución No. 41,039 de la Junta Directiva de la Caja del Seguro Social, que establece la obligatoriedad del Plan de Prevención y Gestión de Riesgos Profesionales en todos los centros de trabajo del país.  Y tanto la han contrariado y argumentado que, a la fecha y a casi dos años de su promulgación y publicación en Gaceta Oficial, aún se resisten a implementarla y cada día la dilatan y postergan más.

Lo trágico es que aquellos que se oponen lo hacen por desconocimiento y pasan por alto que un Plan de Riesgos consiste precisamente en analizar y revisar los sistemas de trabajo para buscar nuevas y mejores formas de producción y operación, utilizando la innovación, la creatividad y el consenso como herramientas claves para el rediseño de los procesos.

Y es dentro de este contexto que surge la figura obligatoria del Plan de Prevención de Riesgos, la cual enfatiza que la salud del trabajador es importante en la cadena productiva y plantea la seguridad ocupacional no desde un punto de vista de costo financiero, como se hace actualmente, sino en torno a las múltiples oportunidades que tiene el propio trabajador que las ejecuta para producir resultados favorables para la empresa. Es necesario aclarar que este tipo de Plan no se contrapone a la calidad total o a ningún otro método que maximiza la productividad laboral, sino que examina cada proceso y es capaz también de contribuir sustancialmente al logro de los objetivos financieros y organizacionales de la empresa.

En el ámbito mundial y nacional, las incapacidades por accidentes de trabajo constituyen un problema por los costos que generan a la seguridad social. Actualmente existen estudios que permiten proponer estrategias para mejorar dichos problemas; se sabe, por ejemplo, que el déficit de la seguridad social tiene su origen, entre otras causas, en el impacto del pago de las incapacidades.

En Panamá las incapacidades representan un problema deficitario para la CSS, quien debe destinar parte de los recursos a la atención de daños a la salud y a la prestación económica correspondiente.

Los accidentes de trabajo repercuten en el aumento de los días de incapacidad, las consultas clínicas y urgencias, los auxiliares de diagnóstico y la rehabilitación, con lo cual se elevan los costos de atención médica. Según los resultados de algunos informes históricos acerca de los accidentes laborales según el tipo de industria o actividad económica, cada día ocurren con mayor frecuencia y mayor gravedad, lo que afecta también la relación de la calidad de la atención médica con respecto al número de incapacidades, las características del asegurado y el tipo de padecimiento.

Existen otros factores que se han asociado con las incapacidades, en los que se involucra tanto al médico como al patrono y al asegurado, y que reconocen y sustentan la pérdida de bienestar económico del trabajador y de rentabilidad de la empresa cada vez que ocurren accidentes de trabajo. Desafortunadamente, los detractores de la Resolución No. 41,039 no investigaron esta realidad y obviaron los cálculos sobre la prevalencia de los accidentes de trabajo en Panamá y de los factores de riesgo relacionados, donde fácilmente se observa que la magnitud de los riesgos profesionales es consecuencia de las condiciones inseguras existentes en los lugares de trabajo.

Igualmente, esta misma conclusión se obtiene cuando se contrasta la resistencia de los empleadores y su limitada vocación hacia la salud e higiene ocupacional, con el número de accidentes de trabajo, el número de enfermedades profesionales, la cantidad de defunciones y de incapacidades permanentes. Es decir, el tema de oponerse porque sí a la obligatoriedad del Plan de Prevención y Gestión de Riesgos Profesionales refleja una actitud inmadura que ralla en lo intransigente, que además pasa de la mera ignorancia a un estado de total negligencia.

Ante esta problemática y temeraria postura, es oportuno recordar que el objetivo esencial de la Resolución No. 41,039 es la implantación obligatoria de un Plan de Prevención y Gestión de Riesgos Profesionales que ayude a los empleados a tener un ambiente seguro y saludable de trabajo, que permita a las empleadores alcanzar niveles de rentabilidad como resultado de mejoras a sus procesos y sistemas productivos, y que garantice a las autoridades de la CSS la obtención de información oportuna que promueva la atención efectiva de incapacidades por causa de accidentes y enfermedades de trabajo.

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<> Este artículo se publicó el 23 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en:   https://panaletras.wordpress.com/category/carles-rafael/

Morir un poco todos los días

La opinión del Médico Urólogo…

Marcos Young R.

La insuficiencia renal crónica es una condición de creciente incidencia en nuestro país.   La pérdida progresiva e irreversible de la función de los riñones conlleva la aparición de múltiples manifestaciones clínicas: presión arterial alta, falta de aire al respirar, hinchazón de las extremidades, acumulación de líquidos en el cuerpo, lesiones cardíacas, lesiones en la piel y en los huesos.

Durante mi entrenamiento en trasplante de riñón, tuve la oportunidad de capacitarme con un cirujano trasplantólogo que había recibido un riñón de un familiar.   Una vez le pregunté: ¿Qué se siente al tener insuficiencia renal? Me contestó: “Marcos, es como si tuvieses una fiebre rompehuesos, la peor que imagines, todos los días, no puedes ni con tu alma. Es como morir un poco todos los días”.

Se estima que en Panamá hay alrededor de mil 200 pacientes en la fase terminal de la insuficiencia. Esta elevada tendencia anual al incremento de los casos implica también un aumento de los costos sanitarios. La atención hospitalaria implica la participación de múltiples especialistas, dadas las potenciales complicaciones mortales de esta enfermedad. El hacinamento, la falta de recursos y la insatisfacción del paciente en conjunto con la frustración del personal de salud, ha sido la tónica en los últimos 20 años.

Desde el punto de vista epidemiológico, el enfoque de la prevención involucra estrategias para prevenir el desarrollo de la enfermedad, el diagnóstico oportuno y apropiado y finalmente, la prevención terciaria o rehabilitación de estos pacientes. Tradicionalmente el manejo incluye la diálisis peritoneal, la hemodiálisis y el trasplante renal.

A continuación, damos algunas sugerencias en cada esfera:

1. Prevención primaria: Promoción de estilos de vida saludable, control de la obesidad, manejo oportuno y adecuado de la hipertensión arterial y de la diabetes mellitus, accesibilidad a medicamentos eficientes y uso de estrategias de promoción al personal de salud de atención primaria, como incentivos para los profesionales cuyos sus pacientes se hospitalicen menos, que disminuyan de peso o que controlen su presión arterial y su azúcar.

2. Prevención secundaria: Promoción del uso de la diálisis peritoneal, mejora e incremento de las instalaciones de hemodiálisis, aumento de la existencia de máquinas disponibles de forma tal de eliminar los turnos nocturnos de hemodiálisis, promover la formación de especialistas en estas áreas, en las distintas regiones de salud y disponer de medicamentos costo-efectivos y eficaces.

3. Prevención terciaria: Promover el trasplante de órganos, adoptar una campaña nacional de promoción de la donación, facilitar el acceso a el donante vivo, activar la Organización Panameña de Trasplantes y reglamentar y ejecutar activamente la nueva Ley de trasplantes.

Es menester adoptar estrategias e implementar acciones para ayudar a nuestros pacientes. En nuestro país se celebra el 17 de noviembre como el día de la donación de órganos, de acuerdo al Decreto Ejecutivo 191, del 17 de julio de 2003. Hay que planificar y ejecutar planes destinados a mejorar las condiciones de salud de nuestros compatriotas. Recuerden que para ellos esta enfermedad es “morir un poco todos los días”.

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<> Este artículo se publicó el 18  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/young-marcos/

Fisiología social

La opinión del Doctor en Medicina y Escritor

Mauro Zúñiga Araúz

Thomas Khun, filósofo de las ciencias,  incorporó el concepto de paradigmas para asignarlo a una serie de teorías y enunciados en virtud de los cuales se explicaban todos los hechos científicos; pero en el momento en que se descubrían nuevos eventos que no se podían explicar con las teorías y enunciados establecidos, a lo que denominaba ciencia normal, devenía una revolución científica con todo su nuevo andamiaje teórico, para convertirse luego, en otra ciencia normal. El paso de un paradigma a otro nunca fue fácil, ya que tanto los científicos como la comunidad han tendido a aferrarse al viejo y a resistir el cambio.

Eso ha ocurrido con la medicina.  Al principio, el paradigma dominante era el mágico religioso.   La gente le achacaba las enfermedades al castigo de los dioses o a espíritus malignos.   Intervenía el chamán o brujo, utilizando como instrumentos la sugestión primero, a lo que se le agregó después el manejo de hierbas. El paradigma mágico religioso cedió su turno al de la generación espontánea. Se pensaba que la vida procedía de la materia putrefacta. Este paradigma lo echó por tierra Luis Pasteur a mediados del siglo XIX, cuando llegó a probar que la vida no se crea espontáneamente, sino de la vida misma.

Con este descubrimiento se da inicio al paradigma biologicista, que se sedimentó en las postrimerías del Siglo XIX y que prevalece hasta nuestros días. Trata de explicar todas las enfermedades como producto de desequilibrios orgánicos a consecuencia de agentes físicos externos o alteraciones de la propia biología individual.

Estos avances de la medicina se dan principalmente en la comunidad científica.   Entre la gente las cosas marchan por otro camino. Todavía hay personas que consultan a pitonisas o a brujas, que le lean las cartas, que se bañan en la playa con toda clase de hierbas; y otros, que piensan que los perros producen las garrapatas.   Hay para todos.

A finales del siglo XX empezaron a publicarse estudios en los que se probaba la incidencia que tienen las relaciones sociales en la génesis de las enfermedades. El estrés crónico que genera el estilo de vida contemporáneo, dado por las relaciones interpersonales e intergrupales asimétricas se está convirtiendo en uno de los marcadores de riesgo más importante, no solo para las enfermedades cardiovasculares, sino para las denominadas crónicas no infecciosas, como el cáncer, el mal de Parkinson, el Alzheimer, etc.

Estos estudios están llevándonos a incorporar a lo social como parte de la fisiología humana, como un sistema más, tal como es el sistema digestivo, cardiovascular, etc.   Y a incorporarlo como uno de los sistemas vitales en estrecho vínculo con el cerebro.   Medio social y cerebro coordinan las funciones del resto del organismo. El Robinson Crusoe de la posmodernidad no puede existir cuerdo. El aislamiento lleva a la locura, a la depresión mayor y a la muerte. Somos organismos sociales por excelencia. Sensibles a las fluctuaciones de la sociedad.

No pueden existir individuos sanos en una sociedad enferma. El avance tecnológico nos está llevando a conocer con más detalle los orígenes de las enfermedades, es decir, a diagnosticarlas antes de que sus síntomas se hagan públicos, lo que significa que se está inmiscuyendo en el proceso salud enfermedad animada en detectar el cambio silencioso entre lo no sano y la enfermedad, pero no nos va a decir por qué la gente pierde el equilibrio entre lo sano y lo no sano. Hasta allá no va a llegar la tecnología moderna, que vive, junto a la industria farmacéutica, de la enfermedad.

Pueda ser que pronto la comunidad científica se entere de que estamos en los albores de un nuevo paradigma de la medicina y vuelque su mirada en las relaciones sociales. Ese es el hervidero generador de las hormonas del estrés que nos está enfermando y matando. Pueda ser que lleguemos a entender lo que hace el individualismo en contra nuestra y en contra de los demás.

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<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/zuniga-arauz-mauro-j/

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Esfuerzo humano para salvar las vidas

La opinión del Médico….

EDUARDO A. REYES VARGAS 
earv31@hotmail.com


Millones de personas recientemente observaron, leyeron o escucharon por diferentes medios de comunicación el esfuerzo mancomunado de países, recursos humanos y tecnología orientados a un solo objetivo: salvar la vida de 33 mineros chilenos.

Luego de varios meses de espera la operación fue totalmente un éxito. Se arrancó de las profundidades de la Tierra el derecho a la vida.

Eso demostró que cuando la Humanidad se esfuerza por salvar la vida en peligro se logra.   Chile como país vanguardista en esta misión reafirmó ese compromiso.

Pero luego de la alegría colectiva que invadió a una proporción incalculable de testigos, es importante hacer unas breves reflexiones.

La Humanidad, en su mayor parte, vive atrapada día a día en una mina derrumbada.   El hambre, la pobreza, las enfermedades del pasado y presente, emergentes y remergentes, la violencia, las adicciones, las guerras, la corrupción globalizada, etc., son factores que atentan permanentemente contra la vida, produciendo muertes prematuras, en especial de nuestra niñez.

Hoy y cada día, se muestran cifras que nos deben avergonzar. Una de ellas, reciente, versa sobre el aumento del hambre en el mundo, y por ende sus secuelas.

Los sistemas pseudo—democráticos son también cómplices de estas situaciones. Siguen siendo peldaños ascendentes para la corrupción y las consecuencias altamente negativa que en la salud y la vida ella produce. Se reafirma recientemente este hecho en reunión de la OEA.

Ojalá que el ejemplo de la MINA SAN JOSE sirva de catalizador hacia la búsqueda de esfuerzos colectivos en nuestra sociedad para salvaguardar ese derecho supremo del ser humano… la vida.

Que la codicia, ese querer tener en vez de ser, enfermedad social altamente contagiosa y sus conocidas complicaciones en nuestra sociedad, vaya siendo combatida por una democracia realmente social, participativa y no la plutocracia reinante con sabor a monarquías.

Salud no es ausencia de enfermedad, es algo más.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/reyes-v-eduardo-a/

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Enfermedades de los derechos humanos

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La opinión de…

Ruling Barragán

En términos metafóricos, no es incorrecto decir que hay por lo menos tres clases de enfermedades que afectan a los derechos humanos, aparte de sus violaciones flagrantes. La primera (esta clasificación es algo arbitraria) la constituye el escepticismo; la segunda, el cinismo; y la tercera, el pesimismo. En lo que sigue, describo estas patologías y a quienes las padecen.

El escepticismo pone en duda que podamos justificar racionalmente nuestras convicciones acerca de los derechos humanos. Asimismo, pone en tela de juicio los instrumentos e instituciones que se han establecido para su protección. En general, los escépticos tienden a desestimar los derechos humanos como universales y necesarios. A pesar de todo, pueden aceptarlos como positivos para las sociedades modernas, mas los desestiman como relativos y prescindibles. El escepticismo puede ser moderado o radical.

En el primer caso, se desconfía de algunos agentes, instrumentos o instituciones. En el segundo, se desconfía de todo y todos. El primero es aceptable, incluso hasta saludable, pero puede degenerar en el segundo, donde se ven fantasmas y conspiraciones por todas partes.

Los cínicos, en realidad, se burlan y desprecian los derechos humanos, pero aparentan defenderlos siempre y cuando éstos favorecen sus intereses. De lo contrario, los impugnan sarcásticamente; en el fondo, no les importan. La libertad, justicia o solidaridad son únicamente expresiones retóricas, que esconden intereses particulares o agendas ocultas. Para el cinismo, el valor de los derechos humanos consiste en su utilidad; el idealismo (o el romanticismo) en torno a los derechos humanos es cosa de niños, jóvenes ingenuos y bohemios sin trabajo o familia.

En cuanto a la tercera clase, los pesimistas, alguien los define como “idealistas o románticos que se entristecieron y amargaron” (o, que se quemaron o desgastaron, Burnout). A diferencia del cínico, el pesimista está éticamente definido (no llama al mal, “bien” ni al bien, “mal”) y consternado, más frustrado por su impotencia por cambiar las cosas. Lo peor de los pesimistas no es su crítica negativa ante toda iniciativa o logro en torno a los derechos humanos, sino en su inútil pasividad por generar cambios en la sociedad en pos de ellos. En esto, se asemejan a los escépticos cuyas dudas podrían paralizarlos para la acción.

Mantenerse inmune frente a estas tres enfermedades de los derechos humanos en un medio político tan tóxico como el que habitamos es una gran fortuna, casi un milagro, podría decirse. La inmunidad –o recuperación, si se ha padecido de alguna temporalmente– se logra dialogando y conviviendo con personas moralmente sanas, cuyos pensamientos, sentimientos y comportamiento resisten los embates del escepticismo, cinismo y pesimismo.

Aquellos que, pese a todo, mantienen la moral en alto y no claudican a los ideales y valores que constituyen los derechos humanos. Sanos y salvos, aquellos que cuenten con estos individuos a su lado en el diario bregar de las injusticias.

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<> Este artículo se publicó el 3  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Día Mundial del Corazón

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La opinión del Presidente de la Sociedad Panameña de Cardiología…

LUIS MORALES
moralestribaldos@hotmail.com

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares (ECV), aquellas que afectan el corazón y los vasos sanguíneos, constituyen la principal causa de muerte en todo el mundo, produciendo la defunción de 17.2 millones de personas cada año. Según las estadísticas panameñas, también estas enfermedades constituyen la principal causa de muerte en este país, donde producen unas 4000 defunciones por año.

El sistema circulatorio dañado no solo puede producir la muerte prematura de la persona, sino que representa también una discapacidad importante en el adulto trabajador, con sus secuelas de ausentismo e improductividad. El daño de estas enfermedades es físico, psicológico, económico y social y afecta a las personas, a las familias y a las comunidades en donde ocurre.

Las causas de estas enfermedades pueden ser: Congénitas, debido a daño ambiental a la madre gestante (virus, tóxico, maltrato),  que afectan más a los niños y adquiridas, por malos hábitos de salud: mala nutrición, exposición a tóxicos y microbios, falta de ejercicio, falta de control de la salud y exposición al maltrato, durante cualquier periodo de la niñez.

Esos malos hábitos producen daños en los vasos sanguíneos del corazón (infarto del miocardio), en los vasos sanguíneos del cerebro (infarto cerebral), en los vasos sanguíneos de las extremidades (mala circulación periférica).

Se estima que para el año 2015 las ECV seguirán siendo la principal causa de defunciones en todo el planeta, alcanzando en ese año los 20 millones.   Aquí en Panamá también aumentarán las defunciones por ECV, probablemente a cerca de 5000.

Conociendo las causas, se pueden programar las medidas preventivas, que siempre son más efectivas y baratas que las medidas curativas.   Hay que modificar saludablemente los factores de riesgo de estas enfermedades:   La falta de control de la reproducción, la falta de alimentación adecuada, la falta de actividad física y el uso indiscriminado de sustancias como el tabaco,  la sal, el azúcar y las grasas saturadas.   Hay que utilizar nutrientes saludables en la dieta diaria:  Fibra, antioxidantes, ácido omega 3, que están en los alimentos saludables: Frutas, vegetales, cereales enteros, pescado y nueces, evitando la sal y el azúcar.

Comer sano, hacer ejercicio, mantener una actitud optimista,   controlar el estrés,   evitar el sobrepeso y no fumar,  son las medidas preventivas que todos podemos tomar.

El domingo 26 de septiembre fue fijado este año como el Día del Corazón con el lema ‘Yo trabajo con corazón’. Los expertos de la OMS recuerdan que con la prevención podemos evitar muchas muertes prematuras e incapacidades por estas enfermedades.   La Sociedad Panameña de Cardiología, pensando que nuestro conocimiento cardiológico no solo se debe quedar en los especialistas sino que debe difundirse en todos los estratos de la sociedad panameña, invita por este medio a todos los interesados en su salud para que asistan a la caminata familiar que vamos a realizar mañana, domingo 3 de octubre, en el Parque Omar, a las 8 de la mañana.

Yo trabajo con corazón.

<> Artículo publicado el 2  de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Epidemia de obesidad, hora de actuar

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La opinión de…

Ernesto Martínez 

Hace un año el mundo se unió para alertar a la población sobre el riesgo que representaba la epidemia de la gripe A(H1N1).   Las personas usaban máscaras de protección y seguían las medidas para combatir esta “enfermedad”.    Alrededor de 12 mil 220 personas murieron a causa de esta enfermedad.   ¿Pero nos hemos preguntado, cuál es nuestra actitud ahora frente a la epidemia global de la obesidad?

Según declaraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 2.5 millones de personas mueren al año a causa de enfermedades relacionadas con el sobrepeso y la obesidad, ¿Prestamos la debida atención y actuamos frente a esta epidemia, como se hizo con la gripe A(H1N1)?

Según la OMS, mil 700 millones de personas sufren de obesidad en el mundo y se calcula que en 2015 habrá cerca de 2 mil 300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones personas con obesidad. En Panamá, según cifras del Ministerio de Salud (Minsa), el 51.9% de los adultos tiene sobrepeso y obesidad, más de la mitad de los panameños (as) en edad productiva tienen exceso de peso y sus enfermedades asociadas, que pueden causar muerte o discapacidad (diabetes, hipertensión arterial, enfermedad renal, etc).

Estados Unidos, con la tasa de obesidad más alta en el mundo, también toma medidas para combatir este mal. En enero de este año, Michelle Obama se convirtió en la cara de la campaña contra la obesidad que planea poner en marcha el Gobierno. El plan incluirá una campaña informativa que ofrecerá consejos saludables, como comer más frutas y verduras, y luchará por implementar programas de educación física en las escuelas.

En Panamá se han empezado a tomar medidas para combatir la obesidad infantil. Hoy, Panamá pertenece al grupo de los 18 países en la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obesidad, cuyo rol es mayormente el estudio científico de esta patología. De acuerdo al Minsa, este tipo de proyectos contra la obesidad y enfermedades relacionadas le cuesta al Gobierno alrededor de $100 millones anuales. La primera dama, la Secretaría Nacional para el Plan de Seguridad Alimentaria y otras instituciones impulsan la campaña “Cinco al día”, para incentivar el consumo de más frutas y vegetales.

Son pasos importantes, pero la población debe tomar conciencia de que la obesidad sí es una enfermedad. Para ello, deben cambiar sus hábitos alimenticios, y eso involucra unir fuerzas para la ejecución de iniciativas de prevención en salud, cuyas claves están en: Un trabajo conjunto, Gobierno y la empresa privada, para educar sobre la importancia de llevar un estilo de vida saludable; educación integral en las escuelas para formar niños con hábitos alimenticios adecuados. Desde nuestro campo implementamos el plan “Comienzo Sano, Vida Sana”, que incluye información educativa dirigida a profesionales de la salud y padres de familia para que fomenten buenos hábitos de alimentación en bebés y niños pequeños; e informar a la población sobre los aportes calóricos que tienen todos los productos que las empresas ofrecen.

Estamos frente a una epidemia, pero podemos hacer mucho para revertirla y evitar que alguno de nuestros hijos o familiares padezca esta enfermedad.

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<> Este artículo se publicó el 6 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La depresión, el mal de este siglo

La opinión de la Comunicadora Social ….

Elodia Muñoz

Existe un temor natural a perder la salud, lo que es comprensible en todo ser humano, por lo que admiro la actitud de aquellos que por un motivo fortuito la pierden.

Hoy exalto la gran valentía, aplomo, valor y dignidad de la que fue mi compañera y amiga, PS. Lourdes Ulloa, a quien el cáncer le ganó la batalla, pero nos legó un regalo de vida.   Nos conocimos cuando laborábamos en la Gobernación de Panamá, sufrimos con su enfermedad, le apoyamos en sus quimioterapias y fue en esta adversidad, cuando conocimos a una mujer afanosa, valiente y decidida a vivir. El trabajo diario nos confraternizó, intercambiando sus experiencias y preocupaciones como profesional, defensora a ultranza de La Red Interinstitucional de Prevención Contra la Depresión laboral, guardo los mejores recuerdos y una gran admiración por ella; tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre las crisis depresivas, el origen del alto índice de ausentismo y el bajo rendimiento laboral, limitando la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida.

En los últimos tiempos se ha pensado que la depresión, el estrés y la forma de vida, son los efectos de la modernización, consecuencia de un mundo vertiginoso.   Sin embargo, esto no es del todo cierto, también le ocurre a hombres y mujeres de sensibilidad a flor de piel; recién un amigo muy estimado fue víctima de este terrible padecimiento, fue un ser solitario, sin apego alguno a la vida ni a los bienes materiales, pero de afectos hacia sus seres amados, hoy se dice que es la fuerza de voluntad el único nervio motor para enfrentar este mal.

La depresión es estimada como un trastorno mental, un sentimiento de tristeza y melancolía eventual o prolongada donde el individuo se abisma en sus propios pensamientos a veces de culpa o alegría desmesurada.

Lo preocupante de esta enfermedad que afecta el entorno laboral, tanto público como privado, es la actitud indolente de los directivos, siendo el punto neurálgico y coincidente y criterio compartido con la PS. Ulloa; puesto que el colaborador depresivo, pierde el interés por la vida, incapacidad laboral e incluso presenta asomo de suicidio. No obstante, reconocemos la responsabilidad de los facultativos en el tratamiento de este mal, también es cierto que demanda del interés, empatía y la comunicación que se ejecute entre jefes y colaboradores.

Por lo que no se requiere graduarse de psicólogo o psiquiatra; lo que sí se necesita es un mejor ser humano, (directivos o jefes), con profesionalismo, capaces de comprender que la depresión es una enfermedad tratable, llevadera y curable, pero una gran parte de la terapia depende tanto de paciente como de quienes conviven con él.

<>Artículo publicado el 4 de septiembre de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que a la autora,   todo el crédito  que les corresponde.

Dios es panameño

La opinión de…

Xavier Sáez–Llorens 

La situación de la gripe demanda alerta sanitaria para concienciar en prevención, conseguir recursos y pagar turnos extra.   Ante la disyuntiva ministerial, alguien exclamó: “tranquilos, Dios es panameño”. Respuesta folclórica. Este estribillo popular obedece a la supuesta ausencia de desastres naturales, guerrillas, terrorismos y hambrunas.

La expresión es una trivialidad típica del carácter del istmeño, ya que numerosas calamidades ocurren intermitentemente.   La inseguridad está en aumento, los indígenas se mueren por desnutrición e infecciones prevenibles, asegurados son intoxicados por líquido de radiador y enfermedades como dengue, virus hanta, tuberculosis, malaria, sida, sífilis, encefalitis e influenza nos azotan cotidianamente.

El dicho también se pronuncia cuando se salva “milagrosamente” un compatriota en algún accidente, aunque haya perecido el resto. Los infortunados, supongo, carecían de los privilegios divinos que poseía ese único rescatado. La frase activó mi imaginación. Me imaginé la posible personalidad de una deidad con nacionalidad panameña.

En Panamá converge un crisol de razas que dificulta esbozar un prototipo definido. El habitante metropolitano exhibe una forma de ser propiciada por el determinismo geográfico. La cultura de la “interoceanidad” ha dejado una impronta comercial, pragmática y cosmopolita al paisano que trabaja en las laderas del Canal.

Además, a una nación tutelada secuencialmente por España, Colombia y EU le cuesta tener identidad propia. Tenemos un país geográficamente centroamericano, históricamente suramericano y culturalmente caribeño. Estudios revelan raíces indígenas, africanas y europeas en proporciones similares, condimentadas con mezclas asiáticas, provocando fenotipos con ilimitadas permutaciones.

Diría, como promedio, que somos perezosos, acomodaticios, clientelistas, supersticiosos, habladores, gritones, peleones, parranderos, confianzudos, impuntuales y superficiales.

Todo lo dejamos para el último día, odiamos formar filas, bloqueamos a vehículos en una intersección y metemos el coche por la acera para “ir por fuera”. Utilizamos el doble sentido erótico en cualquier conversación coloquial.   Piropeamos a todo trasero que pasea frente a nuestras lujuriosas pupilas. Tiramos basura en la calle.   No solemos ser amables en puestos públicos. Somos gente cálida, servicial y pacífica en situaciones no estresantes pero apóstoles del “juega vivo” ante cualquier oportunidad.

Pese al pluralismo, la colectividad es conservadora en temas espirituales y machista en asuntos de género. La hipocresía se exhibe a diario. Los caballeros exploran páginas pornográficas, compran sildenafil para mejorar su hombría y practican la promiscuidad como deporte. Las damas disfrutan novelas y bochinches.

Las elitistas esclavizan a empleadas domésticas, imploran a virgencitas que sus maridos no pongan cuernos, chismorrean en clubes exclusivos y debaten sobre modas en centros del jet set.   Asisten a misa para fisgonear la vestimenta y pareja actual de su vecina, lavar clasistas conciencias o exhibir su inmaculada figura ante una sociedad de farándula.

A mi juicio, un “pana” celestial redactaría los siguientes 10 mandamientos.   Tendría que entregarlos a Transparencia Internacional. No a la Asamblea, porque las coimas inducirían modificaciones.    No a la CSJ, porque los magistrados los aplicarían a personas comunes, nunca a poderosos.

I. Me amarás a mí sobre todas las cosas, pero sin pedidos excesivos. No me acoses. Déjame vivir.

II. No tomarás mi nombre en vano. Si te equivocas, es tu culpa. Di libre albedrío para resguardar mi reputación de tus atorrancias.

III. Santificarás las fiestas los fines de semana. El “pindín” será la música oficial en ceremonias religiosas. No te castigaré si faltas o llegas “engomado” al trabajo los lunes.

IV. Honrarás a tu padre y madre, si es que los tienes y no eres producto ilegítimo de una “ponchera” alcohólica.

V. No matarás. Si lo haces, búscate un abogado presto a declararte inocente. Hay muchos que prefieren dinero sucio a país limpio.

VI. No cometerás actos impuros, lo que esto signifique. Te encontraré, aun en prostíbulos clandestinos. Puedes portar armas para defensa propia, pero no condones para protección individual.

VII. No robarás de forma descarada. Sé discreto. Ingresa en un partido político para quedar impune. Si mencionas mi nombre o enseñas una estampita santa, creerán tu inocencia.

VIII. No dirás falsos testimonios ni mentirás. Te perdonaré si pones cara de lástima y asistes a procesiones para venerarme. Deberás rezar el Padre Nuestro mil veces como penitencia.

IX. No consentirás que la mujer tenga pensamientos ni deseos por el hombre de su prójima. Para salvar el matrimonio, tolerarás la infidelidad del varón, cuántas veces sea necesario.

X. No codiciarás los bienes ajenos. Exhibe los tuyos aunque quedes sin dinero para alimentar y educar a tus hijos. Si Dios fuera panameño, la humanidad entera sería atea.

Sueño con eso.

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Este artículo se publico el 11 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Desarrollo y demanda social

La opinión de la Economista y Educadora….

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ

He expresado antes que las administraciones gubernamentales deben promover y desarrollar políticas de protección al medio ambiente, así como ejecutar planes de urbanismo que garanticen un desarrollo económico y social armónico, que provea calidad de vida a la población.

Sin embargo, continuamente vemos en medios noticiosos informaciones sobre situaciones críticas que enfrentan las comunidades rurales o urbanas, tales como: inundaciones, contaminación, deforestación, desabastecimiento de agua e incluso el incremento de los índices de contagio de enfermedades como la gripe, a niveles de epidemia.

Esta problemática, con mucha certeza, es resultado del constante y creciente flujo migratorio, la concentración poblacional en los principales centros urbanos o el desarrollo de proyectos de inversión (hidroeléctricas, minerías, etcétera), ejecutados sin la debida supervisión y control, sobre el impacto ambiental; producto de la acelerada dinámica evolutiva por la que atraviesa la sociedad panameña.

Se prevé implementar medidas de ahorro energético, mediante la racionalización de luz en las oficinas públicas (uso de aires acondicionados), en momentos donde las autoridades sanitarias anuncian brotes epidémicos gripales.

Otro aspecto, a considerar, en esta espiral, es la ausencia de regulaciones adecuadas que controlen la importación de combustible y vehículos con especificaciones que garanticen el control de gases tóxicos (dióxido de carbono, plomo, mercurio, etcétera), que contaminan el ambiente y deterioran nuestra salud.

El escenario planteado debe llevarnos a la reflexión (a gobernantes y gobernados), para que el auge de hoy no se convierta en el trauma y miseria, mañana.

Se requiere tomar conciencia, a fin de lograr que las autoridades apliquen medidas apropiadas, de manera oportuna, que aseguren el uso racional de los recursos existentes, para hacer frente a las crecientes demandas sociales sin deteriorar el ambiente.

Aunado a las acciones que implementen las autoridades se requiere que practiquemos buenos hábitos de higiene, dejemos de contaminar ríos, ciudades y sus alrededores, con basura o cualquier tipo de desperdicios. Contribuyamos a proteger el entorno donde coexistimos.

Dentro de este contexto, la urbe capitalina, principal centro financiero y de negocios del país, sufre una vertiginosa progresión urbanística visualizada con facilidad en diversas áreas de la metrópolis.

La construcción de nuevas barriadas en la periferia; así como la explosión inmobiliaria de edificios de lujo, que se ciernen a lo largo de la Cinta Costera, San Francisco, Paitilla, entre otras, son una ostentación del capital invertido en construcciones para una demanda exclusivísima.

Esta proliferación de edificaciones, producto del incremento demográfico y la inversión extranjera, requiere de una adecuada planificación urbanística. Así como que se prevean medidas para hacer frente a la creciente necesidad de electricidad, alcantarillado, calles, estacionamientos, alumbrado, modernos vertederos, servicios públicos, áreas verdes, recreación y esparcimiento, a fin de evitar que puedan agravarse los problemas existentes.

Es conocida la existencia de un plan de desarrollo urbano para el área metropolitana.   En consecuencia, me pregunto si el plan está en ejecución y si las instituciones pertinentes (los ministerios de Vivienda y Obras Públicas, el IDAAN y los municipios, entre otras) dan seguimiento a su cumplimiento.

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Este artículo fue publicado el  7 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.