A falta del vital líquido: enfermedad y muerte

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La opinión del Odontólogo y Abogado…

Omar O. López Sinisterra 

En anterior escrito participaba a la comunidad que si en nuestro país llueve por más de quince días, no vamos a necesitar de un tsunami para quedar inmersos en las aguas producto de las inundaciones. Necesitamos llevar a efecto una campaña preventiva integral en la que participen los sectores gubernamentales, las fuerzas vivas de las comunidades y la población misma, para que los futuros daños sean menores con relación a lo ya acaecido.
Se está hablando a nivel mundial de que en el 2012 habrá grandes catástrofes en el planeta por el alineamiento de los astros, por cambios a nivel solar y por movimientos en la corteza terrestre lo que definitivamente producirá una afectación completa de orden natural en nuestro planeta. Si esto es cierto, tenemos que trabajar en función de la prevención de los mismos en base a los esfuerzos que podamos realizar para minimizar los posibles daños.

Con las pasadas inundaciones, se afectó considerablemente las potabilizadoras de agua, situación que tiene injerencia total sobre la consecución del líquido vital en nuestros hogares. Algunos dejamos de recibir agua potable durante 15 días y otros por períodos de dos a cinco días, y algunos todavía no la poseen. Esta situación tiene marcada influencia sobre el estado de salud del pueblo panameño en cuanto a que en muchas ocasiones el agua está contaminada afectando la salud de los que la ingieren. Los que no toman agua, no desintoxican su organismo permitiendo que bacterias y gérmenes se exacerben órganos como los riñones facilitando infecciones.

También tenemos que controlar que los miembros de la comunidad no desperdicien agua utilizándola para piscinas y para el lavado de autos u otras superficies.

Tenemos que aprender a racionalizar el agua, la cual no será abundante en los años venideros y aun más si nuestro planeta es sujeto a cambios de la corteza terrestre, volcanes, tornados y huracanes, los cuales poseen un poder devastador sobre nuestras ciudades y campos.   El agua es vital para poder preservar la vida y nuestras especies, de tal forma que si se extingue, será el fin de los seres vivos sobre la tierra.

Desde hace ya varios años las catástrofes naturales han ido en aumento debido también a que el ser humano está contribuyendo a la contaminación y el desequilibrio ambiental. El calentamiento global, la polución, la contaminación extrema de ríos, lagos y mares, la deforestación y urbanización desmedidas, son fuente puntual e inequívoca del daño que estamos causando al planeta.   El deshielo de los polos, es un hecho que pareciera irreversible y que tiene marcada injerencia en las inundaciones. Estamos todavía a tiempo de hacer un alto e iniciar una gran brigada para salvar nuestro planeta y que podamos habitarlo un poco más.

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<>Artículo publicado el  19  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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En el hospital

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La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez 

Pasé diez días en el Hospital Regional de Chiriquí. Desde varias semanas antes venía sufriendo de un cansancio que no me permitía respirar a pleno pulmón. Y fui a visitar al cardiólogo, doctor Jorge Velarde. Me tomó un electrocardiograma, y con la flema inglesa que lo caracteriza, me dijo lacónicamente: “ Hospitalización inmediata… Bloqueo completo”.

 

Fui a mi casa, llamé al sobrino Gustavo Gómez; y unas horas después estaba en el Hospital Regional. Allá me esperaba el Dr. Batista; me alojaron cómodamente en uno de los salones del piso de urgencia; dormí bien- Y al día siguiente me vio el competente cirujano cardiovascular, Doctor Adames, quien me colocaría un marcapaso el jueves.

Y efectivamente, el excelente cirujano, Dr. Adames, asistido por la doctora Larisa Beitia y el Dr. Thompson, que se ocupó de la anestesia, terminaron su trabajo con gran capacidad profesional.

Estuve diez días en el Hospital, como ya dije, y sería injusto no expresar mi gratitud a tantos otros profesionales que estuvieron junto a mí en esos momentos; por ahí pasaron frecuentemente, la doctora Hilda Josefa Gómez, el Dr. Franklin Anguizola, doctor Lezcano, doctor Dutary, doctor Estrada, doctor Cuestas Gómez, doctor Williams…

Y no quiero dejar de mencionar tampoco a las muchas personas que se hicieron presente, casi inmediatamente:   Mi hija Naty Gómez, a la querida amiga Donna Fisher, que estuvo allá desde el principio, y se encargó de dirigir el programa radial, Lucho Henríquez, (mi asistente) mi hermano Julio Gómez y su esposa,  Alcira, sus hijos; mi cuñada Catalina viuda de Gómez; y los que no podían faltar: mis amigos del Café; Milciades, Coco, Héctor, Alberto Sittón, Beby y Omar Chávez, Camilo Reigosa, Librado… (No saben cuánto sentiría no mencionar a algunos de mis amigos) Hubo momentos en que aquello parecía un mitin…

Yo les decía a las enfermeras, que estaban siempre atentas a servir, que había descubierto algo muy importante en esta temporada con ellas, que si podía poner un letrero luminoso en el salón, sería; “ Hasta aquí llegó el orgullo”- Francamente, en el hospital estamos sin independencia, obligados a obedecer, las reglas del Hospital. Quiero hacerles llegar a: Ana, Lizbeth, Noylinc, Omaira, Jéssica,Erica, Silvia,Mireya, Francisca, Aracelly, Alina, Lucila, Eida, Yarleny, Kaira,Dayana, a todas mis amigas, mi saludo más sincero y respetuoso…

Y a los lectores de esta columna, igualmente pido perdón por la digresión tan larga, sobre un tema que se sale de lo habitual. Espero seguir publicando artículos de los que les gusta… Hasta pronto.

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<>Artículo publicado el  25  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Antes de criticar, primero hay que saber

La opinión del Empresario…

RAFAEL CARLES
rcarles@cableonda.net

 

Son muchos los que infundadamente se oponen a la Resolución No. 41,039 de la Junta Directiva de la Caja del Seguro Social, que establece la obligatoriedad del Plan de Prevención y Gestión de Riesgos Profesionales en todos los centros de trabajo del país.  Y tanto la han contrariado y argumentado que, a la fecha y a casi dos años de su promulgación y publicación en Gaceta Oficial, aún se resisten a implementarla y cada día la dilatan y postergan más.

Lo trágico es que aquellos que se oponen lo hacen por desconocimiento y pasan por alto que un Plan de Riesgos consiste precisamente en analizar y revisar los sistemas de trabajo para buscar nuevas y mejores formas de producción y operación, utilizando la innovación, la creatividad y el consenso como herramientas claves para el rediseño de los procesos.

Y es dentro de este contexto que surge la figura obligatoria del Plan de Prevención de Riesgos, la cual enfatiza que la salud del trabajador es importante en la cadena productiva y plantea la seguridad ocupacional no desde un punto de vista de costo financiero, como se hace actualmente, sino en torno a las múltiples oportunidades que tiene el propio trabajador que las ejecuta para producir resultados favorables para la empresa. Es necesario aclarar que este tipo de Plan no se contrapone a la calidad total o a ningún otro método que maximiza la productividad laboral, sino que examina cada proceso y es capaz también de contribuir sustancialmente al logro de los objetivos financieros y organizacionales de la empresa.

En el ámbito mundial y nacional, las incapacidades por accidentes de trabajo constituyen un problema por los costos que generan a la seguridad social. Actualmente existen estudios que permiten proponer estrategias para mejorar dichos problemas; se sabe, por ejemplo, que el déficit de la seguridad social tiene su origen, entre otras causas, en el impacto del pago de las incapacidades.

En Panamá las incapacidades representan un problema deficitario para la CSS, quien debe destinar parte de los recursos a la atención de daños a la salud y a la prestación económica correspondiente.

Los accidentes de trabajo repercuten en el aumento de los días de incapacidad, las consultas clínicas y urgencias, los auxiliares de diagnóstico y la rehabilitación, con lo cual se elevan los costos de atención médica. Según los resultados de algunos informes históricos acerca de los accidentes laborales según el tipo de industria o actividad económica, cada día ocurren con mayor frecuencia y mayor gravedad, lo que afecta también la relación de la calidad de la atención médica con respecto al número de incapacidades, las características del asegurado y el tipo de padecimiento.

Existen otros factores que se han asociado con las incapacidades, en los que se involucra tanto al médico como al patrono y al asegurado, y que reconocen y sustentan la pérdida de bienestar económico del trabajador y de rentabilidad de la empresa cada vez que ocurren accidentes de trabajo. Desafortunadamente, los detractores de la Resolución No. 41,039 no investigaron esta realidad y obviaron los cálculos sobre la prevalencia de los accidentes de trabajo en Panamá y de los factores de riesgo relacionados, donde fácilmente se observa que la magnitud de los riesgos profesionales es consecuencia de las condiciones inseguras existentes en los lugares de trabajo.

Igualmente, esta misma conclusión se obtiene cuando se contrasta la resistencia de los empleadores y su limitada vocación hacia la salud e higiene ocupacional, con el número de accidentes de trabajo, el número de enfermedades profesionales, la cantidad de defunciones y de incapacidades permanentes. Es decir, el tema de oponerse porque sí a la obligatoriedad del Plan de Prevención y Gestión de Riesgos Profesionales refleja una actitud inmadura que ralla en lo intransigente, que además pasa de la mera ignorancia a un estado de total negligencia.

Ante esta problemática y temeraria postura, es oportuno recordar que el objetivo esencial de la Resolución No. 41,039 es la implantación obligatoria de un Plan de Prevención y Gestión de Riesgos Profesionales que ayude a los empleados a tener un ambiente seguro y saludable de trabajo, que permita a las empleadores alcanzar niveles de rentabilidad como resultado de mejoras a sus procesos y sistemas productivos, y que garantice a las autoridades de la CSS la obtención de información oportuna que promueva la atención efectiva de incapacidades por causa de accidentes y enfermedades de trabajo.

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<> Este artículo se publicó el 23 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en:   https://panaletras.wordpress.com/category/carles-rafael/

Morir un poco todos los días

La opinión del Médico Urólogo…

Marcos Young R.

La insuficiencia renal crónica es una condición de creciente incidencia en nuestro país.   La pérdida progresiva e irreversible de la función de los riñones conlleva la aparición de múltiples manifestaciones clínicas: presión arterial alta, falta de aire al respirar, hinchazón de las extremidades, acumulación de líquidos en el cuerpo, lesiones cardíacas, lesiones en la piel y en los huesos.

Durante mi entrenamiento en trasplante de riñón, tuve la oportunidad de capacitarme con un cirujano trasplantólogo que había recibido un riñón de un familiar.   Una vez le pregunté: ¿Qué se siente al tener insuficiencia renal? Me contestó: “Marcos, es como si tuvieses una fiebre rompehuesos, la peor que imagines, todos los días, no puedes ni con tu alma. Es como morir un poco todos los días”.

Se estima que en Panamá hay alrededor de mil 200 pacientes en la fase terminal de la insuficiencia. Esta elevada tendencia anual al incremento de los casos implica también un aumento de los costos sanitarios. La atención hospitalaria implica la participación de múltiples especialistas, dadas las potenciales complicaciones mortales de esta enfermedad. El hacinamento, la falta de recursos y la insatisfacción del paciente en conjunto con la frustración del personal de salud, ha sido la tónica en los últimos 20 años.

Desde el punto de vista epidemiológico, el enfoque de la prevención involucra estrategias para prevenir el desarrollo de la enfermedad, el diagnóstico oportuno y apropiado y finalmente, la prevención terciaria o rehabilitación de estos pacientes. Tradicionalmente el manejo incluye la diálisis peritoneal, la hemodiálisis y el trasplante renal.

A continuación, damos algunas sugerencias en cada esfera:

1. Prevención primaria: Promoción de estilos de vida saludable, control de la obesidad, manejo oportuno y adecuado de la hipertensión arterial y de la diabetes mellitus, accesibilidad a medicamentos eficientes y uso de estrategias de promoción al personal de salud de atención primaria, como incentivos para los profesionales cuyos sus pacientes se hospitalicen menos, que disminuyan de peso o que controlen su presión arterial y su azúcar.

2. Prevención secundaria: Promoción del uso de la diálisis peritoneal, mejora e incremento de las instalaciones de hemodiálisis, aumento de la existencia de máquinas disponibles de forma tal de eliminar los turnos nocturnos de hemodiálisis, promover la formación de especialistas en estas áreas, en las distintas regiones de salud y disponer de medicamentos costo-efectivos y eficaces.

3. Prevención terciaria: Promover el trasplante de órganos, adoptar una campaña nacional de promoción de la donación, facilitar el acceso a el donante vivo, activar la Organización Panameña de Trasplantes y reglamentar y ejecutar activamente la nueva Ley de trasplantes.

Es menester adoptar estrategias e implementar acciones para ayudar a nuestros pacientes. En nuestro país se celebra el 17 de noviembre como el día de la donación de órganos, de acuerdo al Decreto Ejecutivo 191, del 17 de julio de 2003. Hay que planificar y ejecutar planes destinados a mejorar las condiciones de salud de nuestros compatriotas. Recuerden que para ellos esta enfermedad es “morir un poco todos los días”.

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<> Este artículo se publicó el 18  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/young-marcos/

Fisiología social

La opinión del Doctor en Medicina y Escritor

Mauro Zúñiga Araúz

Thomas Khun, filósofo de las ciencias,  incorporó el concepto de paradigmas para asignarlo a una serie de teorías y enunciados en virtud de los cuales se explicaban todos los hechos científicos; pero en el momento en que se descubrían nuevos eventos que no se podían explicar con las teorías y enunciados establecidos, a lo que denominaba ciencia normal, devenía una revolución científica con todo su nuevo andamiaje teórico, para convertirse luego, en otra ciencia normal. El paso de un paradigma a otro nunca fue fácil, ya que tanto los científicos como la comunidad han tendido a aferrarse al viejo y a resistir el cambio.

Eso ha ocurrido con la medicina.  Al principio, el paradigma dominante era el mágico religioso.   La gente le achacaba las enfermedades al castigo de los dioses o a espíritus malignos.   Intervenía el chamán o brujo, utilizando como instrumentos la sugestión primero, a lo que se le agregó después el manejo de hierbas. El paradigma mágico religioso cedió su turno al de la generación espontánea. Se pensaba que la vida procedía de la materia putrefacta. Este paradigma lo echó por tierra Luis Pasteur a mediados del siglo XIX, cuando llegó a probar que la vida no se crea espontáneamente, sino de la vida misma.

Con este descubrimiento se da inicio al paradigma biologicista, que se sedimentó en las postrimerías del Siglo XIX y que prevalece hasta nuestros días. Trata de explicar todas las enfermedades como producto de desequilibrios orgánicos a consecuencia de agentes físicos externos o alteraciones de la propia biología individual.

Estos avances de la medicina se dan principalmente en la comunidad científica.   Entre la gente las cosas marchan por otro camino. Todavía hay personas que consultan a pitonisas o a brujas, que le lean las cartas, que se bañan en la playa con toda clase de hierbas; y otros, que piensan que los perros producen las garrapatas.   Hay para todos.

A finales del siglo XX empezaron a publicarse estudios en los que se probaba la incidencia que tienen las relaciones sociales en la génesis de las enfermedades. El estrés crónico que genera el estilo de vida contemporáneo, dado por las relaciones interpersonales e intergrupales asimétricas se está convirtiendo en uno de los marcadores de riesgo más importante, no solo para las enfermedades cardiovasculares, sino para las denominadas crónicas no infecciosas, como el cáncer, el mal de Parkinson, el Alzheimer, etc.

Estos estudios están llevándonos a incorporar a lo social como parte de la fisiología humana, como un sistema más, tal como es el sistema digestivo, cardiovascular, etc.   Y a incorporarlo como uno de los sistemas vitales en estrecho vínculo con el cerebro.   Medio social y cerebro coordinan las funciones del resto del organismo. El Robinson Crusoe de la posmodernidad no puede existir cuerdo. El aislamiento lleva a la locura, a la depresión mayor y a la muerte. Somos organismos sociales por excelencia. Sensibles a las fluctuaciones de la sociedad.

No pueden existir individuos sanos en una sociedad enferma. El avance tecnológico nos está llevando a conocer con más detalle los orígenes de las enfermedades, es decir, a diagnosticarlas antes de que sus síntomas se hagan públicos, lo que significa que se está inmiscuyendo en el proceso salud enfermedad animada en detectar el cambio silencioso entre lo no sano y la enfermedad, pero no nos va a decir por qué la gente pierde el equilibrio entre lo sano y lo no sano. Hasta allá no va a llegar la tecnología moderna, que vive, junto a la industria farmacéutica, de la enfermedad.

Pueda ser que pronto la comunidad científica se entere de que estamos en los albores de un nuevo paradigma de la medicina y vuelque su mirada en las relaciones sociales. Ese es el hervidero generador de las hormonas del estrés que nos está enfermando y matando. Pueda ser que lleguemos a entender lo que hace el individualismo en contra nuestra y en contra de los demás.

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<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/zuniga-arauz-mauro-j/

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Esfuerzo humano para salvar las vidas

La opinión del Médico….

EDUARDO A. REYES VARGAS 
earv31@hotmail.com


Millones de personas recientemente observaron, leyeron o escucharon por diferentes medios de comunicación el esfuerzo mancomunado de países, recursos humanos y tecnología orientados a un solo objetivo: salvar la vida de 33 mineros chilenos.

Luego de varios meses de espera la operación fue totalmente un éxito. Se arrancó de las profundidades de la Tierra el derecho a la vida.

Eso demostró que cuando la Humanidad se esfuerza por salvar la vida en peligro se logra.   Chile como país vanguardista en esta misión reafirmó ese compromiso.

Pero luego de la alegría colectiva que invadió a una proporción incalculable de testigos, es importante hacer unas breves reflexiones.

La Humanidad, en su mayor parte, vive atrapada día a día en una mina derrumbada.   El hambre, la pobreza, las enfermedades del pasado y presente, emergentes y remergentes, la violencia, las adicciones, las guerras, la corrupción globalizada, etc., son factores que atentan permanentemente contra la vida, produciendo muertes prematuras, en especial de nuestra niñez.

Hoy y cada día, se muestran cifras que nos deben avergonzar. Una de ellas, reciente, versa sobre el aumento del hambre en el mundo, y por ende sus secuelas.

Los sistemas pseudo—democráticos son también cómplices de estas situaciones. Siguen siendo peldaños ascendentes para la corrupción y las consecuencias altamente negativa que en la salud y la vida ella produce. Se reafirma recientemente este hecho en reunión de la OEA.

Ojalá que el ejemplo de la MINA SAN JOSE sirva de catalizador hacia la búsqueda de esfuerzos colectivos en nuestra sociedad para salvaguardar ese derecho supremo del ser humano… la vida.

Que la codicia, ese querer tener en vez de ser, enfermedad social altamente contagiosa y sus conocidas complicaciones en nuestra sociedad, vaya siendo combatida por una democracia realmente social, participativa y no la plutocracia reinante con sabor a monarquías.

Salud no es ausencia de enfermedad, es algo más.

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/reyes-v-eduardo-a/

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Enfermedades de los derechos humanos

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La opinión de…

Ruling Barragán

En términos metafóricos, no es incorrecto decir que hay por lo menos tres clases de enfermedades que afectan a los derechos humanos, aparte de sus violaciones flagrantes. La primera (esta clasificación es algo arbitraria) la constituye el escepticismo; la segunda, el cinismo; y la tercera, el pesimismo. En lo que sigue, describo estas patologías y a quienes las padecen.

El escepticismo pone en duda que podamos justificar racionalmente nuestras convicciones acerca de los derechos humanos. Asimismo, pone en tela de juicio los instrumentos e instituciones que se han establecido para su protección. En general, los escépticos tienden a desestimar los derechos humanos como universales y necesarios. A pesar de todo, pueden aceptarlos como positivos para las sociedades modernas, mas los desestiman como relativos y prescindibles. El escepticismo puede ser moderado o radical.

En el primer caso, se desconfía de algunos agentes, instrumentos o instituciones. En el segundo, se desconfía de todo y todos. El primero es aceptable, incluso hasta saludable, pero puede degenerar en el segundo, donde se ven fantasmas y conspiraciones por todas partes.

Los cínicos, en realidad, se burlan y desprecian los derechos humanos, pero aparentan defenderlos siempre y cuando éstos favorecen sus intereses. De lo contrario, los impugnan sarcásticamente; en el fondo, no les importan. La libertad, justicia o solidaridad son únicamente expresiones retóricas, que esconden intereses particulares o agendas ocultas. Para el cinismo, el valor de los derechos humanos consiste en su utilidad; el idealismo (o el romanticismo) en torno a los derechos humanos es cosa de niños, jóvenes ingenuos y bohemios sin trabajo o familia.

En cuanto a la tercera clase, los pesimistas, alguien los define como “idealistas o románticos que se entristecieron y amargaron” (o, que se quemaron o desgastaron, Burnout). A diferencia del cínico, el pesimista está éticamente definido (no llama al mal, “bien” ni al bien, “mal”) y consternado, más frustrado por su impotencia por cambiar las cosas. Lo peor de los pesimistas no es su crítica negativa ante toda iniciativa o logro en torno a los derechos humanos, sino en su inútil pasividad por generar cambios en la sociedad en pos de ellos. En esto, se asemejan a los escépticos cuyas dudas podrían paralizarlos para la acción.

Mantenerse inmune frente a estas tres enfermedades de los derechos humanos en un medio político tan tóxico como el que habitamos es una gran fortuna, casi un milagro, podría decirse. La inmunidad –o recuperación, si se ha padecido de alguna temporalmente– se logra dialogando y conviviendo con personas moralmente sanas, cuyos pensamientos, sentimientos y comportamiento resisten los embates del escepticismo, cinismo y pesimismo.

Aquellos que, pese a todo, mantienen la moral en alto y no claudican a los ideales y valores que constituyen los derechos humanos. Sanos y salvos, aquellos que cuenten con estos individuos a su lado en el diario bregar de las injusticias.

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<> Este artículo se publicó el 3  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.