El espectacular y pobre carnaval tableño

La opinión de……

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Zoraida Rodríguez M.

Cada año en Las Tablas se presenta un espectáculo digno de alabar y presentar en los mejores lugares del mundo. Fuegos artificiales por doquier, carrozas alegóricas costosas, excelentemente trabajadas, tonadas o cantos con picardía y mucho ingenio, murgas compuestas de músicos excelentes, mucha agua, mucha diversión.

La mayoría de los foráneos disfruta de este evento durante cuatro días, sin conocer que durante todo un año un pueblo entero trabaja arduamente para presentar un show que puedan disfrutar propios y extraños.

En Las Tablas se vive el Carnaval, se respira Carnaval y se trabaja en torno a ello cada año; es toda una tradición la escogencia de las reinas, mantener el secreto del color del vestido de coronación de cada tuna, la coronación de la reina frustrada, investigar cualquier “trapo sucio” de la tuna contraria y empezar a elaborar las tonadas correspondientes para cantarlas durante estas fiestas.

Sin embargo, luego de que pasan los esperados cuatro días, cada quien vuelve a su vida cotidiana y normal sin importarle lo que sucede en este pueblo que los acoge año tras año.

A los tableños nos queda, además de la satisfacción del deber cumplido y de haber presentado el mejor espectáculo de Carnaval del país, el mal olor, la basura, los daños a los árboles y a las propiedades públicas y privadas. También nos queda la nostalgia y el cansancio normal que puede sentir un anfitrión luego de atender a sus invitados, día y noche, durante cuatro días seguidos.

¡Nada más nos queda!

El alcalde de Las Tablas ha tratado, infructuosamente, de cambiar esta situación y está en la dirección correcta, cuando anunció que se cobraría 50 centavos por la mañana, y la misma cantidad en la noche, para entrar al parque de Las Tablas –suma que consideré irrisoria tomando en cuenta las astronómicas sumas que se paga para entrar al PH o a cualquier otro lugar–, aplaudí dicha medida. Con gran decepción escuché el “horror” que tenía el resto del país por este cobro, “¿cómo era posible que el alcalde se ‘atreviera’ a implementar semejante medida?”, “que era un abuso para quienes iban a disfrutar del Carnaval”. ¡Qué ironía!

Aun con mayor decepción vi cómo ambas tunas deseaban tener parte de este cobro, alegando que ellos hacían el Carnaval. Es cierto que las tunas organizan el Carnaval, pero quien paga por todos esos carros y fuegos artificiales somos todos los que apoyamos a cada una de las reinas en las actividades durante todo un año. No estoy en desacuerdo en que se les dé un porcentaje de dicho cobro, pero pretender tomarse el 66% del mismo es definitivamente un absurdo y un insulto.

El pueblo de Las Tablas no ha cambiado en prácticamente 50 años, no hay obras sociales importantes, no hay estructuras nuevas, lo cual es contradictorio, considerando que cada año se gastan cientos de miles de dólares en ofrecer un Carnaval espectacular.

Ya es hora de que los tableños podamos decir, con orgullo, que el asilo para los ancianos, el orfanato, el comedor infantil, el albergue para animales, el mantenimiento y remodelación de las estructuras existentes, entre miles de otras cosas que pueden ser implementadas, fue realizado con el producto de este renglón.

Esperamos que el próximo año pueda haber un acuerdo entre el Consejo Municipal, las tunas y el alcalde y que el mismo sea pensado en el beneficio de la comunidad tableña, para ver si luego de esos cuatro días de libertinaje y de gran esplendor, Las Tablas logre obtener algún beneficio tangible y de gran impacto para todos los que somos parte de esta comunidad.

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Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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