Qué tal si te digo…

La opinión de…

Álvaro Lasso Lokee

Con nuestra humilde opinión deseamos llegar a nuestras autoridades para decirles que sus tareas en el gobierno implican grandes responsabilidades y que las críticas de cualquier tipo no solo deben ser bienvenidas, sino también deben ser analizadas para buscar un punto de equilibrio en un sistema que se denomina democracia.

Es mejor que sobren las críticas a que hagan falta. Como diría don Quijote: “… señal de que cabalgamos”, pero lamentablemente las críticas se toman como ataques personales, y ningún gobierno es perfecto. Los errores son de seres humanos, a menos que sean extraterrestres.

Al realizar proyectos que redundan en beneficio de la mayoría, se aplaude la causa y se reconoce, pero se debe buscar que la forma en que se haga no sea polémica ni controversial, porque le puede restar no solo su prestigio sino empañarlo, tal como las asignaciones de compras directas a empresas fabricadas de ayer para hoy o de amistades conectadas con el Estado.

Esto siempre se ha criticado y tampoco se puede dejar de criticar. Lo que fue malo antes, no puede ser bueno hoy.

En el caso de la ex procuradora Ana Matilde Gómez, no fue agradable su salida por la forma en que se hizo, y las encuestas así lo reflejaron. Ahora se recibe a una ex alta funcionaria del hermano país de Colombia, quien escuchaba a “todo mundo”, mientras que acá se hizo para investigar a un ex fiscal, a quien se acusa de pedir coimas. Estas contradicciones, o mejor dicho, éstas son situaciones de las que este gobierno no quiere darse cuenta, pero debe corregir.

Qué tal si les digo que queremos un cambio, con el que no se repitan los errores de ayer y con el se busquen los mejores mecanismos para que no se ganen estas críticas que no quieren escuchar de todo un país; que puede costarles caro sino aceptan sus errores y no permiten la libertad de expresión.

Nuestro sistema judicial y los privilegios también esperamos que sean modificados.

*

<> Este artículo se publicó el 2 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

La democracia pierde su ‘glamour’

La opinión de…

Álvaro Lasso Lokee  

Estoy sentado en una silla y aún no puedo creer que en Panamá nuestra democracia esté perdiendo su esencia gradualmente y se convierta en algo lejos de lo que los griegos llamaron “poder del pueblo”.   No soy abogado, pero no tengo que serlo para preocuparme porque alguien que no sea de este país nos exija que una orden de la Corte Suprema –de favores y asociados, perdón de justicia–   no sea válida, además, esto se apoye –como si nada pasara– con el solo propósito de ser anfitriones de unos juegos de los que estamos, técnicamente, alejados de un grado competitivo, para no decir lejos de las medallas, y no necesariamente por los valores deportivos, sino por muchas razones, aclaro.

No pretendo ser alarmista pero, si es lo que creo, esto es grave. No puedo pensar que en un país cualquiera esto suceda, solo en una novela de Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, que deleitan con su imaginación a sus lectores.

Pido mucha reserva y reflexión a nuestras autoridades en estos temas delicados que son claves y atentan contra la democracia que esperamos conservar, así como en la falta de tolerancia a todos sus críticos, porque no estamos viviendo épocas norieguistas, pienso yo. Los ataques a los periodistas y particulares que se han atrevido a dar opiniones contrarias suman una buena cantidad y eso desvía la esencia de un sistema democrático. ¡Alto a esos métodos!

Sobre las reformas propuestas para introducir la figura de los diputados vitalicios o nacionales, deben utilizarse en el mismo contexto para la creación de empresas que respondan a las necesidades del país y no como un medio para ocupar un espacio en la política. Los panameños hemos cuestionado el papel de los diputados que no juegan un rol efectivo, y hay quejas por los privilegios de los que gozan, y se siguen esperando cambios reales sobre este complejo tema. Los diputados a nivel nacional pueden convertirse en mejores opciones para contrarrestar los modelos tradicionales con que contamos, pero con base e igualmente en una cuota por habitantes, y que no se sobrepase las 72 curules que hay. No más salarios y privilegios, sin respuestas efectivas. ¿Cómo quedaríamos, si esto sigue igual?

Si se quiere modificar o mejorar este órgano del Estado, no es aumentando la cantidad de diputados, sino cambiando sus métodos de trabajo, que sean independientes al 100%, contando con la participación de todos los sectores representativos del país, sería lo ideal. Rellenos no, tal como eran los del Parlacen.

Luego de cuatro periodos presidenciales después de la invasión, se supone que nuestra democracia debe ser mucho más madura de la que vivimos anteriormente. Percibimos que nuestras actitudes egocéntricas, como diría Freud, no nos han permitido crecer adecuadamente y el resultado de eso es nuestro sistema educativo y de transporte, entre otros, para no hacer una lista larga. No somos competitivos o de primer mundo, como dicen las noticias.

<>Artículo publicado el 9 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los locos, de más a menos

La opinión de…

Álvaro Lasso Lokee

La manera como el Presidente se ganó a los votantes en estas últimas elecciones fue original, “Caminando con los zapatos del pueblo” y prometiendo el cambio necesario y obligatorio que la mayoría esperaba y que debe ser en todos los sentidos.

Parece que se le ha olvidado, ¿o será que tenía una agenda oculta? La forma de gobernar, reprimiendo a sus críticos, se aleja de la esencia de la democracia.

Luego de los gobiernos de Mireya y Martín, que son las dos últimas administraciones con menos transparencia y más denuncias de actos de corrupción, el próximo aspirante tenía que impresionarnos, ser distinto y diferente a los anteriores.

Panamá no puede continuar con otra administración que solo vela por los intereses personales de los que nos gobiernan, y sus acciones deben encaminarse al beneficio de la mayoría, respetando siempre las distintas ideologías y creencias de los ciudadanos. Los primeros meses de este gobierno fueron de luna de miel, pero al entrar el impuesto del 7%, que está disminuyendo el poder adquisitivo, y la “ley golazo, 9 en 1”, la forma en que la hizo nos hizo recordar una época en donde las botas de los cuarteles tenían el control absoluto del país.   Con las persecuciones a los periodistas se aproximan más a esa época.

La Cruzada Civilista se inició en 1987, luego de que el ex coronel Díaz Herrera expuso una serie de anomalías de Noriega en el poder, por ejemplo, que le gustaba intimidar a sus opositores, rodear con policías a los líderes de sindicatos y acusarlos de “atentar contra algo”.

Lo que ocurre hoy nos parece un exceso, y si se están pinchando los teléfonos con la excusa de “atentar contra la seguridad del Estado”, nos parece el retorno de Noriega sin Noriega en el poder.

Elegimos un gobierno 100% democrático, no con un disfraz de democracia, y no podemos aceptar esta clase de represión. Muchos ciudadanos votamos por un cambio real y eso nos incluye, porque al ver que los últimos gobiernos solo se estaban enriqueciendo sin importarle con su país, nos esperanzamos con ese cambio prometido.   Pero no con un cambio como el que introdujo la ley golazo, llevada originalmente a la Asamblea como una ley de aviación, pero que bajo la manga cambiaba otras leyes, y que se discutió (si es que se le puede llamar discusión), a velocidad de un cohete.

Estas prácticas debieron quedar en el pasado, me refiero a la cantidad de lesionados tras la represión en Bocas del Toro, en donde inclusive un grupo de policías irrumpió en una casa y golpeó a las personas que se encontraban allí. Esto deja un mal sabor de lo que puede ser esa ley.

Es cierto que a los agentes de la policía se les investiga cuando disparan, pero el sistema que se aplica para detener a los sospechosos de delitos puede ser revisado.

El Presidente debe reconocer sus errores. La locura no puede excederse en la fuerza. También hay que controlar compras directas como la que se hizo con las ambulancias a una empresa, cuyos propietarios tienen supuestos vínculos con el partido gobernante.

De no corregir el rumbo, el Gobierno seguirá de más a menos, al igual que sus colaboradores.

<>

Este artículo se publicó el 14 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Educación con disciplina

La opinión de…..

.

Álvaro Lasso Lokee

El día 4 de mayo de 1974, en la base de Río Hato, se fundó el único colegio secundario en Panamá que ha tenido formación militar.  Hablo del Instituto Militar General Tomás Herrera. En sus aulas se formaron 13 promociones de estudiantes, con un aproximado de mil 200 egresados.

Los estudiantes heredaron el apodo de los Tomasitos y el destino del colegio se acabó el 20 de diciembre de 1989, con la invasión norteamericana que sacó a Noriega del poder.

Para aclarar a quien así lo piense, los Tomasitos no somos el reflejo de quienes fueron los jefes de la Fuerzas de Defensa o de la Guardia Nacional. Unos dirán que eso sería negar nuestros principios de formación, lo cierto es que muchos contrariamos el deseo de nuestros padres, porque solo entre el 5% y 8% de los egresados continuó la carrera militar.

En sus inicios esta escuela fue experimental, al no existir otro colegio con estos principios. Si me preguntaran el resultado de ese experimento puedo enfocarlo en base a los resultados y catalogarlo como un éxito, porque entre sus egresados hay un alto porcentaje de profesionales y académicos, sin mencionar el ejemplo de ciudadano que se formó con la disciplina militar.

La crisis en la educación actual nos hace colocar las barbas en remojo. Los fracasos de los jóvenes que ingresan tanto a la Universidad Tecnológica de Panamá como a la Universidad de Panamá han sido elevados recientemente. Este es un buen momento para preguntarse si nuestra educación debe ser objeto de cambios significativos o de ciertos ajustes.

En lo personal, considero que el elevado fracaso de estudiantes que intentan ingresar a nuestras universidades públicas, es el comienzo de una tempestad que muestra la punta del iceberg en nuestra educación, y no hay que ser especialista en educación para darse cuenta, porque los estudiantes de pre ingreso reflejan que es un fracaso.

La escuela con disciplina militar no es lo que planteamos como la fórmula mágica para corregir la educación en Panamá, pero creemos que sí se puede plantear como una opción al sistema de educación actual, porque es un hecho que gradúa a profesionales de elevado nivel y responsabilidad. También puedo decir que desarrolla una conciencia cívica y amor al país. Eso no lo digo por los cantos que nos acompañan al desfilar, sino por la madurez con que se nos forma y la competencia que se exige.

Quienes estudiamos en el Instituto Tomás Herrera tuvimos profesores de categoría universitaria y compartimos en un salón de clases con estudiantes de todas las provincias. Muchos Tomasitos creemos que hoy día nuestro país requiere de un colegio con esta preparación.

Esto debe ser objeto de un análisis serio de parte de la ministra Lucy Molinar y del resto de las autoridades de Educación. Hagan un estudio y análisis de esta petición de todos los Tomasitos, que hemos sido buen ejemplo en esta sociedad.

<>

Este artículo se publicó el  15  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Nuestra educación y sociedad están en bancarrota

La opinión de….

.

Álvaro Lasso Lokee

La delincuencia está aumentando al mismo tiempo que nuestra educación agoniza, desde hace varios años. Si un niño fracasa en la escuela, esa condición no exonera a sus padres de responsabilidad; igualmente, si la delincuencia aumenta, ese síntoma no solo es el reflejo de la inseguridad en las calles, sino también del fracaso de quienes han administrado el país y eso incluye a todos los gobiernos anteriores. Unos con más aportes a la ruina que otros.

Desde otro ángulo, es decir, si el desempleo disminuye, la educación es superior en nuestras escuelas, nuestras calles están limpias y cualquier atributo positivo que quiera añadirle sería el reflejo de una política bien llevada, pero la realidad es otra lamentablemente.

Los dos ex ministros de Educación bajo investigación por peculado, dejan mucho que decir de nuestro sistema educativo, sin mencionar otros problemas del país.

La delincuencia y la educación forman parte de un sistema asociado a múltiples factores, pero esa responsabilidad es de todos los ciudadanos, principalmente de los políticos, que no han dado las respuestas o soluciones a los problemas, dejando solo sus discursos, sus leyes y una justicia visiblemente fracasada.

Recientemente se publicó en los diarios que el 70% de graduados no pasó las pruebas para ingresar a la Universidad Tecnológica de Panamá; hace unos años ocurrió lo mismo en la Universidad de Panamá. Por eso, no entendemos a los profesores que se oponen a un cambio que ya resulta urgente en la educación, más cuando no dan un buen argumento y solo dicen que “son imposiciones”.

La gran mayoría de panameños se forma en escuelas públicas, nos incluimos, y sabemos que falta mejor preparación en distintas áreas. Al ver la estadística actual de nuestra educación preocupan los resultados. Recientemente, por motivos de trabajo, entrevistamos a una profesora afectada por estrés laboral, al estar presionada tanto por los estudiantes como por los padres de familia a causa del bajo rendimiento de sus alumnos. Lo peor es que hasta amenazas recibe y no sabe cuál de ellas puede convertirse en realidad, a falta de seguridad en estos casos.

Preguntamos ¿Cuándo fracasó el sistema educativo? ¿Hasta cuándo seguirá igual? ¿Qué cambios necesita nuestro sistema educativo? ¿Estarán dispuestos a pagar el sacrificio los políticos? ¿Cuánto pueden aportar a la educación los empresarios que necesitan de mano de obra calificada?

Consideramos que la delincuencia y la crisis en la educación no pueden ser vistos como hechos aislados; se debe iniciar un plan nacional que aborde el desempleo, los bajos salarios y el alto costo de vida, la deserción escolar, la alimentación, la salud, el embarazo prematuro, el sistema de transporte, la corrupción estatal, el sistema judicial y carcelario. También, las viviendas, el sistema de seguridad en las calles, el cuidado del ambiente, la niñez y la tercera edad, el maltrato infantil y de las mujeres como otros tópicos a revisar e, incluso, actualizarlos en materia de Estado para los próximos 25 años.

Nuestra democracia no solo está amenazada por los narcotraficantes, tal como lo señala un informe de los norteamericanos, sino también por la cultura del juega vivo que impera en la política tradicional criolla.

Pedimos que el cambio llegue también a la Asamblea Nacional y al sistema judicial, instituciones que marcan otras crisis profundas y no dan señales de cambio. En resumen, el país se encuentra en una bancarrota y urge cambiarlo profundamente, pero con voluntad y seriedad.

<>

Este artículo se publicó el  16  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá convulsiona por política

La opinión de…..

Álvaro Lasso Lokee

Haití pasa por una tragedia que fue ocasionada por un sismo de 7.1 grados de la escala Richter, pero gracias a la solidaridad de muchos países recibe ayuda valiosa, muy útil dado el largo tiempo que le tomará recuperarse.

En otro escenario, con otra clase de temblores, Panamá convulsiona por nuestros propios políticos, por la ambición de poder, la corrupción y quien sabe cuántas otras cosas oscuras que también acabarán con nuestro pueblo de aproximadamente 3 millones de habitantes y de los que faltan por nacer.

En nuestro caso, los únicos que pueden ayudar a una recuperación efectiva no serán los rescatistas de la Cruz Roja, sino la actitud de nuestros políticos y su alejamiento de los estilos tradicionales.   Se impone un cambio en el sistema de justicia que está completamente perdido, y en los ciudadanos que vamos a las urnas, para que elijamos responsablemente a nuestros candidatos en tiempos de elecciones.

Entre los puntos importantes que hacen temblar a nuestro país están el sistema de elección de los magistrados de la Corte Suprema que debe cambiar, porque ellos no pueden seguir siendo los “ungidos” de los gobernantes de turno, ni ser juzgados exclusivamente por los diputados y viceversa, como complicidad en equipo, ante posibles delitos de algunos miembros de esos órganos. Todo delincuente debe ser procesado por las instancias de investigación.

En el caso del escándalo del Fondo de Inversión Social, aparte de que debió ser motivo de la renuncia de su director, también debe darse un giro de 180 grados al papel que realizan los diputados en la Asamblea para que dejen ser “representantes” y se conviertan, como debe ser, en creadores de leyes para su gente (no como uno de Chepo), y vigilantes de los intereses del país.

Digan lo que digan, hay intromisión en la Procuraduría y no debe darse en ningún otro Órgano del Estado, tal como está ocurriendo. Por otra parte, se deben cumplir las promesas de bajar el precio de la canasta básica que va en aumento. En tanto que los nuevos impuestos no ayudan a los de menos ingresos, les empeora su situación.

El sistema educativo debe actualizarse, igual que los diseños curriculares de formación académica que no pueden estar 30 ó 40 años atrasados. El sistema carcelario es otro aspecto que debe ser modernizado, no solo con cercas sino “limpiarlo”.

Hay que mejorar el servicio de transporte, no solo los “diablos rojos” y los taxis “no voy”, sino mejorar los sistemas de señalización, reparar las carreteras con huecos que abundan en el interior del país y, además, de acabar con la “rebusca” de las grúas.

La CSS sigue carente de liderazgo en puestos clave en los que se requiere conocimiento y experiencia. La culpa no es de los gremios de izquierda o derecha. La administración es una ciencia no política y tampoco es un arte de “amiguismos”. Hay corruptos de las administraciones pasadas que aún no han sido procesados y mucho menos detenidos.

En cuanto a la responsabilidad de los medios de comunicación, estos deben modificar los reportes de sangre y los noticieros que pasan peleas grabadas con celulares que parecen más informes de corregidurías. Se requiere mejorar el nivel periodístico.

La inseguridad en las calles no solo se puede combatir con los “vecinos vigilantes”, sino haciendo las rondas policiales que no se ven y, por eso, los delincuentes hacen fiesta con asaltos y balas. ¿Hasta cuándo?

La democracia no solo es elegir por mayoría a nuestros gobernantes, sino también velar para que el manejo de los principales órganos del Estado sea con balance e independencia de poderes.

El 60% del electorado votó por un cambio que aún estamos esperando y no lo hemos visto.  Revisen su trabajo.

<>

Publicado el 26 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

La CSS por dentro

.

La opinión de…..

.

Álvaro Lasso Lokee

En este limitado espacio trataremos de exponer ideas, desde una perspectiva interna, de lo que ocurre en la Caja de Seguro Social (CSS), porque a nuestro parecer muchas de las críticas que se hacen a la institución carecen de información, alejándose de los puntos centrales que deben ser la temática principal.

En septiembre de 2009 alguien publicó que “El problema de la CSS… radica en su gente” y que “no era administrativo”. Yo quiero preguntar ¿si la falta de medicamentos, las filas largas para obtener una cita, los déficits de cirugías y otros problemas que se viven a diario en la CSS se pueden atribuir a la gente?

Alguien que tenga tres automóviles no esperará que se dañen todos para entonces repararlos.

En la CSS ocurre lo contrario, los ascensores del Complejo Metropolitano se arreglaron solo cuando ninguno funcionaba. ¿Cómo podemos denominar lo anterior, así como a los faltantes de medicamentos que afronta la institución?

Culpar de los problemas de la institución a “su gente” nos parece un análisis abreviado.

El número de asegurados y de beneficiarios de la CSS puede estar llegando a la mitad de la población panameña, pero la entidad carece de suficientes especialistas en el interior del país.

Otro problema es que cubre los gastos de personas no aseguradas que se atienden en instalaciones en las que hay convenios interinstitucionales.

Pero esos gastos no son reembolsados por el Ministerio de Salud, periódicamente ni por medio de otras partidas del Estado; además, persiste el problema de la evasión de pagos a la CSS.

¿Cómo se manejaba la administración de la CSS en los buenos tiempos en que compraba terrenos para invertir y se encontraba financieramente bien? ¿Dónde quedaron las ganancias de las ventas de los terrenos?

¿O se devaluaron? ¿Cuándo se perdió la autonomía que la institución conservaba? ¿Por qué no se presta atención al sistema de compras de la CSS? ¿Dónde están los grandes deudores de la CSS, que no cumplen con sus compromisos?

¿Qué dicen los expertos de administración y qué tan lejos o cerca se mantiene la CSS de esos procedimientos?

¿Las primas de riesgos de accidentes, se revisan periódicamente? ¿El ingreso de personal nuevo a la institución emplea criterios objetivos o utiliza las recomendaciones, al igual que las asignaciones en los puestos de jefaturas?

La CSS se convirtió en una caja de sorpresas hace mucho tiempo, a nuestro parecer, al ingresar grupos políticos que la manejaron de la misma forma, con una ausencia de liderazgo pericial en los altos y medios mandos, que están lejos de dar soluciones técnicas a muchos de los problemas de la institución.

Si bien es cierto que se deben hacer ajustes y reformas, no conviene experimentar en materia de cambios administrativos, al estilo de conejillo de Indias.

La eficiencia del servicio que aspira ofrecer la CSS es lo ideal y esperemos que pueda darse, pero debe tenerse en cuenta que, asimismo, ello llevará a incrementar un mayor consumo de reactivos para los exámenes de laboratorios y radiología, en nombramientos de personal, en medicamentos, en cupos de atención, en la preparación para el aumento de las cirugías y hospitalizaciones.

La eficiencia tiene costos y la CSS debe estar preparada.

El aporte de los gremios profesionales deberá contribuir a modificaciones que agilicen la eficiencia del servicio que ya se encuentra obsoleto en muchos renglones.

La CSS, desde sus inicios ha sido garantía de la salud de muchos panameños, así como de los ingresos de jubilación de todos los que se han retirado y de los que seguimos por el mismo camino.

El nuevo director tiene un gran compromiso en sus manos, que depende un gran sector de los panameños.

Otro de los puntos que urge mejorar es el acceso a la información estadística de la epidemiología de todos los casos tratados, para tomar decisiones certeras en sus políticas de atención y tratamiento de enfermedades.

La modernización debe cubrir no solo los aspectos tecnológicos, sino también los de atención y administrativos, con personal profesional que tenga liderazgo y una visión de largo plazo.

.

<>
Publicado el 28 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.