Todo menos los camellos

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –Las protestas de los últimos días en Egipto me han recordado las de Panamá en 1987 y 1988, solo que los “batalloneros” nuestros no tenían camellos.

Por lo demás, veo paralelos notables, comenzando con el apoyo que Estados Unidos dio al dictador.

Igual que en Panamá, leí que los manifestantes egipcios se quejan de sentirse “traicionados” por el apoyo de Estados Unidos al dictador.   Igual que en Panamá, mostraron por televisión las latas de gas lacrimógeno que decían “Made in USA”, que Estados Unidos había regalado al dictador Hosni Mubarak y que él está usando contra su propio pueblo.

Igual que en Panamá, todas las demás armas que los soldados egipcios están empleando para atacar a sus ciudadanos fueron regaladas o subsidiadas por Estados Unidos, porque Egipto ha estado recibiendo por 30 años más de mil millones al año en ayuda militar estadounidense.

William Hartung, del New America Foundation, un centro de análisis de tendencia liberal, observó esta semana que esa ayuda militar ha sido “el elemento clave” de mantener a Mubarak en el poder. Condoleezza Rice, cuando era secretaria de Estado, admitió que la política estadounidense por los últimos 60 años en el Medio Oriente ha sido “estabilidad a expensas de democracia”. Como sabemos bien, esa también fue la política estadounidense en Centroamérica y Panamá por muchas décadas.

Por ello, en Egipto, como ocurrió en Panamá, quienes han venido presionando por democracia se topaban siempre con el obstáculo inmutable de que Estados Unidos estaba no del lado de la democracia sino del lado del dictador. Mubarak encarcelaba, torturaba y asesinaba a sus opositores sin temor de que ello le causara problemas genuinos con Washington; mientras la represión proporcionara una ilusión de estabilidad en el país, los norteamericanos estaban contentos. Pero incluso ahora, cuando esa ilusión se ha desvanecido, Washington parece resistirse a sacarle la tabla a Mubarak. En los primeros días de las protestas, el vicepresidente Joe Biden defendió a Mubarak y rehusó tildarlo de “dictador”. Eventualmente, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, comenzó a hablar de una “transición ordenada” pero eso significaba darle más tiempo a Mubarak. En los últimos días, la Casa Blanca ha dicho que la transición debe ser “ya”, pero todavía esquiva usar la palabra “dictador”.

Aquí en Washington se ha criticado bastante la posición del gobierno de Barack Obama. Y en Egipto, Mohamed ElBaradei, premio Nobel de Paz y uno de los lideres pro-democracia comentó esto, ácidamente: “El Gobierno norteamericano no puede pedir que el pueblo egipcio crea que un dictador con 30 años en el poder será quien implemente democracia. Esto es una farsa”.

Mientras tanto, hubo un instante de optimismo cuando el ejército egipcio dijo que no usaría la fuerza para reprimir las manifestaciones (a diferencia de los panameños). Pero el día siguiente llegarían los “batalloneros” egipcios en sus camellos –con varas y látigos– a atacar a los manifestantes, mientras los soldados se quedaban de brazos cruzados. Quedó claro que todo era parte del plan, cuyo próximo paso sería que los soldados reprimieran con la excusa de poner alto a la violencia. Mubarak simultáneamente lanzó una fuerte campaña de intimidación y los medios estatales aumentaron el fervor de su propaganda pro-dictadura. Las tácticas clásicas de un tirano.

Mubarak rehúsa irse a las buenas y dice que morirá en su país. Manuel Antonio Noriega también rehusó irse a las buenas y sin duda morirá en su país, aunque le costó bien caro el no haber escuchado a su pueblo cuando debió hacerlo (sin hablar de que el país también pagó un precio muy alto). En el caso de Mubarak, el desenlace está por verse y hay el temor de que la cosa salga muy mal, como ocurrió en Irán. Es cierto que hay ese riesgo, pero no por eso se puede seguir negando la libertad del pueblo egipcio.

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Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El mensaje de los venezolanos

La opinión de…

Bertilo Mejía Ortega

El 23 de enero, los venezolanos celebraron la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó a Venezuela en la década de 1950. No cabe duda de que las actividades realizadas por los vástagos de la patria de Bolívar tuvieron como fin reiterar su adhesión a la democracia y rechazar toda forma de gobierno que atente contra el sistema democrático, y en el que la separación de los poderes, el respeto a los derechos del ciudadano, la libertad de expresión, el espíritu de consenso y de tolerancia deben ser nota característica.

Los demócratas bolivarianos recordaron los aciagos días de la dictadura y sus secuelas de persecución, corrupción y aberraciones, que llevaron a la quiebra al Estado, y a un alzamiento generalizado que llegó a sumar a militares respetuosos de la institucionalidad, que se adhirieron al pueblo que enardecido provocó la huida del dictador el día 23 de enero de 1958.

Pérez Jiménez se radicó en República Dominicana, luego viajó a EU y finalmente a España, en esa escena concluyente de todo opresor: sin patria, sin poder y sin futuro placentero, porque el ostracismo y la cárcel suelen ser su estadio final. Pero los venezolanos dirigieron un mensaje al admirador e imitador de Fidel Castro. Sí, al presidente Hugo Chávez, que hace uso del poder en forma autoritaria y cuyo lenguaje ofensivo, y a veces vulgar, hiere y ultraja la dignidad de muchos venezolanos.

Que pretende convertirse en Presidente vitalicio y que arremete contra todo opositor que pueda truncar sus intenciones de retener el poder a toda costa. Los demócratas de Venezuela han recordado que toda dictadura une, al final, al pueblo, que el pueblo unido es invencible. Que los gobernantes deben ejercer el poder con apego a la ley, con calidad de estadistas y con capacidad de tolerancia, para que ganen respeto.

Aplaudimos la iniciativa de los ciudadanos de la república sureña. Ellos nos han extendido un mensaje: los pueblos que olvidan su oscuro pasado están condenados a volverlo a vivir. Los panameños no debemos olvidar la dictadura que tuvimos durante 21 años. Que una camarillacívico–militar violentó derechos humanos, libertades públicas y que dejó a Panamá en manos de un torturador, criminal y ladrón, que huyó el 20 de diciembre de 1989, ante la intervención que él y los suyos provocaron. Debemos celebrar ese día la caída de la dictadura y enriquecer el espíritu democrático y libertario.

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Este artículo se publicó el 4  de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Servidumbre voluntaria

La opinión de…

 

Francisco Íbero

Etienne de la Boetie escribió su Discurso sobre la servidumbre voluntaria hacia 1552, cuando contaba 22 años y estaba a punto de terminar sus estudios de derecho.

El discurso circuló profusamente, pero no fue publicado en vida del autor. La primera edición es de 1574. Fue casi olvidado en el siglo XVII, y muy difundido en el XVIII. En el siglo XIX influyó mucho sobre el anarquismo pacífico. Actualmente es reconocido como un clásico de la filosofía política.

Pese a su formación de abogado, el autor argumenta sobre la base de la ley natural y la historia de la antigüedad griega y romana. Su método tiene cierta semejanza con el de Maquiavelo, pero sus objetivos son opuestos.

El autor expresa el objetivo de su discurso así: “Quiero averiguar cómo es posible que tantos hombres aguanten a veces a un tirano, que no tiene más poder que el que ellos le dan, y que no podría hacerles mal alguno sino en cuanto que ellos prefieran tolerarlo a contradecirlo”.

La Boetie cree que la libertad es natural, que hemos nacido en posesión de nuestra independencia y con inclinación a defenderla. Por ello los tiranos, inicialmente, se imponen por la fuerza o el engaño. Cita como ejemplo del segundo el de la ciudad–Estado de Siracusa. Ante el peligro, los ciudadanos pidieron a Dionisio que dirigiera el ejército. Retornó victorioso, se proclamó rey y luego tirano.

Una vez establecida la tiranía, el autor explica las razones que contribuyen a mantenerla. A continuación las reseño sin ningún orden en particular.

Primera: “Al principio la servidumbre es forzada, pero quienes vienen después hacen voluntariamente lo que los anteriores habían hecho por necesidad”. La Boetie identifica la costumbre como una de las raíces de la servidumbre voluntaria. La naturaleza en el hombre es ser libre y querer serlo, pero la costumbre influye más que la naturaleza. Las personas criadas en la servidumbre llegan a considerarla como algo natural.

Segunda: Esta se deriva de la primera. Bajo los tiranos la gente se vuelve cobarde. Ya Hipócrates lo observó en uno de sus libros. Junto con la libertad se pierde el coraje. Los siervos ya no sienten el ardor de la libertad. Tienen un corazón vil y flojo. Los tiranos lo saben y lo utilizan a su favor.

Tercera: Los tiranos hacen creer a las masas que son sabios, justos y benevolentes, preocupados por el bienestar del pueblo. Para ello suelen contar con la ayuda de muchos intelectuales. Muchos de los reyes antiguos se presentaban como de origen divino. Por ejemplo, los asirios y medos nunca aparecían en público para hacer sospechar al populacho que eran algo más que hombres.

Cuarta: “Los teatros, los juegos, los espectáculos, los gladiadores, las farsas, y otras drogas semejantes eran para los pueblos antiguos el alimento de la servidumbre, el precio de la libertad y los instrumentos de la tiranía”. Los tiranos romanos añadieron la distribución de alimentos y dinero. Nuestro autor comenta que la población no advertía que solo estaba recuperando una parte de lo suyo, que el tirano le había quitado previamente.

Quinta: La última táctica citada por nuestro autor es muy interesante. Se trata de la compra, por parte del tirano, de una multitud de adláteres que se ordenan en una estricta jerarquía. El tirano suele tener un pequeño grupo de cómplices y colaboradores. Estos, a su vez, tienen otros dispuestos a trabajar para ellos. Conforme bajamos en la jerarquía se va ampliando la cantidad de tiranuelos. Como escribe La Boetie: “Son tantos aquellos a quienes la tiranía parece ser provechosa como aquellos a quienes la libertad sería agradable”.

¿Es posible liberarse del tirano? Nuestro autor piensa que sí. Él no aboga por el tiranicidio sino por la resistencia civil pacífica. “El tirano se destruye a sí mismo con tal de que el país no se avenga a servirlo”.

El autor identifica dos factores que pueden contribuir a la caída del tirano. El primero es la existencia de un grupo de personas amantes de la libertad y capaces de comprender lo que está pasando. Este grupo puede instruir, convencer e inspirar a diferentes sectores de la población. El segundo es el de los servidores del tirano. Estos viven en un perpetuo estado de miedo porque nunca saben cuándo su amo se va a cansar de ellos y van a perder sus privilegios y sus vidas. Muchos estarán dispuestos a cambiar de bando apenas comiencen las dificultades.

Habrán observado que no he establecido paralelismo alguno entre el discurso y la realidad de nuestros tiempos. Estoy seguro de que ustedes lo han hecho mentalmente. En cualquier caso, les propongo un ejercicio: Examinar los 21 años de la dictadura militar a la luz de las ideas del discurso.

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Este artículo se publicó el 7 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Golpe y guerrillas

La opinión de…

Guillermo Sánchez Borbón 

El 11 de octubre de 1968 los jefes de la Guardia Nacional dieron el primer golpe militar de nuestra historia republicana. Antes de entrar en materia, debo relatar cómo me enteré de que en Chiriquí se había iniciado la resistencia armada contra la recién estrenada dictadura. Un día me encontré con Kayser Bazán, viejo amigo mío. Él me contó que en las tierras altas de Chiriquí unos campesinos arnulfistas se habían alzado en armas contra la tiranía. Y me dio cifras (que entonces me parecieron exageradas) sobre el número de guardias que habían caído en el primer combate.

¿Cómo se enteró? No lo sé a ciencia cierta, pero puedo imaginármelo. Kayser estudió en la academia militar de West Point. Supongo que uno de sus ex condiscípulos, destinado a la Zona del Canal, se lo contó. Después, otra fuente me confirmó la información de Kayser y agregó otros detalles. Además, me relató que habían continuado los enfrentamientos, en cada uno de los cuales los guerrilleros habían derrotado a la Guardia Nacional.

Recientemente viajé a Chiriquí en compañía de Roberto Brenes, cuyo suegro tiene una casa de campo en la zona donde tuvo lugar el primer combate importante. Además, Brenes conocía personalmente a casi todos los sobrevivientes del movimiento que salvó el honor de la República, enfrentándose heroicamente a un ejército profesional –armado hasta los dientes– e infligiéndole humillantes derrotas. Yo quería tener una idea clara de los sitios en donde los guerrilleros libraron los combates contra una Guardia Nacional. Y en todos la derrotaron.

Un costarricense calderonista (veterano de la sangrienta Guerra Civil costarricense de 1948), Osito Solano, participó como voluntario en los primeros combates de los guerrilleros panameños. Era el único que tenía experiencia militar, y debe haber sido de gran ayuda a los bisoños combatientes. Yo lo conocí personalmente en la Costa Rica de 1970 y –a pesar de que era un hombre taciturno– hablé muchas veces con él.

Cuando la guerrilla –a falta de apoyo– se dispersó, algunos de sus miembros recalaron en diversos países centroamericanos, donde se ganaron la vida en modestos trabajos agrícolas, con una sola excepción, de la que más adelante nos ocuparemos. En la medida de sus modestísimas posibilidades, Osito hizo cuanto pudo por los panameños de la diáspora.

A la sazón, Manuel Solís Palma y yo estábamos en México. Un día me comunicó que viajaría a Costa Rica para ver cómo podía ayudar a los guerrilleros. Así lo hizo, en la medida de sus posibilidades. Era natural que se relacionara con Osito, quien al menos podía brindarle su amistad y apoyo moral.

Un día, Osito, quien tenía amistades en todas partes, se enteró de que el Gobierno panameño había enviado a uno de sus más temibles asesinos a matar a Solís Palma. Osito fue a buscar al criminal. Lo encontró escoltado por un miembro de la policía tica. Le dijo: “Yo sé que vienes a asesinar a Solís Palma. A las 5:00 p.m. sale un avión para Panamá. Como no lo abordes, a las 5:15 te mato”. El enviado panameño consultó a su acompañante tico, y éste le dijo quién era Osito, y le aconsejó que regresara a su país, porque el hombre era capaz de cumplir su amenaza. A las 5:00 en punto, el héroe panameño abordaba el avión que lo llevó de regreso a Panamá.

Después de algunas peripecias, el innoble Gobierno tico de entonces apresó a Solís Palma, lo despojó de todas sus pertenencias y lo expulsó a Nicaragua. No sé cómo fue a recalar a Venezuela, donde vivió y trabajó unos años bajo la protección de Acción Democrática.

Cuando se inició el “veranillo democrático”, Solís –como todos los exiliados– regresó a Panamá, a continuar la lucha por medios políticos. El exilio le salió carísimo a Solís Palma: perdió su fábrica de zapatos y todas sus posesiones. Al principio se vinculó a la oposición, con cuyos dirigentes tuvo graves desacuerdos. Noriega aprovechó todas estas circunstancias para reclutarlo. Solís entró a formar parte del gobierno de Tuturo del Valle, y cuando éste fue derrocado, los militares lo nombraron Presidente de la República. Ahí estuvo hasta que Noriega (en su último acceso de locura) lo separó para asumir él mismo la jefatura del Estado. Pocos días después se produjo la invasión gringa.

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Este artículo se publicó el 5 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los gobiernos largos

 

La opinión del Periodista…

 

Juan  B.  Gómez 

Dice el dictador egipcio Hosni Mubarak, que si deja el poder inmediatamente, se produciría una anarquía que sería peor que si él quedara en el poder.

Ese es el argumento de todos los dictadores. ¿ Recuerdan que esa era la misma canción de Noriega?   Simplemente, que los dictadores no quieren dejar el poder.   Pero hay algo evidente: que no se puede gobernar cuando el pueblo no quiere ya a su dictador.

Los pueblos detestan los gobiernos largos. Creo que no hay ninguno que quiera, sinceramente, a uno que no quiera dejar el poder… El dictador se obsesiona con quedarse, y el pueblo sufre la misma obsesión porque se vaya.

Los pueblos odian a los dictadores. Y a veces hasta a los que no son dictadores. Es difícil encontrar en la historia de Francia a un hombre que haya sido más amado que Charles de Gaulle.

Pero cuando su gobierno se fue alargando, empezó la inquietud y la protesta; entonces, su genio político le dijo que consultara al pueblo. Y se efectuó un referendo: el pueblo diría si quería que continuara o no en el gobierno. La primera vez, el pueblo dijo Sí.; pero la segunda vez, dijo No. Y el enorme hombre de Estado se fue a su casa, dejando al pueblo francés en libertad de elegir a su sucesor.

Pero, es necesario aclarar, que los referendos de De Gaulle fueron libres, sin presiones de él para lograr el voto popular. No igual que los referendos de Chávez en Venezuela, que se gasta hasta mil millones de dólares, si fuera necesario, para comprar el Sí mayoritario de un pueblo que en realidad lo detesta.

Ahora, Mubarak dice que se iría pero no puede dejar al pueblo en la anarquía. No, si se organiza una Junta de Gobierno, solamente destinada para realizar unas elecciones democráticas, correctas y limpias, con la rigurosa vigilancia de las Naciones Unidas. Así, la salida ( o huida) del dictador no sería catastrófica como él lo pronostica.

Repito que no se puede gobernar en un país, cuando el pueblo se convierte en una sola e inmensa garganta que grita: ¡Que se vaya el dictador!

Que Hosni Mubarak recuerde cómo terminaron Trujillo, los Somoza – padre e hijo-; y cómo dejaron a Mussolini, descuartizado colgando de un farol… Y si quiere, recuerde también, dónde está Noriega penando su criminal dictadura…

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Jorge y Marlene en el recuerdo

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La opinión del Educador…

Pastor E. Durán Espino 

El 30 de enero de 1976 –durante la dictadura de Omar Torrijos-, fueron asesinados en Los Llanos de Mariato (Veraguas), los estudiantes Jorge Falconet y Marlene Mendizábal. 

El cadáver de Marlene fue encontrado con los cabellos atados a las raíces de un árbol de mangle y el de Jorge está desaparecido.

Jorge estudiaba ingeniería civil en la Universidad de Panamá y Marlene, su novia, estudiaba bachillerato en el Instituto Nacional.

Según el Informe de la Comisión de la Verdad (CV), que investigó los asesinatos y desapariciones ocurridos durante la narco-dictadura militar de Torrijos y Noriega, Falconet pertenecía al Frente Estudiantil Revolucionario 29 de Noviembre.

Según el señor Elías Falconet, padre de Jorge, éste no tenía inquietudes políticas.   Sin embargo, Jorge Falconet, Marlene y Jorge Camacho, este último dirigente del FER-29, asesinado también durante la narco-dictadura de Torrijos, el 14 de junio de 1978,   eran vecinos y se frecuentaban.

Según el padre de Falconet, existen dos hipótesis con relación al asesinato de su hijo y de Marlene: 1) El asesinato de Jorge ya estaba planeado por parte de Roberto Pinzón, sobrino del General Torrijos, quien invitó a éste –que era asistente de ingeniería- a Mariato para que midiera un supuesto terreno, y dijo que no quería llevar mujeres, sin embago, Marlene se les unió y fue también a Mariato, motivo por el cual se convirtió en víctima igualmente.

Se realizó una fiestecita casera donde Pinzón y otro amigo de apellido McDonald bebían aguardiente.   Jorge no tomaba ni fumaba, pero les amenizaba la fiesta con su guitarra y canciones.

Por efectos de los tragos, Pinzón se propasó con Marlene, se produjo una reyerta y Pinzón asesinó a Jorge y, también, a Marlene.

2) Jorge conocía algo grave respecto a la cúpula de la dictadura de Torrijos (¿narcotráfico?), motivo por el cual decidieron desaparecerlo junto con su novia.

Según una versión, el 31 de enero, Pinzón, McDonald y Falconet decidieron bajar a la playa a cazar iguanas con un fusil 22. Marlene pidió prestado un vestido de baño y se dirigió también a la playa.   Se encontró con Jorge y sus amigos.

Según Pinzón y Mc Donald, ellos dejaron solos a los novios y regresaron a casa a mediodía. Le indicaron a Jorge que si ellos no regresaban, que se fueran a la casa también. Según esta versión, esta fue la última vez que la pareja fue vista, pues desapareció.

Según la CV hubo intimidaciones y uso del poder para ocultar la verdad. Nunca se practicó una prueba de ADN a los familiares de Marlene, para determinar si los restos exhumados en 1992 corresponden a la víctima.

<>Artículo publicado el  30  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Déjà vu: El regreso de los dictadores

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La opinión del Agobado …


Irving Dominguez Bonilla 

Después de 25 años tratando de eludir a sus perseguidores “Baby Doc” regresa a su país, el empobrecido Haití, con el fin, según declara el mismo, de coadyuvar en la labor de reconstrucción nacional, sin embargo detrás de ese noble objetivo se esconde un desviado norte de erigirse en una opción política para asirse del poder nuevamente y disfrutar de la vida de jet set que se acostumbró a vivir, y que a la fecha perdió producto del despilfarro de los millones que sustrajo a su pueblo.

Igualmente ha tratado de que el tiempo pase para lograr que la amnesia de la conciencia pública olvide los desmanes y graves violaciones a los derechos humanos que cometió él y su sequito de secuaces hambrientos de sangre, los Tonton Macoutes, quienes constituyeron los grupo de choque (varilleros) que protegían al dictador y eliminaban a toda aquel que fuese un obstáculo y molestia en sus imperiales designios. Lo interesante del análisis es que a estas alturas la población joven haitiana no vivió o no recuerda nada de los hechos que involucraron a Jean Claude Duvalier, por lo que no dudemos que este sea visto como una opción viable frente a la insatisfacción creciente de los políticos tradicionales que lo único que habían hecho, hasta ahora, es aprovecharse de lo poco que queda en pie en ese país.

¿Qué pasara con la posible llegada de Noriega a suelo panameño?, estamos prácticamente en la misma situación, ya que la mayoría de la población nacida después de 1989 ya deben tener mayoría de edad y desconocen parte de la historia reciente que involucra al ex dictadorzuelo, por lo que fácilmente, y conociendo la idiosincrancia panameña, no dudemos que lo vayan a recibir en caravana al aeropuerto.

Dudo, en mi opinión, que esto se de ya que se está apostando a que este muera en Francia, debido a su supuesto estado delicado de salud, y es que su presencia, fuera de incomodar en Panamá, produce molestias estomacales a más de cuatro políticos, hoy dentro o fuera del poder, que temen que el mismo levante el dedo acusador desde su silla mecedora y les enrostre sus vínculos cercanos con los milicos.

Estos movimientos deben obedecer a algún tipo de escenario fraguado por los grandes poderes políticos mundiales que piensan que, en situaciones como la haitiana, se hacen necesarios gobiernos fuertes que impidan que a posteriori, estos países se conviertan en una carga para los más fuertes y desarrollados.

Bueno veamos que nos dice Kronos, solo esperamos que no se pongan de moda, como en el siglo pasada, los dictadores.

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<>Artículo publicado el 23  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.