Urinarios

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

La destartalada unidad del Diablo Rojo entró a la calle 23, Este y antes de llegar al ‘mercadito’ de Calidonia, exactamente frente a las casetas donde se expende el coco rallado, detuvo la marcha.   El conductor bajó, se acercó a un lado de la parte delantera y allí descargó su vejiga para bañar de orine una de las llantas anteriores. Resuelta la molestia, volvió a subir, quitó la palanca de la posición neutral y prosiguió su camino.

Eran las dos de la tarde y los pasajeros debieron esperar que el ‘chof’ terminara la micción para continuar el recorrido urbano.

La escena es cotidiana en el espacio de la urbe capital.   En un costado del parque Urracá, en la Cinta Costera, en los corredores, en la sección de la avenida Juan Pablo II, dentro del bosque, o en la Vía de la Amistad se aprecia en cualquier hora del día, taxis, buses o autos particulares y a un lado, hombres que resuelven problemas de ‘plomería’ o urgencias fisiológicas que dejan de ser íntimas para convertirse en públicas.

Nuestro organismo requiere liberar sus aguas residuales y hemos tomado la costumbre de buscar el primer lugar que se nos ocurra para dar rienda suelta a esta extroversión costumbrista, sin advertir que existen locales donde por veinticinco centavos —y que cuentan al menos con un mínimo de gestión sanitaria— se puede satisfacer aquella importante función de desalojo corporal.

La primera vez que visité Alemania, me llamó la atención —además de su cronométrico sistema de transporte— la existencia de sitios para resolver estos ‘apuros’.    Los transeúntes entraban al local público, pagaban una moneda a una funcionaria impecablemente vestida (posiblemente municipal) y se internaban para ‘resolver’. La dependiente se aseguraba de que el sitio estuviera muy aseado.

El pequeño espacio urbano era limpio y satisfacía un requerimiento ciudadano tan importante. Luego, me enteré de que en muchas ciudades europeas existían baños públicos, cada uno de acuerdo a las costumbres locales, brindaba diferentes servicios.

En las carreteras —freeways— de Estados Unidos, a cada cierta distancia, se encuentran lugares, como postas para que los conductores hagan un alto y los interesados puedan atender dichos asuntos del cuerpo; además, tomen café, adquieran alguna golosinas o ‘donas’, descansen y luego prosigan su camino.

Cuando en México se empezó a construir el sistema del metro en la década de los setentas, se concibieron las características de las estaciones de ese transporte público que reducía los tiempos de traslado de un punto a otro de la megápolis y se adecuaron áreas en ciertas terminales para la satisfacción de las tendencias mingitorias y otras ‘ganas’ del usuario.

Es por eso que sorprende, que se haya dicho en la Secretaría del Metro en el país, que el modelo panameño no va a contar con servicios sanitarios, porque los flujos de utilización del novedoso transporte, son de un tiempo ínfimo que no hacen necesaria aquella opción.   Además, se plantea que de acuerdo con recomendaciones, allí es alto el índice de atracos.

Imagino las portadas de los diarios ‘Apuñalado mientras ‘meaba’ en el Metro’, ‘Lo plomearon cuando se disponía a echar un c…’, ‘Le roban en el servicio de la estación del Metro en Fernández de Córdoba’ u otras peores, según la imaginativa mente de los tituladores.

Todavía estamos a tiempo de que la institución responsable del macroproyecto de transporte, dé una salida a esta urgencia y pueda agregar los espacios para atender aquel requerimiento en los diseños de las estaciones.  Peor sería contestar demandas de alguien a quien se le reventó la vejiga, mientras el Metro esperaba que se restituyera el fluido eléctrico y pudiera continuar su marcha, precisamente en su segmento subterráneo.

Es una lástima que no se ayude a resolver ese gran problema de reservorios de las orinas de los ciudadanos locales y visitantes.   Se tendrá que hacer evaluaciones exactas cuando se sale de la casa y se utiliza el Metro para ir al trabajo o viceversa, tiempo que en las actuales condiciones de los autobuses es ‘incalculable’.

Usted ahora sabe que con el ‘subte’ (como llaman por cariño al tren subterráneo) va a demorar un tiempo exacto en llegar a su destino.   Por favor, tómese un momento antes de salir, porque el final del recorrido será dentro de unas dos horas y hasta entonces, podrá llegar a un baño público.

No ponga en peligro sus tripas, planifique su desalojo líquido y, por favor, no lo practique ni en el parque o la carretera, porque es una malacrianza y un atentado a la sanidad pública.

 

Este artículo se publicó el  16  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

En los lugares comunes

La opinión del Periodista y Docente Universitaio…

MODESTO  A.  TUÑÓN  F.
modestun@yahoo.es

El profesor Franz García de Paredes siempre insistía en que había que separar el lugar común de los textos y del habla cotidiana. Así aprendimos a determinar su uso en el lenguaje y a saber cuándo era útil, porque se trataba de un artificio que permitía ejemplificar; pero también, su capacidad de emerger con su rostro de vicio lingüístico para afear la expresión.

Y es que el lugar común, a veces confundido con el estereotipo y pariente cercano de la perogrullada, se ejercita en diversos ámbitos con la equivocada idea de resaltar las cualidades de elocuencia del hablante. Pero la diversidad de tipos de discursos de la vida cotidiana, como el religioso, el periodístico, el deportivo, el cultural y el político están plagados de frases hechas que solo aportan ideas vacías y pura ‘cháchara’.

En el campo periodístico por ejemplo, al decir ‘los 365 días del año’ o ‘la lamentable muerte’ se cae en un lugar común, pues en el primer caso, se supone que solo hay una excepción (cada cuatro años) en que el año tiene 366 días y en el otro, ¿qué muerte no es lamentable? a menos que haya algunas que sean agradables, como en casos de accidentes o hechos relacionados con agresiones e incidentes policivos.

Pero este fenómeno del habla no solo pertenece a la época actual o es un reflejo de la sociedad contemporánea. Ya Quevedo la había percibido en el siglo XVII y con su fino olfato costumbrista, pudo referirse a ella como ‘perogrullada’ o verdades de Pedro Grullo y resaltar que el nombre ‘Pedro’ había sido sustituido por el de ‘Pero’, un frutal, según él.

Un par de siglos después, el autor de Madame Bovary, Gustave Flaubert, recogería de la burguesía francesa, mucha frase insulsa y armaría su Diccionario de lugares comunes, una forma de pensar emergente en esa época, un conocimiento popular construido sobre la superficialidad y que gracias al escritor se pudo hacer un perfil de este periodo en Europa.

El tema viene al tapete, pues en el país se vive constantemente de situaciones convulsas; en muchos casos de crisis que pudieran evitarse por un buen manejo del discurso político o científico y por el sentido común aplicado a la comunicación. Por ejemplo, la inestabilidad en Bocas del Toro se inició cuando hubo frases dichas por funcionarios que no fueron del gusto de la población.

Y en esas y otras expresiones se cayó en el uso de lugares comunes. Alusiones despectivas a los indígenas, colmaron el vaso de la intranquilidad ciudadana. Algo semejante ha ocurrido con la difícil etapa de la producción del agua potable y con el manejo de los incidentes de las inundaciones del Este de la provincia de Panamá y Darién.

Decía Álex Grijelmo que el idioma se enriquece y evoluciona por ‘millones de experiencias y de usos que confluyen en una costumbre, decisiones democráticas de los pueblos que actúan por su cuenta y enriquecen su lengua, pese a las influencias de las cúpulas sociales y de los medios de comunicación de masas, de los que generalmente emanan efluvios empobrecedores’.

Es precisamente en estos dos sectores donde encontramos un escenario propicio para el desarrollo de estos vicios en la interpretación de la realidad.   La frase estereotipada de ‘Esto nunca debió suceder’ o en ‘… investigaremos hasta las últimas consecuencias…’ empiezan a repetirse y suenan tan huecas, como cuando se escucha en los medios de comunicación ‘el vital líquido’ o ‘el pan líquido panameño’.

‘De eso se trata’, es como una muletilla; al igual que palabras que funcionan como detonador de oraciones, tal como ‘realmente’, que inicia cualquier declaración o exposición, particularmente en los sectores profesionales.

Hubo un presidente de la década de los años sesenta que era famoso por responder a cualquier crítica ‘estamos tomando medidas’, frase que le ganó el apodo de ‘el sastre’.   En ocasiones, los asesores de imagen, los expertos en protocolo, les recomiendan crear dichas frases con la finalidad de salir del paso en situaciones incómodas.   Hasta los muñecos caen en estos trances, si no, observen a Casimiro con su ‘¡no me digas!’.

El lenguaje procede de un encadenamiento de la razón, diría Grijelmo. La realidad que vive el país es muy compleja por la transición hacia una sociedad moderna y se requiere de enfoques más profundos, esclarecedores y a veces tan sensibles que no pueden ser satisfechos con tanta mediocridad, desparpajo y grosería en los hechos y en los dichos.

La sociedad necesita nuevos enfoques, profundos y sin lugares comunes, que alumbren la realidad.

Este artículo se publicó el  9  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Más allá de la vida ¿qué hay?

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

Conocer qué ocurre después de la muerte ha sido motivo de interés y fuente de inspiración para todo tipo de manifestaciones artísticas, filosóficas, religiosas y culturales. Cuando Hamlet toma un cráneo, lo acaricia y dice ‘Algo está podrido en Dinamarca’, el punto de partida de su proverbial frase es motivada por una angustia existencial.   En la mitología clásica, se habla del viaje que hacían las almas de los difuntos en el río Estigia, que separaba el mundo humano del hades o infierno.   Se creía que los fallecidos cruzaban este líquido camino en una barca guiada a veces por Caronte y allí hacían un ajuste,  de acuerdo a cómo se hubieran desempeñado en vida.

Clint Eastwood, el prolífico realizador norteamericano ha querido dedicar su último trabajo –Más allá de la vida– (Hereafter) a ese tema, pero en la perspectiva temporal del siglo XXI, un referente que no había tratado de manera central en ninguna de las cintas de sus treinta años como director cinematográfico. Esta película despierta en el espectador un deseo de conocer que hay más allá de la partida definitiva.

La idea central de la historia presenta a tres personas diferentes ligadas por su relación con ese espacio que continúa al final del camino vital. George Lonegan (Matt Damon) es un solitario hombre que tiene el don de mirar o contactárse con el más allá.   La periodista Marie Lelai (Cecile De France), vivió una experiencia trágica en Tailandia con el tsunami y el niño Marcus (Frankie McLaren) no puede confrontar la muerte de su hermano gemelo, y se ve desorientado.

Los respectivos casos de estos personajes son el argumento de Eastwood, cuyo entramado de textos dan sentido a este relato de ciencia ficción, que nos pone en la perspectiva de imaginar o cuestionar cómo el realizador va a fusionar estos cuentos y las circunstancias en que están inmersos el vidente, la periodista y el estudiante para culminar su propuesta.

A través del guión se expone la especial circunstancia de cada uno; Lonegal no alcanza a saber cuál es el poder que tiene entre manos.   Un hermano trata de aprovecharse de estas cualidades y él busca respuestas por sí mismo, huye a otro estado y se refugia en unas clases de cocina.

La periodista, luego de tener las experiencias que cambian su vida en el fenómeno marino, vuelve a Francia y no puede integrarse a sus tareas cotidianas. Trata afanosamente de escribir un libro sobre sus nuevas sensaciones y temores, que no despierta mucho interés en el mundo editorial.

El niño luego del accidente trágico de su hermano que lo sostiene emocionalmente, deambula en la búsqueda de alguien que le ‘conecte’ con él, quien quizás desde el ‘más allá’ también lo protege. A través de esta trenza cinematográfica, el guión de Peter Morgan, analiza puntos específicos en la trama; la soledad de los personajes, la charlatanería de las ofertas de comunicación con fallecidos, la instantaneidad de la fama en la farándula; hay un acercamiento a asuntos secundarios que interesan a Eastwood, pero donde no se detiene, como la alusión a un pasado incestuoso de la joven que conoce Lonegan en las clases de cocina. El filme tiene una excelente fotografía de Tom Stern que evoca un sentido nostálgico a través de los colores, algo que el realizador logra con mucho acierto en sus últimas obras y una partitura musical; ahora con guitarra y piano, casi tan perfecto como el minimalismo musical de ‘El Sustituto’ (con Angelina Jolie), donde él compuso una banda solo con la interpretación en diferentes cadencias de piano.

La cinta pierde fuerzas en el centro y parte del final. El director en los últimos minutos une las tres historias, pero deja de lado, aspectos que pudieran darle a la película el sello inconfundible de los grandes dramas que le han caracterizado. Sin embargo, esto no es motivo para opinar que el resultado carezca de los atributos que Eastwood da a sus trabajos, al menos en la forma.   Más allá de la vida no inserta en su menú visual esas fuertes escenas típicas de este tipo de relatos sobre ciencia ficción con aparecidos y seres que deambulan en un limbo visual, sonoro y de fuerte impacto emotivo; sin embargo, hay un texto muy sugestivo que con los enfoques, el tratamiento, ritmo y gusto de la senectud creativa de Eastwood, satisface al espectador e inserta este nuevo ámbito en el conjunto de su obra cinematográfica.

Este artículo se publicó el 2 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Desarrollo sostenible

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

La comunidad de Las Canoas en las montañas de la provincia de Herrera, vive la transformación en sus tareas productivas, en la forma de ser de sus pobladores y hasta en la idea que cada uno de ellos se hace de la vida rural cotidiana.   El agricultor Santiago Gómez, de ese poblado, ha cambiado los patrones de conducta de esta vecindad. Desde hace algunos años, inició el proceso de reciclar toda la basura orgánica de las casas, separa el material biodegradable, que mezcla con tierra en unas tinas y allí deja estos componentes que se convierten en materia prima de abono.

Los hombres en este lugar, irrigan el suelo para enriquecerlo y extraer sus legumbres, granos y frutas.   Desde hace algunos años, en este pueblito no arden los herbazales, ni se utilizan agroquímicos y los resultados son satisfactorios para todos por la calidad que presentan, sobre todo por el ejercicio productivo que aquí se promueve.

Las laderas del espinazo montañoso que rodea a Las Canoas, presenta un panorama de gran vistosidad porque en ese preciso lugar, no se encuentra un empobrecimiento y existe la garantía de que la superficie de estos terrenos generará los alimentos para las generaciones futuras al no verse empobrecida por esas prácticas tradicionales ni la saturación con abonos.

Esta podría ser la síntesis del desarrollo sostenible, que implica generar una actividad económica, que tenga en cuenta una relación con el ambiente y el patrimonio natural para cosechar en cantidades que posibiliten que con posterioridad, los nuevos pobladores –descendientes de los actuales cuenten con una perspectiva similar y sin el empobrecimiento de las condiciones del ecosistema.

Este panorama, fue el que llevó a las Naciones Unidas a dar pasos para consolidar un programa planetario que fomenta este enfoque en las comunidades, a través de proyectos e iniciativas que den respuesta a muchas necesidades que ahora obligan a presionar a la naturaleza y tienden a reducir y extinguir a la larga, esos productos que brinda el entorno.

Las playas donde antes la vida marina hacía ricos el suelo, las aguas y humedales, ahora dan un panorama desolado de conchas, esqueletos de peces, y todo tipo de señales sobre la pobreza del entorno y también de las poblaciones que se establecen cercanas a estas áreas y que con sus actividades agotan la vida de las especies que otrora formaban parte de este escenario para morar, migrar o reproducirse.

Por esa razón se ha reunido en la ciudad de Panamá, un grupo de representantes de 110 naciones (algunos de ellos ministros), convocados por la División de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para tratar el programa decenal sobre Consumo y Producción Sostenible y preparar un paquete de opciones en beneficio de una nueva realidad a las naciones más pobres a través de acciones concretas.

Un conjunto de crisis se ha vivido en los últimos años; algunas de ellas con repercusión planetaria y no se puede perder más tiempo sin un plan concreto que cambie la perspectiva de pobreza, afirmó László Borbély, ministro de Ambiente y Bosques de Rumania, quien presidió este encuentro y lo definió como un ‘catalizador para discutir los temas más importantes’ sobre dicho problema.

Las discusiones se centraron en diversas áreas que pueden ser prioridades de los países en desarrollo. Estos temas son energía, gestión de desechos, agua, ámbitos relacionados; todos ellos, a través de un esquema que incluye políticas, educación, planificación transversal y enfoques sectoriales.

La agenda de trabajo obligó a los participantes de esta reunión ‘inter-sesional’ y que permite crear una plataforma real de programas de colaboración, a aportar sus iniciativas y visiones desde cada uno de los territorios –en algunos casos tan distantes como Micronesia, Vanuatu, Fiji o Mauritania-, donde el hombre requiere un modelo de trabajo más esperanzador que el de arrasar, eliminar y depredar las especies existentes.

Los representantes de los países que asistieron a este encuentro en la capital panameña, pudieron construir una base para coordinar la cooperación desde los países desarrollados hacia el resto del mundo, en regiones donde la vulnerabilidad y la ausencia tecnológica generan mayor pobreza y reducen las posibilidades de prosperidad.

Las lecciones de la comunidad de Canoas en las montañas de provincias centrales, demuestran con una expresividad sencilla, el alcance del desarrollo sostenible, sobre todo cuando cambia la realidad de una región y transforma al hombre en su relación con su entorno. Ese es el modelo que requiere las Naciones Unidas para dar esperanzas a la vida de la humanidad en este siglo.

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Este artículo se publicó el 26 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,

El jazz en festival

 

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

Un conjunto de seis niños hizo resonar las primeras notas del octavo Festival de Jazz de Panamá y asombró a los presentes con la interpretación de los clásicos Summertime de George Gershwin y luego Watermelon man de Herbie Hancock, con agradable sabor a infancia, a curiosidad y a gusto por el descubrimiento musical.

Se trataba del grupo formado por su cantante, la violinista y los otros cuatro, cuyos instrumentos eran los de las bandas tradicionales. Junto a ellos, ya Danilo Pérez e invitados, músicos e interesados se habían dado cita en el pasillo superior del Centro de Convenciones Atlapa para el acto protocolar y las palabras correspondientes.

El pianista Pérez se refirió a los objetivos de fusionar el espectáculo de los artistas con clínicas, intercambios y posibilidades didácticas para fortalecer los valores de la juventud panameña. Es esa la razón de la presencia todos los años de diferentes centros de enseñanza del arte rítmica y de las armonías logradas con agrupaciones que integran a talentosos exponentes y ejecutantes.

En la versión 2011, este acontecimiento dedicado al jazz inició sus actividades con encuentros, clases, clínicas, audiciones, talleres y los conciertos que son acostumbrados. Se descorrió el telón con la gala, el miércoles en el Teatro Nacional; sendos conciertos el jueves y viernes en el amplio Anayansi, la jornada del sábado al aire libre en la plaza frente a la Catedral Metropolitana y sesiones de Jam Session en varios centro nocturnos.

Este festival anual se ha convertido en la expresión cultural que impulsa al país hacia el exterior para mover el interés de centros académicos, artistas y grupos internacionales que vuelven la mirada hacia el istmo y conocer qué se hace acá, evaluar los rumbos de estas manifestaciones y apoyar el trabajo de formación de la Fundación Danilo Pérez.

Las muestras de jazz que se realizan en diferentes fechas en muchas partes del mundo tienen como características el reunir tanto a intelectuales, como melómanos que en torno a la interpretación de grupos, alegran el espíritu y recrean posibles evocaciones de esta particular forma de música, ligada históricamente al sentimentalismo de grupos muy cerrados en determinados espacios sociales.

Aunque parezca extraño, en Panamá el jazz tuvo una temprana presencia en ciudades como la capital, Colón y Bocas del Toro. En este último caso, algunas personas mayores recuerdan sitios donde se hacían las presentaciones, grupos y hasta intérpretes que luego emigraron por diferentes razones a Nueva York y Chicago, entre otras ciudades de Estados Unidos.

Este año, el festival contó con mucha participación internacional –algunas inéditas– y también generó entusiasmo entre los jóvenes y estudiantes. Adolescentes con sus instrumentos colgados en los hombros o espaldas, se les veía recorrer los pasillos hacia las salas donde ocurrían las actividades.

Grupos como el Ensamble del Conservatorio de París, el Harlem String Quartet (de Nueva York), el Berklee Global Jazz Institute, The Spanish Tinge, el Claudia Acuña Quartet, The Latin Side of Herbie Hancock, la Fundación Tónica de México, el Instituto Golansky, el New England Conservatory, son algunos de los que vinieron en esta ocasión, que acompañaron y se mezclaron con los nacionales.

Figuras como la cantante Claudia Acuña, el baterista Adam Cruz, el bajista Ben Street, la vocalista portuguesa Sara Serpa, el saxofonista Rudresh Mahanthappa, el trombonista Conrad Herwig, los percusionistas Daniel García (español), Paoli Mejías (puertorriqueño), José Pérez González y el bajista cubano Alain Pérez son los talentos que dejaron su huella indeleble en esta experiencia de enero de 2011.

Cada concierto dio su sello propio; el jueves en Atlapa, el tinte español se esparció por todo el escenario y luego con las entonaciones de la chilena Acuña y sus canciones de Jara, Parra y Sosa. En síntesis, hubo danza flamenca y también cueca. El viernes fue otra cosa, pero con la sorpresa de la percusión con ritmos nacionales y caribeños, unidos por los sonidos de ascendencia africana.

El viernes fue el estreno de Providencia, el último disco de Danilo Pérez y su grupo heterogéneo, pero con gran unidad de interpretación que refleja la madurez del jazz de este artista panameño y las múltiples posibilidades en la búsqueda de nuevas posibilidades sinfónicas.

El grandioso concierto final al aire libre quizás no refleje toda la experiencia de las jornadas, pero marca un ejemplo de la proyección que alcanza esta fiesta dedicada al jazz y que pone a Panamá en otra dimensión musical; además de proyectar a través de sus implicaciones didácticas a jóvenes artistas nacionales hacia un futuro prometedor y vinculado a estas artes tan representativas.

 

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Este artículo se publicó el 19 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,

Cacería de patos en enero

La opinión del Periodista y Docente Universitario….


MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

El verano había despuntado con sus primeros vientos que revoloteaban en la ciudad. El año lectivo casi terminaba y los estudiantes graduandos y sus familias se aprestaban a celebrar el fin del periodo escolar. 1964 auguraba ser un año lleno de esas emociones que uno percibe en los primeros días de enero.

Esa tarde en el sector de Calidonia, todo parecía normal, hasta que empezó una inquietud que provenía del otro lado de la cerca de la Zona del Canal.   Eran casi las seis; el cielo adquirió un gris ominoso, mientras que se escuchaban voces, gritos y sonidos, cuya causa no se podía precisar. La gente empezó a correr hacia sus casas.

En calle P, San Miguel, hubo que bajar la loma hasta la avenida Nacional para saber qué ocurría y, al mirar hacia el área de la lavandería de Ancón (hoy, oficinas de la Dirección de Investigación Judicial–DIJ) y enfrente, donde ahora está la Fundación Omar Torrijos Herrera, soldados norteamericanos, junto a tanques de guerra y en arreos de combate, apuntaban hacia el territorio panameño.

Pero no solamente allí.    Desde ese lugar y a lo largo de la cerca que recorría la avenida 4 de Julio (hoy conocida como de los Mártires), otros uniformados del ejército acantonado en las tierras canaleras estaban en igual actitud.

Incluso en el hotel Tívoli (actual ubicación de las oficinas centrales del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales), se habían apostado y utilizaban los hermosos balcones como mirador para controlar una amplia vista que iba desde la Plaza 5 de Mayo hasta los recién inaugurados edificios multifamiliares de Calle M.

Pronto empezaron los disparos y también los heridos. En San Miguel, se sabía que cada sitio estaba en la línea de los fusiles –para cazar patos como justificarían ellos después- y armas que empezaron un monólogo de tableteos y chispazos contra una población enardecida y que regresaba piedras, bloques y cualquier artillería casera u ocasional en este desigual combate.

Los nombres de los afectados empezaron a conocerse; estudiantes de diferentes colegios; Manuel, el vecino del edificio; la niña del rostro destrozado en la ‘multi’ y al caer la noche, la repulsa popular se hizo evidente. Desde lo alto de los inmuebles llovían galones y botellas de vidrio con agua o gasolina que estallaban en el techo de los automóviles que pudieran ser de estadounidenses o ‘zoneítas’.

Se dijo que en esa noche empezaron a rapar prostitutas que prestaban servicios en la amplia ruta limítrofe y que, les llamaron desde entonces ‘rabicoloradas’.

A la mañana siguiente el caos, desatino y la rabia se habían apoderado de la ciudad capital y la Guardia Nacional trataba de contener los ánimos de la población que quería entrar a la Zona del Canal a hacer frente a las armas norteamericanas. Francesco, el jefe del grupo scout de la iglesia de San Miguel, reunió a chicos de la tropa y nos comunicó que teníamos responsabilidades que cumplir en apoyo al mantenimiento del orden público en las inmediaciones del Hospital Santo Tomás. Allí acudimos y fue una de las primeras veces en nuestra vida juvenil, que se pudo contemplar una población que vestía el luto por las víctimas que llegaban con el ulular de las ambulancias y las bocinas de todo tipo de vehículos utilizados para transportar a los caídos e impactados por las balas.

No fue fácil controlar a la marejada humana que se arremolinaba en esa área. Dirigir el tránsito en la calle entre el hospital del Niño y la embajada del Reino Unido, era una ardua tarea para un adolescente de 14 años. Estas fueron las primeras acciones que nos situaron en la capacidad de atender una crisis de esta naturaleza.

En las salas de urgencia no había condiciones de atender tantos pacientes; la sangre teñía el piso y los heridos eran acomodados, según el nivel de gravedad. A los días, la ciudad capital empezó a sufrir un aislamiento con el resto del país. El Gobierno había roto relaciones con los Estados Unidos y los soldados se habían tomado el puente de las Américas.

Un incidente protagonizado por institutores, el Colegio de Balboa y policías ‘canaleros’, originó una profunda crisis entre Panamá y los Estados Unidos de América por la Zona del Canal. Sus implicaciones, entre otras causas históricas, posibilitaron la firma 13 años después, de los Tratados Torrijos Carter y la devolución de ese territorio a Panamá al final del siglo XX.

¿Sin el 9 de enero, hubiera sido posible el tratado? He allí su dimensión histórica.

 

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<> Este artículo se publicó el  12 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Planes inconclusos

La opinión del Periodista y Docente Universitario…


MODESTO TUÑÓN
modestun@yahoo.es

El final de un año y el inicio de otro, es por lo general un periodo en que la gente suele realizar un balance y considerar las actividades y proyectos a ser asumidos para el futuro inmediato y concebir las perspectivas en que se va a involucrar con posterioridad.

Al realizar el análisis de aquello cumplido, en ocasiones queda un desasosiego por todos los objetivos o metas incumplidos para los doce meses pasados. La mayoría de las veces, las contingencias, los cambios repentinos, quizás decesos de protagonistas importantes, son algunas de las variables que afectan o enturbian el plan esbozado con la tranquilidad de una copa de champagne, vino, ron ponche o saril.

En este desconcierto que produce un saldo en contra, no se toma en cuenta que muchas veces, las propuestas aparecen como meras actividades, aisladas y desligadas de un verdadero plan de trabajo, que implica no solo la enumeración de aspectos puntuales, sino algo más elaborado, de lo que se quiere, dentro de un conjunto de estrategias que aporten elementos sobre cómo alcanzar un futuro exitoso.

‘Hacer un libro’, ‘viajar a determinado lugar’, ‘alcanzar un nivel profesional más elevado’, ‘tener una pareja’, entre otros, son temas aislados y muy concretos, que no encierran en su definición otros componentes de un proyecto a mayor plazo. ¿Para qué sirven estas acciones específicas; o más concretamente, ¿para qué hacer el libro? o ¿dentro de qué perspectiva se encierra?

Algunas religiones o creencias inician el calendario con una reflexión sobre aspectos básicos que pueden ser encausados en el periodo que se inicia y le piden al devoto o feligrés, hacer un proyecto de vida para el año. Un gran paso en función de aquellos indicadores que se hayan analizado y que se considere impiden avanzar.

Este esquema permite seguir ese gran objetivo y al establecer las acciones o pequeños pasos que se darán en función de lo fundamental; cada logro, será un escalón más elevado para consolidar aquel motivo de las dinámicas que cada quien tenga durante ese año. Así, estos avances se podrán percibir más claramente y ponen a la persona en disposición de hacer los correctivos donde se considere necesario.

Una buena cantidad de gente no está acostumbrada a planificar su vida cotidiana y sencillamente, se rinde a la espontaneidad y en numerosos casos, a un hedonismo marcado por acciones que le rindan satisfacción inmediata, los fines de semana, los viernes culturales, las ‘zonas vivas’ donde la jarana y el ‘despelote’ dan rienda suelta a un desenfreno incontenible, hasta con resultados desagradables, por decir lo menos.

Hay algunos que tratan de copiar el modelo y hacer su plan de vida, como si fuera posible imitar a otros que se encuentran en diferentes condiciones, en lugar de generar las actuaciones para darle sentido a la cotidianidad y ver al final los frutos de esta manera proyectada sobre la realidad y el papel que desempeñamos en ella.

Reflexión, compromiso, imaginación y trabajo son pilares que deben dar sentido a esta idea de convertir el principio de año en un ejercicio de planificación que permita satisfacer nuestras expectativas mes a mes y plantearnos mejores y más ambiciosos destinos donde ir o alcanzar aquello que hemos propuesto desarrollar, hacer o crear. Este proceso es símbolo del crecimiento.

Cada vez que se haga este ejercicio, culminaremos con mayor conocimiento, sabiduría y satisfacción las metas que nos tengamos trazadas en el contexto de realizaciones que darán mayor fortaleza al carácter y al dominio del entorno.

Pero también hay el aspecto ético que debe ser la base de todo este planeamiento. En ocasiones, la personalidad y el nivel de vehemencia con que se aspira un fin, nos hacen émulos de Maquiavelo y olvidar a quienes tenemos por delante y avanzamos, no importa sobre quien debamos caminar.

En este balance del año que fenece, también hay que dejar espacio para el ‘otro’ y definir ¿a quién afectamos con nuestros planes? ¿Es lícito lo que se quiere iniciar? ¿Quiénes pueden ser perjudicados? Más de las personas que se pueda imaginar, contemplan esta última particularidad e incluyen en sus planes cómo deshacerse de ese ‘factor’.

Es importante lograr una satisfacción dentro de los valores que se quieren ostentar y saber que los meses que siguen, serán la oportunidad de darle cuerpo a esas ambiciones espirituales que nos brindan una mayor estatura, no solo social, sino personal y desde aquí irradiar hacia el exterior la tranquilidad que se tendrá cuando el almanaque dé la vuelta y llegue al último día del 2011.

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<> Este artículo se publicó el 5  de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.