Planes inconclusos

La opinión del Periodista y Docente Universitario…


MODESTO TUÑÓN
modestun@yahoo.es

El final de un año y el inicio de otro, es por lo general un periodo en que la gente suele realizar un balance y considerar las actividades y proyectos a ser asumidos para el futuro inmediato y concebir las perspectivas en que se va a involucrar con posterioridad.

Al realizar el análisis de aquello cumplido, en ocasiones queda un desasosiego por todos los objetivos o metas incumplidos para los doce meses pasados. La mayoría de las veces, las contingencias, los cambios repentinos, quizás decesos de protagonistas importantes, son algunas de las variables que afectan o enturbian el plan esbozado con la tranquilidad de una copa de champagne, vino, ron ponche o saril.

En este desconcierto que produce un saldo en contra, no se toma en cuenta que muchas veces, las propuestas aparecen como meras actividades, aisladas y desligadas de un verdadero plan de trabajo, que implica no solo la enumeración de aspectos puntuales, sino algo más elaborado, de lo que se quiere, dentro de un conjunto de estrategias que aporten elementos sobre cómo alcanzar un futuro exitoso.

‘Hacer un libro’, ‘viajar a determinado lugar’, ‘alcanzar un nivel profesional más elevado’, ‘tener una pareja’, entre otros, son temas aislados y muy concretos, que no encierran en su definición otros componentes de un proyecto a mayor plazo. ¿Para qué sirven estas acciones específicas; o más concretamente, ¿para qué hacer el libro? o ¿dentro de qué perspectiva se encierra?

Algunas religiones o creencias inician el calendario con una reflexión sobre aspectos básicos que pueden ser encausados en el periodo que se inicia y le piden al devoto o feligrés, hacer un proyecto de vida para el año. Un gran paso en función de aquellos indicadores que se hayan analizado y que se considere impiden avanzar.

Este esquema permite seguir ese gran objetivo y al establecer las acciones o pequeños pasos que se darán en función de lo fundamental; cada logro, será un escalón más elevado para consolidar aquel motivo de las dinámicas que cada quien tenga durante ese año. Así, estos avances se podrán percibir más claramente y ponen a la persona en disposición de hacer los correctivos donde se considere necesario.

Una buena cantidad de gente no está acostumbrada a planificar su vida cotidiana y sencillamente, se rinde a la espontaneidad y en numerosos casos, a un hedonismo marcado por acciones que le rindan satisfacción inmediata, los fines de semana, los viernes culturales, las ‘zonas vivas’ donde la jarana y el ‘despelote’ dan rienda suelta a un desenfreno incontenible, hasta con resultados desagradables, por decir lo menos.

Hay algunos que tratan de copiar el modelo y hacer su plan de vida, como si fuera posible imitar a otros que se encuentran en diferentes condiciones, en lugar de generar las actuaciones para darle sentido a la cotidianidad y ver al final los frutos de esta manera proyectada sobre la realidad y el papel que desempeñamos en ella.

Reflexión, compromiso, imaginación y trabajo son pilares que deben dar sentido a esta idea de convertir el principio de año en un ejercicio de planificación que permita satisfacer nuestras expectativas mes a mes y plantearnos mejores y más ambiciosos destinos donde ir o alcanzar aquello que hemos propuesto desarrollar, hacer o crear. Este proceso es símbolo del crecimiento.

Cada vez que se haga este ejercicio, culminaremos con mayor conocimiento, sabiduría y satisfacción las metas que nos tengamos trazadas en el contexto de realizaciones que darán mayor fortaleza al carácter y al dominio del entorno.

Pero también hay el aspecto ético que debe ser la base de todo este planeamiento. En ocasiones, la personalidad y el nivel de vehemencia con que se aspira un fin, nos hacen émulos de Maquiavelo y olvidar a quienes tenemos por delante y avanzamos, no importa sobre quien debamos caminar.

En este balance del año que fenece, también hay que dejar espacio para el ‘otro’ y definir ¿a quién afectamos con nuestros planes? ¿Es lícito lo que se quiere iniciar? ¿Quiénes pueden ser perjudicados? Más de las personas que se pueda imaginar, contemplan esta última particularidad e incluyen en sus planes cómo deshacerse de ese ‘factor’.

Es importante lograr una satisfacción dentro de los valores que se quieren ostentar y saber que los meses que siguen, serán la oportunidad de darle cuerpo a esas ambiciones espirituales que nos brindan una mayor estatura, no solo social, sino personal y desde aquí irradiar hacia el exterior la tranquilidad que se tendrá cuando el almanaque dé la vuelta y llegue al último día del 2011.

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<> Este artículo se publicó el 5  de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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