El jazz en festival

 

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

Un conjunto de seis niños hizo resonar las primeras notas del octavo Festival de Jazz de Panamá y asombró a los presentes con la interpretación de los clásicos Summertime de George Gershwin y luego Watermelon man de Herbie Hancock, con agradable sabor a infancia, a curiosidad y a gusto por el descubrimiento musical.

Se trataba del grupo formado por su cantante, la violinista y los otros cuatro, cuyos instrumentos eran los de las bandas tradicionales. Junto a ellos, ya Danilo Pérez e invitados, músicos e interesados se habían dado cita en el pasillo superior del Centro de Convenciones Atlapa para el acto protocolar y las palabras correspondientes.

El pianista Pérez se refirió a los objetivos de fusionar el espectáculo de los artistas con clínicas, intercambios y posibilidades didácticas para fortalecer los valores de la juventud panameña. Es esa la razón de la presencia todos los años de diferentes centros de enseñanza del arte rítmica y de las armonías logradas con agrupaciones que integran a talentosos exponentes y ejecutantes.

En la versión 2011, este acontecimiento dedicado al jazz inició sus actividades con encuentros, clases, clínicas, audiciones, talleres y los conciertos que son acostumbrados. Se descorrió el telón con la gala, el miércoles en el Teatro Nacional; sendos conciertos el jueves y viernes en el amplio Anayansi, la jornada del sábado al aire libre en la plaza frente a la Catedral Metropolitana y sesiones de Jam Session en varios centro nocturnos.

Este festival anual se ha convertido en la expresión cultural que impulsa al país hacia el exterior para mover el interés de centros académicos, artistas y grupos internacionales que vuelven la mirada hacia el istmo y conocer qué se hace acá, evaluar los rumbos de estas manifestaciones y apoyar el trabajo de formación de la Fundación Danilo Pérez.

Las muestras de jazz que se realizan en diferentes fechas en muchas partes del mundo tienen como características el reunir tanto a intelectuales, como melómanos que en torno a la interpretación de grupos, alegran el espíritu y recrean posibles evocaciones de esta particular forma de música, ligada históricamente al sentimentalismo de grupos muy cerrados en determinados espacios sociales.

Aunque parezca extraño, en Panamá el jazz tuvo una temprana presencia en ciudades como la capital, Colón y Bocas del Toro. En este último caso, algunas personas mayores recuerdan sitios donde se hacían las presentaciones, grupos y hasta intérpretes que luego emigraron por diferentes razones a Nueva York y Chicago, entre otras ciudades de Estados Unidos.

Este año, el festival contó con mucha participación internacional –algunas inéditas– y también generó entusiasmo entre los jóvenes y estudiantes. Adolescentes con sus instrumentos colgados en los hombros o espaldas, se les veía recorrer los pasillos hacia las salas donde ocurrían las actividades.

Grupos como el Ensamble del Conservatorio de París, el Harlem String Quartet (de Nueva York), el Berklee Global Jazz Institute, The Spanish Tinge, el Claudia Acuña Quartet, The Latin Side of Herbie Hancock, la Fundación Tónica de México, el Instituto Golansky, el New England Conservatory, son algunos de los que vinieron en esta ocasión, que acompañaron y se mezclaron con los nacionales.

Figuras como la cantante Claudia Acuña, el baterista Adam Cruz, el bajista Ben Street, la vocalista portuguesa Sara Serpa, el saxofonista Rudresh Mahanthappa, el trombonista Conrad Herwig, los percusionistas Daniel García (español), Paoli Mejías (puertorriqueño), José Pérez González y el bajista cubano Alain Pérez son los talentos que dejaron su huella indeleble en esta experiencia de enero de 2011.

Cada concierto dio su sello propio; el jueves en Atlapa, el tinte español se esparció por todo el escenario y luego con las entonaciones de la chilena Acuña y sus canciones de Jara, Parra y Sosa. En síntesis, hubo danza flamenca y también cueca. El viernes fue otra cosa, pero con la sorpresa de la percusión con ritmos nacionales y caribeños, unidos por los sonidos de ascendencia africana.

El viernes fue el estreno de Providencia, el último disco de Danilo Pérez y su grupo heterogéneo, pero con gran unidad de interpretación que refleja la madurez del jazz de este artista panameño y las múltiples posibilidades en la búsqueda de nuevas posibilidades sinfónicas.

El grandioso concierto final al aire libre quizás no refleje toda la experiencia de las jornadas, pero marca un ejemplo de la proyección que alcanza esta fiesta dedicada al jazz y que pone a Panamá en otra dimensión musical; además de proyectar a través de sus implicaciones didácticas a jóvenes artistas nacionales hacia un futuro prometedor y vinculado a estas artes tan representativas.

 

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Este artículo se publicó el 19 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,
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