Más allá de la vida ¿qué hay?

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

Conocer qué ocurre después de la muerte ha sido motivo de interés y fuente de inspiración para todo tipo de manifestaciones artísticas, filosóficas, religiosas y culturales. Cuando Hamlet toma un cráneo, lo acaricia y dice ‘Algo está podrido en Dinamarca’, el punto de partida de su proverbial frase es motivada por una angustia existencial.   En la mitología clásica, se habla del viaje que hacían las almas de los difuntos en el río Estigia, que separaba el mundo humano del hades o infierno.   Se creía que los fallecidos cruzaban este líquido camino en una barca guiada a veces por Caronte y allí hacían un ajuste,  de acuerdo a cómo se hubieran desempeñado en vida.

Clint Eastwood, el prolífico realizador norteamericano ha querido dedicar su último trabajo –Más allá de la vida– (Hereafter) a ese tema, pero en la perspectiva temporal del siglo XXI, un referente que no había tratado de manera central en ninguna de las cintas de sus treinta años como director cinematográfico. Esta película despierta en el espectador un deseo de conocer que hay más allá de la partida definitiva.

La idea central de la historia presenta a tres personas diferentes ligadas por su relación con ese espacio que continúa al final del camino vital. George Lonegan (Matt Damon) es un solitario hombre que tiene el don de mirar o contactárse con el más allá.   La periodista Marie Lelai (Cecile De France), vivió una experiencia trágica en Tailandia con el tsunami y el niño Marcus (Frankie McLaren) no puede confrontar la muerte de su hermano gemelo, y se ve desorientado.

Los respectivos casos de estos personajes son el argumento de Eastwood, cuyo entramado de textos dan sentido a este relato de ciencia ficción, que nos pone en la perspectiva de imaginar o cuestionar cómo el realizador va a fusionar estos cuentos y las circunstancias en que están inmersos el vidente, la periodista y el estudiante para culminar su propuesta.

A través del guión se expone la especial circunstancia de cada uno; Lonegal no alcanza a saber cuál es el poder que tiene entre manos.   Un hermano trata de aprovecharse de estas cualidades y él busca respuestas por sí mismo, huye a otro estado y se refugia en unas clases de cocina.

La periodista, luego de tener las experiencias que cambian su vida en el fenómeno marino, vuelve a Francia y no puede integrarse a sus tareas cotidianas. Trata afanosamente de escribir un libro sobre sus nuevas sensaciones y temores, que no despierta mucho interés en el mundo editorial.

El niño luego del accidente trágico de su hermano que lo sostiene emocionalmente, deambula en la búsqueda de alguien que le ‘conecte’ con él, quien quizás desde el ‘más allá’ también lo protege. A través de esta trenza cinematográfica, el guión de Peter Morgan, analiza puntos específicos en la trama; la soledad de los personajes, la charlatanería de las ofertas de comunicación con fallecidos, la instantaneidad de la fama en la farándula; hay un acercamiento a asuntos secundarios que interesan a Eastwood, pero donde no se detiene, como la alusión a un pasado incestuoso de la joven que conoce Lonegan en las clases de cocina. El filme tiene una excelente fotografía de Tom Stern que evoca un sentido nostálgico a través de los colores, algo que el realizador logra con mucho acierto en sus últimas obras y una partitura musical; ahora con guitarra y piano, casi tan perfecto como el minimalismo musical de ‘El Sustituto’ (con Angelina Jolie), donde él compuso una banda solo con la interpretación en diferentes cadencias de piano.

La cinta pierde fuerzas en el centro y parte del final. El director en los últimos minutos une las tres historias, pero deja de lado, aspectos que pudieran darle a la película el sello inconfundible de los grandes dramas que le han caracterizado. Sin embargo, esto no es motivo para opinar que el resultado carezca de los atributos que Eastwood da a sus trabajos, al menos en la forma.   Más allá de la vida no inserta en su menú visual esas fuertes escenas típicas de este tipo de relatos sobre ciencia ficción con aparecidos y seres que deambulan en un limbo visual, sonoro y de fuerte impacto emotivo; sin embargo, hay un texto muy sugestivo que con los enfoques, el tratamiento, ritmo y gusto de la senectud creativa de Eastwood, satisface al espectador e inserta este nuevo ámbito en el conjunto de su obra cinematográfica.

Este artículo se publicó el 2 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La vida

 

*

La opinión del Sacerdote Jesuita…

Rosendo Torres 

Por más noticias de afuera que nos lleguen, en la conciencia popular del panameño cada día más crece la repulsa y resentimiento por el suceso del Centro de Cumplimiento.

He escuchado poesías, elegías en recuerdo triste de las víctimas juveniles calcinadas el 9 de enero del 2011. Si ya esta fecha del 9 de enero de 1964 era de recordación histórica en donde también fallecieron, en otro contexto, otros jóvenes pero por una causa superior, la cauda nacionalista; estos aunque estaban confinados purgando faltas murieron víctimas de la sevicia policial.   Jóvenes panameños muertos en la misma fecha.

Se percibe un consenso de rechazo por los detalles que rodean el incendio dentro de la celda. No los conocemos todos, pero lo inexcusable han sido las vista que nos ofreció el reportaje televisivo con el sonido de las palabras del agente que concomitantemente con el fuego les deseaba la muerte. “Muéranse”.

Existe el quinto mandamiento, “No matar”. Puesto en positivo, Respetemos la vida. La vida de todo ser humano, sea el que sea, rico o pobre, cristiano o no cristiano, blanco o negro, adulto o joven, nacional o extranjero, inocente o maleante, niño nacido o niño por nacer. Respetemos la vida. Me decía alguien, te has fijado que las dos profesiones opuestas son los médicos y los militares. Unos para producir vida, salvar vidas y los otros, con sus armas, para todo lo contrario.

Hay que reconocer que vivimos la cultura de la muerte. Se ha perdido el respeto a la vida. La violencia callejera , que crea la inseguridad que se vive es prueba de ello, las pandillas de las distintas barriadas cuyo requisito de ingreso es haber matado a alguien. Más aún algunos en el caso del Centro de Cumplimiento creen que algunos guardia son ex miembros de las pandillas que no respetan la vida.  ¿Quién sabe?

Uno de los aspectos entre otros en la discusión sobre la reforma de la Ley de Minería es precisamente la calidad de vida de los moradores indígenas.   No puede estar por encima del aprecio a la vida, el amor al dinero abundante que pueda derivarse de la explotación de las minas.

Todo lo ocurrido nos lleva a pensar en el valor de ese don precioso que nos ha dado el Señor, la vida… En resumidas cuentas, resolver el problema del agua y de la recolección de la basura tiene que hacerse motivados por el aprecio a la vida. Nuestro imperativo debe ser, defender la vida frente a todo lo que sea violencia venga de donde venga. Es compromiso de los discípulos del Reino de Cristo.

*
<>Artículo publicado el 30  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un mensaje para el alma…

La opinión de la Licenciada en Bibliotecología….


DIANET G. DE URRIOLA
dianet1208@yahoo.com

Sólo amando a una persona, seremos capaces de comprenderla, pues el entendimiento y el amor están inter-ligados. Al nutrir nuestra alma, aumentamos nuestra capacidad de amar (esencia del pensamiento de Jacob Needleman, Ph.D).

Generalmente, el hombre suele se prepararse para el nacimiento de un nuevo ser. Igualmente se organiza para su futuro. Pero, me pregunto: ¿Estamos preparados para abandonar este mundo? ¿Hemos meditado alguna vez acerca de lo que dirán de nosotros después de fallecer?   La mayoría de las personas rehuyen pensar y hablar de este tema. Lo evitan como quien huye a la lluvia, a las inyecciones, a intervenciones quirúrgicas… Es como una fobia colectiva.

Sin embargo, la triste realidad es que nuestra vida terrenal tiene límite. Tomando en cuenta esto, es pertinente preguntar: ¿vivimos cada día como alguien trascendente, que deja una huella en las vidas de quienes le rodean?…. Hace unos años fallecieron algunos miembros, pilares de nuestras familias. Recientemente, le dimos el último adiós a mi suegra. Es por ello que deseo compartir con ustedes algunas líneas que escribí en la semana de Adviento; el preámbulo de la llegada del redentor.   Es difícil expresar en palabras lo que sentimos en lo más hondo de nuestros corazones por aquellos quienes siempre se esforzaron por los que más amaron, e invirtieron constantemente en nosotros el fruto de sus horas dedicadas al quehacer laboral. ¡Cómo no darle gracias a Dios por la oportunidad de relacionarnos y compartir vidas de hombres y mujeres que lo dieron todo ¡Quién podría omitir o silenciar su trayectoria de amor y generosidad! Los extrañaremos por siempre bondadosos padres- abuelos y abuela.   Cómo borrar de nuestra memoria todas las enseñanzas que nos impartieron.   Porque, durante su estadía en esta tierra su ejemplo de vida y palabras, dejaron una gran marca en nuestra forma de ver el mundo. Es muy triste despedirlos ¡No es sencillo decirles adiós!.

Estarán presentes por siempre en nuestras vidas. De pronto escucharemos una bella y sublime tonada religiosa musical, la cual llegará a lo más hondo de nuestros corazones y guiará muchas de las decisiones que tomaremos en nuestros caminos. Será el glorioso tango de sus vidas, escrito y dirigido por aquel que no los abandonó hasta el último suspiro: nuestro señor magnifico, Dios.

Por eso, nuestro sentir se resume en la siguiente expresión: DIOS ES AMOR, HOY MAÑANA Y SIEMPRE, como decía la abuela.

La Biblia dice: ‘Dios, enséñanos a pensar y cómo vivir para que nuestra mente se llene de sabiduría’ (Salmo 90:12). Cuando usted toma muy en serio el hecho de ser una persona trascendente, hasta el mínimo acto de su voluntad se verá afectado de manera positiva.   ¡Alerta, vamos!, hoy puede ser el inicio de una vida nueva!

*

<> Este artículo se publicó el 22 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

La esperanza de un mundo mejor

La opinión de la Abogada y Rotaria….


MÓNICA  IVANKOVICH

La vida es un don divino que nos permite pasar por varias etapas; todas ellas llenas de expectativas, temores, deseos, amores, desamores y esperanza de un día mejor. A pesar de los malos momentos que alguna vez nos haya tocado vivir, siempre debemos tener una actitud positiva frente a la vida, que nos permita alcanzar la luz de bienestar y prosperidad que eternamente anhelamos. Somos seres humanos con licencia para equivocarnos, recapacitar, enmendar, perdonar, y muchas acciones más, pero al final nuestra posición frente a las adversidades o bondades que nos ofrezca la vida, serán producto de nuestra propia cosecha, porque lo que bien cosechamos, será la satisfacción del deber cumplido.

Al acercarse un fin de año, debemos reflexionar sobre nuestras acciones, programas, metas e ideas, hayan sido cumplidas o no, a fin de retomar aquellas que consideramos importantes o con real valor para nosotros, y/o iniciar nuevos proyectos que faciliten nuestra estadía natural en la Tierra como personas de bien.

No hay nada más gratificante que practicar cosas buenas cada día, que nos ofrezcan la oportunidad de compartir con otros menos favorecidos o con necesidades más apremiantes que nosotros en estas fechas de fin de año, y olvidarnos por un momento de lo que deseamos entrañablemente y que quizás con un poquito de esfuerzo y tenacidad, conseguimos fácilmente, y mucho mejor, si compartimos esas vivencias con nuestros seres queridos y amigos.

La esperanza se proyecta a largo plazo, como un instrumento indispensable en la mente y en el corazón de cada persona, que alimenta el alma y la vida misma. Ofrezcamos a cada persona a nuestro paso, un rastro de esperanza que les permita seguir el camino por el que deberán recorrer.

A veces confiamos que nuestra esperanza en la vida depende de otras personas, pero en el fondo depende de cada uno de nosotros. Tenemos que levantarnos cada día con ánimo y objetivo específico de realizar una labor u oficio que nos destaque y que nos brinde la oportunidad de servir a los demás.

El servicio al que me refiero, es ese desprendido acto de generosidad y respeto por la Humanidad, que nos diferencia de los otros seres vivos, y que enaltece nuestro perfil con sencillez.

Caminemos hacia adelante con la mirada firme y segura de que un año nuevo nos traerá diversos motivos que nos llenen de riquezas humanas: el amor, la amistad, la fe, la vida y la paz.

Un año nuevo es un cúmulo de emociones, intrigas, deseos, sorpresas, que algunas veces planeamos y otras veces, simplemente lo dejamos correr. No obstante, nuestros pensamientos deben estar siempre dirigidos por la buena voluntad y el bien común para nuestros semejantes. Eso nos permitirá alcanzar la verdadera ‘esperanza de un mundo mejor’.

*

<> Este artículo se publicó el 30  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La seguridad colectiva

La opinión del Comunicador Social…

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Nos toca aprender de conductas pasadas que han garantizado la preservación de la vida. Hay hechos innegables que nos permiten estar aquí hoy como conjunto humano. Primero, los científicos estiman que hace unos 4 o 5 millones de años se dieron las condiciones biológicas necesarias para sostener la vida de los antepasados de lo que se ha convertido en los hombres y las mujeres que hoy habitamos la Tierra. Esos primeros supervivientes, por mucho más de la mitad de ese tiempo, y con recursos primitivos, combatieron todas las amenazas del ambiente terrestre que atentaron contra su existencia.

Segundo, las evidencias históricas demuestran que esos seres aprendieron lo suficiente de las experiencias cotidianas, del ensayo y error, de la metida de pata, para garantizar la transferencia de conocimientos a las generaciones posteriores para sostener la aún frágil existencia humana.

Tercero, en algún momento quedó claro en la evolutiva mente de nuestros antepasados que, ante todo, la seguridad era esencial para poder atacar con decisión las otras empresas que garantizarían su existencia a largo plazo. Su seguridad personal y la colectiva. La de sus descendientes, la de sus familiares cercanos, sus amigos, los miembros de la tribu.

Cuarto, tan solo en los últimos 100 años, la tenacidad investigativa del ser humano y su búsqueda continua por la preservación de la especie; duplicó las expectativas de vida que al inicio del siglo pasado aún estaba entre los 45 a 60 años, dependiendo de la región en la cual se vivía.

Vislumbrado las posibilidades reales de vivir por más de 6 décadas y a la postre hacer contribuciones significativas en las diversas áreas del conocimiento humano, a mediados del siglo pasado, el hombre intensificó su intento por alcanzar nuevos horizontes redoblando considerablemente su esfuerzo por explorar el Universo.

Los anales históricos se han enriquecido en los últimos 50 años. Los avances científicos y tecnológicos han revolucionado disciplinas de estudio y prácticas tan importantes como la Medicina y la Comunicación. Si tiene más de 30 años, deténgase por un momento en este renglón y piense en las agresivas aplicaciones de las ciencias para el bienestar del hombre y la mujer común que se han dado en últimos 20 años. Las posibilidades de salvar y prolongar vidas mediante conceptos científicos modernos: los trasplantes de órganos, por ejemplo. En las comunicaciones: el celular y la Internet están redefiniendo nuestras vidas y nuestro desenvolvimiento diario en sociedad.

Los recientes señalamientos de corrupción en el Ministerio Público, ciertos o no, es un llamado claro a que, en conjunto, depongamos nuestras diferencias y demos una seria mirada a este asunto que, en esencia, nos amenaza a todos.

El problema del narcotráfico, del lavado de dinero, de la delincuencia común que amenaza a diario la estructura social del país, requiere de una visión alejada de la politiquería y que se fundamente en estrategias a nivel nacional e internacional, que definen claramente la conducta que toda la sociedad debe asumir, si en realidad queremos vivir en una comunidad más segura.

Pero en las últimas tres semanas la situación de seguridad nacional ha sido expuesta más por razones que muchos no creerán que amerite sean categorizados como tal. Las intensas lluvias que han afectado al país durante todo el mes de diciembre, dejaron en evidencia que nuestra seguridad está comprometida más de lo que todos pensamos. Inundaciones que han causado muertes y luto en innumerables familias. Poblados enteres quedaron bajo el agua, se perdieron cientos de hectáreas de sembrados. Las vías de acceso y comunicación de pueblos, provincias y ciudades han sido afectadas considerablemente. Y las estructuras que permiten el cruce sobre el Canal de Panamá y que conecta a la ciudad con el resto del país, sufren de daños considerables.

No solo es la delincuencia; la negligencia institucional es un peligro abierto y latente que nadie parece notar. Y si lo notan, prefieren no atender. Todo el proceso de escrutinio, control y fiscalización de la Cosa Pública en lo que se refiere a la construcción de obras e infraestructuras, es, en sí, una amenaza a la seguridad nacional. Cuando un funcionario no procura que los bienes de la nación (carreteras, edificios, equipos, etc.), sean construidos y entregados como debe ser, es un asunto de seguridad nacional.

Nuestro camino de desarrollo está amenazado por un concepto que antepasados menos desarrollados que nosotros entendieron muy bien, la seguridad colectiva, y en cada tranque vehicular, de esos a que nos tendremos que acostumbrar por largo rato, cuando miles de personas están literalmente inmovilizados, una urgencia repentina puede significar la muerte. Si queremos continuar el camino del progreso humano, más nos vale atender lo antes posible esta preocupación general de la sociedad.

 

<> Este artículo se publicó el 27 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Vidas por cruzar

La opinión de…

PACO GÓMEZ NADAL
paco@prensa.com

Evelin Acosta Rengifo murió a las 2:43 a.m. del 24 de diciembre junto a otras 40 personas que habían subido al bus que las debía llevar de Quito a Manta, en Ecuador.

Unas horas después, en Boca de Briceño, en la misma provincia ecuatoriana de Manabí, una abuela sonríe discreta al ver a su familia reunida, preparando la comida que compartirán para celebrar la vida o lo que resta hasta la muerte (que no siempre es lo mismo).

Ese mismo día, unas 300 personas se aprestaban a pasar la Nochebuena en el impersonal aeropuerto Charles de Gaulle de París, atrapados por la nieve y el caos.

Ninguno de ellos sabía que mientras buscaban un emparedado cuasiplástico para pasar la noche, en otra esquina del planeta un hombre que responde al nombre de Giuseppe Bonissi, renunciaba a un cargo que nunca fue suyo como procurador.

En Costa de Marfil, las familias de 173 personas lloran en silencio lo que allá no puede ser público: el asesinato de sus seres queridos en los días previos al 24 de diciembre en medio del caos postelectoral debido a la negativa de Laurent Gbagbo a dejar el poder.

Los corazones se rompen la noche del 24 de diciembre, según la Universidad de Duke, Estados Unidos, que ha hecho un estudio para demostrar que esta es la fecha del año en que se producen más fallos cardiacos.

Las vidas paralelas son la norma y las vidas cruzadas, obsesión. No sabemos, no imaginamos, casi nunca pensamos para no caer al abismo, que junto a nosotros, en la casa cercana o en el país remoto, acontecen otras vidas, complejas, hermosas, necesarias todas, prescindibles todas también.

Los puntos de cruce no son siempre azarosos.  Las vidas se encuentran porque provocamos la yunta. Leo que un experto sociólogo anuncia que mientras en la era del teléfono una persona se relaciona con otras 125 en un mismo momento de su vida, en estos tiempos de redes sociales, internet y paranoia velocípeda llegaremos a una media de 500 relaciones a la vez.   Pero… ¿haremos que nuestras vidas se crucen de verdad?, ¿nos dolerá lo que le duele al otro?,   ¿sonreiremos con el otro?,   ¿nos atreveremos a intervenir,   a cruzar la frontera de la persona, para influir en la vida ajena?

En estos tiempos de individualismo extremo, la vida ajena es una paralela que se va convirtiendo en vida ausente conforme se aleja del punto de fuga que es el interés egoísta.   Este siglo de la movilidad (claro, sólo para una élite) nos permite estar en muchos sitios y conocer a mucha gente. La pregunta que hoy me hago es si nos cruzamos realmente con esas personas, si dejamos que nos permee su realidad.   No creo. Tengo la sensación de que, cada vez más, las historias de los otros son parte del noticiero, del mortecino archivo de la realidad.

Reconectarnos, ponerle cara a las noticias, ponerle alma a la vida debería ser tarea urgente si queremos que vivir en sociedad sea algo amable que nos genere seguridad. Para eso, suena como imperativo retomar la confianza en los otros. Si no confío en que mis vecinos también están pensando en mi bien, por qué voy a poner yo más carne, más esfuerzo, en cultivar esas relaciones.

Entrelazar las vidas es, básicamente, restablecer los lazos de confianza que este mundo de urbanizaciones atrincheradas, rejas en las ventanas y sospecha permanente. Si ya no podemos confiar en nuestros políticos (mentirosos profesionales), confiemos en las gentes normales, como nosotros. Tratemos de sentir un poco de dolor al leer de la muerte de Evelin o al imaginar el cruel asesinato de los marfileños, imaginemos cómo echar una mano al vecino que ya está mayor y tiene problemas para abandonar su casa o, simplemente, hagamos la vida más amable a todos los que se cruzan con nosotros.

Les aseguro que este texto no tiene nada que ver con el espíritu de la Navidad, una comercializada celebración que ya pocos dotan de sentido. Las palabras vertidas tiene más que ver con las ventanas abiertas los últimos días, con la estúpida manía de imaginar la vida del otro y realizar que, detrás de máscaras y cortinas, se esconde una humanidad como la nuestra.

*

<> Este artículo se publicó el 28 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El sabor de la vida

*

La opinión del Periodista…

Aquilino Ortega Luna 

Te has puesto a contemplar alguna vez las cosas pequeñas e insignificantes de la vida. Has observado detenidamente correr un riachuelo o volar a un pequeño pájaro en medio de la frondosa selva.

Has visto las incontables estrellas en una brillante noche de luna o las flores adornar los campos con sus múltiples colores en un cálido día de sol, estoy seguro que sí.

Empero, a pesar de haber disfrutado de ese hermoso espectáculo que te ha regalado Dios, tal vez nunca te has puesto a meditar sobre lo bueno que es estar sano y sobre lo maravillosa que es la vida.

No dejes que se pierda el sabor de la vida, vive al máximo, como si hoy fuera tú último día sobre la tierra. Comparte del amor de Dios, que con ello puedes regalarle eternidad a la gente.

Disfruta del sabor de la vida, de la vida en abundancia que Dios te da, aunque en tu mesa no estén los mejores manjares, sobre tu clóset no reposen los mejores vestidos y aunque tú casa no sea un castillo.

La vida es maravillosa y tú eres un ser privilegiado, puedes ver, oír, cantar, saltar y soñar, cuando hay tantos que se debaten entre la vida y muerte en la cama de un hospital.

Dios, te ama incondicionalmente, él no pone ninguna condición para amarte. No importa lo que hayas sido o seas en el presente. Tus fracasos, problemas o defectos son una oportunidad para que experimentes el siempre fiel amor de Dios.

Vive y disfruta de la vida, no importa de donde soplen los vientos, si hay tempestad o calma, porque Dios siempre te ama. “Los montes correrán y las colinas se moverán, pero mi amor por ti no se apartará” (Isaías 54:10).

Disfruta del sabor de la vida, porque Dios te ama con tus cualidades y defectos, con tus pecados y esfuerzos, seas rico o seas pobre. No necesitas ponerte máscara delante de Él.

Vive la vida a plenitud, porque Dios te ama. Mira los pájaros del cielo, ellos no siembran ni cosechan y Dios les da cada día su alimento. Mira los lirios del campo, ellos ni hilan ni tejen, y Dios los viste con belleza inigualable. Cuanto más a nosotros que somos sus hijos. En el 2011, confía en el plan de Dios más que en el tuyo.

*
<>Artículo publicado el  28 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Therapeia del 26 de diciembre de 2010

La opinión de la estudiante…


SHARON TORRIJOS
sts2309@gmail.com
Nacemos, crecemos y morimos porque sí. Porque el mundo se reinventa cada cierto tiempo; porque nada es eterno. ¿Cómo sería nuestra existencia si viviésemos para siempre? Aburrida, estéril, monótona. Algo así como el tedioso caminar de quien no tiene interés en llegar.   La vida es así; una mezcolanza de colores, emociones y situaciones que determinan nuestra percepción de la vida, nos forman y reforman, alterándonos a cada instante.

Sobrevivir y vivir no son lo mismo. Una es la versión ridículamente diluida de la otra. Para sobrevivir sólo se necesita lo básico, pero para vivir se necesita todo. ¿De qué sirve existir cuando no se siente?   De nada sirve, pues es inexistente, igual que sin movimiento todo es estático. Pasión, es eso lo que se necesita. Vivir por las ansias de experimentar aquello que inyecta adrenalina en nuestra sangre. Disfrutar.

Amar sin ambición ni interés. Entregarlo todo por los momentos preciosos donde el mundo parece girar en armonía. Reír hasta que los pulmones ardan por la falta de aire. Porque sino amamos no disfrutamos, no lloramos ni reímos, en fin: no sentimos. Sino sentimos olvidamos los colores y los diversos tonos, aquellos que hacen que la vida sea intensa. Amar a todo y todos, sin temor y libremente, pues los momentos compartidos en amor son momentos gloriosos.

Cuando el sol se pone en nuestras vida y vamos a dormir para siempre es eso lo que cuenta, cuánta gente amamos y cuánta gente nos amó. Cuánta gente hicimos felices y a cuánta maltratamos, si nuestras acciones fueron positivas o no. Compartir, eso es lo que importa. Ser capaces de hacer felices a los demás. El egoísmo es cínico y solitario, nos aparta del mundo y nos amarga por dentro. Por eso debemos compartir, para disfrutar con alguien los momentos que permanecerán en la memoria.

En estas fechas eso es lo que importa. No se trata de los regalos ni las fiestas o las decoraciones sino de la vida y como la vivimos. Tenemos que dejar atrás la comercialización de emociones y el odioso capitalismo que llena de materialismo nuestra vida y ver más allá. Vale la pena vivir una vida libre de los yugos que la sociedad actual impone, apartarse un momento y considerar como hemos procedido hasta ahora. En una época donde se celebran los milagros, la gratitud llena el aire y la paz alimenta nuestras almas, es momento de disfrutar de la unión en familia.

*

<> Artículo publicado el 26  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Therapeia del 19 de diciembre de 2010

La opinión de la estudiante graduanda….

SHARON TORRIJOS 
sts2309@gmail.com

Diciembre no es solo el mes en el que se celebra Navidad, Hanukkah y la llegada del Año Nuevo; también es el mes en que las escuelas panameñas se preparan para graduar a una promoción que, tras 13 años de educación formal, se enfrenta a una serie de decisiones que definirán su vida.

Dónde y qué estudiar son las clásicas dudas. Pero hay quienes también consideran ingresar a la milicia o entrar a un seminario religiosos y otros simplemente no estudian y se unen a la fuerza laboral.

El miedo al futuro, nostalgia por lo que dejamos atrás y emoción por lo que vendrá, nos deja en un estado incongruente y a veces de insatisfacción al no saber bien qué sentir.

La semana pasada fui a dos graduaciones: la de dos grupos de amigos con los que estudié. Durante ambas ceremonias me puse sentimental al borde de llorar y probablemente lo único que evitó que lo hiciera fue el mi incapacidad para llorar en público. Mientras los veía caminando a recibir el diploma algo hizo clic en mí: ya todo terminaba. Nada de ser ‘colegiales’ sino universitarios. Sentí orgullo por ellos, celos de verlos graduarse antes que yo y un profundo cariño.

Nunca más seremos los niños inmaduros que iban a la escuela por obligación, ahora estudiaremos para tener un lugar en el mundo. Al haber estado en tres escuelas complemente diferentes —una anglicana, una judía y esta última bautista americana— he tenido la posibilidad de ver las diferentes formas de proceder a la hora de elegir.

Hay amigos que por ley deben ir al ejército de su respectivos países y otros que por lealtad a su fe y cultura voluntariamente se enrolan. También tengo amigos que en honor a Dios decidieron estudiar teología en un instituto bíblico o decidieron convertirse en misioneros e ir por el mundo compartiendo el evangelio.

Amigos que decidieron quedarse en Panamá y otros que decidieron irse a EE.UU., a la Unión Europea, Sudamérica y hasta destinos exóticos como Egipto.

Puedo asegurar una cosa: sin importar cual es nuestro origen todos nos enfrentamos al miedo de tomar una decisión que nos destruya. Ya sea que tengamos el futuro asegurado por conexiones familiares o por la bendición de tener la mente clara en nuestro propósito en la vida o por el contrario, no tener ni pizca de idea de lo que será de nosotros, el futuro está allí, a la vuelta de la esquina esperándonos.

Como dicen, valiente no es el que no tiene miedo sino el que lo tiene y actúa.

Piensa. Razona. Analiza. Investiga.

*

<> Artículo publicado el 19 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Navidad: ¿celebración cristiana, fiesta pagana o atraco comercial?

La opinión de…

 

J. Enrique Cáceres-Arrieta

Cada año el mundo occidental celebra Navidad o el nacimiento del niño Jesús, según el cristianismo neotestamentario, el Hijo de Dios.

¿Nació Jesús un 25 de diciembre?   No. Nació en el mes de Etanim o Tishri. Entre septiembre y octubre del siglo I de nuestra era.   Lo extraordinario no es en qué mes nació el Señor, sino que nació y hay ¡39! fuentes extrabíblicas que lo reafirman. (También existen innumerables e irrefutables evidencias de la confiabilidad de los 66 libros canónicos de la Biblia)    Esto es, no solo los testigos oculares y los que consultaron fuentes de primera mano (testigos presenciales) para escribir el Nuevo Testamento lo registran, sino que también ¡39! fuentes seculares confirman la historicidad del Señor Jesucristo. Hoy, ningún historiador serio niega tal hecho histórico.

¿Se originó la Navidad en fiestas paganas? Mucho indica que sí. Sin embargo, la valía de la Navidad está en que el niño Dios nazca, desarrolle y crezca en mí y el prójimo lo vea a él en mi estilo de vida y palabras.    Sin eso, ¿qué cristiano soy y qué Navidad celebro?    No veo inconveniente en un arbolito, pesebre, villancicos. Observo con preocupación a Papá Noel por usurpar el lugar del hijo de Dios. Y percibo falsedad y materialismo en celebrar el cumpleaños del Señor Jesús olvidándose del cumpleañero y siguiéndoles el juego a los comerciantes ansiosos por estafar.

Dado que el nacimiento de un Niño es razón esencial de la Navidad, ¿es veraz la narración del nacimiento virginal de ese Niño? ¿Hablamos de un mito registrado en otras religiones o de un hecho histórico que está más allá de mente y laboratorio naturalistas? C. S. Lewis sostiene: “Si él [el crítico] me dice que algo en el Evangelio es leyenda o romance, quiero saber cuántas leyendas y romances ha leído, cuán bien está su paladar entrenado en detectarlos por su labor; no cuántos años se ha pasado en el Evangelio”. Añade: “He estado dedicado a leer poemas, romances, literatura visionaria, leyendas y mitos toda mi vida. Sé cómo son. Sé que ninguna de ellas [narraciones evangélicas] es así”.

Sin pasar por alto que cada rama de la ciencia tiene su campo de estudio y límites en el vasto conocimiento humano para su comprensión y así evitar sesgos y disparates, es interesante notar que la teoría de la relatividad de Einstein no descarta los milagros, sino que el universo está abierto a todas las posibilidades.   Ya no hay absolutos y todo intento por establecer una ley universal de causalidad (causa y efecto) está condenado al fracaso. Además, hasta ahora, los descubrimientos de la física cuántica no obstaculizan en absoluto la fe trascendente, sino que está abierta a posibilidades metafísicas.   Dios y los milagros son posibles en un sistema abierto.   Expresar lo contrario es filosófica y científicamente irresponsable.

Humanamente es improbable que una mujer conciba sin la intervención del espermatozoide del varón. Pero… ¿quién dijo que Dios es humano?   Es sobrehumano. Vive en lo sobrenatural, mas interviene en lo natural y hace milagros (hechos sobrenaturales), porque tiene tal facultad y sus leyes son superiores a las naturales. Un milagro está sobre leyes naturales. Si no lo creo, es mi problema y decisión.

Pero ello no invalida que Dios hace milagros, interviene en la vida de las personas y si tiene que pasar por encima de leyes humanas y naturales, lo hace por tener leyes superiores. Si Dios no pudiese moverse por arriba de las leyes que utilizó para crear el universo y la vida, ¿qué clase de dios sería? No fuese Dios sino –como creen algunos– “invención”, “espejismo”, “ilusión” o “producto de neurosis humanas”.   Si no trascendiéramos leyes naturales, no podríamos volar en avión, cohete y transbordador ni combatido enfermedades. Si el humano ha conseguido trascender leyes naturales, ¿qué hay de raro que el sobrehumano Dios traspase límites naturales o humanos para auxiliarnos porque nos ama?

Ante el interrogante cómo quedar embarazada si “aún no conozco varón”, Gabriel responde a María:   “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual el santo ser [engendrado] será llamado Hijo de Dios”. (San Lucas 1:35)

María sabía que la “Shekiná” del Altísimo se había manifestado como nube al posarse sobre el Tabernáculo, el Templo y los servidores de Dios. Cada vez que Dios se presentaba había manifestación ilimitada de su poder. Hoy sabemos que dicho poder provocó el Big Bang, que confirma que alguien activó el gatillo que dio origen al cosmos. Desde entonces, tal energía sustenta al universo y la vida. (Hebreos 1:3) Ahora, ese ser de infinito poder descendería sobre María para engendrar en ella un niño que era y es el Hijo de Dios y puede salvarnos y liberarnos de nuestra naturaleza pecaminosa.

La conclusión lógico-filosófica debe ser: si ese ser con poder omnipotente e inmensurable fue capaz de crear el cosmos y la vida, teniendo leyes superiores a las de la naturaleza, ¿le sería imposible engendrar a su hijo en el vientre de una virgen sin los elementos naturales esperma y óvulo? ¡En ninguna manera!   La imposibilidad no está en el Supremo sino en la incapacidad de la finita mente humana para captar los actos del omnipotente.

Los límites no los tiene Dios. Están en las ciencias naturales que no han podido ni podrán crear vida humana genuina sin el espermatozoide y el óvulo. Sospechoso es que se considere normal y científico que el humano descubra leyes que trascienden leyes naturales. Pero se rechace que Dios tenga leyes superiores a las naturales. “Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”, escribió Einstein.

Los avances naturalistas sobre creación de vida en laboratorio parten todos de vida preexistente porque la vida, el nacimiento virginal del niño Jesús y la celebración auténtica de la Navidad tienen un autor: el Dios de la Biblia.

¡Feliz Navidad y próspero año 2011!

<> Este artículo se publicó el 23 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Triunfo de la vida: el amor

La opinión del Médico y miembro del Club Rotario….

CARLOS   VÁSQUEZ

Qué interesante es la vida. Llegamos sin pedirlo. Encontramos una realidad que no siempre es de nuestro agrado ni es fácil de llevar: nacemos en un país, con una cultura, en una familia con sus propias características, recibimos una identidad con un proyecto de vida, que a veces nos resulta confuso y odioso.

La globalización nos muestra a los millonarios, modelos, atletas, como personas de éxito, con aparente estado de felicidad envidiable para cualquiera: pero ¿son realmente felices? No, porque muchas veces los vemos hundidos en la droga, actuar con violencia, hoscos en sus comportamientos. Si han triunfado en la vida, ¿por qué solo sonríen cuando son vistos? Ellos han triunfado, tienen fama, poder, dinero… pero su vistosidad esconde una vida vacía, llena de aburrimiento.

No busquemos cinco patas al gato. Caminos en la vida hay muchos, pero solo uno nos hace feliz: amar, un amor que se fundamenta en luchar para hacer que el hermano triunfe y también ganaré yo.

Nuestra sociedad necesita recuperar la fe en el amor. Dejar de promover las uniones pasajeras, los divorcios, el juegavivo, el desparpajo sexual, el desamor para tratar a los hijos, vender al placer como meta en la existencia y mostrar que la violencia es la forma de imponerse a los demás. Es una desgracia que estemos formando hombres y mujeres que no creen que el amor existe.

En la vida se triunfa cuando se ama. La tristeza que hay en el mundo es porque no hay amor. No se necesitan actos heroicos de amor, solo hacerlos de lo cotidiano; ser concretos al amar. Por ejemplo, cederle el asiento en el bus a alguien mayor o más cansado que yo, sonreír al dar los buenos días en la oficina, escuchar con atención a quien cuenta sus problemas, invitar con un ‘raspa’o’ a quien tiene calor, o regalar con agrado el propio tiempo a los demás. Esto no es complicado, y está al alcance de todos.

Los medios nos presentan una verdad a medias, nos hablan de las desgracias, la maldad, pero hay otra realidad: existe amor en el mundo, existen matrimonios enamorados después de 60 años, hombres que apoyan a su esposa a encontrar un buen trabajo profesional, mujeres que alaban a su esposo cuando educa a sus hijos, e hijos que se levantan más temprano para que sus padres encuentren preparado el desayuno.

Amar puede ser que no resulte rentable económicamente, que produce desgaste emocional, que complica la vida y nos quita tiempo, pero da paz de conciencia, da felicidad, y vivir en un estado habitual de optimismo dibuja en nuestros labios una sonrisa sincera que ilumina la mirada.

Un viejo adagio hindú dice: ‘Todo lo que no se da, se pierde’.

 

*

<> Este artículo se publicó el 17 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Cuánto vale la vida?

*

La opinión de la Abogada…

Sharon Alemán 

En el transcurso del tiempo, a través de los medios de comunicación, somos testigos de eventos trágicos que nos llaman la atención y deben despertar nuestra consciencia. Por un lado, catástrofes naturales, como: terremotos, maremotos, inundaciones, entre otros desastres; cuyas secuelas generan un gran número de pérdidas humanas; y, pueden ocasionar que víctimas sobrevivientes mueran de enfermedades y/o de hambre.

Por otra parte, las guerras y el terrorismo; y, no menos relevantes, la violencia provocada por la delincuencia común y la que emerge en el seno de las familias, las que, lamentablemente, están en aumento en el mundo y que, en particular, en nuestra sociedad se perciben cada vez más crecientes y cercanas.

En un contexto diferente, vemos casos como el envenenamiento ocurrido en nuestro país, que ocasionó varias víctimas fatales y otras que aún mantienen secuelas; y, algunos llamados públicos (en medios de comunicación, uso de alcancías en las calles y establecimientos comerciales; entre otros) de personas que tienen un hijo o familiar que padece una enfermedad cuya gravedad le pone en riesgo la vida y los tratamientos necesarios tienen costos tan elevados que no pueden sufragarlos, porque no poseen recursos propios suficientes, o no cuentan con un seguro médico (social y/o privado); o debido a que cuentan con un seguro, pero no les ampara en su totalidad contra el siniestro que padecen. Los comentados eventos nos confirman la convicción de que, sin distinción de raza, género, credo, condición social o ideológica, todos estamos expuestos a la furia de la naturaleza, a la poca estima que tienen algunos sobre la vida e integridad de otros, así como a cualquiera de las enfermedades implacables, que pueden enfrentarnos a la más grande de las batallas.

Debemos actuar y ser solidarios, ante desastres naturales y la existencia de víctimas que precisan de nuestra ayuda, no dejar para después, por encontrarnos envueltos en la rutina y tener todo cuanto precisamos, esa ayuda indispensable que puede satisfacer las necesidades inmediatas de otros que sufren la pérdida de todo.

Frente a la creciente violencia que azota nuestra sociedad y la difícil situación de padres y madres que deben agotar medidas desesperadas para salvar la vida de sus seres queridos o que han perdido familiares porque no lograron la ayuda necesaria; resalta: “la vida es un derecho humano fundamental” y no debe estar a merced de la voluntad de otros.

La Constitución Política de la República de Panamá establece la obligación del Estado y de las autoridades de proteger, velar y asegurar la vida, así como la salud, respectivamente; por lo que, es apremiante que se evalúe con la debida atención la normativa y las acciones existentes y, por otro lado, las alternativas aplicables; e implanten, sin demora, mecanismos efectivos que aseguren y protejan, en su justa dimensión, a todos los niveles, la vida y la integridad así como la salud (atención y cuidados médicos idóneos, suficientes y oportunos).

¡La vida es invaluable!, cualquier esfuerzo es poco para asegurarla y mantenerla con la mejor calidad posible. Todos debemos estar atentos, cuidarnos y unir fuerzas, ya que algún familiar, amigo, conocido y/o cualquiera de nosotros podría necesitar esa acción que para otros hizo la diferencia entre la vida y la muerte.

*Dedicado a Viktor y Enrique.

*
<>Artículo publicado el  8  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora.   todo el crédito que les corresponde.