Guerra es guerra

La opinión de…

Juan Courville Platañiotys 

Cuando miramos las viejas ciudades observamos que todas las calles tienen grandes aceras, no los trillos o caminitos de arrieras que construimos aquí. También se preocupan de mantener los nombres de las calles y además las mantienen limpias y pintadas. Hay grandes y pequeñas plazas, árboles y bancas para que sus ciudadanos y visitantes puedan caminar y recrearse en un ambiente amigable.

Aquí en nuestro país, en la ciudad capital, Colón, David y pueblos como Guararé, Las Tablas etc., no se le ocurra salir a caminar en pareja o llevar en una silla de rueda a una persona mayor o a un hijo o nieto en coche; no lo haga porque puede ser atropellado o caer en una grieta de la cual no saldrá jamás.

No ha habido ningún alcalde con la suficiente inteligencia para crear un programa tan fácil como es el ordenamiento de aceras y colocación de nombres a las calles. Hay decretos municipales que nadie cumple, incluyendo el de las rampas para impedidos.

La semana pasada me encontré con que en Las Tablas hay aceras que tienen escalinatas, otras que son portales de casas. ¿Hasta cuándo, señores? Cualquier alcalde que se quiera reelegir debería empezar con las aceras y las áreas verdes, porque es algo que el pueblo puede palpar y de lo cual se acordaría en la siguiente elección.

Al pasar por Pedasí, en la provincia de Los Santos, después de años de no visitarla, observé algo muy positivo que hicieron las autoridades y la comunidad: descubrí que todas las calles tienen nombre.   No sé si es por la presión del turismo o qué, pero me pareció que todos los pueblos deberían de imitarlos.

Todos los alcaldes de los demás distritos de la República deberían montarse en un autobús que los lleve a Pedasí, tomar fotos y empezar a hacer los cambios y mejoras en sus pueblos. Posiblemente sean reelegidos, de lo contrario no creo que vuelvan a sentarse en sus puestos. Si queremos que llegue el turista, local y extranjero, hagamos las cosas bien, mejoremos lo que tenemos.

Estos pequeños cambios mejoran las economías de los pueblos, dan empleo a sus ciudadanos, evitan la migración de la juventud a las grandes ciudades y contribuyen a disminuir los índices de criminalidad en la juventud.

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Este artículo se publicó el 9 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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