¿Por qué nos sorprendemos?

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La opinión de….

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Jorge Luis Roquebert

Uno de los principios fundamentales del sistema democrático, para ser comprendido y valorado tanto por gobernantes y gobernados, es la libertad de expresión.

Cabe preguntarse cuánto de esto es valorado por la actual administración, cuando propuso como candidato a ocupar el principal sitio de administración de justicia a una persona que tiene dentro de su hoja de vida el haber sido el censor de prensa en el tiempo de la dictadura y haber sido separado por un fallo del año 2000 de su puesto de director de la Policía Técnica Judicial por faltas a la “ética judicial”.

Si bien se siguió el procedimiento de la administración anterior en que la sociedad civil presentaba una lista con los mejores candidatos para elegir a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, la misma fue primero aceptada, luego fue aplazada y finalmente rechazada, lo cual trajo la desaprobación de la sociedad civil.

Como respuesta a esta desaprobación, los gobernantes pudieron en un principio defenderse con el argumento de que los ciudadanos sólo sabían quejarse de cualquier acción que ellos hicieran, pero esta decisión también fue cuestionada por una destacada persona nombrada dentro del gobierno quien mostró su rechazo personal porque el candidato es una de las personas que en la dictadura cerró la emisora de su familia por oponerse al régimen.

En resumen, no sólo la sociedad civil se opuso.

Volviendo al tema de la libertad de expresión, cabe preguntarse si los actos cometidos por la actual administración deben ser causa de sorpresa. El presidente gobierna como una persona segura por el alto porcentaje de votos recibido en las elecciones de hace sólo siete meses. Sin embargo, ¿cuánto de lo prometido en campaña se cumple? Entonces prometió nombrar a los mejores para acabar con la corrupción, pero esto ahora queda en duda con su selección de este candidato a la Corte.

La libertad de expresión no sólo puede ser censurada, sino también controlada.   Antes de las elecciones, solo un artículo salió el 17 de febrero de 2009 titulado: “Fragilidad de una promesa”, que hablaba de cómo el entonces ministro del Canal quitaba a los titulares y nombraba a las personas afines a él en puestos antes inexistentes. Después no se le dio más seguimiento y el público elector no pudo saber más de la personalidad de quien sin duda fue elegido por una mayoría abrumadora, pero queda entonces la interrogante de cuánto se debió a la manipulación de información por un grupo movido por sus propios intereses.

Es importante el papel jugado por la media para formar una cultura política en nuestro país, capaz de cuestionar y exigir el respeto por nuestros derechos y de capacitarnos en el cumplimiento de nuestros deberes.

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Publicado en 29  de diciembre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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Desarrollo de cultura política, una necesidad en un sistema democrático

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La opinión de….
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Jorge Luis Roquebert León

Al revisar el desarrollo de los sistemas políticos, se estudia cómo un rey con todos los poderes de mando equivalentes al Estado es luego limitado por una corte que buscaba mayor equidad entre ellos.

En el siglo XVIII es cuando se desarrolla mejor la idea que los poderes del Estado deben estar separados en el poder ejecutivo, legislativo y judicial, ya que es peligroso que una persona los controle a todos porque puede convertirse en un régimen autocrático.

La idea de separación de poderes se relaciona con la cultura política, la manera de cómo se ve al Estado, ya que es más fácil guardar fidelidad a una persona –rey, presidente, dictador – que a un Estado representado por todos.

Si bien una mejor educación nos prepara para una mejor comprensión de esa nueva cultura, no significa que ésta se obtendrá por haber estudiado. A su vez, puede haber personas que aún hoy sabiendo los logros conseguidos con el sistema democrático, todavía parecen acoplarse mejor a los sistemas antes existentes porque crean que son más fáciles o económicos para gobernar.

El actual nombramiento de los magistrados para la Corte Suprema de Justicia debe hacernos reflexionar como país – gobernantes y gobernados – en cual nivel estamos.   En nuestra nación se critica que el órgano judicial no tiene la independencia necesaria y más que servir al bien de la sociedad, responde a los intereses del grupo que lo nombró.

La preparación de una lista de candidatos por la sociedad civil y su presentación al presidente para la selección de los candidatos no es un requisito constitucional, pero fue elogiada como un progreso, el cual en un principio la actual administración decidió continuar.

Sin embargo, estos elogios terminaron mal cuando el presidente anunció que no se dejaría “embaucar por una lista” y postuló para la aprobación de la Asamblea a unos candidatos, de los cuales uno a magistrado y otra a suplente tienen una trayectoria altamente cuestionable.

Que el presidente desee nombrar personas afines a él puede ser comprensible, pero no lo es que para dominar otro órgano independiente del Estado nombre a personas que proyectan una personalidad que se sirve del sistema.

Aunque la Asamblea Legislativa no ratificó a la candidata a suplente, igualmente es cuestionable cuanta disposición tenga este órgano de hacer justicia cuando su presidente anunció el domingo que se podrían hacer objeciones el lunes y el martes, pero el 27 de diciembre los candidatos serían aprobados. ¿De qué se trata entonces?

Para la marcha adecuada de nuestra nación en democracia es necesaria una mejor cultura política que haga énfasis en la participación activa de los ciudadanos, sobretodo en temas como la justicia y sus administradores.

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Publicado en 26  de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.