Declaración de Panamá

La opinión del Periodista…

DEMETRIO   OLACIREGUI Q.
d_olaciregui@hotmail.com

El PRD superó la cadena de obstáculos plantados por el gobierno de Ricardo Martinelli para impedir la reunión de su Directorio Nacional y la realización de su Congreso Extraordinario.   A las maniobras para que no contara con un local para realizar el encuentro, se sumó el trabajo abierto y encubierto de por lo menos dos de los llamados presidenciables vinculados a Martinelli. Fue evidente además la brutal campaña en los medios de comunicación que trataron de sembrar la versión de que lo menos que se produciría sería el hundimiento del Titanic.

Todo ese trabajo tenebroso acompañado de chantajes, intimidación y el terror propios del proceder de Martinelli fue derrotado por el Directorio Nacional y el Congreso Extraordinario del PRD. La dirección del PRD demostró que no tiene cartas escondidas, que cree en un Partido unido, combativo y fortalecido. Ya son historia las aspiraciones de Martinelli por destruir al PRD. En el camino quedaron enterrados sus caballos de Troya.

El Partido cuenta con nuevos estatutos y una hoja de ruta para los próximos 18 meses, en la que están representados sus 500 mil miembros. Ese ejemplo de democracia interna incluye las primarias presidenciales en febrero del 2012 y la elección de una nueva dirección seis meses después.   Identificar a ese candidato presidencial es estratégico.

El Directorio Nacional y el Congreso Extraordinario del PRD denunciaron el autoritarismo sin límites y el régimen de arbitrariedades que está generando en el país un microclima enfermizo que atiza venganzas y ajuste de cuentas como si Panamá estuviera en deuda con Martinelli. Es Martinelli quien está cada vez más en deuda con este país. Quiere convertir a Panamá en un país de piratas en el que se acaparan tesoros, dólares, minas de oro y cobre, tierras del Estado y negociados.

Ante ese escenario el PRD busca conformar un Frente Amplio de Oposición Nacional contra toda forma de lavado de dinero y narcotráfico. Se propone sumar con flexibilidad, madurez y responsabilidad las reservas de ética, moral y de decencia capaces de refundar un país plural e incluyente sin amos ni tiranos.

Ante la determinación de Martinelli por hacer cambios constitucionales y electorales para reelegirse, el PRD plantea una constituyente originaria con plenos poderes para poner fin al presidencialismo autoritario, frenar el clientelismo, construir el poder ciudadano y una democracia participativa.

El PRD rechazó la reforma al Código Minero como antinacional y entreguista, porque favorece los negocios de Martinelli y a empresas y Estados extranjeros. Un comunicado oficial del gobierno de Seúl reveló que Martinelli telefoneó al presidente Lee Myung—bak para informarle que había sancionado la reforma a la ley minera y que el líder coreano expresó su satisfacción por la rapidez con que actuó el gobierno panameño.   Se allanó el camino para que el Estado coreano obtenga concesiones mineras como la de Cerro Colorado, lo que anticipa prolongados enfrentamientos con las comunidades indígenas, grupos ambientalistas, sindicales y la sociedad civil.

Ante ese hecho cumplido el PRD propuso que la explotación minera sea sometida a un referéndum nacional que apruebe o rechace la legislación.

Un próximo gobierno del PRD derogará todas las leyes, decretos y resoluciones que hayan atentado contra las instituciones democráticas, contra los derechos humanos, contra la estabilidad en los servidores públicos, contra la seguridad jurídica de los inversionistas, contra la libertad de expresión y todo lo que signifique retrocesos en la búsqueda de una sociedad digna y justa.

Panamá no puede quedar reducido a un país de mafias y penetrado por el crimen organizado en el que Martinelli y su grupo de poder manifiestan una voraz rapiña por los recursos del Estado y la riqueza nacional. El PRD advirtió que todo lo actuado por Martinelli será revisado minuciosamente para que pague por sus desmanes contra el Tesoro Nacional. De las fortunas mal habidas saldrán los fondos para enfrentar las indemnizaciones, los subsidios y los programas para erradicar la pobreza. Así se recuperará el país para los pobres, los indígenas, los obreros, los empresarios, los agricultores y los profesionales.

El PRD salió fortalecido de su ejercicio de democracia interna. Tiene ahora más certezas y renovadas esperanzas, porque la cordura retorne al país. Comenzó su tarea de restaurar la moral, la ética, el Estado de Derecho, la justicia y la democracia que este gobierno ha destrozado. El PRD se propone transformar los métodos y la forma de gobernar para enrumbar al país e impedir que siga desfigurándose.

Hay que tener en cuenta que todo este proceso ha despertado también nuevas apetencias y nuevos peligros dentro del PRD. Esos aspectos serán objeto de un próximo artículo.

Este artículo se publicó el 17 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La batalla del PRD

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

DEMETRIO OLACIREGUI Q.
d_olaciregui@hotmail.com

El camino arduo, complejo y sembrado de obstáculos transitado por la dirección del PRD ha logrado superar gran parte de los daños de la derrota electoral y ha tratado de unificar una conducta estratégica. En esa ruta ha identificado y desenmascarado los caballos de Troya martinellistas y desplegado esfuerzos para impedir que el Partido se convierta en una sucursal del poder del dinero.

En esa batalla por asumir la vanguardia y no dejar la coyuntura en manos del presidente Ricardo Martinelli, la dirección del Partido se han revestido de mayor autoridad. Han hecho respetar la institucionalidad democrática interna, pues la organización política no puede acomodarse a las pretensiones de aspirantes a candidaturas.

Eso le ha permitido al PRD conectarse con la sociedad y convertirse en un factor político capaz de volver a ofrecerle a la Nación un proyecto de poder democrático en consonancia con el momento histórico por el que atraviesa el país. El PRD tiene propuestas y está demostrando que puede ser y hacer gobierno. Es una alternativa sólida y la mayor fuerza para frenar el proyecto de Martinelli de prolongarse en el poder.

En el orden social el gobierno de Martinelli ha desechado la práctica de encarar los problemas con un mínimo de consenso. Hay demandas sociales insatisfechas que no pueden enfrentarse solo con la represión. Desde el gobierno se provoca la conmoción social y se coloca al país en forma irresponsable en un desfiladero de desintegración.

La batalla del PRD es por evitar que desde el gobierno se logre embalsamar la pobreza a perpetuidad, convertir a los ciudadanos en mendigos del favor público para arrodillarlos cual serviles en un ambiente en que se trafica con la pobreza, la discriminación, la marginalidad y la indefensión. La lucha es por impedir que el poder del dinero envilezca a los ciudadanos y compre su silencio, sus complicidades y sus votos.

La batalla en el campo moral está íntimamente asociada con lo social. Desde sus primeros días el gobierno de Martinelli se ha caracterizado por una voracidad para apropiarse del patrimonio que pertenece a toda la Nación. De la mano de Martinelli, que solo conoce comprar para ganar y vender para estafar, ha surgido lo peor y más inmoral de la cultura politiquera y electorera que tiene su origen en el poder del dinero.

Martinelli ha hecho los cálculos y ubicado los sectores como la industria marítima, las tierras aledañas al Canal, la minería, el turismo y la infraestructura de comunicaciones y la energía, como los generados de la mayor riqueza nacional. La meta es secuestrar ese inmenso patrimonio en beneficio personal, de familiares, socios, amigos y clientes políticos. La batalla del PRD se enfoca en impedir que Panamá pierda esa oportunidad —que nunca más se presentará en el presente siglo— para ponerle remedio definitivo a las vergonzosas condiciones de vida de cuatro de cada 10 ciudadanos panameños. El PRD promueve un nuevo ciclo social en el que todos ganen y nadie resulte excluido.

La batalla del PRD enfrenta el vasallaje que Martinelli quiere imponer sobre el país, sus riquezas y sus ciudadanos. Eso pasa también por el campo de la justicia. Sin una justicia que vele por los ciudadanos en igualdad de condiciones, no puede hablarse de moral pública ni de reformas sociales estructurales. Para Martinelli todos los ciudadanos son corruptos y sobornables, de eso no están exentos ni los diputados, ni los fiscales, ni los jueces.

El país está sumido en un estado de violencia, temor e incertidumbre. La inseguridad jurídica, la inestabilidad social, el descalabro de la seguridad pública, tienen su origen en la infiltración del crimen organizado en las instituciones. La batalla del PRD es por impedir que las instituciones de justicia renuncien a la escasa legitimidad que aún conservan. Ante la destrucción del ordenamiento jurídico y la violación de la separación constitucional de los poderes del Estado, el peligro es que la democracia resulte tan pisoteada que sea irreconocible como forma de organización política. Panamá quedaría convertido en un Estado mafioso, secuestrado por la coerción, la represión y el crimen organizado.

Ante los riesgos ciertos que amenazan a Panamá, el Partido está dando la batalla por no perder el país. La batalla del PRD es por rescatar el vínculo entre la ética y la política. Pero no puede actuar en solitario. Son necesarias renovadas alianzas sociales y electorales para ampliar su base de poder y proyectar su visibilidad en el contexto nacional frente a la nueva realidad del país y del Panamá postmartinellista.

 

Este artículo se publicó el  10  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Huir o renunciar

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

DEMETRIO OLACIREGUI Q   –
d_olaciregui@hotmail.com

Lo que rechazó durante meses ahora lo busca desesperado como una tabla de salvación para aferrarse al poder. El primer ministro italiano Silvio Berlusconi pidió el lunes la colaboración de la oposición para superar lo que ha sido su criatura: la peor crisis política, institucional, social, económica y moral de la postguerra. El llamado de Berlusconi llegó a destiempo y ha sido interpretado por la oposición como propaganda de pésima calidad. Se produjo en momentos en que el jefe del gobierno italiano –incapaz de llegar al final de su mandato en el 2013– ha perdido toda credibilidad y se enfrenta a la disyuntiva de renunciar para enfrentar la justicia o escapar del país.

En Italia, como alternativa, se está conformando una cruzada con las fuerzas políticas y sociales ante una verdadera emergencia democrática que asfixia al país. La sociedad italiana no es un burdel, debe recuperar la dignidad devastada y sanear el ambiente ante el tóxico inoculado por el primer ministro.

De acuerdo a medios de prensa e investigaciones judiciales Berlusconi entró en la política hace 17 años para evitar ser condenado por sus vínculos con la mafia siciliana y para multiplicar su fortuna. Con Berlusconi se inauguró en Italia la era del empresario que manipula la política para sus fines, que compra conciencias, partidos políticos, medios de comunicación y que atemoriza y chantajea a sus oponentes.

Italia ha asistido en todo ese tiempo a la concentración sin precedentes del poder en manos de un solo hombre y a una confusión total entre lo privado y lo público. Sus dos primeros gobiernos erosionaron las instituciones democráticas, acabaron envueltos en una corrupción desenfrenada, conflicto de intereses y los vicios de un personaje con delirios de emperador. Berlusconi tiene el insuperable registro de ser el político italiano más juzgado de la historia con 16 juicios, cuatro en curso, tres absoluciones y nueve salvados por indultos o leyes hechas a su medida.

Lo que se desconocía era su etapa de sultán, desnudada después de su tercera asunción al poder en mayo del 2008, con un harén pagado en buena parte con dineros del fisco. Harta de ser humillada en público su esposa Verónica Lario, le pidió el divorcio en el 2009 y lo acusó de maniático sexual y de frecuentar menores de edad. Lo demás ha sido la madre de todos los escándalos y de todas las investigaciones judiciales.

Los fiscales de Milán le han puesto el apodo de ‘El Sultán de Arcore’, en referencia a la lujosa residencia donde escenificaba sus orgías. Descubrieron un edificio, construido por Berlusconi con dineros que se sospechan ilícitos, en el que residían 14 jovencitas que conformaban parte de su harén.

El voluminoso expediente de los fiscales incluye vídeos, fotografías, grabaciones de conversaciones telefónicas y declaraciones de testigos directos que pre-figuran la culpabilidad de Berlusconi. Lo más escandaloso han sido las revelaciones de sus relaciones con una menor de edad marroquí a la que ofreció $5.5 millones para comprar su silencio, a parte de $600 mil entregados en efectivo, según información que reposa en el expediente. En cuestión de meses Berlusconi regaló $3.5 millones en efectivo y joyas a sus amantes, algunas de las cuales fueron nombradas en puestos públicos.

Los fiscales de Milán, con Ilda Boccassini al frente –la fiscal más prestigiosa de Italia y la que ha dedicado la mitad de sus 30 años de vida profesional a documentar los nexos de Berlusconi con la mafia– están convencidos de que tienen las pruebas plenas para acusar al primer ministro de prostitución de menores y abuso de poder en el ejercicio del cargo. Esas acusaciones pueden significarle 15 años de cárcel.

Se ha comprobado que Berlusconi sabía que estaba consumando relaciones sexuales con menores de edad por cuyos favores pagaba directamente o a través de proxenetas. Los fiscales descubrieron una cuenta bancaria secreta a través de la cual Berlusconi pagaba algunas jovencitas que asistían a las orgías en sus diferentes residencias. Los fiscales luchan a brazo partido contra el enorme aparato político y abogados de un personaje que redujo el papel de las mujeres a meros cuerpos que manipula y luego desecha como un cadáver.

Los analistas opinan que se está cayendo por donde nunca habría pensado que lo haría.   Es una revuelta de palacio, pero de la parte más escondida e inaccesible: el harén. El peligro no estaba afuera, no eran los jueces ni los tribunales. Estaba en casa. Eran las mujeres explotadas y degradadas por Belusconi.

 

Este artículo se publicó el  3  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Curar, no herir

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO   OLACIREGUI  Q. –
d_olaciregui@hotmail.com

 

Los estadounidenses han visto en estos días hasta dónde puede llegar el brazo de la intolerancia. También es el espejo en el que pueden mirarse ciudadanos de otros países. El origen de esa polarización, que escenificó la matanza de seis personas y dejó heridas a 14, debe buscarse en la promoción de la violencia por una ultraderecha llevada de la mano por el movimiento ‘Tea Party’. Con la complicidad de medios de comunicación extremistas, ese movimiento se convirtió en sinónimo de racismo, fascismo y prédicas violentas frente a los que por pensar distinto son considerados sus enemigos.

La matanza de Arizona dejó a Estados Unidos herido física y psicológicamente, sediento de consuelo y desorientado. El presidente Barack Obama se desplazó la semana pasada desde los históricos monumentos de Washington, envueltos por la nieve, hasta las cálidas tierras de los saguaros -esos cactus emblemáticos del desierto de Arizona- para abogar por la mesura y el juego civilizado de las ideas.

Pidió recomponer el tono con el que se discuten las diferencias políticas y arrinconó a los republicanos y al ‘Tea Party’ en su extremismo.   Su llamado a disminuir y apaciguar la agresividad de la retórica, transformó la sangre derramada en esperanza y logró que la mayoría de los estadounidenses se sintieran reconfortados.

‘Hablemos de una manera que cure y no que hiera’, fue el mensaje dirigido a los estadounidenses y a millones de ciudadanos de otras fronteras. ‘Usemos esta ocasión para extender nuestra imaginación moral, para escuchar al otro con atención, para agudizar nuestros instintos de empatía y recordarnos a nosotros mismos todas las maneras posibles en las que se enlazan nuestros sueños y esperanzas’, resaltó contundente.

Un discurso cargado de odio es igual al asesinato. De allí la urgencia por reconsiderar la relación entre las palabras y los hechos. En un régimen totalitario el sentido de las palabras está congelado. La democracia alienta la disidencia y el debate. La democracia tambalea cuando la rigidez se traduce en hostilidad hacia quienes no se subordinan a los caprichos del gobernante.

El crimen de Arizona se produjo en un momento de intensa violencia verbal en la vida política estadounidense. La violencia verbal suele ser el preámbulo de la violencia física al concebirse, en el orden político, al adversario como enemigo.   En una democracia la severidad de la discrepancia jamás bordeará la orilla del desprecio. Lo contrario es la fuerza bruta y la pasión desenfrenada.

Una variante de esa realidad es la que aqueja actualmente a Panamá. Un presidente como Ricardo Martinelli -cercado por concepciones primitivas del quehacer político, por franquistas, fascistas y personajes extraviados por la supuesta sapiencia de sus altos cocientes intelectuales- se arropa en un totalitarismo que condena y persigue toda diferencia.

Desde la cima del poder se ha ahogado el diálogo político y subsiste únicamente un monólogo que se desbarranca día con día mediante una agresividad verbal que no conoce límites. Ya sea una ex embajadora estadounidense, opositores políticos, sindicalistas, empresarios, periodistas o líderes de la sociedad civil, todos por igual son víctimas de esa retórica violenta.

En lugar de buscar caminos para conciliar a la sociedad, Martinelli ejecuta acciones que terminan generando violencia.   Basta mencionar dos hechos. La aprobación de una legislación abiertamente confrontativa desencadenó en julio pasado los sangrientos sucesos de Changuinola que dejaron muertos y centenares de heridos.

La inmunidad expresa que convierte a los policías en intocables, dio lugar a las escenas dantescas en las que fueron quemados vivos siete menores recluidos en Tocumen en un centro que debía ser de rehabilitación y reinserción social.   Los agentes que custodiaban el lugar mostraron un monstruoso y evidente deleite cual verdugos de presos y detenidos, editorializó La Prensa.

Fue un insulto y desprecio hacia menores que no debían ser tratados con ánimo de venganza y tortura, como si carecieran de dignidad personal, se lamentó la Conferencia Episcopal para quien lo ocurrido en Tocumen fue un vergonzoso espectáculo de esos que duelen e indignan. Los obispos católicos exigieron que se apliquen las medidas más enérgicas a los culpables.

Ante el deterioro de la civilidad en todos los aspectos de la vida nacional, el país está descacarrilándose peligrosamente y corre el riesgo de entrar en un periodo de inestabilidad social. Desde la perversión del poder, la violencia verbal o física es la única respuesta para enfrentar los conflictos. La sociedad panameña debería pensar dos veces cuando considera lejanas y ajenas las operaciones del ‘Tea Party’ y sus incitaciones a la violencia. La razón no es una debilidad. No hay democracia sin el otro.

<> Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Relaciones con EU

La opinión de….

 
DEMETRIO  OLACIREGUI  Q.
d_olaciregui@hotmail.com

Cuando The New York Times dio a conocer en junio de 1986 los vínculos de Manuel Noriega con el lavado de dinero y actividades del narcotráfico, basado en agencias de inteligencia, oficiales del Departamento de Estado, el Pentágono y la Casa Blanca, no era posible anticipar los alcances de esos informes. Las revelaciones generaron tensiones entre el régimen militar y Estados Unidos y se convirtieron en el principio del fin de Noriega.

La reciente publicación del Times sobre la preocupación de Washington porque el presidente Ricardo Martinelli tratara de ocultar a la DEA ‘los actos de corrupción de sus parientes y amigos’, está ligada con un cable que aseguraba que Ramón Martinelli Corro, primo del mandatario y detenido en México por lavado de dinero, ‘hacía pasar mensualmente decenas de millones de dólares provenientes de la droga’ a través del aeropuerto de Tocumen.

Los antecedentes están relacionados con la obsesión de Martinelli de espiar telefónicamente a sus opositores políticos –según se desprende de reportes filtrados por Wikileaks- y de manipular la justicia para blindarse contra posibles investigaciones sobre actos de corrupción. Todo está documentado en cables diplomáticos secretos remitidos a Washington en agosto y diciembre del año pasado por la embajada de Estados Unidos.

En los últimos días el gobernante ha tratado de minimizar las graves implicaciones de las revelaciones hechas por The New York Times, fundamentadas en los cables diplomáticos.

La contra parte de esas reacciones la evidenció el presidente de Chile, Sebastián Piñera, un empresario de derecha al igual que Martinelli, pero con más equilibrio y mesura. Reportes diplomáticos estadounidenses lo acusaron de ‘manejar tanto sus negocios como su política en los límites de la ley y la ética’. Piñera declaró que está arrepentido ‘de muchas cosas’ y que ‘no desmentiría nada de lo filtrado’. Washington saldó la situación afirmando que el mandatario chileno le merece ‘la más alta opinión, un gran respeto y admiración’.

Pero eso no se anticipa entre los gobiernos de Estados Unidos y Panamá. La conducta totalitaria de Martinelli, la persecución política y judicial contra sus adversarios, su empecinamiento en violar los derechos y libertades ciudadanas y el carácter corrupto de su gobierno, no dan espacio para reenfocar las relaciones bilaterales.

Las revelaciones del contenido de la correspondencia enviada a Washington por diplomáticos estadounidenses, así lo demuestran. La nueva embajadora Phyllis Powers, por otro lado, le ha recordado a Martinelli que la Casa Blanca aboga por la vigencia del estado de derecho, valores democráticos, contrapeso de las instituciones, transparencia, respeto a la sociedad civil y a la libertad de expresión.

La renuncia del embajador de Panamá en Washington, Jaime Alemán –enfrentado con Demetrio Papadimitriu, ministro de la Presidencia, y humillado por Martinelli- se produjo en el peor momento para el gobierno panameño. Papadimitriu, según los cables de Wikileaks gestor junto con Martinelli del espionaje telefónico, pretende articular la política exterior de Panamá en Washington por sus nexos con los sectores republicanos más conservadores, lo que ha producido corto circuitos con el Departamento de Estado y la Casa Blanca.

El tema del narcotráfico y el lavado de dinero es uno de los más sensibles para Estados Unidos. Esa fue una de las razones de la destitución del Procurador General suplente, Giuseppe Bonissi, un escándalo del cual todavía no se ha dicho todo.

Nuevos cables de Wikileaks podrían dar a conocer datos sobre las aprehensiones de la embajada estadounidenses sobre operaciones en la frontera con Colombia. Martinelli, en colaboración con el gobierno colombiano, autorizó bombardear un campamento de las FARC en territorio panameño en lugar de tratar de capturar a jefes guerrilleros responsables del trasiego de droga a través de Panamá hacia Centroamérica y Estados Unidos. Según medios de prensa, la DEA promovía su captura para enfrentar cargos en Estados Unidos por narcotráfico y conocer las redes involucradas en el trasiego de drogas.

Lo que está demostrando el gobierno de Estados Unidos es que no tiene tolerancia con gobiernos corruptos. (Hasta el Vaticano acaba de promulgar una legislación para combatir en su pequeño territorio el lavado de dinero y el narcotráfico). El hablar de una probable extradición de nacionales que podrían ser solicitados por Estados Unidos, además de lo absurdo, es solo una medida distractora cuando lo que debe promoverse es la independencia de la justicia para acabar con la impunidad. Martinelli tendrá, por el momento, que hacer grandes esfuerzos para recomponer sus relaciones con el gobierno de Estados Unidos, pese a que hay quienes estiman que cruzó la raya y se encuentra en un punto sin retorno.

 

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<> Este artículo se publicó el 6 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Martinelli al descubierto

La opinión del Periodista y Docente Universitario…


DEMETRIO   OLACIREGUI Q. *
d_olaciregui@hotmail.com

No es honroso para ningún gobernante salir en una galería de fotografías junto a dictadores corruptos africanos. Ese regalo de Navidad lo recibió el presidente Ricardo Martinelli de parte de The New York Times. Un día antes el diario español El País había dibujado la obsesión de Martinelli por involucrar al gobierno de Estados Unidos en el espionaje telefónico de sus adversarios políticos. Las revelaciones están contenidas en cables diplomáticos estadounidenses sobre Panamá filtrados por WikiLeaks.

Cables, de agosto y diciembre del año pasado, firmados por la entonces embajadora estadounidense Barbara Stephenson son una radiografía que desnuda al mandatario. El valor del contenido está en que provienen del hada madrina de Martinelli, pues Stephenson vendió su proyecto en Washington y participó en la fragua de la alianza triunfadora en las elecciones de mayo del 2009. Martinelli corrió como el candidato favorito de Washington y ahora asume que Estados Unidos le está en deuda por ser el supuesto contrapeso de derecha en la región, informó la diplomática.

La resistencia de Stephenson a prestarse a un juego ilegal e inconstitucional, recibió como respuesta insultos por parte del gobernante. ‘El estilo amenazador de Martinelli con la embajadora dejó claro que está dispuesto a hacer lo que sea, hasta con sus ‘amigos’, para conseguir lo que quiere’, escribió Stephenson.

Martinelli amenazó a Stephenson con reducir la cooperación antinarcóticos y expulsar del país a la DEA, si no satisfacían su capricho de espiar a sus adversarios políticos. La diplomática le advirtió que con ese paso Panamá caería en la lista negra de países que no son socios confiables.

Martinelli dio marcha atrás a sus bravuconadas. Pero dijo que realizaría el espionaje por su cuenta y que se había reunido con los dueños de cuatro empresas operadoras de celulares para discutir cómo intervenir teléfonos. Estados Unidos poseía informes sobre conversaciones de Martinelli con el gobierno y empresas israelíes para implementar su propio programa de espionaje telefónico.

Stephenson describió a Martinelli como una persona llena de sospechas, de espíritu vengativo y autocrático, con tendencia al acoso y al chantaje, que utiliza tácticas y tratos intimidatorios para lograr sus objetivos políticos y personales. Un gobernante peligroso que no entiende que la época de los dictadores centroamericanos es cosa del pasado y que se rodea de subalternos incondicionales e incompetentes. Las fricciones entre ambos fueron una de las razones de la salida de la diplomática 21 meses antes de concluir su misión en Panamá.

Stephenson sostuvo que en Panamá se había instaurado un sistema judicial corrupto. Con las presiones sobre la procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, y el nombramiento de dos allegados en la Corte Suprema de Justicia, las instituciones judiciales, asaltadas por Martinelli, sufrieron un severo golpe en la cabeza, reportó la diplomática.

No se había consumado la destitución de Gómez ni el final de su sucesor, Giuseppe Bonissi, obligado a renunciar en medio de un escándalo de narcotráfico descubierto por la DEA. Con Bonissi, Martinelli convirtió el Ministerio Público en un instrumento de persecución política, principalmente de figuras opositoras.

El nombramiento de José Ayú Prado no resuelve el problema, pues trabajó para Martinelli, de espaldas a Gómez, en un caso contra el ex presidente Ernesto Pérez Balladares. Para convencer a la ciudadanía sobre su independencia Ayú Prado debería iniciar inmediatamente una investigación contra Ramón Martinelli Corro, preso en México por lavado de dinero del narcotráfico y sobre la corrupción reinante entre familiares y allegados al mandatario, reportada en los cables estadounidenses. ‘Un cable aseguraba que el primo de Martinelli hacía pasar mensualmente decenas de millones de dólares provenientes de la droga a través del mayor aeropuerto de Panamá’, publicó The New York Times.

En ninguno de los cables filtrados hay espacio para malas interpretaciones ni señales de animadversión. Ante la acción de intentar falsear la historia, ha tenido que imponérsele a Martinelli una verdad revelada por actores de primera línea, desde los recónditos secretos de informes diplomáticos. Ha quedado así al descubierto una banda que asaltó el poder y rompió en pedazos las tablas de la Ley, representadas por la Constitución Nacional.

Martinelli, antes de menospreciar la inteligencia de la población y pisotear la legalidad, debería frenar los instintos destructivos que lo consumen y contar con la suficiente cordura —signo de salud mental— para crear un ambiente de salud social en el que los ciudadanos, la sociedad y la Nación puedan encontrar sentido a la vida. Y una existencia que pueda ser vivida con orgullo y no con temor y vergüenza.

 

<> Este artículo se publicó el 30 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.