La batalla del PRD

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

DEMETRIO OLACIREGUI Q.
d_olaciregui@hotmail.com

El camino arduo, complejo y sembrado de obstáculos transitado por la dirección del PRD ha logrado superar gran parte de los daños de la derrota electoral y ha tratado de unificar una conducta estratégica. En esa ruta ha identificado y desenmascarado los caballos de Troya martinellistas y desplegado esfuerzos para impedir que el Partido se convierta en una sucursal del poder del dinero.

En esa batalla por asumir la vanguardia y no dejar la coyuntura en manos del presidente Ricardo Martinelli, la dirección del Partido se han revestido de mayor autoridad. Han hecho respetar la institucionalidad democrática interna, pues la organización política no puede acomodarse a las pretensiones de aspirantes a candidaturas.

Eso le ha permitido al PRD conectarse con la sociedad y convertirse en un factor político capaz de volver a ofrecerle a la Nación un proyecto de poder democrático en consonancia con el momento histórico por el que atraviesa el país. El PRD tiene propuestas y está demostrando que puede ser y hacer gobierno. Es una alternativa sólida y la mayor fuerza para frenar el proyecto de Martinelli de prolongarse en el poder.

En el orden social el gobierno de Martinelli ha desechado la práctica de encarar los problemas con un mínimo de consenso. Hay demandas sociales insatisfechas que no pueden enfrentarse solo con la represión. Desde el gobierno se provoca la conmoción social y se coloca al país en forma irresponsable en un desfiladero de desintegración.

La batalla del PRD es por evitar que desde el gobierno se logre embalsamar la pobreza a perpetuidad, convertir a los ciudadanos en mendigos del favor público para arrodillarlos cual serviles en un ambiente en que se trafica con la pobreza, la discriminación, la marginalidad y la indefensión. La lucha es por impedir que el poder del dinero envilezca a los ciudadanos y compre su silencio, sus complicidades y sus votos.

La batalla en el campo moral está íntimamente asociada con lo social. Desde sus primeros días el gobierno de Martinelli se ha caracterizado por una voracidad para apropiarse del patrimonio que pertenece a toda la Nación. De la mano de Martinelli, que solo conoce comprar para ganar y vender para estafar, ha surgido lo peor y más inmoral de la cultura politiquera y electorera que tiene su origen en el poder del dinero.

Martinelli ha hecho los cálculos y ubicado los sectores como la industria marítima, las tierras aledañas al Canal, la minería, el turismo y la infraestructura de comunicaciones y la energía, como los generados de la mayor riqueza nacional. La meta es secuestrar ese inmenso patrimonio en beneficio personal, de familiares, socios, amigos y clientes políticos. La batalla del PRD se enfoca en impedir que Panamá pierda esa oportunidad —que nunca más se presentará en el presente siglo— para ponerle remedio definitivo a las vergonzosas condiciones de vida de cuatro de cada 10 ciudadanos panameños. El PRD promueve un nuevo ciclo social en el que todos ganen y nadie resulte excluido.

La batalla del PRD enfrenta el vasallaje que Martinelli quiere imponer sobre el país, sus riquezas y sus ciudadanos. Eso pasa también por el campo de la justicia. Sin una justicia que vele por los ciudadanos en igualdad de condiciones, no puede hablarse de moral pública ni de reformas sociales estructurales. Para Martinelli todos los ciudadanos son corruptos y sobornables, de eso no están exentos ni los diputados, ni los fiscales, ni los jueces.

El país está sumido en un estado de violencia, temor e incertidumbre. La inseguridad jurídica, la inestabilidad social, el descalabro de la seguridad pública, tienen su origen en la infiltración del crimen organizado en las instituciones. La batalla del PRD es por impedir que las instituciones de justicia renuncien a la escasa legitimidad que aún conservan. Ante la destrucción del ordenamiento jurídico y la violación de la separación constitucional de los poderes del Estado, el peligro es que la democracia resulte tan pisoteada que sea irreconocible como forma de organización política. Panamá quedaría convertido en un Estado mafioso, secuestrado por la coerción, la represión y el crimen organizado.

Ante los riesgos ciertos que amenazan a Panamá, el Partido está dando la batalla por no perder el país. La batalla del PRD es por rescatar el vínculo entre la ética y la política. Pero no puede actuar en solitario. Son necesarias renovadas alianzas sociales y electorales para ampliar su base de poder y proyectar su visibilidad en el contexto nacional frente a la nueva realidad del país y del Panamá postmartinellista.

 

Este artículo se publicó el  10  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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