¡Hasta cuándo!

INDIGNACIÓN  –  La opinión del cardiólogo panameño…

Daniel R. Pichel

La indignación está de moda. El libro-folleto ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se ha convertido en un best-seller en casi todos los países donde puede conseguirse. Hessel es un hombre de más de 90 años, que tiene el mérito de ser el último superviviente de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.  Este ensayo de apenas 60 páginas, bien pudiera convertirse en un “manual del ciudadano decente” y producir profundos cambios sociales.

En la calle se percibe un grado de incomodidad que en cualquier momento puede hacer explosión. Y no es solo en Panamá. Parece ser igual en todos lados. Tal vez debamos considerar un “movimiento nacional de indignación”. No sería ni un partido político, ni una organización de la sociedad civil ni un think tank. Sería únicamente un grupo de personas que comparten la frustración que produce todo lo malo que nos rodea y que hace obligatorio no quedarse con los brazos cruzados viendo como todo sigue igual. Los interesados: enviar un mensaje a indignados.panama@gmail.com. Haríamos un censo para ver qué tantos indignados somos. Mientras, hagamos un inventario de razones de indignación.

Hasta cuándo… tendremos que seguir leyendo en los periódicos que cada licitación o contratación va metida en medio de un chanchullo. Me parece increíble que casi ninguna gestión gubernamental, se dé dentro de un marco de transparencia que no genere suspicacias de algún tipo.

Hasta cuándo… soportaremos una vergonzosa Asamblea Nacional, llena de tránsfugas que lo único que les interesa es estar cerca del poder para mantener esa cuota de clientelismo a la cual están acostumbrados y que les permite seguir cobrando salarios que no merecen.

Hasta cuándo… las autoridades de salud estarán más preocupados por construir hospitales (de lego o de verdad) o por pagar tratamientos de brujería a los envenenados por dietilene glycol, en lugar de desarrollar verdaderos programas de prevención de enfermedades.

Hasta cuándo… la educación será el patito feo de las administraciones públicas, permitiendo que la formación integral de los panameños esté secuestrada por una banda de “dirigentes” que en lo único que piensan es en su interés personal y se niegan a ser evaluados de acuerdo a los resultados académicos de sus alumnos.

Hasta cuándo… veremos que se gasta dinero en obras suntuosas mientras se escatima en la investigación científica y tecnológica.

Hasta cuándo… la Universidad de Panamá seguirá bajando sus requisitos de admisión para conseguir los fondos necesarios para pagar una abultadísima planilla que permite reelegir a un rector crónicamente.

Hasta cuándo… tendremos que escuchar, cómo “expertos en democracia”, a quienes se pasaron una buena parte de su vida lamiendo botas militares sin importarles un bledo los panameños ni sus derechos humanos.

Hasta cuándo… seguiremos creyéndonos el cuento de que la corrupción es un mal del Gobierno, cuando esos actos son patrocinados por ciudadanos y empresas privadas que solo buscan enriquecerse.

Hasta cuándo… el maleante que tenga dinero para pagar un abogado suficientemente hábil, seguirá impune, disfrutando de medidas cautelares cosméticas, mientras que a cualquier “ladrón de abarrotería” lo encierran en La Joya o La Joyita.

Hasta cuándo… al mencionar los embarazos en adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual, las autoridades se limitarán a persignarse evitando tomar medidas reales confrontando a un puñado de fanáticos que viven en la Edad Media.

Hasta cuándo… “prestigiosos” bufetes de abogados, se prestarán para defender corruptos usando todo tipo de triquiñuelas y tecnicismos procesales para retrasar las audiencias y fallos que pudieran afectarlos.

Hasta cuándo… preferiremos ver una asquerosa crónica roja en lugar de un programa cultural o un documental educativo.

Hasta cuándo… seguiremos emparchando una Constitución que nació torcida y donde solamente se busca acomodar los intereses de alguien sin pensar lo que el país necesita.

Hasta cuándo… veremos que quien roba millones al Estado o paga coimas para obtener concesiones y contratos, es tratado por la sociedad como un distinguido empresario.

Hasta cuándo… toleraremos que se use el anonimato para dañar la imagen de quienescuestionan el estatus quo.

Hasta cuándo… tendremos un Órgano Judicial y un Órgano Legislativo protegiéndose entre ellos para que nunca sean investigadas las irregularidades y actos de corrupción en que son señalados.

Hasta cuándo… será necesario esperar para que se investiguen correctamente los escándalos del Fondo de Inversión Social y que duermen en un cajón para proteger a los involucrados.

Hasta cuándo… la justicia estará supeditada al “juega vivo” de un sistema donde se da más valor al tecnicismo que a los actos cometidos.

Hasta cuándo… seguiremos viviendo en el engaño de que nuestra economía crece casi 10% anualmente, si ese crecimiento no llega a quienes lo necesitan.

Hasta cuándo… vamos a permitir que los mismos cuatro pseudodirigentes de siempre se llenen la boca presumiendo de ser los representantes del “pueblo panameño” cuando lo único que buscan es obtener beneficios para ellos y sus secuaces.

Hasta cuándo… tendremos que elegir cada cinco años a los menos malos entre los malos.

Hasta cuándo… seguiremos siendo indiferentes.

Estos, son solo algunas razones para, tarde o temprano, formar un movimiento cuyo eslogan sería: “Los indignados somos más”.

<> Artículo de opinión publicado el 8 de mayo de 2011 en el diario La Prensa de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La crueldad

La opinión del Abogado y Profesor Universitario en la materia…

CARLOS AUGUSTO HERRERA
cherrera255@hotmail.com

Para que un sujeto se deshumanice debe evolucionar desde su estado de conciencia primario hacia la madurez, en un largo trecho que se consolida con los años, y como dicen los poetas, explicar este fenómeno que se llega hasta los confines del espíritu, lugar en donde anidan los sentimientos del alma.   Todos somos sutilmente diferentes.   Eso se marca en las tendencias del comportamiento desde niños hasta la pubertad avanzada. Amar y odiar son los extremos conceptuales por donde procede el ser; es el resultado de las aptitudes cotidianas, que se sopesan al medir los valores ante las conductas. ¿Por qué alguien es malo? Esta respuesta tiene un mundo de variables.

Dicen que todos nacemos buenos, pero nos dañan las malas experiencias adquiridas en la vida. Puede ser que el resentimiento provoque un acto de venganza, que no es otra cosa que la satisfacción que se alcanza cuando se infiere un daño o agravio para devolver una agresión.

Dentro de la organización social tenemos que alcanzar una convivencia y en la relación, la colocación social entre los pocos que mandan y aquella mayoría que obedece. LEWIS Y TOWERS nos apoyan con pensamientos como que la ‘psicología moderna ha tenido un éxito extraordinario al descubrir las situaciones concretas de frustración, o de inferioridad, o de temor que originan la agresividad por una parte y los síntomas de retraimiento por la otra’. Se plantea de manera científica, lo que ahora hemos dicho con nuestras palabras, aunque tenemos que avanzar con el concepto sobre la crueldad. Se habla del perverso y sobre el deprimido. En Wikipedia, se define al perverso como una forma de personalidad anormal, en la que se destaca una continua y progresiva agresividad y destructividad que puede ser en su perjuicio o lo que tiene alrededor, porque el paciente libera sus tendencias o instintos.

Un maligno puede tener en cambio, un comportamiento anormal de una forma transitoria o permanente; puede ser congénito, cuyo elemento esencial es la conducta histérica; o simplemente esa actitud es adquirida por el resentimiento, odio, fracaso, económico o profesional.   El histérico es aquel que se sofoca y pierde el control y en lo grave produce convulsiones, además de definirlo como una enfermedad y es propio de los fanáticos en especial, los religiosos.   Un recordado pastor me explicó hace años en Windsor, Canadá, que todos tenemos en el pecho un péndulo que nos indica si lo que hacemos es bueno o malo, pero eso es para los que gozan de la capacidad de discernir, porque los enfermos mentales graves no saben lo que hacen.   Los fanáticos son aquellos que no razonan.

Visto de una manera u otra lo anotado anteriormente, tenemos que pareciera que estas actitudes rencorosas se pueden heredar también. Así llegamos a la tortura, y como aparece en Wikipedia, define esta perversión como la de provocar una daño físico o material al golpear, rotura de huesos, desgarros musculares, castración, aplastamiento, cortes, descargas eléctricas, desfiguración, quemaduras, aplicación de temperaturas extremas, ingestión de productos químicos o elementos cortantes, baños con substancias químicas cáusticas, ahogamiento, violación, privación del sueño o posturas corporales incómodas.

Podemos agregar la envidia, que es una modalidad perversa, pero sin los evidentes daños materiales, sin el menoscabo del efecto que puede producir. Encontramos distintos enfoque sobre la perversidad ahora congénita, como aquellas sonadas películas como ‘Semilla de maldad’.

Otra definición coloca al perverso en niveles mentales, sea alto, mediano o nulo. Dicen que el inteligente esconde en su personalidad su verdadero comportamiento. Otras variables señalan la cobardía o la insatisfacción sexual cegada por esa creencia de inferioridad.

Afortunadamente tenemos mecanismos científicos para detectar estos males del comportamiento y también están muy bien definido los controles de selección, para aquellos casos en donde existe la pasibilidad de control de personal. Por ello se han reglado laboralmente y hasta los niveles penales, aquello del acoso sexual. Los depredadores de niños están en el lugar que se concentran los párvulos, por ello son imprescindibles las reglas de comportamiento de los mayores y en especial esa selección de subalternos.

Otro asunto muy importante son los cuerpos de policía, ejército y fines. Aquí hay un estadio de control por la cadena de rangos, pero lo más sintomático es la concentración de poder en una persona, que le permita llamar la atención, obligar, someter agredir, que si el uniformado es cruel, sin dudas se va a satisfacer.   El contrapeso es una debida supervisión y dentro de ellos cumplir estrictamente con los procedimientos. El uso de la fuerza empieza por persuasión hasta el uso de instrumentos letales.

Todo esto tiene un mecanismo, claro que existe la discreción, porque todos los casos no son iguales y hay que recordar que en estos enfrenamientos está la propia seguridad del agente.

Este artículo se publicó el  6  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los tamales de ‘Chola’, se cocinan en el cielo

La opinión del Periodista…

ANTONIO GRAELL F.
agraell@hotmail.com

Desde niño, recuerdo que nos decían que si queríamos ser fuertes como ‘Supermán’, teníamos que tomar agua de masa de maíz y era así que cada vez que la señora ‘Chola’, iba a hacer sus ya famosos tamales, corríamos toda la gallada de la Calle Estudiante a hacer la fila para moler el maíz, ya que el que no molía, no le tocaba su vaso de agua de masa.

La señora ‘Chola’ como la llamaba todo el mundo o Tía Chola como yo le decía, ayudaba a la economía de su hogar junto a su inseparable esposo Alfredo Moreno, mejor conocido en el barrio como ‘Papá Moreno’, por su don de gente, siempre ayudando a toda la gente desde su puesto de venta de limones en el desaparecido Mercado Público del terraplén.

Sí, Alfredo Moreno y Honorina Flores de Moreno criaron y educaron a sus cuatros hijos: Alfredo, José Alberto, Dionisio y Esther. Hoy día, la muchachada de la Calle Estudiante, la mayoría todos jubilados, recordamos los famosos tamales de la Tía Chola, quien el próximo 17 de marzo cumpliría 95 años de edad, pero que el Dios Todopoderoso, quiso el 18 de enero de 2011, llamarla al reino celestial mientras se recuperaba de una visura en la cadera en el Hospital de la Caja de Seguro Social. Tía Chola que acostumbraba a satisfacer a todos con sus sazones, le tocó saborear un rico caldo preparado por su hija Esther una hora antes de partir con el Señor y con su sonrisa de siempre dijo ‘Ay hija, esto sí está bueno’. 60 segundos después, su vetusto, pero noble corazón dejó de latir, producto de un paro cardíaco.

Recuerdo que a mis 10 años de edad, la vi un domingo preparando una enorme gallina, que por cierto en aquel entonces era el plato dominguero (Gallina, macarrones y ensalada de toldo). Le pregunté: ‘Tía Chola ¿qué está cocinando?’, y ella con una muy disimulada sonrisa mirándome por sobre sus hombros me respondió: ‘Gallina… Zo, que te oye la vecina’. Esa era la Tía Chola, siempre jovial, campechana y con unas ‘salidas’, que me tomaría escribir como tres Tomos que titularía: ‘Las Ocurrencias de la Tía Chola’. Descanse en Paz… ¡Tía Chola!.

<>Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.

Aceite de culebra

La opinión de…

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Nadie sabe cuándo ocurrió, pero en algún momento de la evolución social humana, alguien se dio cuenta de que podía, por medio de la persuasión, timar a una o muchas personas. Muchas veces por el simple hecho de ganar espacio y lograr ventaja para subsistir.   Me puedo imaginar la primera vez que sucedió.   El pícaro intercambia un favor de importancia por otro menos valioso, por medio del convencimiento amigable y delicado, la distracción y el acomodo y reacomodo de la realidad.   Funcionó.

Lograda la ventaja sin repercusiones contrarias para él, retornó sobre lo ensayado. La planteó como teoría empírica para volver a aplicarla bajo otras circunstancias. Funcionó nuevamente. Y así sucesivamente, generalmente con sagacidad, fue mejorando y afinando los elementos disuasivos para que su vehículo de supervivencia fuera más sofisticado y convincente cada vez.

Stephen Littlejohn y Karen Foss en su libro ‘Theories of Human Communication’ sostienen que: ‘La creación y desarrollo de una teoría es una actividad social humana: las personas las crean, las ensayan o ponen a prueba y evalúan sus resultados…’. Estas prácticas de persuasión engañosa ya formuladas en una teoría y puestas en práctica por el primer timador, rápidamente fueron generalizándose (como siempre, toda actividad es plagiada por otros).   Littlejohn y Foss agregan que: ‘… como actividad social, la formulación de teorías se realizan en el seno de comunidades de investigadores quienes conocen y comparten una serie de prácticas comunes’. (Cambie la palabra investigadores por timadores).

Es así, como a lo largo de los tiempos, en el seno de los diversos grupos humanos que fueron poblando la tierra, emigraban embusteros y farsantes de localidad en localidad y se ubicaban en los mercados comunales, las aceras de las calles, en los incipientes comercios; con la puja y repuja cotidiana. Había que tener cuidado y suspicacia en las negociaciones y transacción de un bien por otro, o de un servicio por otro.   Según el diccionario urbano, en el siglo XIX vendedores ambulantes vendía como marravilloso aceite de culebra; un elixir con garantías de que era la cura para todos los males. El término ‘aceite de culebra’ se popularizó como un concepto peyorativo atribuible a todo producto que se ofrecía con propiedades fantásticas. Gato por liebre envuelto en un proceso de comunicación persuasivo y engañoso.

Desde entonces y aprovechando el advenimiento de toda clase de herramientas para alcanzar los objetivos de dominación y no siempre para fines positivos, individuos y grupos han aprovechado los conocimientos sobre los efectos y la función de los procesos persuasivos de comunicación para fortalecer su control y dominio sobre grandes sectores del conjunto humano.

A mediados del siglo pasado, Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolfo Hitler, lo definió tan cáustico y lúcidamente cuando formuló y puso en práctica su famosa teoría: ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’ (‘…a lie, if audacious enough and repeated enough times, will be believed by the masses’). Desde entonces, los centros hegemónicos del poder económico y político, han continuado con la manipulación de los procesos de comunicación a todos los niveles, principalmente a través de la propaganda y la publicidad.

La tendencia en estos tiempos que vivimos, es la de redefinir las teorías y prácticas de comunicación fundamentados en un goebelismo modernizado, hoy tan presente en el diseño de campañas dudosas; el maquillaje de la ‘imagen’, la creación de marcas (branding) y en la promoción masificada de mensajes subliminales a cada momento y en cada vehículo comunicacional para el control de casi todo.

Estas estrategias manipulativas han tamizado a la actividad política. Ya no es importante el discurso centrado en ideas filosóficas o ideológicas para ganar, sumar y mantener adeptos. Ya no son necesarias las ideas visionarias para mejorar la condición humana de todos.   Lo que importa es la estrategia mediática que diseña, ‘el grupo de creativos’ de los equipos de comunicación que las organizaciones contratan. Ellos definen los mensajes, su propósito y el alcance de las mismas. La dinámica entre emisores y receptores basados en un goebelismo perverso y desmesurado es la filosofía de estos grupos. Teoría requete comprobada;   ‘mentiras audaces’ es lo que impera en estos mercados modernos y trabajan afanosamente para desviar los progresos que ha alcanzado la humanidad en términos de convivencia decente, crecimiento social y cultural.

En el argot local, ese goebelismo forma parte fundamental de lo que todos conocemos como ‘juegavivo’; el todo para mí y no amerita tanta teoría o razón.   Desde el primer timbrazo del reloj despertador en la mañana, hasta que apagamos el televisor en la noche, casi todos estamos cuidándonos y escudriñando entre los miles de mensajes que nos asaltan todo el día. Mensajes que no siempre son verdad; con propósitos no siempre nobles y no siempre para bien.  Aceite de culebra.

 

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Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Agua: convivencia o caos

La opinión del Rector de la Universidad de Panamá…


Gustavo García de Paredes

El asueto navideño, con su natural aire festivo, trajo consigo otras preocupaciones que motivan serias reflexiones a todos los panameños y, sobre todo, a los responsables de orientar la vida educativa y cultural del país.
Los estragos causados por los fenómenos naturales que acarreó luto y dolor en miles de hogares panameños, puso a prueba nuestra capacidad para enfrentar situaciones que exigen sacrificios colectivos y solidaridad con nuestros compatriotas, amigos y familiares.
El daño causado por las crecientes de los ríos en el sistema de purificación y distribución del agua en el área metropolitana y alrededores, impuso una racionalización del vital líquido para que este pudiera paliar las necesidades de la población de manera equitativa y responsable.    No obstante, el llamado fue desoído por gran parte de la ciudadanía que prefirió llenar sus piscinas, lavar sus terrazas y autos, o regar sus jardines.

Para los panameños el agua no sólo está vinculada a su existencia material; nuestra toponimia, forma de vida y producción material están determinadas por el inapreciable líquido. Igualmente ha sido trocha, ruta para exploraciones, aventuras, apertura al mundo, fuente de conocimiento, de economía y crecimiento.

 

Tan acostumbrados estamos a su abundancia que no ponderamos los peligros y amenazas que se ciernen sobre ella como recurso que se visualiza escaso en un futuro no muy lejano. El disfrute que hoy tenemos de ella y de los recursos que prodiga puede sufrir un grave desequilibrio, si no tomamos las previsiones y formalizamos políticas para su protección y preservación. Recordemos el sabio dicho popular que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

 

La suspensión general del suministro el día tres de enero provocó una histeria generalizada y precipitó a miles de personas al acaparamiento y consecuente especulación del agua embotellada en los supermercados; generó la protesta de otros y dio motivo a un número plural de acciones callejeras.

 

Como en una de esas películas apocalípticas vimos en televisión hombres, mujeres y niños escanciar vasijas para obtener un poco de agua. La naturaleza puso una ligera prueba a nuestra precaria capacidad para enfrentar las crisis, pero sobre todo al espíritu de solidaridad que enhebra los intereses comunes.   Se reveló, de un solo golpe, la carencia de una cultura de convivencia que debe ser la columna vertebral de la vida colectiva.    Pasaron antes nosotros las imágenes de los conflictos de la vida colectiva.   Pasaron ante nosotros las imágenes de los conflictos norafricanos y del Medio Oriente en que el control de un manantial o el curso de un río suplantan la ancestral lucha por el petróleo.

 

La posición geográfica de la cual emana nuestra riqueza, el potencial económico de que disponemos y la confluencia del comercio mundial en nuestras playas nada significa, si no tenemos la actitud y responsabilidad para disfrutar adecuadamente del bienestar que brinda la tecnología y el mejoramiento en la vida material.

 

El desperdicio del agua, la irresponsabilidad en el manejo, la violencia desenfrenada y otras conductos que asoman a diario no pueden ser cambiadas por programas fragmentados o esporádicas campañas mediáticas. Es necesaria la construcción de una cultura de convivencia como política de Estado, que contribuya a modificar las atávicas deformaciones en nuestro comportamiento social, que debe basarse en el respeto mutuo, la tolerancia, la solidaridad y la autoestima.

 

La Universidad de Panamá, que históricamente ha suplido al país de profesionales idóneos y cuya evolución ha estado aparejada a las transformaciones del país, al igual que a las reivindicaciones populares y reclamaciones soberanas, se enfrenta hoy a un nuevo escenario.

 

Superadas las instancias de lucha territorial, el compromiso con la renovación de los paradigmas del conocimiento, la actualización y producción científica-tecnológica, son los propósitos que la ocupan. Nos enfrentamos a la tarea de reconvertir el modelo educativo  con el compromiso de hacerlo compatible con los imperativos de la globalización y el desarrollo humanos sostenible. Reconversión cuyos efectos deben permear todos los niveles del sistema educativo, con el propósito de formar un hombre y mujer panameño que participe realmente con responsabilidad y solidaridad de las bondades del progreso económico y social del siglo XXI, al cual todos tenemos derecho.

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<>Artículo publicado el  14  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

Inteligencia emocional y convivencia democrática

 

La opinión de…

 

Eduardo Espino

Hoy en día, una de las variables más importantes en el análisis y comprensión de las dinámicas de desarrollo de un país o nación es el llamado “capital social” o “capital humano”.

Así es porque ante el avance del modelo democrático y su evolución diversa en los diferentes países que lo han adoptado en las últimas décadas, el enfoque es sobre el factor primerísimo de toda sociedad humana: sus ciudadanos y sus maneras de organizarse para enfrentar los retos de la convivencia diaria. Es ese el punto medular en el cual se destacan las agrupaciones cívicas, las instituciones y su dinámicaparticular.

Nuestra época reclama el organizarnos para ser útiles a la sociedad; seres productivos pero también seres con una proyección ética hacia los demás con el fin de obtener logros individuales y grupales de bienestar.

El altruismo y la solidaridad no nacen de decretos gubernamentales ni de la coacción política; es una reacción psicológica natural en el ser humano. La empatía permite interpretar las emociones ajenas y conducirse hacia objetivos comunes que a la larga son individuales. La sociedad sin ciudadanos organizados para la acción y el trabajo en grupo, es una sociedad con baja calidad de capital social por ausencia de liderazgos positivos.

La inteligencia de una persona no es solo tener altos índices de raciocinio lógico–científico; es también la capacidad de autoconducirse mediante el conocimiento de sí mismo y con un sentido de solidaridad. La inteligencia emocional es el control de las emociones y la capacidad de lograr metas por medio de la cooperación y el esfuerzo personal. Da aptitud para la vida a pesar de no tener Ph D o doctorados.

Las fuerzas del mercado están dando nueva forma a la vida laboral y le atribuyen un valor a la inteligencia emocional para el éxito en el trabajo y la productividad. Por eso la educación emocional es tan importante como la educación en humanidades y ciencias. De nada sirve tener diplomas si no se puede llevar a cabo con liderazgo y la actitud correcta, trabajo en equipo para satisfacer necesidades y obtener logros de cualquier naturaleza.

La riqueza de una nación no depende solo de concreto y acero; ni tanto de la cantidad de lumbreras científicas, sino del emprendimiento de individuos y agrupaciones que llevan buenas relaciones entre sí; es decir, que conviven en un clima de tolerancia y respeto a las reglas básicas acordadas en conjunto.

Tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente; si una falla no hay una conducta funcional, útil o productiva. Muchos sabios no llegan a nada porque no pueden controlar sus sentimientos de arrogancia y no pueden ser lideres para llegar a algún objetivo a pesar de contar con un ambiente adecuado.

Las emociones son esenciales para el pensamiento, y el pensamiento lo es para las emociones; las pasiones aplastan la mente racional. Las personas que no ponen orden en su vida emocional quedan sumergidas en batallas interiores que le afectan en su concentración para eltrabajo y el razonar con claridad.

La inteligencia emocional en cada ciudadano es un componente de vital importancia para el progreso material, espiritual y cultural de una nación. El sistema educativo formal no la toma en cuenta; por ello los resultados no serán del todo satisfactorios.

La armonía y la sabiduría organizativa de una sociedad se logra con el continuo interaccionar dentro de pactos voluntarios y reglas emanadas del debate sano. Se fundan instituciones que permiten aprovechar la máxima ventaja de las habilidades creativas de sus miembros y por lo tanto perfecciona el estilo de vida en democracia.

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<> Este artículo se publicó el 2  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.