¡Hasta cuándo!

INDIGNACIÓN  –  La opinión del cardiólogo panameño…

Daniel R. Pichel

La indignación está de moda. El libro-folleto ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se ha convertido en un best-seller en casi todos los países donde puede conseguirse. Hessel es un hombre de más de 90 años, que tiene el mérito de ser el último superviviente de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.  Este ensayo de apenas 60 páginas, bien pudiera convertirse en un “manual del ciudadano decente” y producir profundos cambios sociales.

En la calle se percibe un grado de incomodidad que en cualquier momento puede hacer explosión. Y no es solo en Panamá. Parece ser igual en todos lados. Tal vez debamos considerar un “movimiento nacional de indignación”. No sería ni un partido político, ni una organización de la sociedad civil ni un think tank. Sería únicamente un grupo de personas que comparten la frustración que produce todo lo malo que nos rodea y que hace obligatorio no quedarse con los brazos cruzados viendo como todo sigue igual. Los interesados: enviar un mensaje a indignados.panama@gmail.com. Haríamos un censo para ver qué tantos indignados somos. Mientras, hagamos un inventario de razones de indignación.

Hasta cuándo… tendremos que seguir leyendo en los periódicos que cada licitación o contratación va metida en medio de un chanchullo. Me parece increíble que casi ninguna gestión gubernamental, se dé dentro de un marco de transparencia que no genere suspicacias de algún tipo.

Hasta cuándo… soportaremos una vergonzosa Asamblea Nacional, llena de tránsfugas que lo único que les interesa es estar cerca del poder para mantener esa cuota de clientelismo a la cual están acostumbrados y que les permite seguir cobrando salarios que no merecen.

Hasta cuándo… las autoridades de salud estarán más preocupados por construir hospitales (de lego o de verdad) o por pagar tratamientos de brujería a los envenenados por dietilene glycol, en lugar de desarrollar verdaderos programas de prevención de enfermedades.

Hasta cuándo… la educación será el patito feo de las administraciones públicas, permitiendo que la formación integral de los panameños esté secuestrada por una banda de “dirigentes” que en lo único que piensan es en su interés personal y se niegan a ser evaluados de acuerdo a los resultados académicos de sus alumnos.

Hasta cuándo… veremos que se gasta dinero en obras suntuosas mientras se escatima en la investigación científica y tecnológica.

Hasta cuándo… la Universidad de Panamá seguirá bajando sus requisitos de admisión para conseguir los fondos necesarios para pagar una abultadísima planilla que permite reelegir a un rector crónicamente.

Hasta cuándo… tendremos que escuchar, cómo “expertos en democracia”, a quienes se pasaron una buena parte de su vida lamiendo botas militares sin importarles un bledo los panameños ni sus derechos humanos.

Hasta cuándo… seguiremos creyéndonos el cuento de que la corrupción es un mal del Gobierno, cuando esos actos son patrocinados por ciudadanos y empresas privadas que solo buscan enriquecerse.

Hasta cuándo… el maleante que tenga dinero para pagar un abogado suficientemente hábil, seguirá impune, disfrutando de medidas cautelares cosméticas, mientras que a cualquier “ladrón de abarrotería” lo encierran en La Joya o La Joyita.

Hasta cuándo… al mencionar los embarazos en adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual, las autoridades se limitarán a persignarse evitando tomar medidas reales confrontando a un puñado de fanáticos que viven en la Edad Media.

Hasta cuándo… “prestigiosos” bufetes de abogados, se prestarán para defender corruptos usando todo tipo de triquiñuelas y tecnicismos procesales para retrasar las audiencias y fallos que pudieran afectarlos.

Hasta cuándo… preferiremos ver una asquerosa crónica roja en lugar de un programa cultural o un documental educativo.

Hasta cuándo… seguiremos emparchando una Constitución que nació torcida y donde solamente se busca acomodar los intereses de alguien sin pensar lo que el país necesita.

Hasta cuándo… veremos que quien roba millones al Estado o paga coimas para obtener concesiones y contratos, es tratado por la sociedad como un distinguido empresario.

Hasta cuándo… toleraremos que se use el anonimato para dañar la imagen de quienescuestionan el estatus quo.

Hasta cuándo… tendremos un Órgano Judicial y un Órgano Legislativo protegiéndose entre ellos para que nunca sean investigadas las irregularidades y actos de corrupción en que son señalados.

Hasta cuándo… será necesario esperar para que se investiguen correctamente los escándalos del Fondo de Inversión Social y que duermen en un cajón para proteger a los involucrados.

Hasta cuándo… la justicia estará supeditada al “juega vivo” de un sistema donde se da más valor al tecnicismo que a los actos cometidos.

Hasta cuándo… seguiremos viviendo en el engaño de que nuestra economía crece casi 10% anualmente, si ese crecimiento no llega a quienes lo necesitan.

Hasta cuándo… vamos a permitir que los mismos cuatro pseudodirigentes de siempre se llenen la boca presumiendo de ser los representantes del “pueblo panameño” cuando lo único que buscan es obtener beneficios para ellos y sus secuaces.

Hasta cuándo… tendremos que elegir cada cinco años a los menos malos entre los malos.

Hasta cuándo… seguiremos siendo indiferentes.

Estos, son solo algunas razones para, tarde o temprano, formar un movimiento cuyo eslogan sería: “Los indignados somos más”.

<> Artículo de opinión publicado el 8 de mayo de 2011 en el diario La Prensa de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La crueldad

La opinión del Abogado y Profesor Universitario en la materia…

CARLOS AUGUSTO HERRERA
cherrera255@hotmail.com

Para que un sujeto se deshumanice debe evolucionar desde su estado de conciencia primario hacia la madurez, en un largo trecho que se consolida con los años, y como dicen los poetas, explicar este fenómeno que se llega hasta los confines del espíritu, lugar en donde anidan los sentimientos del alma.   Todos somos sutilmente diferentes.   Eso se marca en las tendencias del comportamiento desde niños hasta la pubertad avanzada. Amar y odiar son los extremos conceptuales por donde procede el ser; es el resultado de las aptitudes cotidianas, que se sopesan al medir los valores ante las conductas. ¿Por qué alguien es malo? Esta respuesta tiene un mundo de variables.

Dicen que todos nacemos buenos, pero nos dañan las malas experiencias adquiridas en la vida. Puede ser que el resentimiento provoque un acto de venganza, que no es otra cosa que la satisfacción que se alcanza cuando se infiere un daño o agravio para devolver una agresión.

Dentro de la organización social tenemos que alcanzar una convivencia y en la relación, la colocación social entre los pocos que mandan y aquella mayoría que obedece. LEWIS Y TOWERS nos apoyan con pensamientos como que la ‘psicología moderna ha tenido un éxito extraordinario al descubrir las situaciones concretas de frustración, o de inferioridad, o de temor que originan la agresividad por una parte y los síntomas de retraimiento por la otra’. Se plantea de manera científica, lo que ahora hemos dicho con nuestras palabras, aunque tenemos que avanzar con el concepto sobre la crueldad. Se habla del perverso y sobre el deprimido. En Wikipedia, se define al perverso como una forma de personalidad anormal, en la que se destaca una continua y progresiva agresividad y destructividad que puede ser en su perjuicio o lo que tiene alrededor, porque el paciente libera sus tendencias o instintos.

Un maligno puede tener en cambio, un comportamiento anormal de una forma transitoria o permanente; puede ser congénito, cuyo elemento esencial es la conducta histérica; o simplemente esa actitud es adquirida por el resentimiento, odio, fracaso, económico o profesional.   El histérico es aquel que se sofoca y pierde el control y en lo grave produce convulsiones, además de definirlo como una enfermedad y es propio de los fanáticos en especial, los religiosos.   Un recordado pastor me explicó hace años en Windsor, Canadá, que todos tenemos en el pecho un péndulo que nos indica si lo que hacemos es bueno o malo, pero eso es para los que gozan de la capacidad de discernir, porque los enfermos mentales graves no saben lo que hacen.   Los fanáticos son aquellos que no razonan.

Visto de una manera u otra lo anotado anteriormente, tenemos que pareciera que estas actitudes rencorosas se pueden heredar también. Así llegamos a la tortura, y como aparece en Wikipedia, define esta perversión como la de provocar una daño físico o material al golpear, rotura de huesos, desgarros musculares, castración, aplastamiento, cortes, descargas eléctricas, desfiguración, quemaduras, aplicación de temperaturas extremas, ingestión de productos químicos o elementos cortantes, baños con substancias químicas cáusticas, ahogamiento, violación, privación del sueño o posturas corporales incómodas.

Podemos agregar la envidia, que es una modalidad perversa, pero sin los evidentes daños materiales, sin el menoscabo del efecto que puede producir. Encontramos distintos enfoque sobre la perversidad ahora congénita, como aquellas sonadas películas como ‘Semilla de maldad’.

Otra definición coloca al perverso en niveles mentales, sea alto, mediano o nulo. Dicen que el inteligente esconde en su personalidad su verdadero comportamiento. Otras variables señalan la cobardía o la insatisfacción sexual cegada por esa creencia de inferioridad.

Afortunadamente tenemos mecanismos científicos para detectar estos males del comportamiento y también están muy bien definido los controles de selección, para aquellos casos en donde existe la pasibilidad de control de personal. Por ello se han reglado laboralmente y hasta los niveles penales, aquello del acoso sexual. Los depredadores de niños están en el lugar que se concentran los párvulos, por ello son imprescindibles las reglas de comportamiento de los mayores y en especial esa selección de subalternos.

Otro asunto muy importante son los cuerpos de policía, ejército y fines. Aquí hay un estadio de control por la cadena de rangos, pero lo más sintomático es la concentración de poder en una persona, que le permita llamar la atención, obligar, someter agredir, que si el uniformado es cruel, sin dudas se va a satisfacer.   El contrapeso es una debida supervisión y dentro de ellos cumplir estrictamente con los procedimientos. El uso de la fuerza empieza por persuasión hasta el uso de instrumentos letales.

Todo esto tiene un mecanismo, claro que existe la discreción, porque todos los casos no son iguales y hay que recordar que en estos enfrenamientos está la propia seguridad del agente.

Este artículo se publicó el  6  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los tamales de ‘Chola’, se cocinan en el cielo

La opinión del Periodista…

ANTONIO GRAELL F.
agraell@hotmail.com

Desde niño, recuerdo que nos decían que si queríamos ser fuertes como ‘Supermán’, teníamos que tomar agua de masa de maíz y era así que cada vez que la señora ‘Chola’, iba a hacer sus ya famosos tamales, corríamos toda la gallada de la Calle Estudiante a hacer la fila para moler el maíz, ya que el que no molía, no le tocaba su vaso de agua de masa.

La señora ‘Chola’ como la llamaba todo el mundo o Tía Chola como yo le decía, ayudaba a la economía de su hogar junto a su inseparable esposo Alfredo Moreno, mejor conocido en el barrio como ‘Papá Moreno’, por su don de gente, siempre ayudando a toda la gente desde su puesto de venta de limones en el desaparecido Mercado Público del terraplén.

Sí, Alfredo Moreno y Honorina Flores de Moreno criaron y educaron a sus cuatros hijos: Alfredo, José Alberto, Dionisio y Esther. Hoy día, la muchachada de la Calle Estudiante, la mayoría todos jubilados, recordamos los famosos tamales de la Tía Chola, quien el próximo 17 de marzo cumpliría 95 años de edad, pero que el Dios Todopoderoso, quiso el 18 de enero de 2011, llamarla al reino celestial mientras se recuperaba de una visura en la cadera en el Hospital de la Caja de Seguro Social. Tía Chola que acostumbraba a satisfacer a todos con sus sazones, le tocó saborear un rico caldo preparado por su hija Esther una hora antes de partir con el Señor y con su sonrisa de siempre dijo ‘Ay hija, esto sí está bueno’. 60 segundos después, su vetusto, pero noble corazón dejó de latir, producto de un paro cardíaco.

Recuerdo que a mis 10 años de edad, la vi un domingo preparando una enorme gallina, que por cierto en aquel entonces era el plato dominguero (Gallina, macarrones y ensalada de toldo). Le pregunté: ‘Tía Chola ¿qué está cocinando?’, y ella con una muy disimulada sonrisa mirándome por sobre sus hombros me respondió: ‘Gallina… Zo, que te oye la vecina’. Esa era la Tía Chola, siempre jovial, campechana y con unas ‘salidas’, que me tomaría escribir como tres Tomos que titularía: ‘Las Ocurrencias de la Tía Chola’. Descanse en Paz… ¡Tía Chola!.

<>Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.

Aceite de culebra

La opinión de…

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Nadie sabe cuándo ocurrió, pero en algún momento de la evolución social humana, alguien se dio cuenta de que podía, por medio de la persuasión, timar a una o muchas personas. Muchas veces por el simple hecho de ganar espacio y lograr ventaja para subsistir.   Me puedo imaginar la primera vez que sucedió.   El pícaro intercambia un favor de importancia por otro menos valioso, por medio del convencimiento amigable y delicado, la distracción y el acomodo y reacomodo de la realidad.   Funcionó.

Lograda la ventaja sin repercusiones contrarias para él, retornó sobre lo ensayado. La planteó como teoría empírica para volver a aplicarla bajo otras circunstancias. Funcionó nuevamente. Y así sucesivamente, generalmente con sagacidad, fue mejorando y afinando los elementos disuasivos para que su vehículo de supervivencia fuera más sofisticado y convincente cada vez.

Stephen Littlejohn y Karen Foss en su libro ‘Theories of Human Communication’ sostienen que: ‘La creación y desarrollo de una teoría es una actividad social humana: las personas las crean, las ensayan o ponen a prueba y evalúan sus resultados…’. Estas prácticas de persuasión engañosa ya formuladas en una teoría y puestas en práctica por el primer timador, rápidamente fueron generalizándose (como siempre, toda actividad es plagiada por otros).   Littlejohn y Foss agregan que: ‘… como actividad social, la formulación de teorías se realizan en el seno de comunidades de investigadores quienes conocen y comparten una serie de prácticas comunes’. (Cambie la palabra investigadores por timadores).

Es así, como a lo largo de los tiempos, en el seno de los diversos grupos humanos que fueron poblando la tierra, emigraban embusteros y farsantes de localidad en localidad y se ubicaban en los mercados comunales, las aceras de las calles, en los incipientes comercios; con la puja y repuja cotidiana. Había que tener cuidado y suspicacia en las negociaciones y transacción de un bien por otro, o de un servicio por otro.   Según el diccionario urbano, en el siglo XIX vendedores ambulantes vendía como marravilloso aceite de culebra; un elixir con garantías de que era la cura para todos los males. El término ‘aceite de culebra’ se popularizó como un concepto peyorativo atribuible a todo producto que se ofrecía con propiedades fantásticas. Gato por liebre envuelto en un proceso de comunicación persuasivo y engañoso.

Desde entonces y aprovechando el advenimiento de toda clase de herramientas para alcanzar los objetivos de dominación y no siempre para fines positivos, individuos y grupos han aprovechado los conocimientos sobre los efectos y la función de los procesos persuasivos de comunicación para fortalecer su control y dominio sobre grandes sectores del conjunto humano.

A mediados del siglo pasado, Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolfo Hitler, lo definió tan cáustico y lúcidamente cuando formuló y puso en práctica su famosa teoría: ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’ (‘…a lie, if audacious enough and repeated enough times, will be believed by the masses’). Desde entonces, los centros hegemónicos del poder económico y político, han continuado con la manipulación de los procesos de comunicación a todos los niveles, principalmente a través de la propaganda y la publicidad.

La tendencia en estos tiempos que vivimos, es la de redefinir las teorías y prácticas de comunicación fundamentados en un goebelismo modernizado, hoy tan presente en el diseño de campañas dudosas; el maquillaje de la ‘imagen’, la creación de marcas (branding) y en la promoción masificada de mensajes subliminales a cada momento y en cada vehículo comunicacional para el control de casi todo.

Estas estrategias manipulativas han tamizado a la actividad política. Ya no es importante el discurso centrado en ideas filosóficas o ideológicas para ganar, sumar y mantener adeptos. Ya no son necesarias las ideas visionarias para mejorar la condición humana de todos.   Lo que importa es la estrategia mediática que diseña, ‘el grupo de creativos’ de los equipos de comunicación que las organizaciones contratan. Ellos definen los mensajes, su propósito y el alcance de las mismas. La dinámica entre emisores y receptores basados en un goebelismo perverso y desmesurado es la filosofía de estos grupos. Teoría requete comprobada;   ‘mentiras audaces’ es lo que impera en estos mercados modernos y trabajan afanosamente para desviar los progresos que ha alcanzado la humanidad en términos de convivencia decente, crecimiento social y cultural.

En el argot local, ese goebelismo forma parte fundamental de lo que todos conocemos como ‘juegavivo’; el todo para mí y no amerita tanta teoría o razón.   Desde el primer timbrazo del reloj despertador en la mañana, hasta que apagamos el televisor en la noche, casi todos estamos cuidándonos y escudriñando entre los miles de mensajes que nos asaltan todo el día. Mensajes que no siempre son verdad; con propósitos no siempre nobles y no siempre para bien.  Aceite de culebra.

 

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Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Agua: convivencia o caos

La opinión del Rector de la Universidad de Panamá…


Gustavo García de Paredes

El asueto navideño, con su natural aire festivo, trajo consigo otras preocupaciones que motivan serias reflexiones a todos los panameños y, sobre todo, a los responsables de orientar la vida educativa y cultural del país.
Los estragos causados por los fenómenos naturales que acarreó luto y dolor en miles de hogares panameños, puso a prueba nuestra capacidad para enfrentar situaciones que exigen sacrificios colectivos y solidaridad con nuestros compatriotas, amigos y familiares.
El daño causado por las crecientes de los ríos en el sistema de purificación y distribución del agua en el área metropolitana y alrededores, impuso una racionalización del vital líquido para que este pudiera paliar las necesidades de la población de manera equitativa y responsable.    No obstante, el llamado fue desoído por gran parte de la ciudadanía que prefirió llenar sus piscinas, lavar sus terrazas y autos, o regar sus jardines.

Para los panameños el agua no sólo está vinculada a su existencia material; nuestra toponimia, forma de vida y producción material están determinadas por el inapreciable líquido. Igualmente ha sido trocha, ruta para exploraciones, aventuras, apertura al mundo, fuente de conocimiento, de economía y crecimiento.

 

Tan acostumbrados estamos a su abundancia que no ponderamos los peligros y amenazas que se ciernen sobre ella como recurso que se visualiza escaso en un futuro no muy lejano. El disfrute que hoy tenemos de ella y de los recursos que prodiga puede sufrir un grave desequilibrio, si no tomamos las previsiones y formalizamos políticas para su protección y preservación. Recordemos el sabio dicho popular que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

 

La suspensión general del suministro el día tres de enero provocó una histeria generalizada y precipitó a miles de personas al acaparamiento y consecuente especulación del agua embotellada en los supermercados; generó la protesta de otros y dio motivo a un número plural de acciones callejeras.

 

Como en una de esas películas apocalípticas vimos en televisión hombres, mujeres y niños escanciar vasijas para obtener un poco de agua. La naturaleza puso una ligera prueba a nuestra precaria capacidad para enfrentar las crisis, pero sobre todo al espíritu de solidaridad que enhebra los intereses comunes.   Se reveló, de un solo golpe, la carencia de una cultura de convivencia que debe ser la columna vertebral de la vida colectiva.    Pasaron antes nosotros las imágenes de los conflictos de la vida colectiva.   Pasaron ante nosotros las imágenes de los conflictos norafricanos y del Medio Oriente en que el control de un manantial o el curso de un río suplantan la ancestral lucha por el petróleo.

 

La posición geográfica de la cual emana nuestra riqueza, el potencial económico de que disponemos y la confluencia del comercio mundial en nuestras playas nada significa, si no tenemos la actitud y responsabilidad para disfrutar adecuadamente del bienestar que brinda la tecnología y el mejoramiento en la vida material.

 

El desperdicio del agua, la irresponsabilidad en el manejo, la violencia desenfrenada y otras conductos que asoman a diario no pueden ser cambiadas por programas fragmentados o esporádicas campañas mediáticas. Es necesaria la construcción de una cultura de convivencia como política de Estado, que contribuya a modificar las atávicas deformaciones en nuestro comportamiento social, que debe basarse en el respeto mutuo, la tolerancia, la solidaridad y la autoestima.

 

La Universidad de Panamá, que históricamente ha suplido al país de profesionales idóneos y cuya evolución ha estado aparejada a las transformaciones del país, al igual que a las reivindicaciones populares y reclamaciones soberanas, se enfrenta hoy a un nuevo escenario.

 

Superadas las instancias de lucha territorial, el compromiso con la renovación de los paradigmas del conocimiento, la actualización y producción científica-tecnológica, son los propósitos que la ocupan. Nos enfrentamos a la tarea de reconvertir el modelo educativo  con el compromiso de hacerlo compatible con los imperativos de la globalización y el desarrollo humanos sostenible. Reconversión cuyos efectos deben permear todos los niveles del sistema educativo, con el propósito de formar un hombre y mujer panameño que participe realmente con responsabilidad y solidaridad de las bondades del progreso económico y social del siglo XXI, al cual todos tenemos derecho.

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<>Artículo publicado el  14  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

Inteligencia emocional y convivencia democrática

 

La opinión de…

 

Eduardo Espino

Hoy en día, una de las variables más importantes en el análisis y comprensión de las dinámicas de desarrollo de un país o nación es el llamado “capital social” o “capital humano”.

Así es porque ante el avance del modelo democrático y su evolución diversa en los diferentes países que lo han adoptado en las últimas décadas, el enfoque es sobre el factor primerísimo de toda sociedad humana: sus ciudadanos y sus maneras de organizarse para enfrentar los retos de la convivencia diaria. Es ese el punto medular en el cual se destacan las agrupaciones cívicas, las instituciones y su dinámicaparticular.

Nuestra época reclama el organizarnos para ser útiles a la sociedad; seres productivos pero también seres con una proyección ética hacia los demás con el fin de obtener logros individuales y grupales de bienestar.

El altruismo y la solidaridad no nacen de decretos gubernamentales ni de la coacción política; es una reacción psicológica natural en el ser humano. La empatía permite interpretar las emociones ajenas y conducirse hacia objetivos comunes que a la larga son individuales. La sociedad sin ciudadanos organizados para la acción y el trabajo en grupo, es una sociedad con baja calidad de capital social por ausencia de liderazgos positivos.

La inteligencia de una persona no es solo tener altos índices de raciocinio lógico–científico; es también la capacidad de autoconducirse mediante el conocimiento de sí mismo y con un sentido de solidaridad. La inteligencia emocional es el control de las emociones y la capacidad de lograr metas por medio de la cooperación y el esfuerzo personal. Da aptitud para la vida a pesar de no tener Ph D o doctorados.

Las fuerzas del mercado están dando nueva forma a la vida laboral y le atribuyen un valor a la inteligencia emocional para el éxito en el trabajo y la productividad. Por eso la educación emocional es tan importante como la educación en humanidades y ciencias. De nada sirve tener diplomas si no se puede llevar a cabo con liderazgo y la actitud correcta, trabajo en equipo para satisfacer necesidades y obtener logros de cualquier naturaleza.

La riqueza de una nación no depende solo de concreto y acero; ni tanto de la cantidad de lumbreras científicas, sino del emprendimiento de individuos y agrupaciones que llevan buenas relaciones entre sí; es decir, que conviven en un clima de tolerancia y respeto a las reglas básicas acordadas en conjunto.

Tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente; si una falla no hay una conducta funcional, útil o productiva. Muchos sabios no llegan a nada porque no pueden controlar sus sentimientos de arrogancia y no pueden ser lideres para llegar a algún objetivo a pesar de contar con un ambiente adecuado.

Las emociones son esenciales para el pensamiento, y el pensamiento lo es para las emociones; las pasiones aplastan la mente racional. Las personas que no ponen orden en su vida emocional quedan sumergidas en batallas interiores que le afectan en su concentración para eltrabajo y el razonar con claridad.

La inteligencia emocional en cada ciudadano es un componente de vital importancia para el progreso material, espiritual y cultural de una nación. El sistema educativo formal no la toma en cuenta; por ello los resultados no serán del todo satisfactorios.

La armonía y la sabiduría organizativa de una sociedad se logra con el continuo interaccionar dentro de pactos voluntarios y reglas emanadas del debate sano. Se fundan instituciones que permiten aprovechar la máxima ventaja de las habilidades creativas de sus miembros y por lo tanto perfecciona el estilo de vida en democracia.

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<> Este artículo se publicó el 2  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Verdades

La opinión de…

Aviva  Levy 

A dos días de celebrarse la Navidad se publicó una opinión del Analista Internacional Jairo Henri Pertuz Suarez donde nos presenta un breve recuento de la descendencia judía de Jesús y hace la pregunta: “¿Quién tiene la verdad, los judíos o los cristianos?”. Luego nos afirma con las siguientes palabras: “cada Navidad los judíos en todo el mundo hacen mucho dinero a costas de Jesús, aunque no festejan su nacimiento ni lo aceptan como su Mesías”.

 

No entraré en detalles pero sí les haré recordar que cuando hablamos de religión estamos hablando de un conjunto de sucesos históricos, los cuales se han acoplado, evolucionado y transformado a lo largo de los tiempos.   Ninguna religión se hizo en un día.   El origen y el resultado son factores que encierran entre estos una lista larga de transformaciones, conflictos ideológicos, asimilaciones, influencias externas, cambios, añadidurillas y ajustes, los cuales han pasado por largos corredores de otros conflictos, obstáculos, rechazos, etc.    Ninguna religión, ningún pueblo, ninguna filosofía ni pensamiento poseen una absoluta verdad,   no de un Mesías,   no de un Dios y tampoco de una deidad.

La religión es parte de una cultura, es parte de las creencias de un pueblo y de ninguna manera poseen las llaves de alguna verdad.   La verdad única que provee una religión es el de darle al pueblo una manera sana de convivencia, de bienestar y hermandad. En tiempos antiguos, incluyendo tiempos llamados Bíblicos, las religiones eran parte de la política con la cual se gobernaba el pueblo.

Con respecto a la parte comercial que menciona Pertuz con un: “los judíos hacen mucho dinero a costas de Jesús” debemos recordar que en primer lugar esos judíos les proporcionan puestos laborales a miles de personas así como aportan en el desarrollo económico del país.   La venta de artículos navideños no es a costa de Jesús, es pura demanda y oferta tal como en otras festividades, día de la madre, padre, día del maestro, carnavales, Halloween. Pertuz también se queja del “improvisado personaje llamado Santa Claus” a lo cual debemos recordar que este personaje se origina en Europa probablemente de alguna leyenda antigua la cual inspiró la noble práctica de obsequiar regalos a los niños pobres en Navidad.

Así que ya saben… la Navidad, regalos, Santa Claus, judíos, todo esto es parte de la verdad de hoy. Y hablando de hoy, este es un buen momento para felicitar a los nuevos propietarios de Panamá América, los empresarios Alberto Eskenazi y Henry Mizrachi.   Les deseo muchos éxitos y tengo las esperanzas en que no permitan que las páginas de este diario se manchen con judeofobia.

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<>Artículo publicado el  29 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Saber elegir es vivir responsablemente

La opinión de…

José María Estrada Solórzano

Todas las cosas que hacemos y pensamos están guiadas por la profunda necesidad de satisfacer necesidades percibidas como imprescindibles o para curar dolores insoportables. Si bien es cierto que en la mayoría de los casos la lógica convence,  es la emoción y la pasión la que nos motiva a actuar.

En el proceso de actuar solo unos pocos prefieren la verdadera libertad de pensamiento y acción; la mayoría no busca más que amos.   A tal efecto la persona está dispuesta a entregar su libertad a cambio de que el amo perdone sus pecados por intermedio de unos cuantos ayunos, unos cuantos padres nuestros y ave marías, unos cuantos ritos diarios o anuales y la nunca olvidada limosna o dádiva, contante y sonante o en especies, vía el representante local o vía teletón.

Es cierto que se hace necesario aceptar la imperfección de los sentimientos para poder arriesgarse a sentirlos y vivir con ellos, aunque sea por el tiempo necesario para lograr cambiarlos.

Pero por otro lado las personas no se arriesgan a sentir porque temen ser heridos emocionalmente. Necesitamos aceptar y encontrar los valores que nos importan aun en las imperfecciones de los demás, por la sencilla razón de que este es el estado natural de los seres que nos rodean. Y que demás está decir, tenemos que convivir con ellos so pena de quedar aislados emocionalmente en el tiempo, en el espacio, en el conocimiento y en el sentimiento.

La necesidad de saber elegir es un imperativo irrevocable e irrenunciable.  Un ser humano ignorante y hambriento es fácilmente manipulable.   Es un hecho comprobado que el ser humano desde su primera crisis existencial necesita del componente espiritual para tratar de entender lo que no puede explicar racionalmente.

El tupido velo de la ignorancia académica, la incapacidad de ejercer libremente el pensamiento crítico, la conveniencia de transferir sus pecados a un ser supremo que todo lo perdona y promete la vida eterna a cambio de la esclavitud emocional que no cuesta nada al pecador, atizada convenientemente por la religión, es el caldo de cultivo de la irresponsabilidad y la falta de respeto del ser humano para con el prójimo. La venta y compra de indulgencias tiene hoy en día muchas máscaras.

La búsqueda del Dios de cada uno es un desafío individual. Cada persona es responsable de su propia búsqueda, pues si bien es cierto que un hombre con sabiduría puede compartir sus experiencias, jamás podrá compartir sus resultados.

La educación hace al individuo fácil de guiar, pero muy difícil de manipular; hace al individuo fácil de gobernar, pero muy difícil de convertirlo en esclavo. Y la educación, tanto la del hogar como la académica, son las cosas más importantes que los padres responsables pueden heredar a sus hijos. No olvidemos que lo más importante en la vida no es lo que se ha perdido en el camino, sino lo que se logra hacer con lo que nos queda. Es oportuno recordar la expresión del filósofo: “He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil”.

Es bien conocido que el dinero puede comprar un libro, pero no el conocimiento dentro del mismo; el dinero puede comprar la mujer que nos parió, pero no la madre dedicada y responsable; el dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo que marca ni el perdido; el dinero puede comprar al hombre, pero no a un padre con ataduras inquebrantables; el dinero puede comprar una casa. pero no un hogar responsable; el dinero puede comprar el espejo, pero no la conciencia que nos mira; el dinero puede comprar una noche de pasión, pero no un día lleno de sacrificio y paciencia; el dinero puede comprar la tecnología, pero no más tiempo con la madre inolvidable.

Según Aristóteles: “Todos los seres humanos tienen naturalmente el deseo de saber”.   Y no hay religión alguna que pueda impedirlo. Según san Agustín: “He encontrado a muchos que querían engañar, pero ninguno que quisiera ser engañado”.   Los obispos, jeques y rabinos deberían tomar nota.    Según Einstein, “La ciencia sin religión está coja, la religión sin ciencia está ciega”. Yo añado. Los buenos ratos hay que fabricarlos porque los malos llegan solos.

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<> Este artículo se publicó el 25 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre fines y medios…

La opinión de…

 

DANIEL  R.  PICHEL
dpichel@cardiologos.com

A toda persona normal debe preocuparle que se violenten las normas de la convivencia democrática. Temas como la separación de poderes, los mecanismos de control y la transparencia en la gestión pública son esenciales para que la democracia funcione correctamente. Muchas veces decimos que no podemos vivir bajo la esencia de las doctrinas de Maquiavelo, según la cual, “el fin justifica los medios”.

Sin embargo, olvidamos cómo nos quejamos amargamente cuando, aplicando los medios que establece el manual democrático, se hace casi imposible alcanzar los fines.   Si nos detuviéramos un momento a pensar qué queremos y cómo puede conseguirse, tal vez nos diéramos cuenta de cuáles deben ser nuestras prioridades a futuro. Trataré de ilustrarlo con ejemplos reales.

En Panamá, constantemente nos estamos quejando del irrespeto a la institucionalidad democrática. El nombramiento de allegados al Ejecutivo en puestos de control, la metamorfosis de políticos de la oposición que, de la noche a la mañana, comienzan a ver el mundo en la misma línea que el gobierno, la sospechosa aprobación casi genuflexa de las iniciativas legislativas que respaldan la gestión presidencial, las contrataciones directas para obras estatales y ahora el posible proyecto que permitiría la reelección hacen pensar que la democracia panameña está muy lejos de ser a lo que aspiramos.   Seguimos cometiendo el terrible error de confundir el votar cada cinco años en una elección en la que se respetan los resultados, con vivir en un sistema verdaderamente democrático.

Si bien es cierto, hay razones para preocuparse, lo más importante es analizar qué estamos haciendo para resolver estos temas de que tanto nos quejamos. La pregunta relevante es: ¿qué haríamos si mañana fueran las elecciones, sabiendo por adelantado el estilo del actual gobierno?   Pues, me atrevo a asegurar que, si las alternativas que tuviéramos para escoger fueran las mismas que nos presentaron en mayo de 2009, la grandísima mayoría votaríamos nuevamente por los mismos.

Ante esta perspectiva, tenemos que entender que la prioridad en Panamá es que se comiencen a identificar líderes con miras al futuro. Líderes que representen los valores primordiales de un sistema democrático, en el que la forma de ejecutar sea tan importante como la ejecución misma. Líderes que surjan de partidos y grupos con ideologías sólidas y con proyectos basados en las reales necesidades de la gran mayoría de la población y no de grupos particulares.

Lo triste es que estos líderes no garantizan tampoco mejorar las cosas. Y allí tenemos el mejor ejemplo en Barack Obama. Durante la campaña, Obama presentó un discurso basado en valores y principios que permitió una movilización sin precedentes de grupos que habitualmente son ajenos a la actividad política, especialmente jóvenes.

Así, Obama gana las elecciones con un apoyo general, gracias a que sembró la esperanza de que cambiaría la forma de hacer las cosas. Pero lo que pasó después fue que esas buenas intenciones se estrellaron de frente con el sistema político de Washington, donde la “institucionalidad democrática” permite todo tipo de triquiñuelas para bloquear las iniciativas que choquen contra los intereses particulares de partidos y grupos de influencia. Entonces, ese pueblo que apoyó masivamente el plan de Obama no está dispuesto a respaldarlo en la implementación de soluciones. De ese modo, el hecho de “no cumplir las promesas de campaña” termina ejerciendo un efecto negativo sobre la opinión pública.

Entonces, ¿qué le quedaría a alguien que quiere cumplir con la implementación de cambios? … Pues, tratar de utilizar lo poco que permite el sistema para garantizar que se puedan ejecutar proyectos y programas.   Para eso, hay que estirar el sistema hasta el límite de lo que permite. Entonces, cuando se hace eso… Se está “debilitando la institucionalidad y la democracia”… Si queremos entonces ver lo que sigue, volvamos al principio del artículo.

Ante esta perspectiva, la única opción posible es comenzar a pensar en líderes que entiendan bien el sistema democrático bajo la perspectiva de que los fines y los medios deben conjugarse a favor de las mayorías y de ninguna manera ser un obstáculo al desarrollo social. Porque, si solamente nos quejamos, le hacemos la campaña a gente exactamente igual a quienes criticamos… o quien sabe si aún peores…

<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Capital social panameño

La opinión de…

Eduardo Espino López

Algo no anda muy bien en nuestro país cuando conductas y hábitos como los enumerados a continuación se apoderan de la convivencia diaria, veamos:

1. Espectáculos públicos pésimamente organizados con dos y tres horas de retraso, falta de orden al entrar y apoderamiento de los puestos de más valor por quienes no pagaron por ellos; balaceras a la salida del evento y tranque vehicular descomunal, porque a “alguien” se le “olvidó” abrir las puertas de salida o “se quedó la llave”.

2. Murmullos y tertulias continuas en varias bibliotecas universitarias, sin consideración a quienes están realizando un trabajo de investigación. No hay autoridad para llamar al orden.

3. En congresos, seminarios, simposios o conferencias de lugares lujosos y frente a invitados internacionales, los asistentes se levantan hablando en voz alta sin parar, interrumpen el paso en la salida y entrada, hay una ruidosa competencia a ver quién llega primero a comer y se sirven los refrigerios a horas no contempladas en el programa; expositores que se pasan más de media hora de su tiempo e inicio con dos horas de retraso, porque es “a la hora panameña”.

4. Personas que usan siete veces a la semana, o más, los servicios de salud pública.

5. Reuniones de vecinos de una propiedad horizontal que se efectúan a la tercera convocatoria y acude solo el 5% del total de los propietarios; área sociales vacías, poca participación en actividades comunitarias; críticas malsanas a quienes salen a asumir responsabilidades y discusiones extensas en las asambleas de vecinos sobre temas insustanciales sin llegar a ningún compromiso concreto. También alta morosidad de cuotas de mantenimiento.

6. Indiferencia ciudadana generalizada, pésima atención en oficinas públicas y privadas, incumplimiento reiterado de compromisos, desconfianza y descalificación a priori a las opiniones de las demás personas. Miedo a opinar y pereza para debatir y trabajar en grupo.

7. Empleadas domésticas que roban, mienten y trabajan con desgano, siendo necesario contratar entre 55 y 60 diferentes empleadas al año, para realizar las labores más elementales de un hogar. Cuando se van, cobran lo que no han producido y se llevan lo que no deben.

8. Vandalismo estudiantil y padres que lo apoyan, porque “en otras escuelas han hecho lo mismo y no les hicieron nada”.

9. Queremos “marea roja” invicta en sus presentaciones deportivas, pero sin permitir una sólida trayectoria de talentos gracias a egoísmos estrechos.

Así mismo, encontrar un trabajador para que coloque una tuerca es una proeza en este pequeño pero difícil país, cada vez más violento y fétido de basura. Todo este repertorio de comportamientos al que estamos ya acostumbrados y al que reaccionamos, en mayor o menor frecuencia, de la misma manera hasta los más diligentes ciudadanos, indica que hay un paradigma mental compartido con certeza entre los panameños: “lo que haga o deje de hacer dará lo mismo”.

Y es que en Panamá no prevalece el esfuerzo y el mérito en cualquier labor o actividad; ni la transparencia como principio rector de los actos de una cada vez mayor proporción de personas indisciplinadas y despreocupadas (con o sin títulos universitarios). En esto ha influido mucho la manera como se relacionan la sociedad y el Estado, a través de la política.

Lo informal y el personalismo–amiguismo toman un carácter muy prominente, permeando las conductas sociales en nuestro medio. Este clima de tolerancia a lo chabacano y ordinario e intolerancia y envidia a los que buscan destacar por sus esfuerzos, hacen de Panamá un pobre país rico; en el que un creciente porcentaje de su población vive desconfiando de todo y trata de sacar provecho con el mínimo esfuerzo. Todo esto propiciado por un clima institucional endeble y falto de ecuanimidad que fluctúa entre la improvisación, la impunidad y la represión de las libertades.

El capital social es la red de apoyos voluntarios a nivel de la sociedad, su nivel general de educación y cultura, así como la capacidad global de los ciudadanos junto a sus instituciones políticas de fomentar el trabajo comunitario para fines productivos específicos; preservando las iniciativas individuales de provecho común que al final de cuentas es lo que hace que una nación supere las dificultades que se le presentan.

La psicología del “juega vivo” obra en contra de lograr el pleno desarrollo de los potenciales de Panamá: los miles de millones que genera el Canal y su ampliación, las tierras revertidas con sus multimillonarios precios y la economía transitista. El “pro mundi beneficio” de nuestro lema patrio es en la práctica servir para que otros se sirvan de nuestra nación, a través del Estado.   Es que el factor humano o el capital social en nuestro país parece estar en proporción inversa a la cantidad de dinero circulante.

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<> Este artículo se publicó el 15 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Dónde están las feministas?

Pareciera ser que las mujeres celebrarán la navidad recogiendo el reguero dejado por sus alegres familiares.   La opinión de….


MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

 

 

Echo de menos en estos días el crujir de dientes y el ríspido sonido de las vestiduras al rasgarse.   No he oído ninguna queja, ninguna protesta, ni piqueteos, ni inmolaciones a lo bonzo.   Han pasado ya varias semanas y al no haber escuchado las voces indignadas de ninguna de aquellas que en teoría velan por el derecho de todas a ser iguales e igualadas, pues emito yo mi humilde aullido para que luego no digan que no apoyo a la causa.

Quiero suponer que todo esto de la navidad y los efluvios bondadosos que inoculan en nuestros embotados cerebros consumistas los cursis villancicos omnipresentes en estas fechas, lo que ha impedido que las personas inteligentes reaccionen del modo que yo esperaba.   Vale, me explico, ¿ustedes han pasado por Vía Argentina últimamente?   Digo, que si han pasado fijándose en algo más que no sea llenar su mente de pensamientos escatológicos sobre las habilidades laborales de los que programaron los semaforitos instalados en la dicha vía, si han pasado no habrán podido dejar de notar la decoración que han colocado.   Sí, ya sabemos, es un horror espantoso que no llega ni siquiera a kitsch, pero no es del mal gusto que quiero hablar hoy, al fin y al cabo para gustos se hicieron los colores (aunque haya gustos que merezcan palos), sino de algo mucho más sutil, ¿se han fijado en las escenas recreadas en estas estaciones navideñas? ¿Nadie se ha percatado del tema?

Se lo describo para que, aquellos que pasan por allí sin fijarse y aquellos otros que no tienen en su ruta esos pagos, puedan hacerse una idea.

Nos encontramos en la primera escena con un personaje que, con cara feliz y sonriente, avanza lleno de alegría hacia una pila con un montón de los que se supone platos sucios en los brazos, la cosa pretende pregonar las bondades desengrasantes de un friegaplatos.   Unos metros más adelante nos encontramos con otra escena en la que un personaje está delante de un platón de lavar ropa, con una prenda en la mano, y con gesto satisfecho contempla la ropa ya lavada y puesta a secar en el tendedero, sin manchas y olorosa por obra y gracia de un detergente.

Más allá de los comentarios alusivos a los mensajes de amor y paz navideños que se desprenden de aquestas escenas familiares y prosaicas (haberlos debe de haberlos, la cosa es entenderlos, y a mi pobre entendimiento se le escapan) más allá digo, la pregunta es… ¿adivinan ustedes el sexo de los personajes trabajadores en estas escenillas? ¡Efectivamente! Ambos personajes abnegados son del sexo femenino, o sea, la moraleja de este asunto es que en Navidad, las madres, abuelas o mujeres en general, son las encargadas de darse la soberana paliza fregando el reguero que han dejado los familiares y amigos que llegaron a celebrar las pascuas.

Imaginamos que después de haberse pasado cocinado todo el santo día, porque claro, como son días libres los papases, o los hijitos, se la pasarán tumbados en el sofá, chupando y hablando babosadas. Desde luego, ellas son también las encargadas de restregar y restregar hasta dejar la ropa como los chorros del oro, para que sus amados familiares del sexo masculino puedan ir de tiros largos a todas las reuniones habidas y por haber.   Y pregunto yo, que soy muy preguntona, ¿es que los papases o los miembros masculinos de la progenie no pueden mojarse los deditos fregando los platos grasientos del opíparo banquete?   ¿Será que lavar sus propios calzoncillos es un oprobio para ellos? ¿Eso es lo que les continuamos inculcando a nuestros herederos?   ¿Qué si son chicos lo tienen todo hecho y si son chicas les toca fregar y lavar ropa?

Lo dicho, aparte de feos como pegarle a un padre, son machistas. ¿Hasta cuando dicen que tenemos que tenerlos allí plantados?

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<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.