Relaciones con EU

La opinión de….

 
DEMETRIO  OLACIREGUI  Q.
d_olaciregui@hotmail.com

Cuando The New York Times dio a conocer en junio de 1986 los vínculos de Manuel Noriega con el lavado de dinero y actividades del narcotráfico, basado en agencias de inteligencia, oficiales del Departamento de Estado, el Pentágono y la Casa Blanca, no era posible anticipar los alcances de esos informes. Las revelaciones generaron tensiones entre el régimen militar y Estados Unidos y se convirtieron en el principio del fin de Noriega.

La reciente publicación del Times sobre la preocupación de Washington porque el presidente Ricardo Martinelli tratara de ocultar a la DEA ‘los actos de corrupción de sus parientes y amigos’, está ligada con un cable que aseguraba que Ramón Martinelli Corro, primo del mandatario y detenido en México por lavado de dinero, ‘hacía pasar mensualmente decenas de millones de dólares provenientes de la droga’ a través del aeropuerto de Tocumen.

Los antecedentes están relacionados con la obsesión de Martinelli de espiar telefónicamente a sus opositores políticos –según se desprende de reportes filtrados por Wikileaks- y de manipular la justicia para blindarse contra posibles investigaciones sobre actos de corrupción. Todo está documentado en cables diplomáticos secretos remitidos a Washington en agosto y diciembre del año pasado por la embajada de Estados Unidos.

En los últimos días el gobernante ha tratado de minimizar las graves implicaciones de las revelaciones hechas por The New York Times, fundamentadas en los cables diplomáticos.

La contra parte de esas reacciones la evidenció el presidente de Chile, Sebastián Piñera, un empresario de derecha al igual que Martinelli, pero con más equilibrio y mesura. Reportes diplomáticos estadounidenses lo acusaron de ‘manejar tanto sus negocios como su política en los límites de la ley y la ética’. Piñera declaró que está arrepentido ‘de muchas cosas’ y que ‘no desmentiría nada de lo filtrado’. Washington saldó la situación afirmando que el mandatario chileno le merece ‘la más alta opinión, un gran respeto y admiración’.

Pero eso no se anticipa entre los gobiernos de Estados Unidos y Panamá. La conducta totalitaria de Martinelli, la persecución política y judicial contra sus adversarios, su empecinamiento en violar los derechos y libertades ciudadanas y el carácter corrupto de su gobierno, no dan espacio para reenfocar las relaciones bilaterales.

Las revelaciones del contenido de la correspondencia enviada a Washington por diplomáticos estadounidenses, así lo demuestran. La nueva embajadora Phyllis Powers, por otro lado, le ha recordado a Martinelli que la Casa Blanca aboga por la vigencia del estado de derecho, valores democráticos, contrapeso de las instituciones, transparencia, respeto a la sociedad civil y a la libertad de expresión.

La renuncia del embajador de Panamá en Washington, Jaime Alemán –enfrentado con Demetrio Papadimitriu, ministro de la Presidencia, y humillado por Martinelli- se produjo en el peor momento para el gobierno panameño. Papadimitriu, según los cables de Wikileaks gestor junto con Martinelli del espionaje telefónico, pretende articular la política exterior de Panamá en Washington por sus nexos con los sectores republicanos más conservadores, lo que ha producido corto circuitos con el Departamento de Estado y la Casa Blanca.

El tema del narcotráfico y el lavado de dinero es uno de los más sensibles para Estados Unidos. Esa fue una de las razones de la destitución del Procurador General suplente, Giuseppe Bonissi, un escándalo del cual todavía no se ha dicho todo.

Nuevos cables de Wikileaks podrían dar a conocer datos sobre las aprehensiones de la embajada estadounidenses sobre operaciones en la frontera con Colombia. Martinelli, en colaboración con el gobierno colombiano, autorizó bombardear un campamento de las FARC en territorio panameño en lugar de tratar de capturar a jefes guerrilleros responsables del trasiego de droga a través de Panamá hacia Centroamérica y Estados Unidos. Según medios de prensa, la DEA promovía su captura para enfrentar cargos en Estados Unidos por narcotráfico y conocer las redes involucradas en el trasiego de drogas.

Lo que está demostrando el gobierno de Estados Unidos es que no tiene tolerancia con gobiernos corruptos. (Hasta el Vaticano acaba de promulgar una legislación para combatir en su pequeño territorio el lavado de dinero y el narcotráfico). El hablar de una probable extradición de nacionales que podrían ser solicitados por Estados Unidos, además de lo absurdo, es solo una medida distractora cuando lo que debe promoverse es la independencia de la justicia para acabar con la impunidad. Martinelli tendrá, por el momento, que hacer grandes esfuerzos para recomponer sus relaciones con el gobierno de Estados Unidos, pese a que hay quienes estiman que cruzó la raya y se encuentra en un punto sin retorno.

 

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<> Este artículo se publicó el 6 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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