Símbolo de la luz

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO OLACIREGUI Q. 
d_olaciregui@hotmail.com

Andemos como de día, honestamente.   No en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias. San Pablo.

Entre las múltiples anécdotas que los historiadores han rescatado de la vida de Diógenes, sabio y filósofo del siglo IV a.C., hay una en la que dan cuenta de que apareció por las calles de Atenas con una lámpara en la mano a plena luz del día. ‘Busco un hombre’, repetía insistente, mientras iba apartando a quienes se cruzaban en su camino. ‘Lo que veo es pura basura. Busco un hombre honesto’. La lámpara de Diógenes hacía la diferencia entre la luz y las tinieblas.

Una de las plagas de Egipto fueron las tinieblas que envolvieron el reino por tres días, tan densas que ninguno podía ver el rostro de quien estaba cerca, lo que aterrorizó al faraón y su pueblo.

La luz es ancestralmente el símbolo de la vida y ha sido utilizado en los rituales litúrgicos de la mayoría de las religiones. En Egipto colocaban el universo de los vivos bajo el fuego del sol. Rodeado por la luz de las tinieblas se situaba el universo de los muertos en un rayo que proyectaba el lucernario.

La luz ha sido preocupación constante de pintores y poetas. El cine, el video y la fotografía, refulgen con la luz. La energía y la luz generada por la electricidad transformaron el mundo cuando se introdujo de forma industrial a comienzos del siglo XIX. ‘He aquí que tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad las naciones, pero sobre ti alumbrará Dios’, dijo el profeta bíblico.

Las tinieblas se definen como falta de luz, corrupción, violencia, muerte. No hay comunión entre la luz y las tinieblas. Salir de las tinieblas morales a la luz admirable de la virtud, es uno de los anuncios de la llegada de Jesús, el Mesías, a este mundo.

Las acciones de las tinieblas son aquellas que se hacen a escondidas, en secreto, ocultas, que no pueden realizarse a plena luz del día. En la luz prevalecen las acciones transparentes, sinceras, de acuerdo a valores elevados. Son las que irradian un comportamiento ético, de justicia, compasión, solidaridad, desprendimiento, y persiguen el bien común.

Levántate a alumbrar, es una consigna que da el contraste entre los hijos de la luz, del día, y los de la noche y las tinieblas.

La luz es un hermoso símbolo para describir la vida del ser humano. Hay culturas que celebran la fiesta de las luminarias, dándole a la luz una dimensión sagrada. Realzan la capacidad de la luz para iluminar la oscuridad de lo vulgar, profano y abyecto. Porque la luz es elemento central de la vida sobre la Tierra. Es el reflejo de lo divino que aún palpita en la esencia del ser humano. La luz y su contrapartida, las tinieblas, estuvieron relacionadas desde siempre con la Humanidad. Frente a la oscuridad, la luz aparece como sinónimo de bondad, de pureza, de lo sagrado. Panamá, como colectivo social, vive tiempos de oscuridad, de exclusión, de baja calidad democrática, de inseguridad y temor. Desde la cúspide del poder, la rapiña y la avaricia sin límites, tratan de eclipsar la energía espiritual de los panameños. Pero la buena nueva es que no han podido exterminar al remanente que trabaja con dedicación para dar luz e iluminar con acciones ejemplares la realidad nacional. En esta época sombría en la que vive Panamá —producto de las acciones de la banda gobernante corrupta que pretende robarse el país— hay que tener la expectativa, porque de esa oscuridad brote la luz. La naturaleza enseña que después de la noche viene el día. La luz es la toma de conciencia acerca de las razones por las que hay que luchar por acabar con el periodo de tinieblas que están envolviendo al país.

‘En cuanto caiga la noche’ —aconseja Amado Nervo— ‘enciende tu lámpara. No permanezcas en la oscuridad. Enciende cuidadosamente tu lámpara’.

Así, al irradiar luz, pueden obtener consuelo los viajeros de la vida, las personas solitarias y abandonadas, los niños y los ancianos, las víctimas del gobierno y sus funcionarios despóticos, de la violencia, la enfermedad, la marginación y la exclusión. A quienes tienen por existencia una jungla que trata de engullirlos diariamente. ‘En verdad te digo —plantea el poeta— que es misericordioso, a las primeras sombras, encender nuestra lámpara: la buena lámpara de que el Padre ha provisto a los caminantes de la vida’.

 

<> Este artículo se publicó el 23 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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