Curar, no herir

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO   OLACIREGUI  Q. –
d_olaciregui@hotmail.com

 

Los estadounidenses han visto en estos días hasta dónde puede llegar el brazo de la intolerancia. También es el espejo en el que pueden mirarse ciudadanos de otros países. El origen de esa polarización, que escenificó la matanza de seis personas y dejó heridas a 14, debe buscarse en la promoción de la violencia por una ultraderecha llevada de la mano por el movimiento ‘Tea Party’. Con la complicidad de medios de comunicación extremistas, ese movimiento se convirtió en sinónimo de racismo, fascismo y prédicas violentas frente a los que por pensar distinto son considerados sus enemigos.

La matanza de Arizona dejó a Estados Unidos herido física y psicológicamente, sediento de consuelo y desorientado. El presidente Barack Obama se desplazó la semana pasada desde los históricos monumentos de Washington, envueltos por la nieve, hasta las cálidas tierras de los saguaros -esos cactus emblemáticos del desierto de Arizona- para abogar por la mesura y el juego civilizado de las ideas.

Pidió recomponer el tono con el que se discuten las diferencias políticas y arrinconó a los republicanos y al ‘Tea Party’ en su extremismo.   Su llamado a disminuir y apaciguar la agresividad de la retórica, transformó la sangre derramada en esperanza y logró que la mayoría de los estadounidenses se sintieran reconfortados.

‘Hablemos de una manera que cure y no que hiera’, fue el mensaje dirigido a los estadounidenses y a millones de ciudadanos de otras fronteras. ‘Usemos esta ocasión para extender nuestra imaginación moral, para escuchar al otro con atención, para agudizar nuestros instintos de empatía y recordarnos a nosotros mismos todas las maneras posibles en las que se enlazan nuestros sueños y esperanzas’, resaltó contundente.

Un discurso cargado de odio es igual al asesinato. De allí la urgencia por reconsiderar la relación entre las palabras y los hechos. En un régimen totalitario el sentido de las palabras está congelado. La democracia alienta la disidencia y el debate. La democracia tambalea cuando la rigidez se traduce en hostilidad hacia quienes no se subordinan a los caprichos del gobernante.

El crimen de Arizona se produjo en un momento de intensa violencia verbal en la vida política estadounidense. La violencia verbal suele ser el preámbulo de la violencia física al concebirse, en el orden político, al adversario como enemigo.   En una democracia la severidad de la discrepancia jamás bordeará la orilla del desprecio. Lo contrario es la fuerza bruta y la pasión desenfrenada.

Una variante de esa realidad es la que aqueja actualmente a Panamá. Un presidente como Ricardo Martinelli -cercado por concepciones primitivas del quehacer político, por franquistas, fascistas y personajes extraviados por la supuesta sapiencia de sus altos cocientes intelectuales- se arropa en un totalitarismo que condena y persigue toda diferencia.

Desde la cima del poder se ha ahogado el diálogo político y subsiste únicamente un monólogo que se desbarranca día con día mediante una agresividad verbal que no conoce límites. Ya sea una ex embajadora estadounidense, opositores políticos, sindicalistas, empresarios, periodistas o líderes de la sociedad civil, todos por igual son víctimas de esa retórica violenta.

En lugar de buscar caminos para conciliar a la sociedad, Martinelli ejecuta acciones que terminan generando violencia.   Basta mencionar dos hechos. La aprobación de una legislación abiertamente confrontativa desencadenó en julio pasado los sangrientos sucesos de Changuinola que dejaron muertos y centenares de heridos.

La inmunidad expresa que convierte a los policías en intocables, dio lugar a las escenas dantescas en las que fueron quemados vivos siete menores recluidos en Tocumen en un centro que debía ser de rehabilitación y reinserción social.   Los agentes que custodiaban el lugar mostraron un monstruoso y evidente deleite cual verdugos de presos y detenidos, editorializó La Prensa.

Fue un insulto y desprecio hacia menores que no debían ser tratados con ánimo de venganza y tortura, como si carecieran de dignidad personal, se lamentó la Conferencia Episcopal para quien lo ocurrido en Tocumen fue un vergonzoso espectáculo de esos que duelen e indignan. Los obispos católicos exigieron que se apliquen las medidas más enérgicas a los culpables.

Ante el deterioro de la civilidad en todos los aspectos de la vida nacional, el país está descacarrilándose peligrosamente y corre el riesgo de entrar en un periodo de inestabilidad social. Desde la perversión del poder, la violencia verbal o física es la única respuesta para enfrentar los conflictos. La sociedad panameña debería pensar dos veces cuando considera lejanas y ajenas las operaciones del ‘Tea Party’ y sus incitaciones a la violencia. La razón no es una debilidad. No hay democracia sin el otro.

<> Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Tras los 21 años de la invasión

La opinión de…

Javier Comellys

Media hora antes de la medianoche del 19 de diciembre de 1989, en la víspera de Nochebuena y sin que nadie lo esperara, repentinamente se escuchó un estruendoso ruido; eran las primeras bombas que caían en suelo panameño producto del bombardeo dirigido al cuartel central, a la cárcel modelo (que de modelo no tenía nada),  a los centros de operaciones de los “batalloneros de la indignidad” y a todo objetivo que los soldados estadounidenses consideraban un factor de beligerancia.

Todo esto constituía signo evidente de que la invasión había empezado y llegó con nombre y apellido, “Causa Justa”. El Chorrillo quedó prendido, no por los arbolitos de Navidad ni mucho menos por el reflejo que producen los foquitos que el panameño acostumbra a poner frente a sus casas en este tiempo.

Parecían más bien millares de alienígenas atómicas que invadían nuestro suelo y espacio aéreo. Eran las luces que salían del fuselaje de los misiles que disparaban los norteamericanos desde aviones furtivos, como el nighhawk, helicópteros apaches y blackhawks, dirigidos, precisamente, al sitio en el que antaño la laureada poetisa panameña, Amelia Denis de Icaza, se inspiró cuando decía: “¿Qué se hizo tu chorrillo? ¿Su corriente al pisarla un extraño se secó?”…

La soldadesca estadounidense hizo gala de sus sofisticados armamentos que incluían los últimos adelantos tecnológicos en materia de hacer la guerra. Ese mismo armamento fue utilizado, posteriormente, en la guerra del Golfo y en Irak.

El bombardeo fue intenso y sistemático en las primeras horas de la medianoche. Los “batalloneros de la indignidad”, grupos organizados por el noriegato y los Codepadis, aprovecharon la ocasión para incendiar El Chorrillo, lo convirtieron en el caldero del infierno, algo así como el purgatorio, mientras Noriega huía despavorido como alma que lleva el diablo.

El gobierno de Gorge Bush padre, tomando en cuenta las amenazas y el peligro que representaba Manuel Antonio Noriega para el Canal y para los intereses norteamericanos en este país –por la obsesión de no restablecer la democracia en Panamá y por los frecuentes ataques a la libertad de expresión–, recordó que según los tratados Torrijos-Carter Panamá seguía bajo el paraguas ignominioso del Pentágono y decidió autorizar la operación militar a la que denominó “Causa Justa”.

Noriega, el prototipo de individuo maquiavélico y obsesionado por el poder, pregonó la tesis de que la obtención y retención del poder era el fin último y que todo lo que fuera necesario para ello estaba justificado. Sus ideas psicopáticas y maquiavélicas estaban bien arraigadas en el oscuro mundo de su cerebro huero, al igual que su falso nacionalismo, apegándose al poder como la fiera a su presa. Creó su propio reinado del terror, se corrompió y lavó mucho dinero.

Desde los cuarteles dirigió el tráfico de drogas de los diferentes carteles colombianos, y en nombre de los postulados de la doctrina de la seguridad, creo su propia maquinaria del crimen; asesinó a dirigentes y a disidentes políticos, llevó a cabo desapariciones forzadas, repartió palo y plomo hasta la saciedad contra sus adversarios a quienes no les perdonaba ni les permitía disentir.

Tomando en consideración la tesis sociopolítica de la criminalidad, de que el poder es la actitud que tienen ciertas personas para imponer su voluntad, argumentamos que Noriega es un criminal nato. Sin embargo, se entregó a las fuerzas invasoras sin disparar un tiro; huyó como una cucaracha por todos los huecos, recovecos y cloacas; se cobijó en los santuarios, vestido de monja, para no arriesgar su “inmaculado” pellejo.

La importancia de estos hechos históricos está en que el panameño debió aprender la lección: que las dictaduras totalitarias utilizan sistemáticamente los mecanismos del terror para acallar las voces de la disidencia, exaltan el culto a la personalidad, el adoctrinamiento ideológico y la extinción de los partidos políticos, tal como ocurrió en los 21 años de gobierno militar, etapa en la que tanto Torrijos como Noriega se aprovecharon del resentimiento antinorteamericano de ciertos sectores de izquierda, para explotar un falso nacionalismo y perpetuarse en el poder.

Con la invasión, los panameños salimos del infierno a la libertad y a la estabilidad democrática que hoy vivimos y disfrutamos todos, independientemente de cualquier ideología, credo, raza o partido político.

*

<> Este artículo se publicó el 18 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Bonanza: ¿interrumpida?

*

La opinión de la Periodista…

ADELITA CORIAT
Pocas veces en la historia de un país se viven tiempos de bonanza económicos como los que atravesamos. Panamá es el tercer país en Latinoamérica que presentará un crecimiento en contratación de mano de obra el próximo año. Sin embargo, para poder traducir esta buena racha en un crecimiento sustantivo debemos incorporar a las clases menos pudientes.

Aparentemente las cosas marchan bien, pero hay señales de alarma que debemos mirar con atención. Recientemente Alianza Ciudadana publicó un comunicado sobre el  “Retroceso de la democracia en Panamá”, que al hacer un análisis del contenido, da la impresión que estamos frente a un régimen autoritario.

Ciertas situaciones son palpables; las instituciones siguen siendo muy débiles y este es un factor de riesgo. Vemos como las reglas del juego se transforman a lo interno de las entidades estatales sin el conocimiento de la sociedad, lo que crea malestar o incertidumbre en la población porque las cosas no caminan como debieran. La percepción de la captura de los poderes del estado en una sola silla disminuye la confianza de la población en el Estado y los partidos políticos. Podría ser difícil probar que hay centralización. Pero la población lo siente reflejado en las influencias sobre poderes estatales; Parlamento, Corte Suprema de Justicia. Un parámetro interesante a medir y reevaluar.

El mencionado comunicado cita hostigamiento a miembros de ciertas organizaciones civiles y periodistas bajo la utilización de intimidaciones verbales. En lo personal no he recibido ninguna, hasta ahora. Me pregunto; ¿porqué sancionar a quienes tengan opiniones distintas a una gestión? ¿Hubo este tipo de intimidaciones en otros gobiernos? Sí, cuando se pisan cayos muy grandes.

Verá usted, la democracia funciona mejor con transparencia, sin importar que actor político esté al mando. Pareciera que uno de nuestros males sociales es llegar al poder para servirse de él, y olvidamos cómo servirle al sistema.

*
<>Artículo publicado el  13  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El poder pierde poder

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

.

Demetrio Olaciregui Q.

El colectivo social panameño no puede encogerse de hombros y conformarse con el tipo de gobierno que se ha entronizado en el país. Hacerlo, es abonar al ambiente de crispación, suspicacia y enfrentamiento en que está deslizándose Panamá. Bajo el régimen actual predominan las emociones y escasean los argumentos. La fórmula que se aplica —más adecuada para conducir un ejército que para gobernar una Nación— es la decisión unilateral, el secreto y la sorpresa.

En ese contexto vale la pena preguntarse si el gobernante funciona como el jefe de un Estado democrático o como el líder de una secta totalitaria, cuyo objetivo final es perpetuarse en el poder al costo que sea. Los globos de la reelección, de reformas constitucionales, de un proyecto político de 20 años y de una diputación vitalicia, no son más que ensayos para medir la reacción social.

Los expertos en sectas destructivas definen a esas agrupaciones como fuerzas encabezadas por un líder mesiánico, que se considera a sí mismo como portador de una verdad absoluta. En el martinellismo, del mismo modo que en las sectas, los dictados del caudillo no permiten discrepancias. El líder es intocable y sus seguidores acríticos.

Martinelli pretende sumergir a la sociedad en una radicalización creciente. Construye su propia utopía. Busca fragmentar el mapa político. Pero con lo único que cuenta, a fuerza de tacticidad, es con la improvisación y un manual de supervivencia.

Al crear un clima de intolerancia, el gobierno no deja espacio para una oposición constructiva. En ese escenario su poder pierde poder. Martinelli no consigue reformatear su estrategia, porque el problema es él mismo. Vive sobresaltado por planes conspirativos, cuando él es quien conspira contra sí mismo al exacerbar los antagonismos.

En los últimos días ha echado mano de un diálogo amañado con la oposición en el que no cree y que está condenado al fracaso. La consulta es algo innecesario, dijo hace poco uno de sus portavoces más visibles. Después de pisotear la concertación nacional, que menospreció cuando era oposición, ahora descubre que el panameño se inclina por el diálogo y la consulta.

Como el boxeador que está recibiendo golpes, busca el amarre. El poder de Martinelli escasea ante la opinión pública. También ha comenzado a disminuir entre las elites. Hay resortes corporativos que ya no le responden. Esa misma disciplina la está perdiendo entre la alianza oficialista. Una insurrección soterrada comienza a aflorar.

La ola de hastío que está levantándose contra el totalitarismo de Martinelli, anticipa movimientos sociales de gran amplitud. No se ha llegado a esta hora por obra de la espontaneidad. Los errores de Martinelli son resultado de la toma de conciencia de la ciudadanía democrática. En el Panamá de hoy nada es igual a lo dejado atrás. Jamás los procesos históricos se presentan en un estado puro sin que los antecedentes de ayer se integren con la realidad del presente. Los valores del pluralismo y la defensa de los derechos humanos han echado raíces en dos décadas de democracia.

Martinelli gobierna en piloto automático, y el riesgo es que no tiene radares. Jamás ensaya alternativas. El país va quedando, consecuentemente, atrapado en la incapacidad política. Está comprobado que la estabilidad de un régimen político está en relación directa con la flexibilidad para poner en práctica alternativas para cada circunstancia.

Aunque le quedan poco más de tres años y medio de gobierno, Martinelli ha entrado en forma prematura en su curva de decadencia. Perdió el foco, si es que alguna vez lo tuvo, de los acuciantes problemas del país. El suyo es un mero capitalismo de parientes, socios y amigos. La proa está en su propia tierra prometida. El objetivo es la usurpación y el despojo de la riqueza nacional acumulada, los negocios del Canal y sus tierras adyacentes, la minería, proyectos energéticos y la infraestructura de todo tipo. Ya no puede sostener que el gobierno es honesto. Su administración terminará como una de las más corruptas de la historia nacional.

Un país maduro se merece otra cosa. La Nación no puede quedar fragmentada por apetitos patológicos de poder. Los espacios que pierde Martinelli deben ser ocupados por otros actores. Hay que estimular la prudencia social y apuntar hacia la moderación, porque no engendra pasiones. La ficción de héroes de papel no es lo que se merece el país. Panamá requiere de políticos serios, honestos y equilibrados que hacen la diferencia entre la historia y la caricatura.

<> Este artículo se publicó en 9 de septiembre de 2010 en el diario Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La politización de la educación

La opinión de….

Paulino Romero C. 

Uno de los hechos históricos más funestos (ejemplo de triste recordación), lo constituye “la politización de la educación” en Alemania, basada en los objetivos, modelos e instrumentos de la educación nacionalsocialista.

En efecto, la subida al poder del nacionalsocialismo, hace exactamente 77 años, inició un nefasto desarrollo en todos los ámbitos de la vida del pueblo alemán. El campo de la educación no fue una excepción. La meta del nazismo era la idea ligada a nación y raza, de un Estado totalitario basado en el principio autoritario.

El “imperio de los mil años” de los nazis, estaba fundado en la comunidad del pueblo en la que habrían de desaparecer todas las diferencias de clase y condición social. El individuo hallaba su realización dentro de lo nacional–étnico, funcionando como incondicional seguidor del caudillo Adolfo Hitler y de sus otros muchos dirigentes; con ello renunciaba en gran parte a su individualidad.

En consecuencia, la educación nacionalsocialista se hallaba orientada a la formación de la voluntad y del carácter, al “fortalecimiento físico” y a la “capacidad defensiva”. El modelo para la juventud era el combatiente y héroe que había jurado defender la idea étnica, comprometiéndose con la “revolución nacional” y con el nuevo Reich.

La formación científica ocupaba uno de los últimos puestos dada la actitud anti–intelectualista de los nazis. No era precisamente su meta la persona de amplia cultura humanista, y mucho menos el individuo intelectual y moralmente autónomo, responsable ante sí y ante su conciencia.

Ni Hitler ni tan solo uno de sus más estrechos seguidores, ni tampoco los funcionarios dirigentes impuestos por él en el campo de la cultura y de la educación, disponían de una teoría de la educación en sí consistente. En su lugar disponían de un sentido político de dominio para calibrar en qué aspectos se podía poner a la educación, a la juventud y a la cultura, al servicio de la consecución de las metas nacionalsocialistas.

Tenían además un infalible olfato para descubrir qué formas de educación obstaculizaban sus intereses políticos o ponían en peligro sus posiciones de poder. También, y no en último lugar, los nazis desarrollaron una extraordinaria habilidad en utilizar las actitudes fundamentales idealistas, tal como se encuentra en cada generación joven, en provecho de sus discutibles y dudosas maquinaciones político–ideológicas, sirviéndose para ello de una correspondiente propaganda psicológica.

Las organizaciones juveniles jugaron un papel dominante en este proceso de educación politizada. La consecuencia no fue únicamente una educación unilateral de la personalidad, sino también, en último término, su vaciamiento sustancial. ¡Con razón se puede hablar por ello de una verdadera perversión y destrucción de la educación!

Es obvio preguntarse entonces: ¿Qué resulta de todo esto para nosotros? ¿Qué consecuencias hay que sacar de la politización histórica de la educación y de su abuso? Lo que en general es válido para la defensa frente a ideologías totalitarias y frente a sus vituperables pretensiones de poder político, tiene también que ser aplicado en ámbitos parciales de la sociedad, sobre todo en educación.

Objetivos tales como:

(1) Cuidar que se respeten los principios y reglas de juego de la democracia, y no solo formalmente (literalmente) sino de acuerdo a su sentido, sustancialmente;

(2) despertar la diligencia crítica y la conciencia política de los ciudadanos frente a doctrinas partidistas dudosas, no compatibles con la dignidad del hombre ni con el orden constitucional libre;

(3) ser sensible frente a exageradas promesas en el campo político, frente a la exhibición de aparentes soluciones nacionales y universales, frente a la agitación y propaganda política que se presentan con pretensiones absolutas y que, aduciendo motivos ideales como, por ejemplo, autodeterminación emancipadora, despiertan resentimientos, dan lugar a prejuicios y a modelos hostiles, y fomentan la intolerancia;

(4) ser sensible frente a la acentuación exagerada de proclamas emocionales, con que se trata de ganar políticamente a los ciudadanos, pero que no dicen nada sobre el “cómo” de las soluciones políticas a los problemas, y sobre las consecuencias ligadas a ello.

En conclusión, en una democracia de orientación verdaderamente pluralista, que garantice las libertades básicas del individuo (expresión, reunión, asociación), así como el control popular de la gestión gubernativa, la educación debe ayudar al ciudadano a discutir críticamente las diversas alternativas políticas que se le ofrecen, dándole la posibilidad de desarrollar su propia forma de vida y concepción del país y del mundo.

<>Artículo publicado el  1  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa,   a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Martinelli, punto sin retorno

La opinión del Periodista….

DEMETRIO  OLACIREGUI  Q.


El haber forzado la destitución de la procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, y la saña con que ordenó aplastar el movimiento huelguístico de Changuinola, dos hechos gravísimos dentro de la cascada cotidiana de violaciones contra la institucionalidad y los derechos civiles, va cerrando el círculo totalitario en el que Ricardo Martinelli está sumiendo al país.   En forma precipitada su gobierno ha desnaturalizado la democracia panameña y pisoteado los Órganos del Estado para erigirse en el amo absoluto del país.

En el caso de Changuinola, Martinelli y su círculo de poder tratan de falsificar la historia para hacer creer al colectivo nacional que los trabajadores e indígenas fueron los responsables de una tragedia —condenada por la mayoría ciudadana como una acción fascista, genocida y racista—, cuyo único origen está en la imposición de una ley que atenta contra la convivencia pacífica y la estabilidad social.

Mientras una comisión nombrada en forma unilateral busca reforzar la teoría oficial de un movimiento anárquico encabezado por opositores, con el mayor cinismo el gobierno rehúsa responder por los muertos, los centenares de heridos y las decenas de ciegos de por vida.    Un diálogo engañoso concede, como gran aporte, descontinuar el bombardeo de la propaganda sobre las supuestas bondades de la ley que originó el masivo descontento social.

El escarnio al que fue sometida la ahora ex procuradora obedece al capricho de Martinelli y cinco magistrados del máximo Órgano de Justicia convertidos, como editorializó un diario nacional, en sus ‘mercenarios y mercaderes’.   Gómez, asediada y tratada en forma vulgar,   rechazó de plano violentar los procedimientos legales para detener a opositores políticos y empresarios.   Ante la acusación directa de pretender manosear la justicia,  Martinelli reaccionó colérico contra la ex procuradora.   ‘Puede decir misa’, rugió.

Acostumbrado a sus espectáculos mediáticos de mazazos, la condena de Gómez es un golpe contra la institucionalidad democrática. Sin embargo, la opinión pública sabe quién fue el titiritero que manejó los hilos para precipitar lo que ha significado su propia condena, ante una Nación que observa angustiada cómo ha cruzado el punto sin retorno de las transgresiones democráticas.

La democracia panameña ha sido violada por un gobernante empecinado en reducirla a su visión totalitaria. De nada vale que ponga cara de compungido y aparente humildad. Quienes lo conocen saben de las múltiples máscaras que responden a sus estados de ánimo cambiantes.

Martinelli es incapaz de encontrar un área del cerebro que le ayude a aprender de sus errores. Su pasión por el doble discurso está lejos de agotarse en las archiconocidas tergiversaciones oficiales. Los dardos martinellistas saturan la opinión pública para tratar de instalar su falsificación de la realidad. En sus fantasías mentales es ingenioso para imaginarse dueño absoluto de la verdad, porque jamás escucha otras campanas.

Al ser el gobierno de un comerciante, siempre anda de compra a través del miedo, del poder o del manejo extorsivo de los fondos públicos.   El suyo es un gobierno proclive al autismo político, dispuesto a sembrar cuanta discordia le valide su condición totalitaria. Al perder todo contacto con la realidad, no hay quien lo llame a la cordura.

Sin capacidad de reflexionar un gobernante es nada. A Martinelli, no obstante, le tiene sin cuidado no emplear un lenguaje decente y evitar confrontaciones inapropiadas. La secuencia de desplantes y estigmatización, de insultos y agravios contra los ciudadanos que no aceptan sus imposiciones, promueve la crispación y degrada la convivencia civilizada.

Por eso la democracia va de tumbo en tumbo, al compás de la voluntad iracunda de un gobernante que ha hecho de las amenazas, abiertas o encubiertas contra adversarios, una conducta. Todo eso es contrario al espíritu de la democracia, que ahora se encuentra degradada, en involución en términos de calidad institucional.

Hay signos de que la sociedad panameña está fatigándose con la receta de imposiciones y exabruptos martinellistas.   Su gobierno solo conoce la puerta de su negativa terca y su persistente despotismo convertido en epidemia. Si esa es la atmósfera interna, desde el exterior el mundo asiste al espectáculo de horror que representan Panamá y su gobernante.

El ejercicio de la democracia no puede funcionar cuando se aplican trabas y se actúa con impunidad. Lo que sucede con la justicia embadurna a toda la sociedad.  Lo importante es que el colectivo nacional se dé cuenta, por fin, que fue vilmente engañado y comience a discernir el ciclo martinellista que entró irremediablemente en un punto sin retorno.

<>
Este artículo fue publicado el  19 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Rumbo certero del PRD

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

DEMETRIO OLACIREGUI Q.

Arduo, complejo y sembrado de obstáculos ha sido el camino recorrido por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD en estos últimos nueve meses. Llegar al Directorio Nacional Extraordinario, celebrado el sábado en Santiago, significó un proceso de toma de conciencia de la amenaza que se cierne sobre el país. La realidad es que al enemigo no hay que buscarlo dentro del PRD, sino afuera.

Bajo esa comprensión es que ha ido visualizándose la dimensión del riesgo que enfrenta la Nación ante la amenaza que representa el gobierno de Ricardo Martinelli en el ámbito social, económico, moral, jurídico y político.

El PRD es el mayor obstáculo para Martinelli en su alucinante sueño de secuestrar el país y sus instituciones. Es un iluso al creer que ha herido al titán y, más aún, al pretender rematarlo. ‘Pachi’ Sánchez Cárdenas, presidente del CEN, lo dejó claro en Santiago en su mensaje al PRD y a la Nación. Ni Martinelli, ni sus secuaces harán desaparecer de la realidad política nacional a un partido que es vanguardia de las luchas sociales.

La hoja de ruta es articular una nueva estrategia política y replantear el proyecto de Nación que ofrece el PRD. El Partido, consecuentemente, está sincerándose con la sociedad panameña para recuperar la confianza del electorado y derrotar políticamente a Martinelli.

La profunda autocrítica realizada por ‘Pachi’, constituye una experiencia jamás practicada en forma pública por agrupación política nacional alguna. La derrota electoral del 2009 —precisó— tuvo su origen en conductas inconsecuentes, mezquinas y antipartidarias, que deben ser desterradas en forma definitiva. Cada uno debe asumir su responsabilidad y dejar de buscar culpables. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

‘Pachi’ planteó que la conducta clientelar debe desaparecer junto con los tránsfugas y los traidores, pues la fuerza del PRD no es el dinero, sino la visión y el liderazgo para conducir el país hacia el futuro. El Partido no está en venta ni es comprable. Hay que desenmascarar a los caballos de Troya martinellistas e impedir que el PRD se convierta en una sucursal del poder de la oligarquía.

Deben unificarse una sola conducta estratégica y concretar las reformas de los estatutos internos del Partido, ante los desafíos venideros de cara al 2014. Ese proceso es el que conectará al PRD con la sociedad —como propietario de una herencia de lucha por el progreso y bienestar de las grandes mayorías— y lo convertirá en un factor político activo, beligerante y propositivo en el destino nacional.

Ante las transgresiones de Martinelli a las leyes y la Constitución Política de la República para consumar un Estado totalitario, el PRD convoca a luchar por la defensa del Estado de Derecho, la democracia y la institucionalidad.

La época de la culminación de la lucha nacional concluyó con la recuperación del Canal y sus áreas adyacentes. Ahora se abre el nuevo ciclo social con los enormes recursos generados por la vía interoceánica, cuya inversión debe elevar la calidad de vida de todos los ciudadanos y no quedar en manos de unos pocos codiciosos encabezados por Martinelli y Alberto Vallarino, su ministro de Economía y Finanzas.

De allí la urgencia de volcar toda la energía del PRD para consensuar un pacto democrático con los empresarios, los trabajadores, los profesionales, los partidos y fuerzas políticas para impulsar una estrategia de desarrollo nacional compartida y participativa.

Al entregar esta reflexión al país, ‘Pachi’ reconoció que la lucha que está librándose definirá el rumbo de la Nación, de su economía y la naturaleza futura de la sociedad panameña. La coyuntura está signada por la irracionalidad y el totalitarismo. La incertidumbre y el desosiego, se contraponen a la esperanza y el optimismo. Martinelli está sembrando vientos que han generando explosiones sociales como la de Changuinola y que pueden multiplicarse. Tiene las manos y los zapatos manchados de sangre del pueblo bocatoreño.

El actual liderazgo del PRD, en contraposición, ha asumido la misión estratégica de restaurar y refundar al Partido. Por eso la reunión extraordinaria de su Directorio Nacional en Santiago fue un hito en la restauración de la unidad y la moral torrijista. Con democracia interna, con la reorganización de sus frentes de trabajadores, campesinos, indígenas, jóvenes, profesionales, empresarios y mujeres, el PRD se está preparando orgánica, espiritual y materialmente para frenar a Martinelli y sus secuaces, que quieren secuestrar el país e imponer su política del despojo.

<>
Este artículo fue publicado el  5 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.