Martinelli al descubierto

La opinión del Periodista y Docente Universitario…


DEMETRIO   OLACIREGUI Q. *
d_olaciregui@hotmail.com

No es honroso para ningún gobernante salir en una galería de fotografías junto a dictadores corruptos africanos. Ese regalo de Navidad lo recibió el presidente Ricardo Martinelli de parte de The New York Times. Un día antes el diario español El País había dibujado la obsesión de Martinelli por involucrar al gobierno de Estados Unidos en el espionaje telefónico de sus adversarios políticos. Las revelaciones están contenidas en cables diplomáticos estadounidenses sobre Panamá filtrados por WikiLeaks.

Cables, de agosto y diciembre del año pasado, firmados por la entonces embajadora estadounidense Barbara Stephenson son una radiografía que desnuda al mandatario. El valor del contenido está en que provienen del hada madrina de Martinelli, pues Stephenson vendió su proyecto en Washington y participó en la fragua de la alianza triunfadora en las elecciones de mayo del 2009. Martinelli corrió como el candidato favorito de Washington y ahora asume que Estados Unidos le está en deuda por ser el supuesto contrapeso de derecha en la región, informó la diplomática.

La resistencia de Stephenson a prestarse a un juego ilegal e inconstitucional, recibió como respuesta insultos por parte del gobernante. ‘El estilo amenazador de Martinelli con la embajadora dejó claro que está dispuesto a hacer lo que sea, hasta con sus ‘amigos’, para conseguir lo que quiere’, escribió Stephenson.

Martinelli amenazó a Stephenson con reducir la cooperación antinarcóticos y expulsar del país a la DEA, si no satisfacían su capricho de espiar a sus adversarios políticos. La diplomática le advirtió que con ese paso Panamá caería en la lista negra de países que no son socios confiables.

Martinelli dio marcha atrás a sus bravuconadas. Pero dijo que realizaría el espionaje por su cuenta y que se había reunido con los dueños de cuatro empresas operadoras de celulares para discutir cómo intervenir teléfonos. Estados Unidos poseía informes sobre conversaciones de Martinelli con el gobierno y empresas israelíes para implementar su propio programa de espionaje telefónico.

Stephenson describió a Martinelli como una persona llena de sospechas, de espíritu vengativo y autocrático, con tendencia al acoso y al chantaje, que utiliza tácticas y tratos intimidatorios para lograr sus objetivos políticos y personales. Un gobernante peligroso que no entiende que la época de los dictadores centroamericanos es cosa del pasado y que se rodea de subalternos incondicionales e incompetentes. Las fricciones entre ambos fueron una de las razones de la salida de la diplomática 21 meses antes de concluir su misión en Panamá.

Stephenson sostuvo que en Panamá se había instaurado un sistema judicial corrupto. Con las presiones sobre la procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, y el nombramiento de dos allegados en la Corte Suprema de Justicia, las instituciones judiciales, asaltadas por Martinelli, sufrieron un severo golpe en la cabeza, reportó la diplomática.

No se había consumado la destitución de Gómez ni el final de su sucesor, Giuseppe Bonissi, obligado a renunciar en medio de un escándalo de narcotráfico descubierto por la DEA. Con Bonissi, Martinelli convirtió el Ministerio Público en un instrumento de persecución política, principalmente de figuras opositoras.

El nombramiento de José Ayú Prado no resuelve el problema, pues trabajó para Martinelli, de espaldas a Gómez, en un caso contra el ex presidente Ernesto Pérez Balladares. Para convencer a la ciudadanía sobre su independencia Ayú Prado debería iniciar inmediatamente una investigación contra Ramón Martinelli Corro, preso en México por lavado de dinero del narcotráfico y sobre la corrupción reinante entre familiares y allegados al mandatario, reportada en los cables estadounidenses. ‘Un cable aseguraba que el primo de Martinelli hacía pasar mensualmente decenas de millones de dólares provenientes de la droga a través del mayor aeropuerto de Panamá’, publicó The New York Times.

En ninguno de los cables filtrados hay espacio para malas interpretaciones ni señales de animadversión. Ante la acción de intentar falsear la historia, ha tenido que imponérsele a Martinelli una verdad revelada por actores de primera línea, desde los recónditos secretos de informes diplomáticos. Ha quedado así al descubierto una banda que asaltó el poder y rompió en pedazos las tablas de la Ley, representadas por la Constitución Nacional.

Martinelli, antes de menospreciar la inteligencia de la población y pisotear la legalidad, debería frenar los instintos destructivos que lo consumen y contar con la suficiente cordura —signo de salud mental— para crear un ambiente de salud social en el que los ciudadanos, la sociedad y la Nación puedan encontrar sentido a la vida. Y una existencia que pueda ser vivida con orgullo y no con temor y vergüenza.

 

<> Este artículo se publicó el 30 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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